Unformatted Document Excerpt
Coursehero >>
New York >>
Cornell >>
NES 123
Course Hero has millions of student submitted documents similar to the one
below including study guides, practice problems, reference materials, practice exams, textbook help and tutor support.
Course Hero has millions of student submitted documents similar to the one
below including study guides, practice problems, reference materials, practice exams, textbook help and tutor support.
ante Africa el reto de la mundializacin: el enfoque de los sindicatos
Educacin Obrera 2001/2 Nmero 123
Indice
Editorial Las mujeres africanas en primera lnea, por Mamounata Ciss y Natacha David Panorama de la integracin regional en Africa, por Mohammed Mwamadzingo El desafo del sector no estructurado, por Emile Delvaux Un nuevo enfoque del ajuste, por Lawrence Egulu Mundializacin, democratizacin y condicionalidades a geometra variable, por Franois Misser SIDA: prevencin y ccteles de medicamentos, sin contraindicaciones para el Sur, por Jacky Delorme Mejorar la situacin de Africa en el campo de la informtica, por Marc Blanger La repercusin de la mundializacin en Africa y la respuesta sindical: el caso de Sudfrica, por Shermain Mannah Prensa africana y mundializacin: el cambio sin n, por Jean-Paul Marthoz La fuga de cerebros, por Andr Linard
V 1 8 15 21 27 33 37 42 50 55
III
Editorial
E
l mercado mundial dej a Africa en el olvido y los efectos nocivos de la mundializacin parecen haberse concentrado en ese continente que, con sus 780 millones de habitantes, representa la dcima parte de la poblacin del planeta. La pobreza, la desigualdad, la exclusin, la discriminacin, la guerra y las enfermedades se sumaron a los caprichos del clima. No todos los problemas de Africa se deben a la furia de los fenmenos naturales sino, con frecuencia, a la intervencin humana. Los programas de ajuste estructural, concebidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no se limitaron a demostrar su inecacia para combatir la pobreza sino que la acentuaron. Se redujeron drsticamente los presupuestos nacionales de salud y educacin, arrastrando a la mayora de la poblacin a verse privada del acceso a los servicios pblicos esenciales. Millones de personas fueron relegadas a la precariedad de la economa no estructurada, privadas de proteccin social y obligadas a vivir, o ms acertadamente, a sobrevivir, con sus escassimos ingresos. En los intentos por estabilizar las economas en decadencia, estuvieron cruelmente ausentes los criterios sociales bsicos. Peor an, se disminuyeron las disposiciones de las legislaciones laborales, que deban brindar un mnimo de proteccin a los trabajadores y trabajadoras y a sus familias. Proliferaron las zonas francas de exportacin, a menudo en detrimento de las normas internacionales del trabajo y de los derechos sociales conquistados con mucho esfuerzo. El sistema de partidos nicos y otros regmenes no democrticos dejaron en herencia una deuda externa colosal que no solamente amenaza a las generaciones futuras sino que tampoco beneci nunca a las poblaciones locales. La epidemia de VIH/SIDA tambin asest un duro golpe al continente africano. Si bien la pobreza es uno de los factores de la propagacin de la enfermedad, la prevencin, la atencin mdica y los tratamientos para las vctimas dependen, en gran medida, de las medidas polticas, econmicas y sociales que deberan gurar entre las principales prioridades de la comunidad internacional. Todo este panorama constituye una triste realidad. Africa fue durante demasiado tiempo un continente olvidado y un campo de batalla donde se disputan intereses que sobrepasan sus fronteras. All donde los recursos naturales fueron saqueados, la ayuda al desarrollo se redujo a casi nada mientras que el desarrollo se detuvo. No obstante, se perla otra Africa, orientada hacia el futuro y obstinada por forjarse un futuro mejor. Las organizaciones sindicales forman parte de ese futuro y durante las prximas generaciones sern las principales protagonistas de su construccin. Mucho se ha dicho sobre los males y desdichas de Africa. Educacin Obrera decidi darles, en el presente nmero, otro enfoque. Africa, rica en recursos, tanto humanos como V
naturales, dispone de mercados potenciales y de un camino incipiente a la democracia. Cmo se puede aprovechar mejor ese capital para responder a los desafos de la mundializacin? Cmo se puede lograr que la mundializacin benecie a los ciudadanos, y qu contribucin pueden aportar a ese proceso las organizaciones sindicales? Las respuestas a muchos de esos interrogantes se hallarn en este nmero, pese a que no pretende ser exhaustivo. Africa est abocada a llevar a cabo dicha tarea. En esta edicin se rinde un tributo especial a las mujeres africanas que, con ayuda de los sindicatos y de otros sectores de la sociedad civil, estn en la vanguardia de la lucha por un continente africano prspero cimentado en el crecimiento, el desarrollo duradero, la democracia y el respeto de los derechos humanos y sindicales. A pesar de numerosos obstculos de carcter econmico, cultural, institucional y, a veces, incluso fsico, las mujeres africanas se organizan y luchan. El porvenir del continente depender, en gran medida, de la contribucin de las mujeres y del lugar que ocupen en la construccin del futuro. La experiencia demostr asimismo que la economa no estructurada ya no est fuera del alcance del movimiento sindical. Los esfuerzos de los sindicatos y de otras organizaciones, respaldados por la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT) y por su Ocina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV), han comenzado a dar sus frutos. Los trabajadores y trabajadoras de la economa no estructurada gozan, cada vez ms, de posibilidades para hacer escuchar sus voces y conseguir mejorar su suerte. Estn en marcha diversos procesos de integracin regional que podran constituir puntas de lanza para permitir obtener nalmente logros sociales y mercados mundiales. Los sindicatos, al tiempo que refuerzan su presencia a escala nacional, deben desempear un papel particular destinado a que la integracin econmica se traduzca en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo. La brecha digital tambin se puede colmar, no de un da para el otro, por cierto, pero s como objetivo a medio plazo, intentando desarrollar tecnologas concebidas por africanos para los africanos y compatibles con la red mundial. Los procesos de democratizacin permiten entrever un entorno poltico ms favorable mientras que la democracia se aanza slidamente en una serie de pases. Al igual que ocurri con el movimiento sindical, los medios de comunicacin recuperaron la libertad que les permite convertirse en actores independientes y contribuir al progreso y a los debates. No obstante, el xito de esta nueva Africa depender de la atencin que tenga a bien acordarle la comunidad internacional. Las tmidas iniciativas de reduccin o condonacin de la deuda de los pases ms pobres se deberan replantear de manera mucho ms generosa, conforme a las sugerencias del movimiento sindical internacional. La ayuda para luchar contra el VIH/SIDA, incluido el acceso a los tratamientos mdicos y el respaldo de los esfuerzos de prevencin a nivel local, adquiere el carcter indispensable y de urgente. La ayuda al desarrollo debe destinarse de nuevo a Africa, haciendo hincapi en los aspectos de buena gestin, democracia y respeto de los derechos humanos y sindicales, principios que garantizan la llegada de la ayuda all donde las necesidades son ms acuciantes. Las inversiones en infraestructuras y en agricultura se han de considerar prioritarias. Adems, las instituciones nancieras internacionales deben ser eles a su propio compromiso de consultar a los actores locales, incluidos los sindicatos, de elaborar, poner en prctica y controlar los programas de ajuste. VI
A los gobiernos africanos, a los empleadores y a los sindicatos les corresponde desempear un papel fundamental en la promocin de un clima susceptible de conducir al crecimiento, la justicia social y la democracia en Africa. El dilogo social debe pasar a ser el principal pilar de la nueva Africa. Deber permitir que se forme un amplio consenso en torno a polticas concentradas en el mejor de los recursos africanos: su poblacin misma. La salud, la educacin y el desarrollo social son problemas que se deben enfrentar ya. Constituyen, adems, la mejor inversin para un continente africano prspero. Manuel Simn Velasco Director Ocina de Actividades para los Trabajadores (OIT)
Un especial agradecimiento va dirigido a los representantes de la Ocina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) en el terreno, Ibrahim Mayaki (Abidjn), John Fallah (Addis Abeba), Francisco Monteiro (Dakar), Mohammed Mwamadzingo (Harare), y a Abdoulaye Diallo y Ditiro Saleshando (responsables de las ocinas africanas en ACTRAV, en Ginebra) por su valiosa aportacin en la identicacin de las materias abordadas en el presente nmero, as como a los autores, por su contribucin personal en la concepcin del mismo.
VII
Las mujeres africanas en primera lnea
Los abrumadores problemas a los que se enfrentan las mujeres africanas revisten un marcado carcter econmico, social, cultural, institucional, jurdico o fsico. Pese a estos obstculos, que podran originar una pasividad dictada por la imagen en la cual la tradicin quisiera encerrarlas, las mujeres africanas demuestran un destacado dinamismo y una denodada combatividad.
Mamounata Ciss
Secretaria General Adjunta Confederacin Internacional de Organizaciones Sindicales Libres
Natacha David
Redactora en jefe de El mundo sindical Confederacin Internacional de Organizaciones Sindicales Libres
T
radicionalmente, las mujeres africanas no tienen cabida en la vida ciudadana como no sea el de ciudadanas de segunda clase. Las leyes y las costumbres les impiden, ms que a los hombres, acceder a los medios de produccin (tierra y crditos), a la educacin, formacin, informacin y atencin mdica que les permitira desempear un papel en la economa y en la sociedad en general. Es comn que no conozcan ni siquiera sus derechos legales ni que los reclamen. Diariamente se someten bajo el peso de una reparticin absolutamente desigual de las responsabilidades domsticas y familiares. Dentro de los hogares, y tambin en las escuelas, en los lugares de trabajo, en la calle y en todos los mbitos de la sociedad, las mujeres africanas a menudo sufren violencia fsica, sexual y psicolgica. En la mayora de los pases africanos, esa violencia basada en el gnero origina conceptos sociales, religiosos y culturales otorgando a los hombres una condicin superior a la de la mujer, conrindoles el monopolio de todas las fuentes de poder.
Las deciencias de la enseanza Las discriminaciones que sufren las mujeres condicionan desde la ms tierna edad la percepcin que tienen de s mismas y sus perspectivas de futuro. Se las encasilla en una imagen desvalorizada, basada en la dependencia, el sometimiento y la subordinacin a los hombres. En las sociedades africanas tradicionales, una mujer no existe realmente sino que es algo parecido a una sombra. En muchos pases africanos, las chicas reciben menos comida que sus hermanos, se las obliga a trabajar ms duramente y tienen menor acceso a la enseanza y a la atencin mdica. Mientras que en todas las regiones del mundo la enseanza primaria registr adelantos durante las ltimas dcadas, el Fondo de Poblacin de las Naciones Unidas (FNUAP) deploraba, en un informe publicado el ao pasado1, la disminucin de la escolarizacin en Africa debida a precios demasiado elevados para los padres y a la disminucin de la calidad de la enseanza. En Africa subsahariana, solamente el 60 por ciento de los nios termina la escuela primaria. Este dcit de 1
formacin golpea de lleno a las futuras mujeres ya que, en 22 pases africanos, el ndice de escolaridad de las chicas es un 80 por ciento inferior al de los varones. La educacin, en particular de las mujeres, repercute an ms en la mortalidad de los bebs y nios de corta edad que los efectos combinados del aumento de los ingresos, la mejora de los sistemas sanitarios y el empleo en el sector moderno, recuerda muy atinadamente el FNUAP. Botswana, Kenya y Zimbabwe, pases con los niveles ms altos de escolaridad femenina del Africa subsahariana, son tambin los que tienen menores ndices de mortalidad infantil. En lo que se reere al plano laboral, las mujeres africanas quedan connadas, frecuentente, a las tareas consideradas improductivas y muy poco remuneradas, e, incluso a menudo, no remuneradas (cuidado de nios, tareas domsticas, cuidado de enfermos y personas mayores, educacin informal, produccin agrcola domstica, suministro de agua y lea, etc.). Numerosas chicas tambin trabajan en la agricultura y en el sector no estructurado, donde las condiciones de trabajo son malas, el porcentaje de mano de obra elevado, el nivel de las calicaciones bajo y la remuneracin mediocre. En Africa occidental, las mujeres se ocupan en dar salida a entre el 70 y 90 por ciento de todos los productos agrcolas y de la pesca mientras que las vendedoras ambulantes y de ferias forman parte de una economa informal que produce alrededor del 30 por ciento de la riqueza de los centros urbanos. El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) sealaba el ao pasado que en Africa las mujeres trabajan en sectores estratgicos, principalmente en la agricultura y la produccin de alimentos, pero los instrumentos nancieros y los servicios, que ofrecen los bancos y las instituciones nancieras (seguros y crditos), se dirigen principalmente a los sectores de exportacin y a las actividades no agrcolas del sector urbano, excluyendo as a la mayora de las mujeres de esos circuitos 2. En esas condiciones, a nadie sorprender la dicultad que tienen las mu2
jeres africanas para mejorar el rendimiento de la tierra. Por ejemplo, si en Kenya las mujeres que se dedican a la agricultura recibieran el mismo respaldo que los hombres, se aumentara el rendimiento de sus tierras en ms de un 20 por ciento, indica el FNUAP. El peso de las tradiciones y el de las crisis Son raros los casos de mujeres que consiguen pasar la barrera y obtienen una capacitacin. La desigualdad constituye la regla general. La Federacin Internacional de Periodistas (FIP) indicaba ltimamente que las mujeres representan todava una minora entre los periodistas africanos, mientras que en los pases industrializados, cerca del 50 por ciento de los periodistas son mujeres. La cultura sigue sometiendo a las mujeres a una posicin subalterna, incluso en Sudfrica, donde desde el n del apartheid surgi una lite masculina negra pero no una lite femenina, comenta Farahana Ismail, una periodista sudafricana, miembro de la direccin de la FIP. En 1994, el Banco Mundial estimaba que las mujeres representaban en Africa el 44 por ciento de la mano de obra pero, ms recientemente, la Ocina Internacional del Trabajo (OIT) sealaba que en ese continente estaba disminuyendo el ndice de actividad de las mujeres, sin duda debido a la invisibilidad del trabajo de las mujeres vinculada a su ingreso en la economa informal. Al peso de la tradicin se agrega, en el caso de las mujeres africanas, el de la grave crisis socioeconmica, los conictos armados y los rebrotes de epidemias devastadoras que afectan de manera endmica al continente africano y cuyas consecuencias nefastas afectan de manera desproporcionada a las mujeres. Las polticas de ajuste estructural dictadas por las instituciones nancieras internacionales Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial , agravadas por la injusta carga de la deuda, generan
efectos desastrosos en el empleo (del sector estructurado y no estructurado) y en el conjunto de los servicios pblicos bsicos, tales como la educacin y la salud. Esas polticas de ajuste estructural, que desempearon un papel determinante en el grave proceso de desmantelamiento de todos los sectores vitales de las sociedades africanas, afectan especialmente a las mujeres. Estas resultan doblemente perjudicadas por las privatizaciones masivas. Por una parte, porque el empleo de las mujeres africanas en el sector estructurado a menudo se limita al sector pblico, convirtindolas as en blancos preferidos de los programas de reduccin de personal. Por otra, son las mujeres las que deben satisfacer diariamente las carencias o suplir la falta de servicios bsicos que anteriormente suministraban los poderes pblicos. Las deciencias de los sistemas de seguridad social, e incluso la falta de ellos, contribuyen a la creciente pauperizacin de las mujeres africanas. La salud se ha convertido en el pariente pobre de los presupuestos estatales. Como resultado, una de cada trece mujeres africanas muere durante el embarazo o despus del parto, mientras que en los pases industrializados la tasa que establece el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) es de una muerte por cada 4.085 nacimientos. En un estudio realizado en la Repblica Unida de Tanzana, se indica que las madres dicen: Me voy al mar a buscar un nuevo beb pero el viaje es largo y peligroso, quizs no vuelva. Las africanas tambin se hallan en primera lnea frente a los mortferos conictos que desgarran muchas sociedades de ese continente, un sacricio tanto ms injusto cuanto que muy raramente las mujeres han participado en el origen de esos conictos, fomentados y emprendidos por hombres. Durante las fases ms duras de esas contiendas, las mujeres continan desempeando un papel fundamental para lograr la supervivencia de sus familias. No cabe duda de que tambin sern ellas las que deban ocuparse de la reconstruccin posterior. En Rwanda, luego del genocidio, las mujeres constituan el 70 por ciento
de la poblacin y el 50 por ciento de los hogares tena mujeres como cabeza de familia, viudas en su mayor parte. Sin trabajo, sin casas, a menudo con graves secuelas fsicas y psicolgicas, luchan no obstante para sobrevivir y reconstruir un futuro. Doblemente vctimas del SIDA Las mujeres africanas tienen que pagar doblemente un alto precio por las epidemias que diezman las poblaciones africanas, y especialmente por el VIH y el SIDA. En primer lugar, como vctimas (ms de 12 millones de mujeres africanas ya han muerto de SIDA, a menudo por haberse visto obligadas a mantener relaciones sexuales sin tomar precauciones), y, en segundo lugar, por cuidar de los enfermos o asistir a los ms de 11 millones de hurfanos cuyos padres murieron a causa de la epidemia. Segn el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), las mujeres representan ms de la mitad de los adultos seropositivos o enfermos de Africa (vase artculo de Jacky Delorme en la pgina 33). Con mayor exactitud, el informe del FNUAP seala que en Africa, la cantidad de mujeres seropositivas alcanzara a 2 millones ms que los hombres. Las discriminaciones de gnero, derivadas a su vez de las tradiciones y del contexto socioeconmico actual, generan grandes disparidades en la distribucin de los recursos, acompaadas de considerables consecuencias negativas para el desarrollo de las mujeres, pero tambin para la sociedad africana en general. Y es que la discriminacin tiene un costo. Promover la igualdad entre los sexos equivale tambin a promover el crecimiento y el desarrollo estable de los sistemas econmicos, lo que comporta ventajas sociales adems de econmicas en su sentido estricto, seala a este respecto el FNUAP. A pesar de todos esos problemas las mujeres siempre son muy solicitadas, una idea muy difundida en todo el continente africano. En realidad, esa demanda se reeja en todas partes: en la 3
produccin agrcola rural, en la artesana y hasta en el pequeo comercio. Hoy en da, las africanas saben que nicamente pueden contar con sus propias fuerzas y cada vez son ms numerosas las que van conando en sus propias capacidades y procurando conquistar su autonoma. A pesar de que todava son minoritarias, esas mujeres luchan contra los prejuicios y por su libertad, y en pro de esas metas se atreven a correr los riesgos que sean necesarios. Se observa as una transformacin progresiva de la actitud de las mujeres en sus relaciones con los hombres y en sus relaciones tradicionales de sometimiento a la sociedad en su conjunto. Eso no conduce necesariamente al rechazo de la tradicin sino ms bien a la voluntad de destacar los valores positivos de esa tradicin, como la solidaridad al servicio de la propia superacin y del desarrollo de todos. Mientras las sociedades africanas luchan para responder a los desafos de los tiempos modernos, las mujeres africanas se han convertido en el principal motor de esa dinmica de adaptacin y de cambio. Han desarrollado un capital tcnico basado en su experiencia y en las competencias adquiridas principalmente gracias a los movimientos asociativos. Desarrollaron tambin un capital social basado en la vida comunitaria, los principios de solidaridad y de reciprocidad, ilustrados, entre otras cosas, por las clebres tontinas de mujeres africanas. Optan por la solidaridad como estrategia para sus medidas colectivas y, ms que a la acumulacin de bienes, dan prioridad a la capitalizacin de los aspectos sociales y de la experiencia. Como declarara Ko Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, la igualdad de gnero es mucho ms que un objetivo en s mismo. Es una condicin indispensable para desarrollar el combate en pro de la reduccin de la pobreza, del fomento de un desarrollo sostenible y de la construccin de una buena administracin. Han surgido numerosas redes, asociaciones y organizaciones de mujeres cuyo objetivo va encaminado a luchar por la paz, la prosperidad econmica, la justicia social, la democracia y los derechos humanos. 4
El movimiento sindical tambin est adquiriendo una presencia cada vez mayor. Reivindica la integracin de la dimensin de gnero en el enfoque del ajuste estructural y de la lucha contra la deuda. Dentro de esa misma lnea, el movimiento sindical internacional lucha para que se incluyan en el comercio internacional las normas fundamentales del trabajo de la OIT, principalmente las relativas a igualdad. Si bien esa lucha est muy lejos de las preocupaciones de las mujeres africanas que trabajan duramente en el campo, en los talleres o en las ferias de las zonas francas, a escala mundial est ntimamente vinculada a la mejora de sus condiciones. En el terreno, un gran nmero de sindicatos africanos han elaborado programas para despertar la conciencia de las mujeres con respecto a sus derechos, para ayudarlas a emanciparse a travs de la alfabetizacin, la educacin y la capacitacin. Ese trabajo de sensibilizacin apunta al exterior pero tambin al interior de los sindicatos, durante mucho tiempo considerados un asunto de hombres y donde se dejaba a las mujeres completamente al margen. Progresivamente, los sindicatos africanos han ido aplicando programas con miras a estimular a las mujeres a asumir responsabilidades en todos los niveles de las estructuras sindicales y, paulatinamente, la mentalidad est cambiando. Cambiar la mentalidad No obstante, an queda un gran camino por recorrer entre la teora de las resoluciones polticas y la realidad. La participacin de las mujeres en los cargos directivos de los sindicatos sigue siendo muy escasa. Veronica Koe, responsable femenina del Congreso Sindical de Ghana (GTUC), considera que la ejecutiva sindical sigue estando muy separada de las mujeres. Debemos ir al terreno, declara, controlar el trabajo de la gente que est en contacto con las trabajadoras. Para interesar a las mujeres debemos tomar en cuenta los problemas vinculados a las situaciones particulares que ellas viven, por
ejemplo, el hecho de que muchas sean hoy madres solteras. El GTUC ya ha puesto en prctica la utilizacin de un lenguaje ms neutro desde el punto de vista de gnero dentro de los convenios colectivos que negoci y, para dar mayor visibilidad a su accionar, su comit de mujeres cre un fondo que lanz un sistema de seguros, de radio taxis y otros servicios prcticos. Para luchar contra los estereotipos sexistas, los sindicatos buscan no solamente despertar la conciencia de las mujeres sino tambin cambiar la mentalidad de los hombres. Eso se traduce en programas de capacitacin dirigidos a un pblico mixto, en programas tambin ms adaptados a la realidad cotidiana de las mujeres sindicalistas, teniendo en cuenta principalmente los problemas vinculados al peso desproporcionado de las responsabilidades familiares y domsticas que les incumben. La respuesta sindical Cmo luchan los sindicatos para aliar a un mayor nmero de mujeres? Por ejemplo, feminizando los equipos de sindicacin, dando prioridad a los asuntos especialmente cercanos a las mujeres, como la salud, la seguridad o la planicacin familiar, incluso, como lo hacen los sindicatos sudafricanos, poniendo nfasis en las jvenes trabajadoras. Luchar por la sindicalizacin del sector privado constituye un objetivo prioritario para aumentar el poder sindical de la mujer que, dada la grave reduccin del sector pblico, busca alternativas de empleo en el sector privado. Sin embargo, esa lucha tropieza con la precarizacin de los puestos de trabajo y con el acoso antisindical. En Cte dIvoire, maniesta la sindicalista Mariatou Coulibaly, el golpe de Estado uni en cierta manera a los trabajadores, sobre todo a las mujeres, ya que los despidos masivos les afectaron directamente. Son a esas mujeres a las que contactamos en primer lugar, y son ellas las que nos ayudaron, contina diciendo Mariatou Coulibaly, principalmente calculando con ellas el monto de las indem-
nizaciones de despido, en lugar de dejar la tarea en manos de la patronal. Esa intervencin tuvo un efecto de boomerang para el sindicato. De diez delegadas que tenamos antes del Golpe de Estado, hemos pasado a tener 67. La lucha de las mujeres africanas tambin implica la lucha tradicional de los sindicatos por conquistar mejores condiciones de trabajo. Las sindicalistas ya no se privan de gritar alto y fuerte sus reivindicaciones. En junio pasado, en Lagos (Nigeria), fueron las enfermeras de los hospitales pblicos las que reclamaron mejores salarios cuando se acababa de aumentar el salario de los mdicos. En Bamako (Mal), las trabajadoras de la industria de bebidas y helados (IBG), una de las principales industrias de bebidas del pas, hicieron huelga en el mes de abril para denunciar las psimas condiciones de trabajo que, en su opinin, rozaban la esclavitud. Las chicas se quejaban principalmente de problemas oculares debido a los efectos de la soda custica que manipulaban sin proteccin. El desafo de la economa informal Si existe un mbito de sindicalizacin del que hay que ocuparse para defender mejor a las mujeres africanas, es indudablemente el de la economa proveniente del sector no estructurado. A tal n, los sindicatos deben desarrollar nuevos mtodos de acercamiento y de organizacin, tomando en cuenta los bajsimos ingresos de esas trabajadoras y el poco tiempo que pueden destinar a las actividades sindicales debido a sus ocupaciones familiares. Los sindicatos tambin deben combatir el aislamiento de muchas trabajadoras del sector no estructurado, especialmente las que trabajan a domicilio y las de zonas rurales aisladas. En Zambia y Ghana, la Confederacin Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y su organizacin regional africana (la ORAF) nancian proyectos en favor de dichas mujeres (vase tambin el artculo de Emile Delvaux de la pgina 15). 5
Con frecuencia esas trabajadoras ya se han autoorganizado en asociaciones o cooperativas. Los sindicatos pueden entonces elaborar estrategias para colaborar con ellas y llevar a cabo tareas en redes con todos los actores que ya se mueven en el terreno. Entre otros ejemplos, los sindicatos respaldan cooperativas de mujeres en el Senegal. Los sindicatos tambin se esfuerzan en aportar ventajas tangibles e inmediatas: creacin de fondos sociales para compensar la falta de seguridad social, facilidades de acceso a crditos y a la tierra, ayuda administrativa y jurdica, educacin y capacitacin para superar la terrible falta de calicaciones, suministro de infraestructuras bsicas (electricidad, agua, transporte, servicios sanitarios, locales para almacenamiento, guarderas, comidas, etctera). Los sindicatos pueden tambin ayudar a mejorar los ingresos de dichas mujeres a travs de operaciones de venta y de compra colectiva, motivando intercambios de experiencias, garantizando proteccin contra la violencia (principalmente en el caso de las vendedoras callejeras) y dando visibilidad a la cadena de subcontratacin a n de negociar con los empleadores una proteccin elemental para las trabajadoras a domicilio. Los sindicatos pueden aportar su respaldo a microproyectos, especialmente a los que impulsan el desarrollo rural as como los que facilitan el acceso a nuevas redes de comercio justo de los bienes que producen las mujeres, como se hace en Benin o Burkina Faso. Nuevas vas de accin Organizar a las trabajadoras de las zonas francas de exportacin (ZFE), que proliferan rpidamente en Africa, constituye otro gran desafo de los sindicatos africanos. Los pases de acogida de esas zonas francas ofrecen a los inversores extranjeros una mano de obra barata y una paz en las relaciones laborales que, en general, se logra a costa de una feroz represin de los sindicatos. Como resultado, en las ZFE, donde se emplea a un gran nmero de mujeres, a 6
menudo los derechos sindicales brillan por su ausencia o la explotacin se convierte en la norma habitual (salarios bajsimos, contratos de trabajo precarios, acoso sexual de las trabajadoras, condiciones de trabajo deplorables, etctera). En Marruecos, a pesar de la represin antisindical reinante, los sindicatos luchan por organizar a las obreras de las fbricas textiles de las zonas industriales. En la Isla Mauricio, los sindicatos construyeron una guardera para los nios de las trabajadoras de las plantaciones de caa de azcar. En lo relativo a la lucha contra el VIH/SIDA, los sindicatos tambin desempean un papel fundamental para ofrecer una dimensin de gneros en todos los programas de sensibilizacin y de ayuda a las vctimas. Asimismo, participan activamente en la campaa internacional en pro de productos farmacuticos a n de que se vendan a precios accesibles a los enfermos de SIDA de Africa. En muchos sindicatos africanos, las mujeres ocupan los puestos de vanguardia en la lucha contra la epidemia. Las mujeres son quienes ms sufren las consecuencias de la enfermedad. Resisten ms tiempo al virus por lo que viven ms tiempo con la enfermedad y son quienes deben ocuparse de los nios, declaraba recientemente Florida Mukandamutsa, de la Central de Sindicatos de Trabajadores de Rwanda (CESTRAR), a El mundo sindical 3. En Rwanda hemos creado una asociacin de personas que viven con el VIH/SIDA. Se trata de una asociacin mixta pero en ella las mujeres son mayoritarias, explicaba dicha sindicalista. Para cerrar la brecha tecnolgica que separa Africa del resto del mundo y permitir que ese continente alcance un desarrollo duradero, los sindicatos reclaman mayor acceso a las nuevas tecnologas vinculadas a la informtica para todas las trabajadoras y trabajadores africanos (capacitacin e infraestructura). En este mbito tambin es necesario hacer hincapi en la dimensin de gnero, indispensable para que las mujeres, ya discriminadas en todos los dems mbitos, no vuelvan a encontrarse en el fondo de la brecha informtica
que separa a las personas ms calicadas de las que menos lo estn, y a las ms ricas de las ms pobres. Todas estas vas de accin sindical, ya probadas con imaginacin, valor y xito por diferentes sindicatos africanos, convergen hacia el mismo objetivo general: tener ms en cuenta las necesidades y prioridades especcas de la mujer y su papel en la economa y la sociedad en general. Si bien se trata de una clave esencial para el futuro del continente y una cuestin de equidad, tambin supone una cuestin de supervivencia. Como sucede en el resto del mundo, pero quiz todava ms en Africa, dado el papel tan importante que desem-
pean las mujeres en el desarrollo pese a las enormes dicultades, el futuro depender del lugar que ocupen las mujeres.
Notas
1 FNUAP: Ltat de la population mondiale, 2000 (Nueva York), 2000. 2 UNIFEM: Gender dimensions of the nancing for development agenda, documento de trabajo para la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre la Financiacin del Desarrollo, a celebrarse en Monterrey (Mxico) del 18 al 22 de marzo de 2002 (Nueva York), abril de 2001. 3 El mundo sindical, publicacin mensual de la Confederacin Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) (Bruselas), diciembre de 2000.
7
Panorama de la integracin regional en Africa
La integracin econmica puede tener ms xito cuando los miembros de la sociedad civil, especialmente los sindicatos, participan en la toma de decisiones y sta abarca y respeta sus derechos. De qu manera pueden los sindicatos desempear un papel ms destacado en el momento de la integracin regional y cmo pueden conseguir que se respeten los derechos humanos y sindicales?
Mohammed Mwamadzingo
Especialista regional en formacin obrera Ocina de la OIT en Addis Abeba
E
l desarrollo exige que se organicen ms actividades sociales y econmicas de escala al contrario de las que surgen actualmente en cada uno de los pases africanos. El tamao de la mayora de estos pases es relativamente pequeo, no slo en lo referente a poblacin sino tambin en cuanto a produccin econmica. Esto ha permitido que se procurara promover la integracin regional y subregional como una gran estrategia para fomentar el comercio dentro de la regin y acelerar el desarrollo y la transformacin estructural. A pesar de los modestsimos resultados logrados hasta el momento en este proceso, la estrategia contina siendo un gran instrumento para la regin en lo que se reere a la superacin de los problemas de fragmentacin econmica, a la promocin de la diversicacin econmica y al establecimiento de vnculos entre las unidades de produccin de los distintos pases. Estructuras regionales y subregionales de Africa No cabe duda de que el primer argumento para la integracin regional consiste en la eciencia: cuando los productores y los pases se especializan en tcnicas que pueden producir ms barato, toda la regin se benecia. El segundo reside en que las economas de escala que no se pueden lograr dentro de los mercados nacionales, a me-
nudo se pueden conseguir en un mercado regional ms amplio. Y, el tercero, se basa en que la integracin regional puede proporcionar experiencia y benecios en materia de competencia entre productores, cuyos costos son generalmente elevados, a un nivel ms seguro que el de escala mundial. El continente africano acumula un largo historial de acuerdos de integracin regional, comenzando por las uniones aduaneras de 1900, creadas entre Kenya (antiguo Protectorado de Africa oriental) y Uganda. En la actualidad coexisten, en trminos generales, dos tipos de agrupaciones regionales en Africa, a saber: las patrocinadas por la Comisin Econmica de las Naciones Unidas para Africa (UNECA) y las resultantes de otras iniciativas. La UNECA ha promovido tres acuerdos subregionales: la Comunidad Econmica para los Estados de Africa Occidental (CEDEAO), el Mercado Comn para Africa Oriental y Austral (COMESA) y la Comisin Econmica para los Estados de Africa Central (ECCAS). En el nivel panafricano, el tratado por el que se cre la UNECA, rmado en Abuja en 1991, puede considerarse la culminacin de las ltimas declaraciones de los Jefes de Estado y de gobiernos africanos y de sus ministros (a ttulo de ejemplo, la Declaracin de Kinshasa de 1976, el Plan de Accin y el Acta Final de Lagos de 1980) con respecto al deseo de crear una comu-
8
nidad econmica que abarcara a todo el continente. En la 37. Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en Lusaka ( Zambia), en julio de 2001, la Organizacin de la Unidad Africana (OUA) se transform ocialmente en la Unin Africana (UA), despus de que se raticara el tratado constitutivo de la UA por 50 de los 53 Estados miembros que componan la OUA. A continuacin, se encarg al nuevo Secretario General de la UA que transformara la OUA en la UA en el plazo de un ao. En Africa occidental, en 1975, fue creada la Comunidad Econmica de los Estados del Africa Occidental (CEAO) con el propsito de convertirse en una unin aduanera y posteriormente formar un mercado comn al tiempo que se integraban los Estados de la subregin africana occidental. La CEAO est compuesta por 15 Estados miembros (Benin, Burkina Faso, Cabo Verde, Cte dIvoire, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Liberia, Mal, Nger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo), de los cuales 10 pases tienen alianzas con otras agrupaciones subregionales. El Tratado revisado de la CEAO, rmado en 1993, intenta consolidar y ampliar los logros de la CEDEAO y trata de combatir el problema de la multiplicidad de organizaciones intergubernamentales en la subregin, reforzar la capacidad ejecutiva del secretariado de la CEDEAO y ampliar las funciones polticas de la comunidad. Dicho Tratado concede categora supranacional a la CEDEAO como nica institucin representativa de la subregin africana occidental. Por otra parte, tambin agreg el mantenimiento de la paz a la lista de objetivos de la CEDEAO. En la actualidad, la subregin africana occidental es la que tiene la mayor cantidad de organizaciones intergubernamentales (cerca de 40). Entre ellas, guran la Union conomique et montaire ouest-africaine (UEMOA), creada en 1994 y formada por Benin, Burkina Faso, Cte dIvoire, Guinea-Bissau, Mal, Nger, Senegal y Togo, la CEDEAO y la Mano River Union, integrada por Guinea, Liberia y Sierra Leona. Una gran diferencia que distingue
a la UEMOA de la CEDEAO consiste en que esta ltima alianza cuenta con un componente de integracin monetaria en funcionamiento. Con arreglo al acuerdo alcanzado en el Consejo de Ministros de la CEDEAO de 1993, todas las dems organizaciones intergubernamentales regionales se transformaran para 2005 en organismos especializados de la CEDEAO. Se han aanzado numerosas actividades encaminadas a establecer iniciativas transfronterizas en la subregin de Africa oriental y austral con el n de aumentar el comercio, las inversiones y los pagos entre los pases participantes. Dicha subregin cuenta actualmente con la mayor cantidad de organizaciones intergubernamentales despus de Africa occidental. El Area Preferencial de Comercio (PTA) para Africa Oriental y Austral fue creada en 1978 sentando las bases para la formacin del Mercado Comn para Africa Oriental y Austral (COMESA) en noviembre de 1993. El COMESA est integrado por 21 pases despus de que la Repblica Unida de Tanzana se retirara en 2000. El PTA se ocup de cinco reas principales de cooperacin, a saber: la monetaria, scal y nanciera; la de desarrollo del comercio y aduanas; la del transporte y comunicaciones; la de la industria, energa y medio ambiente; y la de desarrollo agrcola. El Tratado del COMESAreclama la creacin de una unin aduanera eliminando todas las barreras comerciales y el establecimiento de un sistema arancelario externo comn y de reglas de origen. El Tratado anticipa la coordinacin de polticas macroeconmicas a medida que los pases avanzan hacia el libre movimiento de servicios y capitales, as como la convertibilidad de divisas. A diferencia del PTA, el COMESA hace mayor hincapi ahora en el compromiso de redistribuir los benecios de la integracin a travs de programas regionales especiales, destinados a promover el desarrollo de los pases menos adelantados de la regin a n de alcanzar un desarrollo equilibrado dentro del mercado comn. Se han establecido reas especcas de coo9
peracin, tales como la liberalizacin comercial y la cooperacin aduanera; el transporte y las comunicaciones; la industria y la energa; los asuntos monetarios y las nanzas; la agricultura y el desarrollo econmico y social. Dentro de la misma subregin se hallan tambin la Comunidad de Desarrollo para Africa Meridional (SADC) y la Unin Aduanera del Africa Meridional (SACU). La SADC (constituida por 10 de los Estados del COMESA) reemplaz a la Conferencia Sudafricana de Coordinacin del Desarrollo, considerada una organizacin cuya meta era reducir la dependencia subregional de la Sudfrica del apartheid. La SADC procura obtener una mayor coordinacin de los aranceles externos y promover la libre circulacin de capital y mano de obra. Tambin est interesada en crear autoridades regionales de infraestructuras y un banco de desarrollo. La SACU fue creada en su forma actual en 1969 pero surgi directamente tras el acuerdo de 1910 entre Sudfrica y los tres territorios britnicos de Basutoland (actual Lesotho), Bechuanaland (actual Botswana) y Swazilandia. La zona africana oriental continu ms bien aletargada durante gran parte del perodo posterior a la desaparicin de la Comunidad del Africa Oriental en 1977. El 22 de noviembre de 1991, los tres presidentes del Africa oriental se reunieron en Nairobi y acordaron reactivar y profundizar la cooperacin entre los respectivos pases. En la segunda cumbre tripartita de la Cooperacin Africana Oriental (EAC), celebrada en Kampala en noviembre de 1993, se rm un protocolo designando a Arusha (Repblica Unida de Tanzana) la sede del secretariado de la Comisin Tripartita Permanente para la Cooperacin del Africa Oriental. Desde la rma del Tratado para el Establecimiento de la Comunidad del Africa Oriental, en 2000, la Comisin se ha transformado en la Comisin del Africa Oriental. La Autoridad Intergubernamental sobre Desarrollo (IGAD), que componen Eritrea, Etiopa, Kenya, Sudn, la Repblica Unida de Tanzana y Uganda, consti10
tuye otra organizacin intergubernamental. El 18 de abril de 1995 se decidi, en el transcurso de una reunin extraordinaria de Jefes de Estado y de gobierno de la IGAD, lanzar una nueva iniciativa que implicara la revitalizacin y reestructuracin de la IGAD como instrumento para una cooperacin ms amplia y para la integracin econmica subregional entre los Estados miembros de la IGAD. Otras agrupaciones que componen la subregin son la Organizacin de la Cuenca del Kagera (KBO) y la Comisin del Ocano Indico (IOC), que agrupan a Mauricio, Madagascar, Islas Comoras y Seychelles. La IOC constituy recientemente su secretariado en Quatre Bornes (Mauricio). Adems, a comienzos de 1995 se dio curso a la posibilidad de organizar una plataforma para la cooperacin regional en la regin ms amplia de la costa del ocano Indico. Australia, India, Kenya, Mauricio, Omn, Singapur y Sudfrica participaron en una reunin que prepar el terreno para instaurar una cooperacin futura en la regin culminando en la Iniciativa de la Costa del Ocano Indico (IORI). Entre las reas de cooperacin que se determinaron guran las siguientes: la promocin de intercambios comerciales, el fomento del comercio y las inversiones y la cooperacin en los mbitos de la ciencia y la tecnologa, as como el desarrollo de los recursos humanos. En el norte de Africa, la Unin Arabe Magreb (UAM), formada por Argelia, la Jamahiriya Arabe Libia, Mauritania, Marruecos y Tnez, constituye uno de los organismos de cooperacin subregional ms antiguos de Africa. A partir de 1995, deba entrar en vigencia un mercado comn magreb y una unin aduanera. Los adelantos fueron bastante lentos ya que sigue existiendo una serie de barreras arancelarias y no arancelarias al comercio. Asimismo, existen diferencias en los modelos econmicos y se adolece de la falta de decisiones polticas coordinadas, por ejemplo, durante la guerra del Golfo. La importacin del petrleo de los pases de dicha subregin proviene de los Emiratos Arabes Unidos, en lugar de Argelia o de la Jamahiriya
Arabe Libia que, cabe sealar, produce alrededor de las tres cuartas partes de las necesidades petroleras de la subregin. En el Africa central, el comercio interno de la subregin entre los Estados centroafricanos sigue siendo mnimo. El tratado por el cual se estableci la Union douanire des Etats de lAfrique centrale (UDEAC) fue rmado en 1964. La Communaut conomique des Etats de lAfrique centrale (CEEAC), con sede en Libreville, y la UDEAC emprendieron por separado una cooperacin en las reas de alimentos y agricultura, industria, transporte y comunicaciones. La tercera agrupacin econmica la Communaut conomique des pays des Grand Lacs (CEPGL) , que agrupa a Rwanda, Burundi y la Repblica Democrtica del Congo, est inactiva. Logros y problemas en los esfuerzos de integracin africanos Pese a la existencia de dichas agrupaciones regionales, los vnculos econmicos transfronterizos de la regin africana siguen siendo dbiles. As pues, no se reeja una prctica clara respecto a los logros obtenido en Africa con los esfuerzos de la integracin regional. Si bien se han mejorado en lo referente a las corrientes comerciales intrarregionales, se produjeron muy pocos adelantos hacia el desarrollo integrado de las infraestructuras, a pesar de sus enormes benecios potenciales. Numerosos problemas continuaron impidiendo que avanzara la integracin regional africana. La mayora de los pases africanos mantienen las mismas estructuras de produccin perjudicando, por consiguiente, a los productos exportables que tienden a ser competitivos en lugar de ser complementarios. La falta de transporte y de comunicaciones adecuadas contribuyeron, en parte, a la ausencia de articulacin de las economas africanas, restringiendo gravemente la libre circulacin de mercancas, personas, servicios y capitales. Por si esto no fuera suciente, la falta de convertibilidad de las monedas, la continua existencia de barreras arancelarias y
no arancelarias, el temor de salir perdiendo en una agrupacin subregional frente a Estados miembros ms desarrollados y las divergencias entre los lderes polticos continuaron impidiendo que en el continente se produjera una integracin ms estrecha. Integracin regional: estructuras sindicales Paralelamente a la creacin de procesos regionales de integracin, en Africa hay una transposicin de sindicatos en una relacin prxima de uno a uno. En el Africa meridional se constituy, en marzo de 1993, el Southern African Trade Union Coordination Council (SATUCC) celebrndose su congreso inaugural en Gaborone (Botswana). Con 12 organizaciones aliadas, el SATUCC lucha por el desarrollo de centrales sindicales nacionales fuertes, independientes y autnomas en la subregin. En noviembre de 1991, el SATUCC adopt la Carta Social de Derechos Fundamentales de los Trabajadores en Africa Austral. Dicha Carta constituye una declaracin solemne, y deja sentados los principios generales de un marco jurdico laboral sudafricano que, en trminos ms amplios, determina el lugar del trabajador en la sociedad. En marzo de 1992, el Southern African Labour Council (SALC), una estructura tripartita, adopt la Carta Social. En Africa oriental, el East African Trade Union Council (EATUC) es una organizacin integrada por las centrales sindicales nacionales de los Estados miembros de la Comunidad de Africa Oriental: Kenya, Uganda y la Repblica Unida de Tanzana. El EATUC fue creado en 1988 y, actualmente, est compuesto por la Central Organization of Trade Unions (Kenya), la National Organization of Trade Unions (Uganda) y la Tanzania Federation of Free Trade Unions (Repblica Unida de Tanzana). El objetivo ms ambicioso del EATUC se dirige a integrar los intereses y los esfuerzos de los trabajadores de la regin africana oriental con miras a desarrollar un enfoque comn hacia el fortalecimiento de 11
la justicia social y econmica, a travs de la participacin de las organizaciones de trabajadores en todos los niveles de la integracin regional. La Organizacin aspira, asimismo, a promover la cooperacin entre los trabajadores de Africa oriental, desarrollando de manera conjunta programas de formacin para los trabajadores, actividades de investigacin, e integrando la dimensin de gnero en las actividades sindicales. Como organismo regional de los trabajadores, el EATUC se ocupa de que la Comunidad para Africa Oriental implique a los trabajadores en todas las cuestiones relativas a la integracin regional, instituya el tripartismo como mtodo de trabajo, promueva la raticacin de las normas internacionales del trabajo por parte de los Estados miembros, armonice la legislacin y las polticas laborales en Africa oriental y fomente el concepto de la libre circulacin de los medios de produccin en la regin. Adems, el EATUC ha adoptado una lista ampliada de objetivos tales como la eliminacin del hambre mediante la seguridad alimentaria, la creacin de empleo productivo y la promocin de la resolucin de conictos en Africa oriental. En Africa occidental, a pesar de su revitalizacin en 1999, la Organization of Trade Unions of West Africa (OTUWA) no mantiene en curso ninguna actividad importante. En Africa central, el organismo sindical subregional Organization des travailleurs de lAfrique centrale (OTAC) todava le queda un largo camino por recorrer. En Africa del norte, la Union des syndicats des travailleurs du Maghreb arabe (USTMA) est compuesta de federaciones sindicales de su subregin. El 1. de mayo de 1991, la USTMA adopt la Carta de Derechos Sociales Fundamentales de los Trabajadores del Magreb. En la Carta se acogi con satisfaccin la creacin de la UAM y se puso nfasis en la necesidad de incorporar las dimensiones sociales como parte integrante de los esfuerzos de integracin. Las centrales sindicales del mundo rabe tambin estn representadas en la International Confederation of Arab Trade Unions (ICATU). 12
Respuestas sindicales a los procesos de integracin Muchos pases de Africa, al igual que sucede en otras partes del mundo, estn interesndose, cada vez ms, en la integracin econmica regional y han elaborado programas para fomentar dicha causa. Las organizaciones de trabajadores, por su parte, no se han quedado atrs en brindar respaldo a la urgencia y reforzar la integracin regional. En realidad, se tiene constancia de que los sindicatos han reclamado mayores esfuerzos gubernamentales para acelerar la integracin econmica regional. Los sindicatos han sido socios activos en distintas actividades de tales grupos de inters de mbito econmico y social. Al sindicalismo le ha preocupado que los acuerdos de integracin regional logrados se concentraran principalmente en la movilizacin de capital y recursos naturales, y tendieran a hacer caso omiso del crtico papel que desempean la movilizacin de los recursos humanos y otros aspectos sociales. Los sindicatos reiteraron que para conseguir la integracin, sus participantes, entre los cuales los trabajadores y sus organizaciones son un componente fundamental, deben participar en el proceso de concepcin, en los mecanismos de decisin y en la aplicacin de todos los programas y actividades de proyectos. Los aspectos sociales, tales como la lucha contra la pobreza, los derechos humanos y sindicales, la creacin de empleo decente y la observancia de las normas fundamentales del trabajo siempre deberan integrar las principales prioridades. Otro reto que se presenta a los sindicatos atae al hecho de que los sistemas modernos de relaciones laborales, de la mayora de los pases, implicaron fundamentalmente al mbito nacional, con reglamentacin laboral enraizada en acuerdos entre sindicatos nacionales y organizaciones de empleadores y legislacin promulgada por los Estados nacionales. La liberalizacin del comercio internacional, la mundializacin de los mercados nancieros y la creciente importancia de las empresas multinacionales parecen
poner en peligro esos sistemas nacionales. El surgimiento de mercados regionales de trabajo (la Comunidad para Africa Oriental, por ejemplo), comporta que las decisiones clave que afectan a los mercados laborales nacionales se tomen fuera del pas en cuestin. Las comparaciones de los costos laborales entre pases afectan la competitividad nacional e inuyen en las decisiones de inversin de las empresas; esto pone en peligro el comportamiento de la negociacin colectiva nacional. La estabilidad de las monedas nacionales parece exigir que los gobiernos adopten polticas econmicas deacionarias, a menudo en contra de los intereses de la mano de obra. Las tesis de los pesimistas se basan en que la internalizacin socava por completo la ecacia de los sindicatos. Otros analistas ms cautelosos sugieren que, como mnimo, se ha restringido mucho su margen de maniobra con respecto al pasado. Ello signica que la respuesta de los sindicatos est encaminada a reforzar sus propias organizaciones internacionales. En consecuencia, los sindicatos deben desempear un papel ms activo para conseguir la dimensin social de la mundializacin y de las integraciones regionales. Adems de luchar por el derecho a ser consultados, estn poniendo en marcha mecanismos para reforzar las organizaciones subregionales de trabajadores a travs de las cuales pueden presentar sus posiciones. La formulacin de cartas sociales de derechos fundamentales de los trabajadores y su incorporacin y adopcin por parte de las correspondientes agrupaciones regionales exige que se d un paso al frente asegurando que los derechos sindicales estn incluidos en las mismas y que se los respeta. Los sindicatos consideran que los esfuerzos actuales encaminados a fomentar la cooperacin econmica y la integracin regional estn destinados al fracaso si continan concentrndose en las estrechas reas del comercio internacional y uniones aduaneras. Si bien los actuales sistemas de integracin regional abordan cuestiones amplias tales como la movilizacin de recursos, generalmente han puesto dema-
siado el acento en la movilizacin de capital y de recursos naturales tendiendo a hacer caso omiso del decisivo papel que desempea la movilizacin de los recursos humanos en los esfuerzos econmicos regionales de integracin. Conclusiones: lograr una buena integracin Si bien se multiplican los problemas entorpeciendo la creacin de una ecaz integracin regional africana, muchos asesores e investigadores africanos sugieren que sigue existiendo una necesidad de integracin regional que puede ser incluso ms necesaria ahora, cuando se ha eliminado la fragmentacin del mercado en otras partes del mundo lo que en Africa sigue siendo un problema y contina aumentando la movilidad del capital. Es importante subrayar que la integracin regional no puede tener el xito esperado si no se cuenta con un sentimiento de pertenencia e identidad de las personas ms afectadas por el proceso dentro de la comunidad propuesta de pases. Con el n de que los sindicatos disfruten de la integracin econmica regional, podran aumentar su papel procurando que: intervengan en las etapas de concepcin de todo esfuerzo regional de integracin y que reclamen a sus gobiernos el derecho de participar y ser consultados junto a las dems partes intervinientes en todas las cuestiones de inters regional; las cuestiones laborales y otras cuestiones sociales ocupen un lugar central ya que no puede haber desarrollo econmico sin una dimensin social; se formen o revitalicen organizaciones sindicales subregionales, paralelas a las agrupaciones econmicas subregionales, lo que les permitira movilizar a sus miembros y ejercer una efectiva presin; las organizaciones sindicales subregionales formulen cartas sociales de dere13
chos fundamentales de los trabajadores en Africa, similares a las de SATUCC y USTMA, y consigan que las adopten sus respectivas agrupaciones econmicas; junto con otros participantes, encabecen la formacin de los ciudadanos respecto a los atributos de la integracin regional, con el n de fomentar la participacin general, y continen alertando sobre los mbitos de las violaciones de los derechos humanos y sindicales.
Los sindicatos consideran que la integracin regional no se trata nicamente de una cuestin econmica, sino de un proceso destinado a crear una comunidad o una construccin social, que no se limita a ampliar el comercio regional. Requiere un enfoque global y pluridimensional y debera tener cierta legitimidad y sentimiento de identidad.
14
El desafo del sector no estructurado
El excepcional crecimiento de la economa derivada del sector no estructurado en el Africa subsahariana constituye al mismo tiempo un desafo para los sindicalistas y una excelente oportunidad de renovacin. Un proyecto respaldado por la Oficina Internacional del Trabajo demostr que es posible sindicar a los trabajadores de dicho sector.
Emile Delvaux
Asesor tcnico principal Proyecto Los sindicatos y el sector informal Ocina de Actividades para los Trabajadores Ocina Internacional del Trabajo
L
a expansin de la economa proveniente del sector no estructurado, consecuencia directa de la mundializacin, nos sorprende hoy por la dimensin que lleg a tener en Africa. Dicha economa, surgida de una economa paralela y multiforme, se desarroll junto a sectores clsicos de la economa yuxtaponindose a ellos como una imagen negativa del sector estructurado o moderno. En los pases africanos siempre ha existido por tradicin el sector no estructurado, sobre todo en la agricultura y la pesca. Basta con pensar en los trabajadores de temporada. Este fenmeno lleg a las ciudades y registr un aumento exponencial a partir de la puesta en prctica de los programas de ajuste estructural (PAE), durante la crisis de los aos setenta y ochenta. De ese momento en adelante, la mundializacin y el desarrollo de capital se apoyaron en polticas de liberalizacin y de desreglamentacin. Por una parte, esas polticas buscaron desmantelar los mecanismos gubernamentales que servan para luchar contra las crisis (las polticas anticclicas) y, por otra, transrieron al mercado, con el pretexto de una mayor ecacia, la mayor parte del poder econmico, social, cultural e incluso poltico. Al no ser el mercado un todo homogneo, esa poltica contribuy a crear principalmente la diferencia de los trmi-
nos de intercambio entre los pases desarrollados y los pases en desarrollo. Regiones enteras se encuentran actualmente fuera del juego econmico (Africa subsahariana, Asia meridional, Oriente Medio, el Norte de Africa). Las corrientes de capital se concentran en el tringulo entre los Estados Unidos, la Unin Europea y el Japn. Las consecuencias de la mundializacin sobre la economa, pero principalmente sobre el empleo, son catastrcas para la mayora de los pases del Sur. La bsqueda desenfrenada de la competitividad origina despidos y fuertes disminuciones de los salarios, permitiendo que el tejido econmico, que compone el sector estructurado de la economa, tanto privado como pblico, se deteriore peligrosamente. Las crisis nancieras y econmicas se suceden a un ritmo acelerado desde los aos setenta, agravando an ms la situacin del empleo y arrastrando a una gran cantidad de trabajadores y trabajadoras a caer en la economa generada por el sector no estructurado. Las crisis polticas internacionales de la actualidad acentan esa tendencia y provocan una disminucin del ritmo de la economa mundial y un repliegue de las grandes potencias sobre s mismas.
15
Auge del sector informal en Africa subsahariana En Africa subsahariana, la economa que genera el sector no estructurado se caracteriza por su gran dimensin. Durante la ltima dcada creci de manera desmesurada. Las reformas econmicas emprendidas por los gobiernos de esa regin para afrontar la doble crisis de endeudamiento externo y dcit presupuestarios comprendan entonces medidas de racionalizacin de los gastos pblicos, restricciones en las subvenciones estatales a las empresas pblicas y de privatizacin. Como consecuencia, provoc una disminucin drstica de los empleos asalariados, tanto en el sector pblico como en el privado. Por ejemplo, en Burkina Faso, los efectivos de la funcin pblica pasaron del 54 por ciento de los empleos del sector estructurado en 1975 al 33 por ciento en 1985, y al 24 por ciento en 1993. Y la situacin contina empeorando. Adems de esas causas directas de la crisis de empleo en el sector estructurado, tambin se puede hablar de causas ms lejanas vinculadas al estancamiento del sector privado y a la debilidad de la capacidad empresarial en los pases (errores de gestin de las grandes unidades de produccin, falta de respaldo a la pequea y mediana empresa, demasiada dependencia econmica de los pases desarrollados, retrasos tecnolgicos, bajos niveles de vida y de consumo, reducido mercado interno, etctera). Sin olvidar la insuciencia de calicaciones tcnicas y profesionales de la mano de obra resultante del deterioro de la enseanza. Todo ello impidi el desarrollo rpido de un sector privado competitivo capaz de reemplazar al sector pblico en su papel de creador de empleos modernos. Al mismo tiempo que se observaba una cada de la capacidad de empleo en el sector privado y pblico, se vea cmo ingresaban en el mercado laboral una mayor cantidad de jvenes, sobre todo en las ciudades, como consecuencia del xodo rural y del crecimiento democrtico. El nacimiento de la economa derivada del sector no estructurado tambin se debi a causas 16
estructurales como las deciencias de la logstica comercial ocial, en particular en el mbito de la distribucin, o la escasa capacidad de importacin de los productos ms recientes por los cuales hay gran demanda. A eso se debe agregar la corrupcin y la actuacin de personas investidas de poder de decisin que no vacilaron en sabotear proyectos industriales locales para dar prioridad, en contextos de guerras civiles permanentes y de desestabilizacin gubernamentales, a las importaciones informales mucho ms rentables. La economa del sector no estructurado creci entonces de forma extraordinaria en la mayora de los pases de Africa subsahariana. En la actualidad, pertenece a ella cerca del 80 por ciento de las personas activas urbanas de Burkina Faso. En Nger, representa entre el 70 y el 80 por ciento del producto interior bruto (PIB) comercial y en 1988 constitua cerca del 60 por ciento de los empleos no agrcolas. En este ltimo pas, la contribucin de la economa informal al PIB se triplic entre 1960 y 1997, mientras que la del sector moderno se redujo a la mitad durante ese mismo perodo. Si bien el predominio de las ganancias generadas en el sector no estructurado en la economa y el empleo es una caracterstica comn a Burkina Faso, Mal, Nger y Senegal, ese sector presenta diferencias segn sean los pases. En Mal, las mujeres son mayoritarias en ese sector con una tasa del 59 por ciento. En cambio, en Nger, las mujeres representan solamente el 27,6 por ciento de la mano de obra de la economa informal. En 1991, en el Senegal, dicha economa abarcaba el 58,7 por ciento de la poblacin activa urbana contra el 17,8 por ciento para el sector estructurado mientras que 3 de cada 5 empresas del sector no estructurado slo cuentan con un empleado. Hacia una catstrofe social? A pesar de la escasez de datos estadsticos ables, se estima que la economa del sector no estructurado absorbe cerca del 60 por ciento de la mano de obra urbana de Africa subsahariana. Segn un estudio
de la OIT, el 93 por ciento de los empleos urbanos que se crearn durante la dcada actual pertenecern al sector no estructurado. Si sigue avanzando como lo hace actualmente, el proceso de mundializacin no permitira invertir esta tendencia. No obstante, cada vez se cuestionan ms los tan alabados mritos de la economa del sector no estructurado, principalmente su pretendido papel estabilizador. Se han planteado incluso interrogantes en cuanto a su viabilidad a largo plazo. Segn las estimaciones del Banco Mundial, durante los prximos veinte aos el empleo en las microempresas de Africa subsahariana debera aumentar un promedio de 6 a 7,5 por ciento anual. Durante ese mismo perodo, la contribucin de la economa proveniente del sector no estructurado al producto nacional bruto (PNB), de dichos pases, debera alcanzar el 35 por ciento, mientras que el aumento anual de la productividad del trabajo de ese sector se estancara en el 1,5 por ciento. Tal perspectiva plantea una serie de problemas urgentes en el plano econmico, social y poltico, en la medida en que el aumento previsible del desempleo y de la pobreza constituye una grave amenaza para la democracia y la estabilidad econmica futura de tales pases. En realidad, se conduce directamente hacia una catstrofe econmica y social. En efecto, la degradacin del empleo corre el riesgo de debilitar la productividad y de ampliar trgicamente las diferencias existentes en materia de remuneracin entre el sector no estructurado o estructurado. Adems, la precariedad del empleo, las malas condiciones de trabajo, la falta de medidas de proteccin social y de atencin mdica y su desconocimiento, as como la falta de organizacin colectiva de la mano de obra, son factores que obstaculizan el crecimiento y la competitividad de la economa del sector no estructurado y que podran contribuir a que persistieran los abusos y las polticas discriminatorias contra los trabajadores de ese sector. Finalmente, las presiones polticas, religiosas o ideolgicas que se ejercen sobre poblaciones debilitadas tanto econmica
como socialmente, pueden originar situaciones de crisis humanitaria y de guerras civiles. Desde 1972, la Ocina Internacional del Trabajo tuvo que intervenir en los pases de la regin brindando asistencia y asesoramiento en materia de polticas y medidas dirigidas a aumentar el rendimiento y la organizacin de la economa del sector no estructurado. Se pusieron en marcha diversos proyectos, por ejemplo, en favor de los artesanos de distintos pases de Africa de habla francfona y anglfona. Sin embargo, al no haber un entorno macroeconmico favorable, todas esas medidas son limitadas. Con ocasin de la 78. reunin de la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, en 1991, se hizo hincapi en la necesidad de integrar la economa del sector no estructurado en las economas nacionales. La puesta en prctica de tal estrategia necesariamente pasa por la adopcin o el refuerzo de las polticas econmicas, scales y sociales, favorables a la evolucin del sector no estructurado. Una de las mejores formas de alcanzar ese objetivo es dotar a los trabajadores de la economa del sector no estructurado de un marco organizativo e institucional que les permita convertirse en interlocutores vlidos de quienes toman las decisiones. Por su cometido mismo, los sindicatos se presentan como los interlocutores ideales para ayudar a denir y construir tal marco. Eso permitira aumentar convenientemente la fuerza de repercusin institucional, econmica y social, tanto de las organizaciones sindicales como de los trabajadores y trabajadoras de la economa del sector no estructurado. En ese contexto y teniendo esos objetivos principales, la Ocina de Actividades para los Trabajadores de la Organizacin Internacional del Trabajo (ACTRAV) y el Organismo Dans de Cooperacin (DANIDA) formularon el proyecto Los sindicatos y el sector no estructurado. Ese proyecto, puesto en prctica desde junio de 1998 hasta agosto de 2001, estuvo dirigido a cuatro pases de habla francesa de Africa occidental: Burkina Faso, Mal, Nger y Senegal. 17
En este momento, hay que reconocer que, en esos cuatro pases, las organizaciones sindicales todava no disponen de capacidad institucional que les permita garantizar la defensa de los intereses de los trabajadores de la economa del sector no estructurado. En gran medida, eso se explica por motivos histricos ya que los sindicatos de ese pas tradicionalmente apuntaron de preferencia y exclusivamente a los trabajadores y funcionarios del sector moderno. No obstante, algunas centrales sindicales ya trabajaban en ciertos ocios de la economa del sector no estructurado durante algunos aos pudindose acercar a esa mano de obra. Sin embargo, raramente defendan los intereses especcos de ese tipo de trabajadores y los incluan en cambio en las reivindicaciones y convenios generales del sector estructurado. No obstante, estas experiencias pudieron demostrar que la sindicacin de los trabajadores de la economa del sector no estructurado constituye un objetivo realizable, que va acompaado de benecios tanto para los trabajadores como para los sindicatos. A los primeros, les permite mejorar sus condiciones de vida y de trabajo y su proteccin social y, a los segundos, reforzar su poder de negociacin como fuerza verdaderamente representativa de los intereses de todos los trabajadores y las trabajadoras a escala nacional. Tal enfoque implica transformar la organizacin y la estructura de los sindicatos, al igual que una voluntad poltica de abrir las puertas a los diferentes ocios de la economa del sector no estructurado. En efecto, es necesario volver a las primeras formas de organizacin obrera y encontrar la posibilidad de que cohabiten en las mismas organizaciones los trabajadores de la economa informal y los del sector moderno, saliendo del corporatismo y abandonando ciertas actitudes proteccionistas que, de lo contrario, amenazan a las organizaciones sindicales a quedar estancadas frente al auge de la economa del sector no estructurado. La apertura a un sindicalismo femenino tambin es una condicin sine qua non de la evolucin 18
estructural sindical, por ser las mujeres mayoritarias en la economa informal. Dada la diversidad sindical existente en los pases en cuestin, el proyecto Los sindicatos y el sector no estructurado intentaba respaldar el esfuerzo de catorce organizaciones sindicales nacionales: cuatro de Burkina Faso, dos de Mal, dos de Nger y seis del Senegal. En el proyecto se imponan dos retos. En primer lugar, la promocin de la solidaridad y la sindicacin de los trabajadores y las trabajadoras de la economa del sector no estructurado para que stos pudieran formar instituciones ecaces para la defensa colectiva de sus intereses y hacerse reconocer como interlocutores vlidos por quienes toman las decisiones. Adems, alentar a las organizaciones sindicales a reforzar sus medios operativos y a formar a su personal tcnico en cuanto al diagnstico de los problemas y a las necesidades de los actores de la economa del sector no estructurado. Para alcanzar ambos objetivos se opt por un enfoque participativo. Buscando limitar el accionar del proyecto a sus propios medios humanitarios y nancieros, se eligieron para el proyecto piloto cinco ocupaciones u ocios de cuatro regiones por pas (en la economa informal de esos pases hay cerca de 250 ocupaciones diferentes). En el curso de la aplicacin del proyecto, diversos sindicalistas brindaron formacin a ms de dos mil animadores, en su mayora mujeres. Esos animadores sindicales se transformaron en verdaderos agentes de desarrollo en el terreno. Contribuyeron as a la formacin de asociaciones profesionales, a la creacin de mutualidades y de cooperativas y a la instauracin de cajas de microcrditos. En total, se crearon en Burkina Faso 43 nuevas estructuras profesionales; en Mal, 14 federaciones sindicales y cajas de crdito; en Nger, 18 nuevas estructuras sindicales federadas de ocios y en el Senegal, 4 cooperativas y 4 mutuas de salud. La aliacin y organizacin de los trabajadores y las trabajadoras de la economa del sector no estructurado fueron respaldadas por el lanzamiento de una
campaa para tomar conciencia respecto a la proteccin de la salud en el trabajo y a la prevencin de accidentes laborales. Se llev a cabo, asimismo, una campaa paralela de informacin sobre las enfermedades de transmisin sexual y sobre el VIH/SIDA. Durante ese tiempo, la mayora de las organizaciones sindicales se reestructuraban para acoger a los trabajadores y las trabajadoras de la economa del sector no estructurado segn su ocupacin y regin. Se hizo un esfuerzo especial para brindar a las mujeres un lugar representativo en esas nuevas estructuras. Conclusiones El proyecto piloto iniciado por ACTRAV y DANIDA no poda abarcar toda la realidad y la inmensidad de la economa del sector no estructurado de dichos pases pero permiti que se obtuvieran numerosos logros, entre los cuales destacan: la toma de conciencia de las organizaciones sindicales de trabajadores de los pases que abarc el proyecto con respecto a la necesidad de organizar y sindicalizar a los trabajadores de la economa del sector no estructurado; el compromiso de las organizaciones sindicales de tomar en cuenta a partir de ese momento las preocupaciones de esos trabajadores creando dentro de sus estructuras secretaras y/o departamentos encargados de las cuestiones de la economa del sector no estructurado; la mejora de las relaciones entre las organizaciones sindicales de un mismo pas; el refuerzo de las capacidades y de las competencias de las organizaciones sindicales gracias a la formacin de animadores; el despertar de la conciencia y el entusiasmo de los trabajadores y las trabajadoras de la economa del sector no estructurado en cuanto a sus derechos y libertades, su capacidad de explotar la
potencialidad que brinda la economa del sector no estructurado; la creacin de sindicatos y de asociaciones de trabajadores de la economa del sector no estructurado y de mutuales de salud, instituciones de bienestar social, de ahorro y crdito y lanzamiento de cooperativas diversas administradas y promovidas por los trabajadores de la economa del sector no estructurado; la ampliacin de las estructuras del movimiento sindical en los pases que abarc el proyecto e incorporacin de las mujeres a las estructuras sindicales de la economa del sector no estructurado, y el cambio de actitud y de mentalidad de las autoridades pblicas, que se comprometen a partir de ahora en distintos pases a examinar con buena voluntad las preocupaciones de los trabajadores de la economa informal, que les sern transmitidas por las organizaciones sindicales o las nuevas estructuras sindicales de la economa del sector no estructurado. Estos logros, alcanzados durante la etapa piloto, responden ampliamente a los objetivos que se haba jado para el proyecto, a saber, ayudar y prestar asistencia a los trabajadores de la economa del sector no estructurado a organizarse en estructuras representativas capaces de defender sus intereses materiales y morales ofrecindoles mejores condiciones de vida y de trabajo en sus respectivos sectores de actividad. Sin embargo, cabe reconocer que las estructuras y los sindicatos, recientemente creados en la economa del sector no estructurado, no tienen por el momento ni la envergadura ni los medios sucientes para hacerse cargo de manera consecuente de los intereses materiales y morales de sus miembros. Todava deben tomarse medidas para reforzar, ampliar y nanciar ese accionar a n de perennizar y desarrollar esas organizaciones demasiado frgiles de la economa informal. 19
No obstante, esas pocas carencias no deben permitir que se olvide la existencia real de esos sindicatos y asociaciones de la economa del sector no estructurado, lo que constituye una conquista capital y todo un marco de solidaridad y de ayuda mutua al servicio de los trabajadores de la economa del sector no estructurado. Representa asimismo una certidumbre de renovacin para el movimiento sindical en los cuatro pases en cuestin. Gracias al aporte decisivo de los trabajadores y las trabajadoras de la economa del sector no estructurado se puede revertir el desgaste de los aliados de los sindicatos y su dicultad para representar al conjunto de las fuerzas productivas nacionales. Esto cambiar el panorama sindical de esos pases, reactivar los valores democrticos y replantear la concertacin so-
cial, respaldada por la renovacin potencial del sindicalismo. Ya se han dado pruebas de ello en las mutaciones internas que se producen dentro de las organizaciones sindicales, la transformacin de las asociaciones profesionales de la economa informal en sindicatos y la nueva voluntad de los gobiernos de ocuparse de la realidad de la economa del sector no estructurado. El 1. de mayo de 2001, en la capital de Burkina Faso, Ouagadougou, todas las asociaciones de la economa del sector no estructurado deslaron junto a los sindicatos y aunaron sus fuerzas para presentar una reivindicacin comn al Gobierno, prueba de la toma de conciencia tanto de los trabajadores del sector estructurado como de los del sector no estructurado en relacin con los intereses compartidos frente a la mundializacin de la economa.
20
Un nuevo enfoque del ajuste
Africa inicia el siglo XXI teniendo en su seno a algunos de los pases ms pobres del mundo. El promedio de los ingresos por habitante son inferiores a los de nes de los aos sesenta, por lo que la pobreza est muy difundida y es grave. En Africa subsahariana, el 52 por ciento de la poblacin vive con menos de 1 dlar diario. Para que Africa emprenda el camino del crecimiento y del desarrollo es necesario un cambio rotundo.
Lawrence Egulu
Economista Organizacin Regional Africana Confederacin Internacional de Organizaciones Sindicales Libres
D
urante la primera dcada de independencia poltica, en muchos pases africanos se registraron indicadores econmicos bastante espectaculares. No obstante, a comienzos de los aos setenta se adoptaron programas de ajuste estructural y de estabilizacin econmica, cuando el continente se vio duramente golpeado por el precio del petrleo, que se multiplic por cuatro en 1973. El precio exorbitante del petrleo origin un dcit anormalmente elevado en las cuentas corrientes y redujo el porcentaje de crecimiento del producto interior bruto (PIB). Muchos analistas se han referido a esta crisis como de ndole estructural, si bien las causas (tanto internas como externas) que se sumaron para producirla fueron mltiples. Los factores externos, entre los que se cuentan las sequas reiteradas, los trminos desfavorables de las condiciones comerciales y el creciente peso de la deuda, tuvieron una considerable repercusin. Diversos factores internos, derivados de polticas inadecuadas, debilidad institucional, deciencias administrativas e inestabilidad poltica, tambin desempearon un papel de gran peso.
Qu son los planes de ajuste estructural? Los planes de ajuste estructural (PAE) estn compuestos por polticas de reformas que combinan medidas de estabilizacin a corto plazo con medidas de ajuste a largo plazo. El momento y la manera en que se ponen en prctica tales polticas dependen de la evaluacin global de los problemas estructurales de un determinado pas. Esa puesta en prctica puede ser por etapas o simultnea. En la mayora de las economas se necesitaba un ajuste. Eran habituales los excedentes de gastos, la funcin pblica a menudo se aumentaba articialmente, y el enorme tamao de los gobiernos y las censuras innecesarias estaban a la orden del da. Generalmente, los primeros pasos consistieron en estabilizar la economa a travs de polticas scales, monetarias, salariales y cambiarias. Los PAE implican dejar a los mercados exentos de toda distorsin y, por lo tanto, permitir que las fuerzas de la oferta y la demanda asuman el control. Como resultado de las dicultades, la mayora de los pases africanos se vieron obligados a buscar el respaldo de las instituciones de Bretton Woods, que son las responsables de concebir los planes de ajuste estructural. El 21
diagnstico de los problemas estructurales de un pas dej patente generalmente la debilidad de sus parmetros macroeconmicos, principalmente los dcit en sus balanzas de pagos, la elevada inacin, los dcit presupuestarios y los ndices de crecimientos bajos o negativos. En consecuencia, las medidas de estabilizacin fueron consideradas una panacea. Casi siempre se hizo caso omiso del componente social ya que se supona que mientras hubiera estabilidad, las dems cuestiones se corregiran automticamente. Muchos gobiernos africanos solicitaron ayuda nanciera externa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial para poner en prctica programas de estabilizacin y de ajuste estructural. Esos programas implicaban limitar el aumento del dcit presupuestario gubernamental a niveles que se pudieran sostener con la nanciacin extranjera y nacional no inacionaria, racionalizar el presupuesto limitando el empleo en el sector pblico, liberalizar los mercados de trabajo, dinero y capital y mantener una poltica de cambio adecuada. Esos objetivos, normalmente, originaron reformas de precios, eliminacin de subsidios, liberalizacin del tipo de cambio y del comercio interno y externo, introduccin de la reparticin de costos en los servicios estatales, privatizacin, reestructuracin de instituciones gubernamentales y reformas legislativas dirigidas a crear un entorno favorable. Los efectos de las polticas de ajuste En muchos pases, la experiencia vivida en los aos ochenta con los PAE no ha sido similar. En algunos pases africanos, la puesta en prctica de los planes de ajuste estructural desvel diversas cuestiones importantes que no se articularon debidamente al comenzar los programas. Si bien en algunos pases dichos programas obtuvieron xito en lo referente a un positivo crecimiento econmico, importantes cuestiones relativas a las dimensiones sociales del ajuste hicieron que las personas interesadas dudaran de los verdaderos bene22
cios de los PAE para el bienestar de la mayora de la poblacin. Por ejemplo, en Zambia en 1987 y en Argelia en 1988, la aplicacin de las polticas de ajuste y de liberalizacin provoc malestares polticos. Pero hay que reconocer que se liberalizaron los mercados nancieros y de materias primas, se privatizaron empresas de propiedad estatal, se atrajeron inversiones y hubo un crecimiento econmico positivo en una serie de pases. En un informe reciente, titulado Can Africa Claim the 21st Century? (Puede Africa pretender hallarse en el siglo XXI?) se sugiere que en pases como Mozambique y Ghana, que llevaron a cabo reformas econmicas clave liberalizando los mercados y del comercio, mejorando la administracin econmica y promoviendo la actividad del sector privado , el crecimiento y los ingresos por habitante han aumentado y la pobreza ha retrocedido. Asimismo, ejemplos de otros aspectos, se ha mencionado a Cte dIvoire, Mal, Mauricio, la Repblica Unida de Tanzana y Uganda. No obstante, los PAE han permitido que muchos pases cayeran en la trampa de la deuda, ya que sta contina absorbiendo la mayor parte de los presupuestos de los pases menos adelantados. Los pases pobres, doblegados bajo ese peso, no tienen mucho margen de maniobra y se ven obligados a aceptar las condicionalidades que con frecuencia han causado una mayor sangra nanciera de los pases pobres hacia los pases ricos del mundo. Las deudas masivas, contradas por los pases africanos, crearon una crisis scal que afect negativamente el crecimiento econmico del continente y amenaz con poner en peligro las reformas. Es ms, las enormes cuantas de la deuda externa han desalentado las inversiones y fomentado la fuga de capitales adems de socavar gravemente el crecimiento econmico y el empleo. Adems, el enfoque paternalista de las instituciones internacionales nancieras el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial , con sede en Washington, que acompa al respaldo brindado, impidi que intervinieran otros accionistas ya que optaron por tratar con los bancos
centrales, jefes de Estado y altos funcionarios de los ministerios encargados de nanzas. Entre las condiciones haba una serie de metas mviles, en cuyas etapas de concepcin no se ocupaba en combatir la pobreza. De ah que no sorprenda que los gobiernos africanos no hayan logrado cumplir en el pasado con tales condiciones del ajuste y de la reforma, especialmente las metas macroeconmicas estipuladas por ambas instituciones. En efecto, en los ltimos aos tres de cada cuatro programas del Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (SRAE) se desmoronaron debido a que las condiciones eran demasiado severas para cumplirlas. Adems, no se prest casi ninguna atencin a los importantes parmetros que determinaran la ecacia de los programas, como por ejemplo, el nmero de empleos que se crearan, la cuestin de la repercusin de la corrupcin, los asuntos relativos a la administracin, la responsabilidad y los efectos del ajuste sobre los derechos humanos fundamentales. Se ejerci una creciente presin sobre los pases en desarrollo para que hicieran concesiones a n de atraer inversiones, con lo que se redujeron las normas laborales, como ocurri en las zonas francas de exportacin de Africa, y se origin una destructiva carrera en picado. Finalmente, los beneciarios fueron los inversores extranjeros mientras que la soberana nacional de los pases africanos qued an ms comprometida, aadindose a esto la escasez de productos exportables de los pases africanos ya que producen principalmente materias primas y stas estn sujetas a marcadas uctuaciones de precio. La concentracin en polticas de mercado abierto no produjo muchos resultados positivos debido a que los pases africanos todava no gozan de suciente acceso a los mercados internacionales. Un enfoque sindical del ajuste Los planes de ajuste estructural han ido dicultando cada vez ms la consecucin del objetivo general de los sindicatos: defen-
der y mejorar los niveles de vida de sus miembros. La degradacin de los niveles de vida, la prdida de puestos de trabajo y la recesin econmica causada por la devaluacin masiva de las monedas nacionales, los menores gastos pblicos y los mayores reembolsos de deuda externa han tenido especial importancia obligando a reducir el nmero de aliados. Algunos gobiernos sostuvieron que para realizar los ajustes sociales era necesario contar con un mercado laboral exible y llegaron incluso a cambiar sus respectivas legislaciones laborales. En algunos pases, hay constancia de que el Banco Mundial proporcion asistencia para efectuar cambios en la legislacin laboral, sin consultar con la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT) ni con los ministerios responsables de los asuntos laborales, dilogo social o cuestiones relativas al desarrollo humano. La Confederacin Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) considera que la repercusin de las reformas econmicas va ms all de los factores macroeconmicos. En una reciente publicacin de la CIOSL se resumi este hecho de la siguiente manera: Las instituciones de Bretton Woods no son las nicas responsables de que sus mandatos de reducir la pobreza, promover el desarrollo humano o garantizar la estabilidad nanciera internacional no se cumplan, pero tampoco pueden pretender haber conseguido instaurar un sistema de justicia econmica que abarque a toda la comunidad mundial. Las reformas econmicas deben incorporar democracia y equidad en los ajustes y el desarrollo. Por lo tanto, los sindicatos deberan participar en el proceso de concepcin y aplicacin de los planes de ajuste estructural a n de incorporar los componentes de desarrollo social del ajuste y asegurarse de que las ganancias a corto plazo no se consideren ms importantes que el desarrollo econmico y social sostenible a largo plazo. La poltica de la CIOSL ha consistido en tratar de que las instituciones nancieras internacionales y los gobiernos africanos escuchen los planteamientos sindicales. En 23
este sentido, la CIOSL ha celebrado reuniones con el Banco Mundial y el FMI, ambas en marcos internacionales y nacionales. Diversos Secretariados Profesionales Internacionales (SPI) y sindicatos africanos aliados a la CIOSL han participado en dichas reuniones. El Banco Mundial, en su Informe sobre el desarrollo mundial, 1995, reiter que los sindicatos libres son uno de los pilares fundamentales de todo sistema ecaz de relaciones laborales que pueden contribuir a aumentar la productividad para que disminuya la discriminacin en el lugar de trabajo, y han contribuido al desarrollo poltico de sus pases. El FMI expres, asimismo, su preocupacin por la dimensin social de los planes de ajuste estructural y demostr estar dispuesto a reunirse y discutir sus polticas con los sindicatos. Con el n de respaldar a los sindicatos al tratar con planes de ajuste estructural, la CIOSL opt por el dilogo como la mejor alternativa para incorporar cambios en las polticas de las instituciones de Bretton Woods. Se llevaron a cabo diversas conferencias y reuniones regionales y nacionales relativas a las reformas econmicas. Esos foros han producido importantes efectos tanto a escala nacional como internacional, consiguiendo que los gobiernos, el FMI y el Banco Mundial comprendieran la necesidad de impregnar conciencia social en sus programas. Un desarrollo centrado en las personas: el meollo del ajuste Para crear consenso con respecto a los objetivos y medios de accin dirigidos al desarrollo econmico y social nacional se necesita dilogo social. Se ha venido reclamando que se institucionalicen estructuras nacionales de alto nivel compuestas por los participantes en el proceso asocindose las cuestiones importantes de poltica econmica y social y las decisiones alcanzadas a travs de consenso y dilogo. Tales estructuras podran utilizarse para controlar los excesos de corrupcin, 24
la asignacin de licitaciones y el nepotismo, entre otros. Se debera aprovechar, a este respecto, la experiencia realizada por el Consejo Nacional de Asesoramiento sobre Desarrollo Econmico y Mano de Obra (NEDLAC) de Sudfrica. (Vase el artculo de Omano Edigheji y de Karl Gostner en el nmero 120 de Educacin Obrera, 2000/3.) Se debe intentar alcanzar el desarrollo social al mismo tiempo que el crecimiento econmico. Las polticas macroeconmicas slidas son fundamentales para sostener los altos ndices de crecimiento por habitante debido a que las mismas polticas propician el aumento de las reservas nacionales y los ndices de inversin, adems de reducir los ndices de inacin y la inestabilidad nanciera. El crecimiento econmico constituye un requisito importante del desarrollo. Sin embargo, muchas veces se ha procurado lograrlo utilizando la burda herramienta de la austeridad. Los pases que tendrn ms xito sern los que cuenten con instituciones capaces de equilibrar y reequilibrar constantemente las presiones del mercado en pro de la exibilidad y el dinamismo con las presiones sociales en favor de seguridad y dignidad. Todos deberan dar seguimiento a la Declaracin de Copenhague sobre Desarrollo Social y el Programa de Accin de la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, que establecieron un nuevo consenso y se comprometieron a erradicar la pobreza, promover el empleo pleno y productivo y fomentar la integracin social para forjar sociedades estables, seguras y justas. Los esfuerzos por construir una capacidad productiva en los pases africanos deberan ser apuntalados mediante enrgicas polticas de empleo y mercado laboral que incluyeran inversiones en sectores de empleo intensivo como la agricultura y el desarrollo de las infraestructuras as como medidas de respaldo al desarrollo empresarial. El desarrollo de las infraestructuras es fundamental para valorar los bienes productivos, ensanchar los mercados y atraer inversiones extranjeras directas. Una economa diversicada desde el punto de vista estructural es necesaria porque genera niveles ms altos de ingre-
sos y resistira mejor a los impactos externos como las sequas, las inundaciones y los cambios en las condiciones comerciales. En consecuencia, los pases aumentaran con ello las posibilidades de salir de la pobreza. La comunidad internacional debera tener la voluntad poltica de condonar o reducir considerablemente la deuda externa. Se necesita un cambio radical en la Iniciativa en favor de los pases muy pobres endeudados, con la nalidad de conseguir rpidamente el alivio de la deuda y aumentar la cantidad de pases que puedan acceder a ella. Si bien un fuerte apoyo externo es fundamental, los donantes deben incrementar la ayuda externa al desarrollo. No obstante, se han de relajar las condiciones de los principios macroeconmicos slidos que exigen las instituciones de Bretton Woods en la iniciativa para los pases pobres, a n de que se pueda alcanzar la meta de reducir la pobreza. Tambin es preciso movilizar ecazmente los recursos nacionales para alcanzar el crecimiento econmico y reducir la pobreza. Con el n de frenar la prdida de los ahorros, se necesitan medidas que regulen el control de la fuga de capitales e intentar que los ahorros situados fuera del continente vuelvan. A su vez, esto requiere reformas para aumentar el rendimiento de las inversiones nacionales y reducir los riesgos Se ha de procurar un crecimiento con redistribucin. El desarrollo exige no solamente una actividad econmica sino que se reduzca la desigualdad en la distribucin de la riqueza y que se distribuyan de manera equitable los benecios del crecimiento econmico, dentro y entre las naciones. Se deberan destinar mayores recursos a gastos sociales tales como la educacin, la salud, el suministro de agua y viviendas. El desarrollo de las infraestructuras a largo plazo, como caminos y servicios telefnicos, supone otra positiva iniciativa agregada. Se han de reducir al mnimo los gastos militares, al tiempo que la comunidad internacional debera participar en la solucin pacca de muchos conictos graves, tanto internos como internacionales.
El virus de la inmunodeciencia humana y el sndrome de inmunodeciencia adquirida (VIH/SIDA) se consideran, actualmente, el desafo ms importante para el desarrollo de nuestro tiempo. El VIH/SIDA se ha extendido hoy por todo el mundo, pero donde ha golpeado con ms dureza es en Africa subsahariana. En Africa vive el 70 por ciento de los adultos y el 80 por ciento de los nios infectados por el SIDA mientras que las tres cuartas partes de las personas que murieron de SIDA en todo el planeta desde que comenz la epidemia eran africanas. Se estima que durante el ao 2000 en Africa subsahariana se infectaron 3,8 millones de personas por el VIH y fallecieron 2,4 millones de personas. Lo que singulariza al VIH/SIDA con respecto a otras epidemias es su repercusin en el desarrollo. Socava cinco de los pilares del desarrollo: el crecimiento econmico, la buena administracin, el desarrollo del capital humano, el clima para las inversiones y la productividad laboral. Se han de tomar medidas encaminadas deliberadamente a realizar campaas de concienciacin para erradicar la enfermedad; combatir el silencio que rodea al VIH/SIDA; luchar por el suministro de medicamentos genricos a bajo precio; y contactar a las instituciones de las Naciones Unidas tales como la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT), la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), la Organizacin Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/SIDA (ONUSIDA) para instarlas a que destinen mayor cantidad de recursos a programas vinculados a la lucha contra el VIH/SIDA (vase el artculo de Jacky Delorme, pg. 33). Los pases africanos deben aprovechar al mximo la integracin econmica regional con el n de salir del aislamiento econmico en que estn sumidos, ampliar sus mercados y respaldar el desarrollo de las exportaciones. La integracin regional es una manera de ayudar a esos pases a diversicar sus economas y revertir el proceso de desindustrializacin y marginacin. La integracin regional tambin 25
conlleva vnculos de intercambio y, de esa manera, contribuye a un valor regional aadido. Ms importante an, la integracin regional promueve la diversicacin y las exportaciones a mercados regionales, lo que acrecienta la experiencia antes de que se ingrese en los mercados mundiales. Un mercado integrado tambin proporciona el marco para que los pases africanos cooperen en el desarrollo de una infraestructura comn, como por ejemplo servicios nancieros, transportes y comunicaciones y mecanismos para explotar de manera conjunta los recursos naturales. La limitada dimensin del mercado de muchos pases africanos implica que muchos de ellos podran aumentar en gran medida sus perspectivas de crecimiento si aumentara el comercio intrarregional. El acceso a los mercados del Norte se debera garantizar de la misma manera que se necesitan mecanismos internacionales ms ecaces para estabilizar los precios y compensar a los pases africanos en caso de cadas repentinas del valor de las exportaciones. El mantenimiento de la paz y la seguridad, dentro y entre los pases, la democracia, el imperio de la ley, la promocin y la proteccin de todos los derechos humanos y de las libertades fundamentales, incluyendo el derecho al desarrollo, a una administracin efectiva, transparente y responsable a la igualdad de gneros, al pleno respeto de los principios y derechos fundamentales en el trabajo y a los derechos de los trabajadores migrantes, son algunos de los elementos esenciales lograr para el desarrollo social centrado en la gente. Africa necesita tomar serias medidas para eliminar el capitalismo de camarillas, la corrupcin, los monopolios y las inversiones no sostenibles.
Conclusiones Para que Africa emprenda el camino del crecimiento y del desarrollo se necesita un cambio rotundo en el Consenso de Washington. Los programas de ajuste estructural deben incorporar los principios de transparencia, consulta, adecuados niveles de gastos sociales, buena administracin y gestin nanciera responsable. Un primer paso indispensable es la participacin activa de la sociedad civil incluyendo a los sindicatos en la elaboracin, puesta en prctica y evaluacin de polticas ms orientadas a la dimensin social y a ms largo plazo. Tales polticas deberan incluir programas de lucha contra la pobreza y afrontar cuestiones tales como la educacin primaria y la atencin mdica, la igualdad de gneros, la proteccin social, el pleno empleo, las slidas relaciones laborales y el respeto de las normas fundamentales del trabajo. Sera deseable que los africanos pudieran concebir sus propias soluciones para sus propios problemas. En los ltimos aos se cre un consenso con respecto a los elementos esenciales necesarios tanto para que aumente el crecimiento como para acompaarlo de polticas que busquen especcamente aliviar la pobreza. Hoy en da, el acelerado rendimiento econmico requiere que en Africa se utilicen mejor los recursos existentes y que aumenten las inversiones. En particular, se debe continuar la reforma macroeconmica, en especial, los esfuerzos por reestructurar las nanzas pblicas y abrir las economas al comercio y las inversiones privadas. Sin embargo, el crecimiento no ser sostenible a menos que se lo respalde con inversiones en infraestructura humana y social, especialmente en las reas rurales, y prestndose atencin a las necesidades de las mujeres africanas. Se debe valorar la capacidad de los gobiernos africanos en la administracin ecaz de sus economas.
26
Mundializacin, democratizacin y condicionalidades a geometra variable
La forma como se aplica en Africa la condicionalidad de la ayuda internacional parece, a menudo, obedecer ms a intereses econmicos y estratgicos de los donantes de fondos que a criterios de democratizacin, de derechos humanos o de buena gestin.
Franois Misser
Periodista
S
e debe convencer a todo el mundo de que sin una verdadera democracia, el respeto de los derechos humanos, la paz y la buena gestin, no hay desarrollo posible. Tal es el credo enunciado por los seis jefes de Estado promotores de la Nueva Iniciativa Africana, que declaran tambin su voluntad de conseguir que el continente participe activamente en la economa y en la vida poltica mundiales. No obstante, cuando se observan los hechos no puede dejarse de guardar ciertas reservas en cuanto a la correlacin entre la democratizacin, el desarrollo econmico y la mundializacin. No cabe duda de que los pases analizados disponen de los mejores riesgos para los inversores por considerarlos dotados de instituciones democrticas: Botswana, Mauricio y Sudfrica estn a la cabeza del pelotn continental (vase recuadro). Son pases que se caracterizan por una mayor apertura hacia el resto de la economa mundial, principalmente tras la rma en 1996 de un acuerdo de asociacin y de libre comercio entre el Gobierno de Pretoria y la Unin Europea (UE). Adems, durante los dos ltimos aos, en diversos pases de Africa subsahariana, la calidad de la democratizacin mejor con la introduccin de la libertad de expresin y de opinin en la alternancia poltica. En cuanto a Ghana y el Senegal, sa fue una noticia que les llen de gran satisfaccin. Cte dIvoire habra formado parte del grupo si no se hubiera excluido uno de los
principales actores polticos, el nordista musulmn Alassane Ouattara, con los consecuentes disturbios que ello provoc. De esta manera, la consolidacin de la democracia senegalesa, combinada con una mayor apertura del mercado y los adelantos del programa de privatizacin, contribuy a mejorar la calicacin de ese pas ante los inversores coadyuvado por los analistas de la publicacin francesa NordSud Export (Grupo Le Monde). No obstante, es conveniente sealar algunas notas discordantes. Las correlaciones entre democratizacin e inversiones no son automticas. Sean cuales fueran los esfuerzos realizados en ciertos pases, los dividendos de la democratizacin y los eventuales progresos realizados en materia de buenas gestin de los asuntos pblicos o de la consolidacin del Estado de derecho, no cosecharon necesariamente como resultado una auencia inmediata de capitales extranjeros. El potencial de los mercados africanos se vio socavado por la inestabilidad de los tipos de cambio. A ttulo de ejemplo, el precio del caf robusta que se situaba alrededor de 470 dlares estadounidenses por tonelada, en septiembre de 2001, representaba entonces nada ms que la octava parte del precio que haba alcanzado siete aos antes! Adems, un reciente estudio del Banco Mundial revela que durante los veinte ltimos aos se apreci una transferencia neta de recursos de Africa subsahariana hacia el resto del mundo. En lo que se reere a las inversiones extranje27
ras directas, stas disminuyeron el 13 por ciento solamente durante el ao 2000 y representaron nicamente el 0,4 por ciento de las corrientes mundiales, mientras que para el perodo 1989-1994 suponan el 1 por ciento. Adems, hay que admitir que Tnez, considerada uno de los mejores riesgopas del continente (vase recuadro) y cuyo grado de apertura comercial aument con la rma de un acuerdo de asociacin y de libre comercio con la Unin Europea, combina un destacado crecimiento y un apoyo nanciero occidental casi impecable con repetidas violaciones de los derechos humanos. Uno de los triunfadores del liberalismo de los intercambios y del crecimiento en Africa oriental es Uganda, que disfruta de una indiscutible libertad de expresin, limitada, sin embargo, al derecho de crtica. En cuanto a lo dems, el no-party system (prohibicin de partidos polticos) ugands deja muy pocas oportunidades a los opositores del Presidente Yoweri Museveni, quien se impuso durante las elecciones presidenciales enfrentndole a su adversario Kizza Besigye, aunque se le acus de irregularidades. En el sentido inverso, el pelotn de pases cuyos indicadores de desarrollo humano son ms dbiles comprende los Estados mal gobernados por regmenes autoritarios, a menudo sumidos en guerras y que, negndose a todo dilogo, vieron crecer las las de una oposicin armada, para provecho de las cpulas de los pases depredadores. En la Repblica Democrtica Popular del Congo donde el derrumbamiento del Estado, mal administrado por una lite corrupta, fue la principal causa de la derrota del rgimen del Presidente Mobutu frente a sus adversarios respaldados por Rwanda y Uganda en 1997 , las libertades fueron recortadas considerablemente bajo el rgimen de Kabila. El laxismo con el que la comunidad internacional dej que fuerzas militares extranjeras de Rwanda, Uganda y Angola respaldaran a los dirigentes rebeldes, apresuradamente electos, les permiti imponerse en ese pas y quebrantar las libertades. Esta situacin cre, adems, un peligroso senti28
miento de impunidad y una poltica de exclusin que aliment los apetitos de los dems candidatos a dictadores, igualmente proclives a apoyarse en los predadores extranjeros para convertirse en califas reemplazando al gobernante de turno. Pero una vez ms, las correlaciones no son automticas. Basta considerar el caso de Angola, tambin en guerra, cuyos principales productos de exportacin, el petrleo y los diamantes, formaban parte de los engranajes de la economa internacional mucho antes que el trmino mundializacin se pusiera de moda. Angola un riesgo desastroso para numerosos inversores deseosos de entrar en los sectores manufactureros y agrcolas absorbe junto con esa otra esponja de oro negro que es Nigeria casi la mitad de las inversiones extranjeras destinadas a Africa subsahariana. Lamentablemente, buena parte de esa riqueza vuelve a los pases industrializados para la compra de armamentos y de inversiones ocultas en parasos scales, en medio de la miseria general. Y sin que de ello se obtenga ni siquiera un mnimo de bienestar suplementario para su poblacin. Dcit de democratizacin + mundializacin = peligro En otras ocasiones, la falta de democratizacin o de dilogo favorece el nacimiento de los efectos nocivos de la mundializacin. Tanto es as que la manera en que se estn diseminando en el continente los Organismos Genticamente Modicados (OGM) deja mucho que desear. Cuando la sociedad civil se moviliza en Europa, Amrica y Asia para convertir la cuestin de los OGM y de los derechos de propiedad intelectual en un debate ciudadano, en Africa sucede lo contrario: no existe ninguna participacin de la opinin pblica en las tomas de decisin, se deploraba en las conclusiones de un seminario panafricano sobre los OGM celebrado en Yaound (Camern), en octubre de 1999. En Kenya, el inamovible Presidente Moi deja poco espacio a la opinin pblica. En 1999, diversos movimientos locales intentaron oponerse, sin xito, a
que los Estados Unidos y el Canad enviaran maz genticamente modicado como ayuda alimentaria a los pases que atravesaban por un periodo de hambruna, recuerda la revista francesa Politis1. Si bien las biotecnologas encierran un gran potencial, la manera de introducirlas que comprende la prohibicin de volver a sembrar la cosecha , as como las perspectivas de multiplicacin del cultivo de plantas con nuevos genes (colzas transgnicas) pueden traducirse en un derrumbamiento del mercado de ciertos pases tropicales, principalmente el de aceite de palma. Tambin se teme que las agriculturas del Norte, ms productivas gracias a los OGM, intensiquen sus exportaciones hacia Africa debilitando la posicin de las agriculturas campesinas locales. En un pas como Zimbabwe, otro tipo de peligro que acecha es que los abusos de poder, que se convirtieron cada vez ms en frecuentes a medida que la economa del pas se hunda (invasiones incontrolables de tierras por comandos del partido del Presidente Mugabe, persecucin de los opositores, ruinosa guerra en la Repblica Democrtica Popular del Congo respaldada ampliamente por los contribuyentes, etctera) se combinen con prcticas que perjudiquen las nanzas pblicas. Eso sucede principalmente al atribuirse mercados pblicos. Una de las mltiples razones para que dejara de auir ayuda nanciera internacional a dicho pas fueron las exenciones concedidas a empresas de Malasia permitindoles eludir la transparencia en sus maniobras para obtener participacin en los sectores de la energa y de las telecomunicaciones. En Nigeria, que desde 1999 disfruta de un presidente y un parlamento electos, la mundializacin debilita an ms la estabilidad econmica y social. La incapacidad de la industria local de hacer frente a la competencia de los productos importados oblig a que en septiembre de 2001, la Cmara de representantes encomendara a un comit especial la evaluacin de los efectos de la adhesin del pas a la Organizacin Mundial del Comercio (OMC). Tal situacin comportara el riesgo de que Nigeria
se retire de la OMC, lo que hara cambiar de idea de los inversores potenciales deseosos de implantarse en ese pas, y conseguira aumentar an ms la gran masa de desocupados. Ahora bien, en el pas reina una violencia crnica, desencadenada, por una parte, por maas sin escrpulos que utilizan la religin musulmana con nes polticos e imponen el uso de la sharia en 13 Estados del pas y, por otra, por los sabotajes crnicos, en la regin del Delta, contra las instalaciones petroleras cometidos por militantes autonomistas. De manera ms general, la toma de conciencia sobre el hecho de que la mundializacin no origin, lamentablemente, mejoras en el mbito de los derechos humanos, signica en gran medida la causa del giro doctrinal que dio Amnista Internacional (AI). En Dakar, en agosto de 2001, dicha organizacin humanitaria decidi integrar en su mandato los derechos econmicos, culturales y sociales. Y es que la mundializacin se tradujo en un enriquecimiento de unos pocos y en el empobrecimiento y la desesperacin para la gran mayora, seala el ex secretario general senegals de AI, Pierre San2. El ministro francs para la cooperacin, Charles Josselin, se hizo eco de esas armaciones, y en un discurso pronunciado el 25 de septiembre de 2001 sobre el desarrollo de la zona franca y Africa, se reri a la desigualdad del mundo que la mundializacin, lejos de reducir, parece por el contrario estar acrecentando. Incoherente utilizacin de los incentivos y sanciones Desde hace algunos aos, los europeos, al igual que los miembros del G8 (grupo de los pases industrializados y Rusia) o las instituciones de Bretton Woods, hacen gala de una doctrina tendente a dar prioridad, con sus apoyos econmicos y comerciales, a los pases que mejor satisfacen los criterios relativos al respeto de los derechos humanos, del Estado de derecho y la buena administracin de los asuntos pblicos. En virtud de ello, y debido a las reiteradas violaciones de las libertades 29
Clasicacin del riesgo-pas para las inversiones de los 35 pases africanos
La siguiente clasicacin se ha elaborado en funcin de cuatro criterios (entorno de los negocios, los riesgos polticos, los riesgos de mercado y los riesgos de soberana). El riesgo se considera: prohibitivo por debajo de los 160 puntos, muy elevado por debajo de los 270 puntos, elevado por debajo de los 320 puntos, bastante alto por debajo de los 380 puntos, moderado por debajo de los 430 puntos y dbil a partir de los 540 puntos. A modo de indicacin, en los pases emergentes la relacin mejor riesgo-pas para los inversores es Singapur (608 puntos) y la peor, Yemen (103 puntos). Afganistn, al igual que numerosos pequeos mercados como el de Gambia, no ha sido incluido en dicha lista compuesta por 100 pases. Botswana Mauricio Sudfrica Marruecos Tnez Namibia Burkina Faso Egipto Senegal Gabn Ghana Camern Mal 514 511 427 426 426 421 407 406 401 398 397 397 390 Benin Togo Kenya Uganda Madagascar Mozambique Nger Cte dIvoire Chad Argelia Repblica Unida de Tanzana 305 Mauritania 380 376 361 333 330 323 319 319 313 312 298 Libia Zambia Zimbabwe Congo Etiopa Nigeria Guinea Sudn Angola Repblica Democrtica del Congo 298 288 284 282 275 269 250 189 156 105
Fuente: Clasicacin de los mercados emergentes (Nord-Sud Export) 2001-2002.
polticas y sindicales, se deneg a un pas como Swazilandia los benecios del Sistema Generalizado de Preferencias o de la African Growth Opportunity Act, que abre el mercado estadounidense a los productores africanos. En una entrevista concedida por el Presidente del Senegal, Abdoulaye Wade, uno de los promotores de la Nueva Iniciativa Africana (NIA), ste manifest claramente la opinin acerca de que las disposiciones relativas a la democracia establecidas por el Acuerdo de Asociacin entre Coton y la Unin Europea y los pases de Africa, Caribe y Pacco se deberan reforzar y que los pases que no respetan ciertas normas democrticas no deberan poder acceder. En efecto, el Presidente Wade declar ser absolutamente partidario de la condicionalidad democrtica, corriendo el riesgo de enemistarse con el denominado sindicato de jefes de Estado africanos. El Presidente senegals reclam ante el Congreso de los Estados Unidos y el Presidente francs, Jacques Chirac, principalmente un control ms serio de los procesos electora30
les. Lamento decir que enviar observadores la vspera de las elecciones es un gran disparate. Yo mismo fui vctima de eso. Fui el primero en pedir que se enviaran observadores del exterior. El Presidente Diouf me tom la palabra y convoc a los observadores extranjeros. Llegaron el sbado. Estuvieron en dos o tres lugares donde se efectuaban las elecciones. Observaron cmo transcurra la votacin de los ciudadanos y luego dijeron: No hay muertos, todo anduvo bien. Las elecciones no consisten slo en eso. Se van preparando un ao antes: elaborando las inscripciones en las listas electorales, la impresin de los padrones electorales, la libre expresin. Pero hoy, lucho para que haya observadores en las elecciones no slo en las votaciones mismas! Si el hecho de que no haya muertos o heridos ha pasado a ser un parmetro para determinar la calidad de un proceso electoral hacia dnde vamos? En 1993, tena la inocencia de creer que Africa iniciara el ao 2000 con regmenes democrticos. Cuando en 1993 organic la conferencia de partidos polticos, en ese
objetivo tena puestas mis esperanzas. Lamentablemente, aunque hayamos logrado adelantos todava no hemos llegado a ese punto. Es necesario reconocer que en Africa hay diversos regmenes democrticos cuyos lderes fueron electos sin que se pusieran en duda los resultados electorales. Lamentablemente, esto no ocurre as en la mayora de los casos. El Presidente Wade tambin es exigente en el plano comercial: el mundo desarrollado no debe levantar falsas barreras a las exportaciones de su pas utilizando de manera abusiva las normas sanitarias para obstaculizar la importacin de man o fosfato senegals. Sin embargo, hay que reconocer que la manera como se aplica en Africa la condicionalidad vinculada a la democratizacin, a los derechos humanos o a la buena gestin, es cuando menos desconcertante y parece responder a otros criterios. La coherencia de la poltica europea resulta especialmente difcil de entender. Por ejemplo, Togo est sancionado desde hace aos por cometer fraude electoral y reprimir a la oposicin. No sucede lo mismo con Guinea, que desde hace ms de dos aos tiene en la crcel a Alpha Cond, el rival del Presidente Lansana Kont en las elecciones de diciembre de 1998. En Africa central, el Banco Mundial y la Unin Europea abrieron parcialmente las puertas de su nanciacin a la Repblica Democrtica del Congo, pese a que en materia de violaciones de los derechos humanos y de libertad de expresin, ese Gobierno no puede compararse con el de Kengo wa Dondo. Numerosos partidos polticos estn prohibidos y son habituales las ejecuciones sumarias ordenadas por el tribunal militar sin posibilidad de apelacin. De la misma manera, el Fondo Monetario Internacional (FMI) intenta en vano, desde hace aos, imponer al Gobierno de Luanda el control de las cuentas de la empresa paraestatal Sonangol, para que acabe el saqueo de los ingresos petroleros que el tringulo de las Bermudas (Sonangol, el Futungo (palacio presidencial) y el Banco Nacional de Angola) en algn momento retiran y que terminan luego en cuentas de ultramar. Tal
y como lo demostr el escndalo poltico del angolagate en Francia sobre las armas entregadas a Angola, se conoca abiertamente que esa riqueza se recicla en forma de carros de combate o bombas de fsforo. Sin embargo, ni la UE ni sus Estados miembros u otros proveedores de fondos cesaron de brindar su ayuda al Gobierno de Luanda. Ahora bien, al igual que en otros pases de la regin, tales como Uganda o Rwanda, est claro que en el mejor de los casos como lo subrayaba con destacada lucidez el ministro francs para la cooperacin la ayuda internacional permite que dichos regmenes dispongan de fondos con nes militares. Recientemente, la comunidad internacional asumi la misin de combatir el mal de la guerra en sus races, decretando embargos sobre los envos de armas y de combustible, y sobre las exportaciones de diamantes de los rebeldes de la Unin Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y del Revolutionary United Front de Sierra Leona. No obstante, transcurridos ya tres aos de esa infructuosa prctica, en octubre de 2001 los expertos de las Naciones Unidas encargados del seguimiento de dichas sanciones tuvieron que admitir que las mismas no resultaban ecaces. Sin embargo, se ha de observar que esa prctica origin un bien no estratgico en la medida en que, para sus aplicaciones industriales, el mundo comprob que puede funcionar sin el diamante africano de origen dudoso. Adems, el embargo, lo ms opuesto a la liberalizacin de los intercambios, benecia indiscutiblemente a los productos alternativos de Africa austral situados en la indiscutible proteccin del gigante sudafricano De Beers y del canadiense Grand Nord, donde el consorcio invirti masivamente y utiliz las sanciones para promover sus piedras preciosas polticamente correctas. Finalmente, se debe indicar que el embargo fue decretado sin mediar la ms mnima concertacin con la sociedad civil angolea. Esta lo considera intil y para terminar con la guerra preconiza las negociaciones, aunque se encuentre con grandes dicultades para hacerse escuchar. 31
Es signicativo comprobar que cuando en los Estados beligerantes o culpables de violaciones de los derechos humanos se hallan yacimientos importantes de petrleo el arma de las sanciones pierde fuerza. Nunca se ha discutido de la aplicacin de ningn embargo al petrleo de Angola, que constituye el 8 por ciento de las importaciones estadounidenses y que, por ese motivo, forma parte del mbito del inters nacional de ese pas. De ah que el rgimen del general Sani Abacha de Nigeria nunca tuviera que preocuparse por adoptar tal medida. En lo que respecta a Sudn, cuyo ejrcito contina bombardeando a las poblaciones civiles del sur, pero que se impone como un productor de oro negro de primer orden, el Consejo de Seguridad suaviza sus posiciones, hasta tal punto que en octubre levant las sanciones contra ese pas, inicialmente decretadas en 1996 luego del intento de asesinato contra el Presidente egipcio, Hosni Mubarak, en Etiopa. Cabe decir que Sudn no escatim esfuerzos para que Washington adoptara una actitud ms comprensiva, recurriendo a los talentos de un antiguo miembro de la CIA, Milton Bearden, quien recibi ms de 200.000 dlares para conseguir que se levantaran las sanciones contra Jartum y se restablecerieran las buenas relaciones con los Estados Unidos3. Segn una investigacin de Al-Ahram Hebdo (Egipto), otros pases petroleros del golfo de Gui-
nea, Angola y Gabn se mostraron an ms generosos, pagando respectivamente dos millones y un milln de dlares anuales a agencias de relaciones pblicas o a grupos de presin. La condicionalidad de las ayudas o de las sanciones a veces parece depender de las razones que ngen ignorar las nobles promesas de los lderes polticos. Mencionemos sin embargo el augurio formulado por el Comisario europeo de desarrollo, Poul Nielson, durante el encuentro celebrado el 10 de octubre de 2001 en Bruselas, entre la presidencia de la Unin Europea y los promotores de la Nueva Iniciativa Africana. El Comisario Nielson considera que la voluntad de los promotores de la Nueva Iniciativa Africana para construir un entorno favorable a los capitales extranjeros, velando por el respeto de las normas de derecho y de buena gestin, permitira elevar al mximo la repercusin del servicio de inversin de 4.000 millones de euros previsto en el acuerdo de Coton.
Notas
1 Un mirage pour le tiers monde, Politis, (Pars), 28 de junio de 2001. 2 Economie et droits de lhomme, Libration, (Pars), 23 de agosto de 2001. 3 Lobby pour lAfrique: folie ou ncessit?, Al-Ahram (El Cairo), 15-21 de agosto de 2001.
32
SIDA: prevencin y ccteles de medicamentos, sin contraindicaciones para el Sur
La urgencia de desarrollar una accin mundial, multiforme y cooperativa para contener la epidemia otorga un carcter crucial a las iniciativas de la OIT en materia de lucha contra el VIH/SIDA. Sin embargo, esta actuacin debe incluir el acceso a los tratamientos contra el SIDA.
Jacky Delorme
Periodista
N
o hay en el mundo una guerra ms importante. No nos equivoquemos, estos planteamientos militares del Secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, son anteriores a las respuestas militares vinculadas con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Datan del mes de mayo, cuando el general estadounidense encabez una misin a diversos pases africanos y se reeren a la lucha contra el virus de la inmunodeciencia humana/sndrome de inmunodeciencia adquirida (VIH/SIDA) que est devastando Africa subsahariana. Dada la actual crisis internacional, se teme que esa declaracin sirva de epitao a los millones de vctimas que probablemente queden en el olvido. Las cifras que se manejan producen vrtigo. Cuando todava uno no se haba acostumbrado a las estadsticas de nes de 2000 36 millones de personas infectadas en el mundo, de las cuales 25 millones en Africa; 5,3 millones de nuevos casos de infeccin, 3 millones de muertos, 22 millones desde el comienzo de la epidemia , el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) se dispone a suministrarnos cifras todava ms catastrcas. Sin embargo, los dos acontecimientos ms destacados de este ao, a este respecto, auguraban unas perspectivas ms alentadoras. Por una parte, Ko Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, anunci el pasado mes de mayo la creacin de un fondo mundial de lucha
contra el SIDA. Por otra, el juicio de Pretoria, unas semanas antes, acab por derrotar a las empresas farmacuticas que haban intentado demandar al Gobierno sudafricano por no haber respetado las patentes. Frente a una opinin pblica cada vez ms hostil, esas empresas nalmente retiraron su demanda. Bajar el precio de los medicamentos Las patentes, de eso se trata. Todo comenz en 1994 con la creacin de la Organizacin Mundial del Comercio (OMC) y el acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), que todos los pases miembros se comprometieron a respetar para el ao 2006 a ms tardar. Tomados de manera aislada, dichos ADPIC suponen un gran valor aunque dan lugar a excesos de todo tipo, como la patente para organismos vivos que es un vergonzoso saqueo de los recursos del Sur por parte de las empresas del Norte. En lo que se reere a los medicamentos, los ADPIC dicultaron an ms el acceso a los tratamientos debido a los monopolios que ejercen las grandes empresas y a la prohibicin de realizar copias genricas. Sin embargo, la OMC ha previsto algunos ajustes que se han integrado en los ADPIC. En lneas generales, un pas puede fabricar esas copias genricas ms baratas en caso de situaciones de urgencia nacio33
nal u otras circunstancias de extrema urgencia (cf. artculo 31 de los ADPIC). Diversos pases intentan introducirse por esa brecha, a pesar de la denodada oposicin de las empresas farmacuticas que hablan de piratera. En esta controversia se enfrentan dos lgicas: la que busca sacar el mximo posible de ganancias y la que deende el derecho universal a la salud. Los Estados Unidos, con su todopoderoso lobby farmacutico, amenaza a distintos pases con tomar medidas econmicas como revancha. La escalada de ataques tambin se produce en el orden verbal por ejemplo, ciertos opositores han pasado a designar al laboratorio GlaxoSmithKline con el nombre de Global Serial Killer (asesino en serie mundial) y judicial, con los laboratorios presentando numerosas quejas por infraccin a los ADPIC. Cul es la situacin actual? En Sudfrica, los militantes de la lucha contra el SIDA, miembros de organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales como Mdicos sin Fronteras y Oxfam, asociaciones de personas infectadas por el VIH/SIDA y sindicatos, se decepcionan muy pronto. Tras el juicio de Pretoria, el Gobierno sudafricano anunci que no tiene los medios nancieros necesarios para recurrir a los medicamentos genricos en gran escala a n de atender a su poblacin infectada de cerca de 5 millones de personas, un rcord mundial. Las iniciativas se revelarn entonces inconexas. En los townships de Ciudad del Cabo, Mdicos sin Fronteras acaba de poner en marcha un programa contra el SIDA en el que se incorporan los ccteles de medicamentos utilizando copias genricas importadas. El gigante minero Anglo-American anunci en mayo que estaba negociando con un fabricante de la India el suministro de copias genricas destinado a su personal seropositivo. Con los movimientos migratorios y el comercio del sexo que ellos mismos originan, los enclaves mineros se convierten en grandes focos de infeccin. Sin embargo, a comienzos del mes de octubre, la empresa dio marcha atrs declarando que no puede suministrar el tratamiento contra el SIDA a todos los trabajadores infec34
tados y debe limitarse al personal jerrquico. La Unin Nacional de Mineros (National Union of Mineworkers) denunci inmediatamente esa discriminacin, con tanta ms fuerza cuanto que el personal jerrquico es mayoritariamente blanco. Del otro lado del Atlntico, Brasil, pas para el que los epidemilogos predecan un considerable aumento de la cantidad de personas infectadas, est conteniendo el avance de la enfermedad. Adems de una dinmica poltica de prevencin en todos los niveles de la sociedad, el Gobierno decidi en 1998 producir las principales molculas ecaces contra el VIH/SIDA para poder suministrar gratuitamente un tratamiento a todas las personas que lo necesiten. Dicho pas fabrica actualmente tratamientos por un valor de 3.000 dlares estadounidenses por paciente y por ao y se espera que prximamente consiga hacerlo por menos de 1.000 dlares, como lo hace ya un fabricante indio. Se trata de precios muy inferiores a los de los ccteles de medicamentos de los pases occidentales, que cuestan entre 10.000 y 15.000 dlares por ao y por paciente. El peso que debe afrontar el sistema de la seguridad social es, por tanto, perfectamente soportable: hay menos enfermos y menos mortalidad vinculada con el VIH/SIDA. Se hagan o no cargo los gobiernos de los pases del Sur de los ccteles de medicamentos, las crticas de estos ltimos desestabilizaron, en cierta medida, el cabildeo farmacutico occidental. La competencia que representan las copias genricas inuy muchsimo en los precios actuales de los grandes laboratorios. Su publicidad comercial humanitaria de los aos noventa, cuando hacan sus mseras ofrendas en cada cumbre sobre el VIH/SIDA, ya no engaa a nadie. Aunque sus precios no se aproximan a los de los fabricantes del Sur, actualmente han bajado considerablemente. Eso da una idea de los enormes mrgenes de ganancia de ese sector industrial y contradice asimismo la armacin de los laboratorios de que el elevado precio es necesario para poder llevar a cabo sus costosos programas de investigacin y desarrollo. A propsito de esto, cabe sea-
lar que el descubrimiento de molculas ecaces contra el VIH/SIDA ayud a los laboratorios pblicos a realizar lo esencial de la tarea antes de que el sector privado pasara a hacerse cargo y patentara sus rentables descubrimientos. Aumentar los recursos nancieros Tomando en cuenta la disminucin de precios, se ha de considerar un gran evento la creacin de un fondo internacional destinado a la lucha contra el VIH/SIDA, la tuberculosis y el paludismo. La iniciativa emana del Secretario General de las Naciones Unidas, Ko Annan, y el fondo estara funcionando antes de nes de 2001. El reto es ambicioso: se deben recaudar anualmente entre 7.000 y 10.000 millones de dlares para nanciar programas que, adems de la prevencin, incluirn el tratamiento de todas las personas infectadas y el refuerzo de la investigacin para hacer una vacuna. Ko Annan estima que se debe hacer un nueva aportacin de dinero y no desviar los recursos existentes de su nalidad inicial. Los programas nacionales sern los principales beneciarios pero con el n de asegurar su ecacia stos debern respetar las garantas de transparencia. La manera de funcionar de esos programas ya no es ningn secreto. La principal leccin aprendida durante estos ltimos veinte aos es que no se debe considerar al SIDA nicamente como una epidemia sino tambin como un desafo multidimensional en el que estn en juego aspectos sociales, econmicos, polticos y de respeto de los derechos humanos. Sin una respuesta global, el SIDA prolifera y su control es imparable, como sucede actualmente en diversas regiones del mundo. En numerosas ocasiones, la lucha contra el SIDA es solamente parcial cuando, por el contrario, es necesario que haya una esmerada coordinacin entre todas las personas u organismos que toman parte en la misma. Africa subsahariana presenta el espectro completo de los diferentes niveles de calidad de los programas de prevencin que se ponen en prctica. El Senegal es el
mejor exponente de pas que consigui prevenir una gran epidemia de VIH/SIDA nicamente movilizando a todos los actores sociales: docentes, empleadores, sindicalistas, jefes tribales, religiosos, curanderos, etctera. Uganda, por su parte, es otro de los pases que a menudo se cita en las conferencias internacionales por los destacados resultados obtenidos pero que, lamentablemente, lo hizo en una etapa ms tarda, cuando la epidemia ya se haba propagado y consolidado. Por el contrario, en Swazilandia uno de los tres pases ms afectados del mundo no existe la voluntad poltica necesaria para llevar a cabo este combate. Si bien hay un programa nacional, al igual que en los dems lugares, la nica accin realmente ecaz la acometen algunas asociaciones locales. De ah que cuando uno se concentra en el mundo laboral se comprende mejor la importancia de que intervengan forzosamente los interlocutores sociales y las ventajas para stos de contar con un instrumento de referencia como la Recopilacin de directrices prcticas de la OIT sobre el VIH/SIDA y el mundo laboral1. El trabajo decente, la lucha contra las discriminaciones de las personas infectadas, el fomento de sistemas de seguridad social, la igualdad entre mujeres y hombres, la proteccin de los grupos de riesgo como los migrantes, los trabajadores y trabajadoras del sexo, etctera, son todos aspectos que revisten una importancia fundamental en la movilizacin contra el VIH/SIDA. La prevencin es prioritaria y constituye en s misma una herramienta de excepcional ecacia pero no es suciente. Solamente en Africa subsahariana, cerca de la mitad de la poblacin vive con menos de un dlar diario. Para esas personas, la compra de preservativos est lejos de ser una prioridad, como tampoco lo es el cambio de hbitos porque stos puedan ser peligrosos. Viven en situacin precaria. No disponen de agua potable, de electricidad ni de los elementos bsicos de educacin y salud, o los consiguen mediante grandes sacricios. Es ilusorio pensar en una movilizacin general sin conceder antes un pice de esperanza a las poblaciones desfavore35
cidas, y resulta cnico pretender ayudar a las poblaciones afectadas por el VIH/SIDA si se les impide el acceso a los medicamentos que necesitan para sobrevivir. La disminucin de los precios de los tratamientos contra el SIDA, asociada a la creacin de un fondo internacional, debe permitir elaborar estrategias que combinen la prevencin y el tratamiento. El ejemplo brasileo muestra que el argumento repetido hasta la saciedad por los grandes laboratorios, segn el cual los ccteles de medicamentos son tratamientos demasiado complejos para los sistemas demasiado frgiles de salud de los pases del Sur, carece por completo de fundamento. Por supuesto, es necesario poder disponer de esos tratamientos a bajo precio. A este respecto, reviste una importancia fundamental el actual debate que se desarrolla en la OMC sobre una reforma del acuerdo sobre los ADPIC. Mike Moore, Director General de
la OMC, haciendo referencia a las exenciones, admite que se debe garantizar a los pases poder invocar esa exibilidad. Pero no hay que olvidar la motivacin central de la guerra: el dinero. Incluso logrando los medicamentos genricos a precios accesibles, la combinacin de prevencin y tratamiento exige considerables recursos. Sin ayuda internacional no funciona. En este momento, el fondo internacional creado por el Sr. Ko Annan est lejos de haber recaudado los 7.000 y 10.000 millones de dlares previstos.
Notas
OIT: Repertorio de recomendaciones prcticas de la OIT sobre el VIH/SIDA y el mundo del trabajo (Ginebra, 2001). El texto completo de este repertorio est disponible en el sitio Internet de la OIT : http://www.ilo.org/public/english/protection/ trav/aids/pdf/acodesp.pdf.
1
36
La repercusin de la mundializacin en Africa y la respuesta sindical: el caso de Sudfrica
Desde una perspectiva sindical sudafricana, en lugar de mejorar la suerte de todos los ciudadanos del planeta, la mundializacin neoliberal est favoreciendo las desigualdades existentes entre las regiones, entre los pases, y entre los ricos y pobres. Se necesita con urgencia que los sindicatos y la sociedad civil participen en el proceso de mundializacin y combatan sus aspectos negativos.
Shermain Mannah
Seccin de formacin Unin Democrtica Sudafricana de Docentes
D
urante la Cumbre del Sur de abril de 2000, el Presidente cubano Fidel Castro expres con una metfora grca la actual realidad de la mundializacin para la amplia mayora: La mundializacin es una realidad objetiva que pone de relieve el hecho de que todos somos pasajeros del mismo barco, es decir, el planeta en el que vivimos. Sostuvo que, no obstante, los pasajeros viajan en condiciones muy diversas. Arm que pequeas mayoras viajan en lujosas cabinas equipadas con Internet, telfonos celulares y acceso a las redes mundiales de comunicacin. Disfrutan de una alimentacin nutritiva, abundante y equilibrada, adems de disponer de agua potable. Tienen acceso a la atencin mdica de vanguardia y a la cultura. Por el contrario, declar, abrumadoras mayoras viajan en condiciones que se asemejan al terrible comercio de esclavos, llevado a cabo de Africa a Amrica, de nuestro pasado colonial. Continu diciendo que el 85 por ciento de los pasajeros de este barco se hacinan en la parte que les ha sido asignada padeciendo hambre, enfermedades y sin atencin mdica. Obviamente, en este barco hay demasiada injusticia como para que permanezca a ote, y su derrotero es tan irracional e insensato que no puede atracar en un puerto seguro. Concluy su descripcin con una advertencia: Este barco parece destinado
a chocar contra una placa de hielo. Si eso sucediera, todos nos hundiramos con l. Segn Mohamed y Vally (Kenton, 1999), es improbable que la mundializacin conduzca al desarrollo de la mayor parte de Africa por las siguientes razones: El bajo nivel de recursos e ingresos de Africa. Desde los aos sesenta, han disminuido los precios y la demanda mundial de las cosechas africanas que se pagan en efectivo (recurso por el cual se consigue la mayor cantidad de divisas). A esto se aade la competencia de la agricultura intensiva capitalista de Asia y Amrica Latina que empeor an ms los problemas de los campesinos africanos. Los pases africanos que cuentan con ingresos medios obtienen sus riquezas bsicamente de las exportaciones de minerales, que tienden a beneciar principalmente a empresas transnacionales y a pases desarrollados que convierten la materia prima en productos de consumo. La irona reside en que esos productos son vendidos nuevamente a los pases en desarrollo con grandes mrgenes de ganancia. La mayora de la poblacin africana vive en zonas rurales donde el ciclo
42
econmico depende de las imprevisibles condiciones atmosfricas. El crecimiento demogrco, junto con las limitadsimas oportunidades de empleo, contribuye a aumentar rpidamente una mano de obra sin tierra, que se gana el sustento al margen de la economa. Esta situacin tambin ocasiona altos niveles de emigracin hacia pases con ingresos medios como Sudfrica. Pese a hacerse referencia a un renacimiento africano, el capital mundial encuentra pocas oportunidades para nanciar nuevas inversiones en ese continente, como consecuencia de la inestabilidad poltica y la percepcin negativa que del mismo tiene el mercado. En la era de la informtica, Africa ocupa una posicin muy desventajosa a escala internacional al carecer de las nuevas tecnologas, y al escasear una adecuada capacitacin de su mano de obra. Los autores llegan a la conclusin de que la prognosis indica que el desarrollo africano y la dinmica del capitalismo mundial o mundializado, generalmente no son convergentes y no lo sern en un futuro previsible1. Un nuevo y mortfero enemigo asola hoy el continente, la propagacin del virus de la inmunodeciencia humana/sndrome de inmunodeciencia adquirida (VIH/SIDA). Ninguno de los retos a los que se haya enfrentado Africa anteriormente han sido tan terribles o catastrcos como la epidemia de VIH/SIDA. La enfermedad se propaga dentro de un contexto de extrema pobreza, ignorancia y subordinacin de las mujeres y nios. Gran parte de Africa est paralizada por el yugo de la pobreza, nacida de una historia de colonialismo y mala gestin, as como por la continua explotacin practicada por las empresas multinacionales, respaldadas por las grandes instituciones nancieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organizacin Mundial del Comercio (OMC). La mun-
dializacin obstaculiza la respuesta del mundo en desarrollo a la epidemia de VIH/SIDA por las siguientes razones: Las empresas farmacuticas multinacionales controlan la investigacin, el suministro y la jacin de precios de los medicamentos. Adhirindose a la losofa neoliberal, los gobiernos se muestran reticentes a responsabilizarse plenamente de la salud pblica. Esto aparece cada vez ms evidente en Sudfrica, uno de los pases del continente con mayores recursos. El bajo nivel de recursos e ingresos nacionales y la falta de infraestructuras, resultado de aos de colonialismo y subdesarrollo. De ah que la sociedad civil y los sindicatos deban tomar la iniciativa para ejercer presin sobre los gobiernos y que se haga frente con urgencia a la epidemia (vase artculo de Jacky Delorme en la pgina 33). Educacin y mundializacin Al denir nuestra visin de la educacin en Africa, debemos orientarnos por los siguientes principios: El derecho a la educacin establecido en la Declaracin Universal de Derechos Humanos. El principio de justicia social, estrechamente vinculado a los objetivos de la educacin. La educacin, en particular, asociada al principio de rehabilitacin por el cual la misma debe compensar las desigualdades debidas al nacimiento y a las condiciones sociales. Un sistema de educacin y capacitacin solamente se puede considerar justo si no es excluyente. No obstante, la escasez de recursos y la actual poltica econmica neoliberal han 43
impedido hacer realidad dichos principios en el mbito de la educacin. Las estadsticas del suministro de enseanza en la regin subsahariana, expresadas por David Johnson en la publicacin sudafricana Mail and Guardian, ponen el acento en el enorme desafo al que se enfrenta el mundo en desarrollo2. El 11 por ciento de la poblacin mundial vive en Africa subsahariana, pero recibe solamente el 1 por ciento de los gastos mundiales en educacin, mientras que el 21 por ciento de la poblacin mundial, que vive en el mundo desarrollado, recibe el 84 por ciento de los gastos mundiales en educacin. Cuarenta millones de nios de Africa subsahariana en edad escolar no asisten a la escuela, menos de la tercera parte llega al nivel secundario y solamente el 3 por ciento recibe algn tipo de enseanza universitaria. A ttulo de comparacin, la educacin ocial en el mundo desarrollado tiene una duracin de entre 15 y 17 aos; casi el cien por ciento de los chicos recibe educacin secundaria, y ms del 50 por ciento recibe estudios universitarios. Para un chico de Africa subsahariana se gastarn como promedio 49 dlares en educacin mientras que para un chico de los pases industrializados el gasto global en educacin es de 4.636 dlares. Desde 1994, la ayuda occidental a Africa subsahariana se redujo en 3.700 millones de dlares y los gobiernos africanos transrieron a los acreedores norteos como reembolso de la deuda el cudruplo de lo que gastaron en salud y educacin. En los pases africanos, los programas de ajuste estructural (PAE), del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, agudizaron el estancamiento de la deuda. Adems, las elevadas tasas de inters y el aumento de los precios del petrleo continan agravando la situacin y paralizando el desarrollo. Esto reduce seriamente la 44
capacidad de ofrecer servicios sociales y educacin pblica para todos en Africa. La mundializacin constituy el resultado ascendente de la teora econmica neoliberal, que otorga un menor cometido al Estado y aboga por la reduccin de los gastos pblicos. Dicha doctrina se fundamenta en los argumentos segn los cuales los gastos pblicos impiden las iniciativas privadas mientras que el suministro privado resultara ms eciente. No obstante, con la aplicacin de tal doctrina se permite que los Estados transeran cada vez ms a los particulares la responsabilidad de nanciar la enseanza. Dentro del contexto africano, en el que la mayora de las comunidades son extremadamente pobres, el resultado es un estancamiento o el casi total derrumbe de la educacin pblica. La ampliacin de las reglas de la Organizacin Mundial del Comercio y del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), a n de que abarquen cuestiones relativas a propiedad intelectual y servicios de educacin, pone an ms en peligro la educacin pblica, especialmente en los pases en desarrollo. Existe un verdadero riesgo de que el suministro pblico de educacin, especialmente en el nivel de enseanza superior y de formacin profesional, pasen a manos de proveedores privados. Entre las posibles implicaciones, se seala la aparicin de la homogeneizacin y comercializacin de la educacin, el inicio de un detrimento de las culturas y de los idiomas nacionales y locales, y el aumento del desempleo entre los docentes de los sectores afectados. Sudfrica Sudfrica tiene ciertas diferencias con Africa subsahariana. La economa sudafricana est ms diversicada, opera en un nivel ms alto de industrializacin y desempea un papel ms destacado en la economa mundial que el resto del continente. Como consecuencia, un gobierno democrticamente elegido en Sudfrica acepta la hiptesis de la incorporacin de Africa al capitalismo mundial con condi-
ciones nuevas y ms favorables a travs de la conexin sudafricana. La aceptacin por el Gobierno sudafricano de la poltica macroeconmica neoliberal, traducida en la poltica de crecimiento del empleo y de la redistribucin (GEAR), impulsada por el mercado y apoyada en una estrategia competitiva de exportaciones, ha sido comparada a una forma de ajuste estructural, denominado autoimpuesto. En este sentido, Sudfrica presenta similitudes generales a las de los pases subsaharianos que adoptaron polticas de ajuste estructural durante los aos ochenta. Esto se observa claramente en las presiones nancieras que desde 1994 se ejercen sobre el sector pblico. La poltica GEAR promueve la comercializacin de la educacin, las asociaciones pblico-privadas, la austeridad scal, las limitaciones presupuestarias, la reduccin de costos y los recortes en educacin. La escolarizacin, actualmente, se diferencia menos por motivo de razas que por clases, como resultado del cobro de matrculas y de la competencia comercial entre las escuelas. Los padres deben ahora costear gran parte de la educacin mientras que el Estado parece abandonar su responsabilidad en cuanto al suministro de educacin y transrindola a organismos de gestin escolar, suponiendo un aumento del costo para los padres. La estraticacin de la escolaridad en Sudfrica es similar a la de otros lugares del mundo. En Sudfrica, la poltica considera a la educacin y la capacitacin como un determinante clave del rendimiento econmico a largo plazo y de la redistribucin de ingresos. No obstante, los gobiernos procuran alcanzar esos objetivos dentro del contexto de su poltica econmica neoliberal. Esto ha permitido que la educacin se convirtiera progresivamente ms en un artculo de lujo que en un derecho o en un bien comn. Entre 1996 y 2000, los presupuestos de educacin disminuyeron en trminos reales derivando a un presupuesto de mantenimiento, sin que quedara margen para una verdadera transformacin. Sudfrica, recientemente liberada del apartheid, no pudo corregir las peores desigualdades
que continan asolando a su sistema pblico de educacin: transcurridos siete aos de democracia, Sudfrica contina siendo despus del Brasil la sociedad ms desigual del planeta. Entre otras consecuencias que se derivan de la poltica GEAR en el mbito de la educacin, se sealan las siguientes: La racionalizacin de los colegios, lo que llev a la reduccin y a la prdida de categora del personal. Otras amenazas de reduccin de personal docente y entre el personal no docente de todos los sectores de la educacin. Propuestas para emplear personal no cualicado en la docencia en el sector escolar. Esto ya se est llevando a cabo en otras partes de Africa, por ejemplo, en el Senegal. Intentos de reducir los derechos de negociacin colectiva y la propuesta de descentralizacin y fragmentacin de las unidades de negociacin en los servicios pblicos. Escasez de infraestructuras en las escuelas pblicas, adems de la falta de material escolar y didctico. Imposicin de matrculas escolares encaminadas a marginar an ms a los pobres y a actuar como instrumento de exclusin, impidiendo que las personas de menores recursos puedan acceder a los centros escolares acomodados de las zonas de la clase media. Las universidades recurren a la subcontratacin de muchos de sus servicios del nivel de enseanza superior debido a la presin nanciera mientras que el gobierno fomenta las asociaciones con el sector privado. Esto conduce inevitablemente a normas laborales inferiores, a la inseguridad en el empleo y al carcter ocasional del mismo. Se ha propuesto utilizar el mismo proceso para ofrecer los servicios de apoyo en el sistema pblico escolar. El elevado precio de las matrculas en la enseanza de nivel superior tiende a 45
que los estudiantes contraigan deudas y que las personas con menores recursos queden excluidas del sistema. En la educacin hay crisis por la falta de respuesta a las expectativas que engendr la democratizacin en 1994. La crisis se maniesta en el desencanto y los conictos con la alianza tripartita [compuesta por el Congreso Nacional Africano de Sudfrica (ANC), el Partido Comunista Sudafricano (SACP) y el Congreso de Sindicatos de Sudfrica (COSATU)]. Una vez ms, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil realizan campaas para que el Gobierno se responsabilice ms y para reclamar, entre otras cuestiones, mejoras en la educacin y en el suministro de servicios sociales. Papel que desempean los sindicatos En una reunin sindical de nivel internacional sobre educacin, que se llev a cabo en el Tercer Congreso Mundial (Tailandia, 2001) de la Internacional de la Educacin (IE), se plante enrgica y claramente una posicin contraria a la introduccin de mecanismos de mercado en la educacin, armndose que nuestras escuelas son demasiado importantes para dejarlas en manos del mercado. La IE lanz una campaa contra el AGCS, dirigida a frenar el proceso por el cual la Organizacin Mundial de la Salud (OMS) incorporara la educacin a una larga lista de servicios que se abrirn a la competencia y comercializacin. La IE ana su capacidad de investigacin con la de otras organizaciones como la Internacional de Servicios Pblicos (ISP) para supervisar y oponerse a la privatizacin en el sector de la educacin. Los despidos masivos y la subcontratacin estn destruyendo la concentracin de empleo a gran escala en la que se basaban y adquiran poder los sindicatos tradicionales. El efecto de la mundializacin se caracteriza por desmembrar la resistencia, tomando a los trabajadores y las comunidades como consumidores o individuos, nunca como grupo. Por lo tanto, una 46
de las maneras ms ecaces de que dispone el sindicalismo para afrontar la mundializacin consiste en establecer vnculos con otros sectores de la sociedad civil a n de crear alianzas fuertes. Esto conlleva algo similar al movimiento de sindicalismo social de los aos ochenta. El Congreso de Sindicatos de Sudfrica constituy, en los aos ochenta, un excelente ejemplo de este tipo de enfoque de colaboracin. El mismo se basaba en una alianza entre sindicatos, comunidades, estudiantes y organizaciones polticas con una agenda que abarcaba ms all de las cuestiones sindicales tradicionales incluyendo la democratizacin y la transformacin radical de la sociedad. Actualmente, se estn formando alianzas similares en la Sudfrica postapartheid. Entre los ejemplos se cuenta la campaa contra las privatizaciones del COSATU. En una muestra de solidaridad, las organizaciones no gubernamentales (ONG), otros organismos de la sociedad civil y los trabajadores de todos los sectores, recientemente unieron sus fuerzas en un paro nacional de 48 horas en contra de las propuestas gubernamentales de privatizar los sectores paraestatales y los departamentos de los servicios pblicos. Las campaas llevadas a cabo contra las privatizaciones son parte de un movimiento internacional de los sindicatos y de la sociedad civil que fundamentalmente se opone a la privatizacin de los servicios pblicos tales como la educacin, la salud, el agua, las telecomunicaciones y el suministro de energa elctrica. La privatizacin de dichos servicios bsicos es fruto de la losofa neoliberal y de las polticas de la OMC y del FMI. Otro exponente ejemplar reside en la respuesta sindical a las presiones originadas por la teora econmica neoliberal, que emprendieron este ao la SANGOCO (coalicin sudafricana de ONG), las iglesias y el COSATU, mediante un programa conjunto para elaborar un presupuesto del pueblo. En dicho presupuesto se da prioridad a las necesidades sociales, incluyendo a la educacin pblica. Este proceso presupuestario alternativo se repetir
anualmente coincidiendo con la publicacin del presupuesto anual del Gobierno. En el curso de este ao, la campaa de accin sobre tratamientos mdicos (TAC) cre una poderosa coalicin con el COSATU y con organizaciones internacionales tales como Mdicos sin Fronteras (MSF) y Oxfam para enfrentarse a los gigantes farmacuticos multinacionales. Gracias a esto, la asociacin de fabricantes farmacuticos desisti del juicio contra el Gobierno sudafricano por la ley de 1997 sobre medicamentos y control de sustancias. Los militantes que participaron en la campaa TAC y el respaldo masivo de los trabajadores del COSATU lograron an ms que el objetivo de mostrar su fuerza numrica e incluyeron campaas para concienciar y capacitar a los participantes de las bases. La campaa conjunta, TAC/COSATU, es un estudio de caso crtico ya que en ella se recurri a sectores clave de la sociedad civil para enfrentarse al poder de enormes intereses corporativos de alcance mundial y que disponen de recursos colosales. La campaa demuestra que es posible aislar y afrontar aspectos de la mundializacin que se consideran perjudiciales. Con respecto al juicio, la alianza incluy organizaciones gubernamentales e internacionales. Recientemente, se agregaron a la campaa TAC algunas iglesias para reclamar al Gobierno que declare al VIH/SIDA una emergencia nacional y que destine los recursos necesarios para que las personas infectadas por el SIDAtengan acceso al tratamiento, as como las sobrevivientes de las violaciones. La lucha contra el VIH/SIDA se trata de un asunto que afecta a la clase trabajadora y forma parte de la lucha contra la mundializacin del capital. En el futuro, el VIH/SIDA formar parte de las negociaciones de los sindicatos y constituir una plataforma poltica clave de todo partido poltico que cuente con el respaldo del movimiento sindical. En Sudfrica, el COSATU se ha convertido en uno de los principales protagonistas de la lucha contra el VIH/SIDA. En su ltimo congreso nacional (2000) se mostr la primera gran dife-
rencia dentro de la alianza tripartita al cuestionar la Federacin que el Presidente del pas dudara del vnculo existente entre el VIH y el SIDA. Los militantes contra el SIDA consideran que esa armacin socav los programas de formacin y de prevencin. Entre las cuestiones que se negocian con los empleadores, ahora se incluye: la no discriminacin; el derecho a la vida privada; el acceso a la ayuda mdica y a los fondos de providencia; los subsidios por fallecimiento, y los mayores subsidios para investigacin y medicamentos relacionados con el VIH/SIDA. Desde el punto de vista de la educacin, el VIH/SIDA repercute en la capacidad del pas de ofrecer educacin pblica de calidad por las siguientes razones: la disminucin de la cantidad de docentes con experiencia; el aumento del nmero de hurfanos por el SIDA; el aumento de la cantidad de adolescentes infectados por el virus; el absentismo crnico entre docentes y estudiantes, especialmente cuando los estudiantes no pueden asistir a la escuela por tener que atender a miembros de la familia infectados o tener que ganar el sustento de la familia, y los elevados niveles de abandono escolar porque las familias no pueden pagar las matrculas debido a la merma de los ingresos hogareos como resultado de la muerte de alguna de las personas que ganaba el sustento familiar. Esta repercusin negativa socava los objetivos clave dentro del marco de la educacin para todos, lo que signica implcitamente que el suministro de educacin no debe ser excluyente. En Sudfrica, la Unin Democrtica Sudafricana de Docentes (SADTU) ha desempeado un 47
papel crucial con el Gobierno y con otros actores clave encaminados a desarrollar y a aplicar una poltica antidiscriminatoria con respecto al VIH/SIDA, para estudiantes y docentes. La SADTU ha ido incluso ms lejos investigando la repercusin de la epidemia en sus aliados. Los resultados obtenidos de esa investigacin orientarn la respuesta que dar a la epidemia en el sector de la educacin. Las limitaciones impuestas por la mundializacin y el neoliberalismo exigen la movilizacin de una estrategia mltiple y la adopcin de un enfoque sectorial, de carcter mltiple, para luchar ecazmente contra el VIH/SIDA. En la regin de la Comunidad de Desarrollo de Africa Austral (SADC), la IE, junto con otros interlocutores internacionales, se uni a los sindicatos de docentes y a los ministerios de salud y educacin para desarrollar proyectos de colaboracin a n de aplicar las resoluciones del congreso mundial de la IE y las recomendaciones emanadas de la Conferencia Mundial de la Salud. En Sudfrica, la SADTU encabeza el proyecto de colaboracin de la IE/OMS con los ministerios de salud y educacin. Uno de los aspectos positivos de la mundializacin ha sido fomentar la democratizacin y el gobierno transparente. En Africa y, ms especialmente en Sudfrica, los sindicatos estn desempeando un importante papel para respaldar esa tendencia. En Swazilandia y Zimbabwe, los sindicatos encabezan actualmente las protestas pro democrticas. En la historia reciente, los sindicatos de Zambia y de Sudfrica fueron las principales fuerzas pro democrticas. La deuda, legado de relaciones comerciales desiguales y del colonialismo, contina sangrando las economas africanas. En el caso de Sudfrica, se trata de una deuda contrada por el rgimen opresivo racista del apartheid que ahora se debe pagar en detrimento de los sudafricanos pobres. En este momento, campaas internacionales en favor del alivio de la deuda, tales como el Jubileo de 2000, han obtenido el respaldo de la Confederacin Internacional de Organizaciones Sindica48
les Libres (CIOSL). La resolucin nal de la Conferencia Mundial contra el Racismo apunta a una mayor comprensin y acuerdo con respecto a los orgenes de la deuda y del subdesarrollo, as como a la necesidad de que la comunidad mundial corrija ese problema. En el Foro Mundial de Educacin de la Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), celebrado en Jomtien (Tailandia) en 1990, se jaron una serie de objetivos para el suministro bsico de educacin. Sin embargo, dichos objetivos no se alcanzaron. En la segunda conferencia, organizada en Dakar en 2000, se establecieron las siguientes metas: Solicitar a todos los Estados que para el 2002 desarrollen o refuercen los planes nacionales existentes. Eliminar las disparidades de gnero en la enseanza primaria y secundaria para 2005, y alcanzar la igualdad de gneros en educacin para 2015. Para el ao 2015, todos los nios, especialmente los que corren peligro, deberan disponer de acceso a la enseanza primaria gratuita y obligatoria de buena calidad y cursarla completa. Para 2015, se debera alcanzar el 50 por ciento de la mejora en los niveles de alfabetizacin adulta y un acceso equitativo a la educacin bsica y permanente para los adultos. Para evitar que se repita el rcord de incumplimientos por parte de los gobiernos, se lanz la Campaa Mundial en Pro de la Educacin, como una alianza estratgica con la IE, Oxfam Internacional, ActionAid, la ISP y otras muchas organizaciones. El principal objetivo consiste en que los gobiernos cumplan los compromisos asumidos en Jomtien y en Dakar y consigan para 2015 el logro de una educacin pblica de calidad disponible para todos. La mundializacin tambin plantea cuestiones de gnero. Para poder apreciar plenamente la relacin entre mundializacin y gnero es necesario un profundo co-
nocimiento de los vnculos entre la posicin econmica de la mujer, la opresin de gneros y el nuevo orden econmico mundial. Es fundamental que los sindicatos incorporen a su labor un enfoque de gnero. Por ejemplo, los pases, principalmente del Sur, cuyo margen competitivo an provenga de una mano de obra barata, continan intentando atraer a empresas extranjeras concedindoles entornos favorables y exenciones legislativas. Esto se ha observado especialmente durante las dos ltimas dcadas en las zonas francas de exportacin, donde la mano de obra femenina alcanza el 80 por ciento. En el fondo, la ventaja competitiva de esos pases se basa en la desventaja socioeconmica y poltica de las mujeres. Esto plantea la manera como el sindicalismo se relaciona con los sectores constituidos por los trabajadores de las zonas francas industriales, los trabajadores del sector no estructurado y los vendedores de las calles, los trabajadores temporales, los trabajadores a domicilio y los trabajadores que realizan labores domsticas y agrcolas. Para que los sindicatos continen siendo una fuerza vlida en la sociedad se deben hacer estos cambios organizados. Conclusin Africa no pudo hacer frente al nuevo orden mundial. Sudfrica est luchando por incorporarse al nuevo orden como poder subregional pero tampoco en este caso los resultados han sido halageos. Entre tanto,
han quedado en suspenso los sueos de transformar y ampliar los servicios sociales y el suministro de la enseanza, ya que los presupuestos apenas alcanzan para mantener los niveles actuales. Esta situacin contribuy, por una parte, a que se produjera una creciente divisin entre el Gobierno y las clases privilegiadas, y entre las comunidades de la clase trabajadora y las crecientes las de desocupados y marginados, por otra. Este hecho se maniesta, por ejemplo, en las ocupaciones de tierra, en las protestas contra los recortes de servicios pblicos y en la reaparicin de la militancia sindical. Dentro de este contexto, los sindicatos y diversas organizaciones de la sociedad civil se han unido para oponerse a los aspectos ms negativos de la poltica neoliberal y ejercer presin sobre el gobierno para que cumpla las promesas de 1994. Dada esta situacin, que se repite en todo el mundo y con mayor intensidad en los pases en desarrollo, los sindicatos y las organizaciones progresistas deben volcarse en las nuevas tecnologas de la informacin y de las comunicaciones (TIC) y sacar el mximo partido de las experiencias ajenas, adems de coordinar programas internacionales para luchar contra los aspectos negativos de la mundializacin.
Notas
1 N. Mahomed y S. Vally: Education and Globalization, discurso principal (Kenton), 1999. 2 D. Johnson: Lessons from Africa, en Mail and Guardian (Johannesburgo), 21 a 27 de septiembre, 2001, pg. 7.
49
Prensa africana y mundializacin: el cambio sin n
El nacimiento de una prensa independiente contribuy, decididamente, al desarrollo del proceso de democratizacin en Africa. Sin embargo, la fragilidad econmica, la represin dirigida contra los periodistas, la situacin persistente de analfabetismo y la brecha tecnolgica constituyen otros tantos obstculos que impiden su desarrollo.
Jean-Paul Marthoz
Director Europeo de Informacin Human Rights Watch
E
n los quioscos improvisados de Bamako o de Dar-es-Salaam, las publicaciones se amontonan. Viendo esa profusin de diarios y revistas, podra olvidarse rpidamente que durante todas las dcadas posteriores a las independencias, la prensa africana se caracteriz por una sumisin casi total al Estado, salvo raras pero destacables e intermitentes excepciones: Nigeria, Sudfrica, Kenya y Senegal. En nombre de un desafortunado concepto de periodismo de desarrollo, los medios grcos y la prensa audiovisual se dedicaban fundamentalmente a alabar las obras del jefe de Estado silenciando la corrupcin, la arbitrariedad o la violencia. La informacin disponible sobre Africa provena de la prensa internacional, que haba enviado a unos pocos corresponsales a las ciudades clave de Dakar, Abidjn, Nairobi y Johanesburgo, y que regularmente haca que sus enviados especiales circularan en la regin, casi siempre repitiendo las corrientes tradicionales de la historia colonial. La prensa religiosa tena tambin formada una red que converta sus boletines especiales en una valiossima fuente de informacin y anlisis. Esa sumisin de la prensa africana tambin explica el papel preponderante que asumieron las revistas publicadas en las antiguas metrpolis, Jeune Afrique o Afrique Asie en Pars, incluso New African en Londres. Las radios internacionales BBC, RFI, Deutsche Welle, Voix de lAmrique comple50
taban ese sistema informativo africano, sirviendo muchas de ellas de fuente de informacin alternativa, incluso de oposicin, dirigida a las audiencias africanas. A nales de los aos ochenta, el viento de libertad que soplaba sobre los pases comunistas lleg tambin a Africa y permiti la progresiva aparicin de diarios, y ms tarde, de emisoras de radio, independientes del poder. La conferencia de Windhoek, celebrada en 1991 a iniciativa de la Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), consolid y ratic ese cambio de modelo. Su declaracin nal, proclamando el papel de una prensa independiente, pluralista y libre, vinculada al progreso de la democracia y del desarrollo, se convirti en la referencia de todas las nuevas aventuras de prensa del continente. En 1994, el Instituto Panos de Pars sealaba que en Africa occidental el formidable auge de una prensa escrita independiente desempe un papel decisivo en el advenimiento de un pluralismo poltico. La prensa del Estado, tocada en carne viva, se liberaliz tambin un poco. Pasadas las elecciones, esos diarios continuaron manteniendo un debate pblico, indito, permanente y pluralista1. En ese mismo momento, en Sudfrica, la prensa alternativa se ocupaba de la lucha contra el apartheid Weekly Mail, New Vision , mientras que en los pases francfonos de Africa occidental se produca una proliferacin de
ttulos impertinentes, desde el Cafard Libr en el Senegal hasta el Messager en el Camern. En los pases anglfonos, los avatares de la prensa reejaban el carcter de las transiciones: suave en Ghana y la Repblica Unida de Tanzana, complicada en Nigeria y Kenya. En otros pases, algunos medios nuevos de informacin eran arrastrados por la vorgine de los temas tnicos y de identidad, desembocando el fenmeno mortfero de los medios del odio, de los que la Radio Tlvision des Mille Collines, de Rwanda, se convirti en el espantoso smbolo durante el genocidio de 1994. Transcurridos diez aos de la declaracin de Windhoek, el balance de la liberacin de la prensa africana registra marcados contrastes. En la mayora de los pases, la prensa constituy indudablemente un nuevo espacio pblico y un nuevo contrapoder, seala Marie-Soleil Frre, especialista del papel de la prensa africana en las transiciones polticas. La prensa dio legitimidad a las denuncias y ayud a la poblacin a manifestar menos miedo con lo que piensa. Se reform la legislacin y se reforzaron las estructuras profesionales al crearse colegios de periodistas, como ocurri en Ghana o Burkina Faso, as como los observatorios de la libertad de prensa en Cte dIvoire2. A escala internacional, la prensa africana tambin se insert en mltiples redes de cooperacin y solidaridad no gubernamentales, desde la UJAO/WAJA (Union des Journalistes de lAfrique de lOuest) hasta el MISA (Media Institute of Southern Africa). Disfrut tambin de un respaldo permanente de mltiples proveedores de fondos occidentales, estadounidenses y europeos, preocupados en la promocin de la idea de que la libertad de prensa es tambin una palanca de acceso al desarrollo equitativo. No obstante, la prensa africana est lejos de haber completado el cambio que necesitaba. Los medios de comunicacin escritos, en primer lugar, siguen siendo esencialmente urbanos y llegan solamente a los sectores ms acomodados de la poblacin. Esto se debe al precio de venta y a que, con frecuencia, estn escritos en los
idiomas ociales (francs, ingls, portugus), heredados de la colonizacin. En muchos pases, la liberalizacin tambin se detuvo ante las puertas de los organismos de radio y televisin. A pesar del acceso a las televisiones por satlite y a las radios internacionales, ciertos gobiernos africanos siguen intentando, aunque progresivamente con menos xito, preservar su control sobre la radio, el nico medio masivo africano de comunicacin y, todava con ms intensidad, sobre la televisin. Con excepcin de polos muy profesionalizados, en torno al Nation Group de Kenya, de algunos grupos de prensa de Lagos y Johannesburgo, y del grupo Sud de Dakar o Fraternit-Matin de Cte dIvoire, la prensa africana sigue siendo extremadamente frgil. La mayora de las publicaciones adolecen, entre otros muchos aspectos, de la falta de transparencia en los aspectos contables, de concentracin en torno al director/redactor en jefe, de especializacin de las tareas, de la debilidad de la capacitacin, de la politizacin en torno a personalidades locales. La prensa africana tiene que hacer frente, sobre todo, a un contexto econmico difcil. La falta de inversiones y de equipamiento, las limitaciones del mercado publicitario, el persistente analfabetismo, acarrean una gran precariedad entre las publicaciones y explican la fcil corrupcin de los periodistas, muy mal remunerados, y que los editores, con frecuencia, se sometan a grupos polticos o a intereses nancieros. En la mayora de los Estados, la prensa tambin debe hacer frente a la represin. Se intimida constantemente a las redacciones de prensa ms contestatarias mediante el uso anrquico de la ley. Las antiguas legislaciones coloniales sobre los delitos de sedicin o de insulto al jefe del Estado y las rgidas leyes relativas a la difamacin o el secreto, generalmente permiten que los periodistas terminen ante los tribunales o en prisin. Por ejemplo, entre 1991 y 1996, en Zambia se entablaron contra el Post ms de 100 juicios por difamacin. 51
Robert Mnard, director de Periodistas sin Fronteras, declaraba: En ltima instancia, la cantidad de detenciones es buena seal. Si en la actualidad se detiene en Africa a ms periodistas que hace diez o veinte aos, es porque hay periodistas para encarcelar, es decir, gente que hace su trabajo. Hace quince aos, en ciertos pases africanos no haba nadie a quien detener porque haba un solo diario, una sola agencia de prensa, una sola emisora de radio y una sola cadena de televisin3. En los pases en guerra, la situacin de los periodistas es todava ms precaria. Obligados a tomar partido entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes, en la mayora de las veces no pueden ejercer su ocio. El asesinato es el arma mxima de la censura: segn las listas publicadas por las organizaciones internacionales de defensa de la libertad de expresin, durante estos ltimos aos fue en pases africanos como Argelia, Rwanda y Sierra Leona donde se registr el mayor nmero de periodistas asesinados. Esas situaciones de conicto complican tambin el ejercicio mismo de la misin de informar: La prensa congolea, que habra podido ser un testigo privilegiado se mantuvo completamente ausente del escenario de la guerra, indicaba la organizacin congolea Journalistes en Danger en la introduccin de su Informe 2000 sobre la libertad de prensa en la Repblica Democrtica del Congo. Se contenta con dar comunicados ociales o retransmitir informacin. Por cierto, si la prensa congolea no dispone de muchos medios para estar presente en los lugares de las operaciones blicas, adems se le inculca el miedo. Se le prohbe presenciar lo que sucede e incluso publicarlo. A menudo, eso se realiza en detrimento del pas. Esto es vlido tanto para el este como para el oeste. Cuando se atreve, se la acusa de traicin. Africa y el mundo La existencia de medios informativos independientes y de una generacin de periodistas eles a su profesin contribuy, 52
decididamente, a mejorar la calidad de la cobertura internacional del continente africano. Actualmente, diversos textos de los diarios ms independientes del continente aparecen regularmente en revistas internacionales como Le Courrier International o World Press Review. Se est lejos de la prensa que segua las rdenes del partido nico y, por lo tanto, de la opacidad del poder. No obstante, cuesta desentraar el contenido de la informacin. El africanista Stephen Ellis sealaba que quienes viven fuera de Africa pueden encontrar abundante informacin en la prensa africana pero, al igual que ocurre con la prensa del resto del mundo, para sacar el mximo de informacin es necesario leerla dentro del contexto de la cultura dominante4. La misma prensa africana es vctima de sus propios problemas y limitaciones polticas, culturales o nancieras. Pese al dinamismo de una prensa que calicaremos de privada por seguir siendo independiente, los acontecimientos cruciales continan siendo cubiertos en primer lugar por la prensa internacional, y luego son retomados en la prensa africana. Eso sucedi, por ejemplo, durante la intervencin del ejrcito senegals en Guinea Bissau5, o con la prensa tanzana durante el genocidio de Rwanda de 1994. Las nuevas tecnologas de la informacin y la comunicacin (Internet y, sobre todo, los telfonos celulares) tambin han contribuido a cambiar las cosas, no solamente brindando a los periodistas africanos fuentes mundiales de informacin sino tambin permitiendo que las asociaciones no gubernamentales y los ciudadanos accedieran a la informacin. Esos medios permiten asimismo que los diarios africanos salgan de su territorio y lleguen a la dispora africana o a los investigadores, y a las personas que toman decisiones. Segn el departamento de estudios africanos de la Universidad de Columbia (Nueva York), en Internet se puede acceder a ms de 120 diarios y revistas africanos6. A pesar del desarrollo ms rpido que previsto de Internet en Africa, las cifras son modestas en relacin con los pases del
Norte. En 2001, se contabilizaron solamente 2,5 millones de internautas (sobre una poblacin total de 800 millones de personas), debido principalmente a la falta de lneas telefnicas, al bajo ndice de electricacin y al elevado costo que representa la compra de una computadora7. (Vase tambin el artculo de Marc Blanger, pg. 37.) En el mbito de la informtica, Africa est marcada por una indudable desigualdad. Hay varias Africas. Sobre todo, se destaca el desequilibrio entre Sudfrica y el resto del continente. Los capitales sudafricanos se invirtieron masivamente en los sectores de las telecomunicaciones y de la televisin continental, como por ejemplo M-Net, la primera cadena panafricana. Sudfrica registra el 80 por ciento de los internautas africanos, y si bien el n de la lucha contra el apartheid ayud a disminuir el inters por Sudfrica, Johanesburgo sigue siendo una de las principales capitales periodsticas del continente, sobre todo para la prensa de habla inglesa. A ese desequilibrio continental se suman las diferencias subregionales, como en Africa occidental, con el particular papel que desempean el Senegal y Cte dIvoire para las informaciones francfonas. A escala mundial, las radios internacionales dieren mucho de las cadenas de televisin mundiales. Estas ltimas se interesan relativamente poco por Africa y, frecuentemente, la tratan de manera dramtica (guerras y SIDA), o bien ocialista (una informacin cercana a las organizaciones humanitarias o patrocinadas por ellas). Las radios, por el contrario, brindan una informacin continua que responde a criterios periodsticos pertinentes de cercana. Si bien cada vez ms pases deben hacer frente a la competencia de las radios locales privadas, las radios internacionales tienen todava un peso preponderante ante los sectores ms cultivados de la poblacin ya que esas radios justican desde el extranjero las informaciones que se consiguen a escala local. En los pases del Norte, la informacin sobre Africa sigue caracterizndose por el lugar subalterno que dicho continente
ocupa en las prioridades de las redacciones. Tambin es convencional la ndole de los temas que se eligen. A pesar de eventuales esfuerzos por mostrar que Africa vive, sobrevive y crea, la mayora de la informacin se reere a asuntos trgicos. Guerras, depredaciones, epidemias, refugiados, constituyen los temas recurrentes de la informacin africana. Adems, pese a la nueva tecnologa (telfonos, satlites, Internet), la informacin sobre vastas regiones africanas sigue siendo parcelaria. Muchas veces milicias o bandas impiden el acceso a las zonas afectadas por crisis humanitarias. La calidad de la informacin sobre Africa tambin se ve limitada por la falta de conocimiento de la complejidad histrica y cultural de las sociedades africanas. Este fenmeno agrava la utilizacin de estereotipos y generalizaciones sobre dicho continente que ha vuelto al corazn de las tinieblas. Mundializacin y pluralismo A pesar de los adelantos que se lograron durante la ltima dcada en el mbito de la informtica y de los medios de comunicacin, Africa sigue sufriendo por la desigualdad de los intercambios. La reactivacin de la agencia de prensa continental Panapress es parte de la voluntad de reducir ese desequilibrio y de conar a los africanos la cobertura de su propio continente. No obstante, Africa se ve tambin confrontada en gran medida a las repercusiones de la mundializacin sobre los medios de comunicacin. Los medios informativos aceleran la mundializacin de las empresas africanas introduciendo las formas polticas, econmicas, sociales e incluso culturales de los pases industrializados occidentales, seala Andr-Jean Tudesq, especialista en medios de comunicacin africanos. El triunfo de la economa de mercado coincidi con el cuestionamiento de dirigentes de muchos Estados africanos y con la expresin de nuevas aspiraciones. Sin embargo, los medios de comunicacin sobre todo, la televisin reejan tambin la vida de sociedades modernas y ms 53
prsperas, que motivan comparaciones, frustraciones y reivindicaciones tanto ms violentas cuanto ms se deterior el nivel de vida de numerosas poblaciones africanas con las crisis8. En efecto, cmo proteger la diversidad cultural africana frente a los medios informativos occidentales que invaden las programaciones televisivas, a menudo pobres y carentes de capacidad propias de produccin? Andr-Jean Tudesq concluye diciendo que los africanos ven al resto del mundo a travs de los ojos de los occidentales, incluso a los dems Estados africanos.
Notas
1 Institut Panos, Programa de respaldo al pluralismo y la informacin en Africa occidental (Pars), 1994-1997. 2 Marie-Soleil Frre: Presse et dmocratie en Afrique francophone (Pars), Karthala, 2000, 540 pginas. 3 4
LAutre Afrique, 13-19 de enero de 1999, pg.16.
Stephen Ellis: Reporting Africa, Current History, mayo de 2000 (Filadela), pgs. 221-226.
5 Institut Panos: Mdias et Conits en Afrique (Pars), Karthala, 2001. 6 Mike Jensen: Making the Connection: Africa and the Internet, Current History (Filadela), mayo de 2000, pgs. 215-220. 7 Caroline Laporte: Etat des lieux de lInternet dans huit pays dAfrique, julio de 2001, Centro Francs de Comercio Exterior. 8 Andr-Jean Tudesq: Les mdias en Afrique (Pars), Ellipses/Infocom, 1999, pgs. 7-8.
54
La fuga de cerebros
Cerca de la tercera parte de los recursos intelectuales de Africa se halla en otras latitudes a pesar de que al continente le beneciara ms contar con ellos. Se debe a un problema vinculado simultneamente a las estrategias de desarrollo y a las polticas de empleo. El regreso se impone pero no es suciente.
Andr Linard
Director de Informacin Confederacin Mundial del Trabajo
E
ntre 1960 y 1975, abandonaron anualmente el continente alrededor de 1.800 africanos altamente cualicados. Durante el perodo de 1975 a 1984, esa cantidad creci de 4.000 a 12.000 personas por ao en 1990, y 23.000 actualmente. Para Africa eso representa alrededor de la tercera parte de sus recursos humanos de ese nivel1, declar el ao pasado el Sr. Rossi, representante de la Organizacin Internacional para las Migraciones (OIM), puntualizando que esas cifras no incluyen a los estudiantes que no vuelven a sus pases una vez terminados sus estudios. De la misma manera, el 2,7 por ciento de los profesionales indios vive en los pases de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE). Lo mismo sucede con el 3 por ciento de los profesionales chinos, el 7 por ciento en el caso de Egipto, el 8 por ciento para Sudfrica, el 10 por ciento para Filipinas, el 15 por ciento para la Repblica Popular Democrtica de Corea, el 25 por ciento para Irn y el 26 por ciento para Ghana. En lo que se reere a los profesionales jamaiquinos, el 77 por ciento vive en los pases ms industrializados2. Esas corrientes son sucientemente grandes para constituir una verdadera fuga de cerebros3. El xodo o la fuga de cerebros4 se maniesta fundamentalmente de dos maneras. La primera es atrayendo a estudiantes de pases en desarrollo hacia centros de capacitacin situados en los pases indus-
trializados. La intencin declarada es loable: proporcionar capacitacin a jvenes que posteriormente se pondrn a disposicin de sus pases de origen. No obstante, la realidad es diferente. Muchos profesionales, no queriendo afrontar las difciles condiciones de vida que les espera, no vuelven a sus pases o retardan lo ms posible el momento de hacerlo. El segundo mtodo consiste en atraer hacia los pases del Norte a tcnicos de alto nivel, investigadores universitarios o intelectuales ya formados. Este mtodo, muy selectivo, se utiliza a causa de la enorme brecha abierta entre las condiciones de trabajo de las empresas de las que provienen y las de las empresas a donde se dirigen. Puede tratarse de empresas privadas, instituciones internacionales, o incluso de universidades, con o sin la ayuda de los Estados del norte del planeta. Una mercanca Las organizaciones sindicales ven en esas maniobras principalmente que la mano de obra pasa a ser considerada una mercanca: Alemania importar 30.000 expertos en informtica, deca un titular del diario francs Libration (28 de febrero de 2000), utilizando el mismo trmino como si se tratara de la importacin de ganado o de objetos. Otros se preocuparn de los problemas de desarrollo que origina tal des55
plazamiento: En Africa, los recursos humanos constituyen el fundamento de la riqueza de las naciones. Ese continente tiene gran necesidad de conservarlos y crear las condiciones favorables para el regreso de los cerebros que emigraron, sealaba el Sr. Rossi. En el caso de Africa, las migraciones todava se encauzan siguiendo los canales de las antiguas relaciones entre la metrpolis y las colonias. Francia, Blgica, Portugal, el Reino Unido continan recibiendo inmigrantes procedentes respectivamente de Africa occidental, de la regin de los Grandes Lagos, de Angola, de Mozambique y de otros territorios de habla portuguesa, as como de Africa oriental y austral. Sin embargo, esta reparticin ya no es tan sistemtica, principalmente debido, por una parte, a la creacin en Europa de la zona denominada Schengen y, por otra, al aumento del nmero de inmigrantes clandestinos que penetran por cualquier medio. Sin olvidar tampoco la atraccin que ejerce Amrica del Norte ni, por supuesto, las migraciones dentro del mismo continente africano. El fenmeno del xodo de cerebros no es algo nuevo. En el transcurso de los ltimos aos, se registraron dos evoluciones diferentes. Por una parte, se produjo un aumento cuantitativo. Por otra, gracias al perfeccionamiento de las tcnicas de comunicacin, hubo un movimiento en sentido inverso. As, actividades que anteriormente se llevaban a cabo en los pases industrializados utilizando mano de obra inmigrante capacitada, se desplazaron a los pases de donde provena dicha mano de obra. Es conocida la competencia en informtica de los tcnicos indios; menos conocido es el hecho de que las llamadas telefnicas a ciertas centrales de llamadas, automticamente se desvan hacia pases del Sur donde hay instaladas centrales, sin que los clientes se den cuenta. All los telefonistas aprenden a hablar sin acento y se les pide que escuchen los boletines meteorolgicos o los resultados de los partidos europeos de ftbol para poder responder a eventuales comentarios de los clientes al respecto. No obstante, esta l56
tima tendencia afecta sobre todo a la mano de obra con un nivel de formacin bajo o medio. Personas y empresas Al igual que ocurre con el resto del movimiento migratorio, el xodo de cerebros se puede considerar desde una perspectiva individual o colectiva. Como persona, el investigador o el tcnico contratado por una empresa, institucin o universidad de un pas industrializado probablemente consiga una remuneracin ms elevada, y tambin, mejores condiciones materiales para aplicar su capacidad, obtener resultados en sus investigaciones, etctera. Al igual que en el caso de otros trabajadores migrantes, si lo desea, el profesional tambin podr enviar dinero a los miembros de su familia que quedaron en el pas, contribuyendo as a mejorar sus condiciones de vida. Segn el Instituto de Investigacin de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD), el volumen mundial de los salarios repatriados habra incrementado de 2.000 a alrededor de 70.000 millones de dlares entre 1970 y 19955. En el mejor de los casos, se invertirn los recursos ganados en el extranjero para iniciativas creadoras de empleos. Sin embargo, considerada desde el punto de vista colectivo, la migracin representa una ganancia a corto plazo y una prdida a largo plazo para los pases de origen. Esto sucede en el caso del xodo de cerebros pero tambin se aplica en general a la salida de emigrantes. A corto plazo, la migracin proporciona un buen cmulo de divisas gracias a las cantidades de dinero que envan los emigrantes. Esa fuente de ingresos, a veces, supera los ingresos obtenidos por exportacin. Incluso ciertos pases cuentan con ese resultado. Segn Mario Cervantes, experto de la OCDE, en los aos sesenta, la India opt por desarrollar institutos superiores tecnolgicos ms que escuelas primarias. Se constituy una verdadera industria privada de capacitacin para la exportacin,
al igual que se hizo en Filipinas. Una agencia india especializada en emigracin es uno de los principales solicitantes de visados estadounidenses para trabajadores altamente cualicados6. Sin embargo, la OIM considera que fundamentalmente es una prdida econmica. Las corrientes migratorias organizadas por los pases del Norte dejan en la nada las inversiones en materia de formacin. En efecto, por una parte estn los cerebros, que a menudo asistieron durante largo tiempo a las raras infraestructuras de capacitacin disponibles en los pases en desarrollo y que, llegado el momento de devolver a sus pases los benecios de esa inversin, sacarn provecho de sus capacidades en otras latitudes. Por otra parte, est el conjunto de las migraciones que, como observa la Confederacin Mundial del Trabajo (CMT), estn compuestas por las personas ms dinmicas, ms jvenes y mejor (o menos mal) capacitadas; de all que representen una gran prdida para los pases de origen7. Este fenmeno llega a tal punto que el Ministro de Tecnologa de Informtica de la India se pregunta por qu un pas pobre como el suyo subvenciona el sistema educativo y la economa de los Estados Unidos. Positivo para las empresas Para los pases industrializados la comparacin entre las ventajas y los inconvenientes de la migracin tambin es ambivalente. Por una parte, en la columna del pasivo, la opinin pblica quisiera inscribir, quizs con demasiada rapidez, la presencia de extranjeros, de personas diferentes que no tienen nuestra cultura. Olvida, de esta manera, que toda la historia de la humanidad est hecha de migraciones, de encuentros de culturas y de mestizaje. Siempre en la columna del pasivo, se inscribir tambin que la llegada de inmigrantes puede servir para ejercer presin a n de que bajen los salarios y las condiciones de trabajo. Cuando en un segmento del mercado laboral surge una escasez de
trabajadores, la mera aplicacin de la ley de la oferta y la demanda debera hacer que aumentaran las remuneraciones. Al recurrirse a trabajadores extranjeros, se interrumpe esa dinmica e incluso se incorpora un excedente de mano de obra que puede acentuar la competencia entre los trabajadores. Corresponde entonces a las organizaciones sindicales no caer en la trampa y luchar para que todos los trabajadores, inmigrantes o no, gocen de las mismas condiciones. Este fenmeno concierne a la totalidad de los migrantes y muestra claramente que, si bien individualmente esos trabajadores pueden disfrutar de una mejora de sus condiciones de vida, globalmente, los pases de acogida son los principales beneciarios de las migraciones. Dan testimonio de esto los debates sobre la necesidad de los pases industrializados occidentales de volver a abrir sus fronteras a los inmigrantes para hacer frente al envejecimiento de sus poblaciones activas8. La perspectiva de una acogida muy selectiva de trabajadores inmigrantes correspondiente a las necesidades e intereses precisos de los pases de acogida, as como el ingreso de inmigrantes durante perodos limitados, se ajusta perfectamente a esta lgica. La migracin de cerebros se enmarca perfectamente con esta manera de actuar puesto que se trata de una seleccin muy precisa, casi individual. Se debe entonces promover las polticas que fomentan el regreso de los cerebros a sus pases? Esto es lo que preconizan tanto acuerdos bilaterales entre los pases como instituciones como la Organizacin Internacional para las Migraciones, que instaur en distintos pases industrializados programas de regresos voluntarios. Pero qu ecacia se deriva de estas medidas? Roland Ramamonjy, ex periodista de Radio Nederland, explic en Madagascar a la Agencia Sya que no se da a los intelectuales su justo valor, mientras que se busca en otros lugares a los tcnicos malgaches por sus conocimientos. Muchos ceden a la tentacin de ganar mucho dinero, algunos resisten, otros vuelven. Yo 57
particip en la fuga temporal de cerebros trabajando solamente de tres a seis meses en Holanda, Francia y el Canad, agrega Roland Ramamonjy, me hubiera podido quedar pero el sentimiento patritico fue ms fuerte. En ocasiones, a su regreso, el ex emigrante ve realzada su posicin social. En otras ocasiones, su regreso se considera un fracaso: Hayan o no sido expulsados, se considera que quienes vuelven son los que fueron echados de Pars y se les hacen bromas interminables. Esa persona aceptar lo que sea para no pasar esa vergenza. Se los llama entonces abetela, un juego de palabras que signica que es un hombre terminado9. La relacin entre la vuelta al pas de origen y el desarrollo no es automtica. Se la debera estudiar ms detenidamente, aunque slo fuera para vericar si, nalmente, esos programas no son una manera de que los pases industrializados se desembaracen de los inmigrantes que ya no les resultan tiles. La primera condicin de su xito consiste en que en los pases de origen haya empleos disponibles. La segunda, se reere a la reduccin de la diferencia salarial con los pases industrializados porque, de lo contrario, persistir la tentacin de emigrar. El Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN) favoreci las inversiones en Mxico pero no redujo la emigracin hacia el Norte, precisamente debido a esa diferencia de ingresos. Por lo tanto, la problemtica se debe enfocar en el sentido de un desarrollo como condicin y no como consecuencia de la vuelta de los cerebros. Esta observacin coincide con numerosos anlisis y reivindicaciones de las organizaciones sindicales con miras a que se orienten las opciones econmicas hacia el bienestar de las poblaciones, se termine con los programas de ajuste estructural que reducen los medios de accin de los Estados, y se conciba la insercin en la economa mundial como un medio de desarrollo y no como un n en s misma. Contrariamente a los conceptos de las instituciones de Bretton Woods, la lucha contra la pobreza no puede consistir en 58
Un impuesto a la fuga de cerebros?
Y si se gravara la fuga de cerebros? Dos asesores del Instituto McKinsey, de Washington, consideran que tal impuesto, redistribuido entre las empresas de los pases de origen que conservan a sus cerebros o los hacen volver, sera una manera de contrarrestar la prdida que sufren los pases en desarrollo. nicamente la India perdera anualmente 2.000 millones de dlares estadounidenses debido a la fuga de 100.000 expertos en informtica hacia los Estados Unidos. Sin embargo, es necesario que las condiciones de trabajo y de investigacin y los salarios que se pagan a esas personas les disuadan de abandonar su pas. Segn el Financial Times, los mismos autores del estudio reconocen que esa perspectiva tiene pocas probabilidades de funcionar. Sera necesario que ese impuesto se recaudara all donde se encuentra el cerebro, es decir, en los pases industrializados, pero a stos no les conviene en absoluto.
Basado en InfoSud/Suiza
ayudar a las vctimas de ese agelo mediante colchones sociales que no corrijan los mecanismos que originan la pobreza. Por el contrario, se puede combatir las causas de la pobreza a travs de polticas de empleo digno y generalizado, respetando entonces las normas internacionales del trabajo. En ese sentido, la fuga de cerebros se vincula al mismo tiempo con los intereses internacionales y los desafos nacionales. Est asociada a la problemtica de la propiedad intelectual, puesto que la tendencia actual a concentrar las patentes en los pases y las empresas del Norte privar an ms a los pases en desarrollo de los medios para la investigacin. Debido a sus vnculos con el empleo y con las polticas de desarrollo social, esta problemtica tampoco es ajena a las preocupaciones sindicales.
Notas
1 Coloquio organizado por la Agencia InfoSud (Bruselas, 8 de diciembre de 2000).
2 W. Carrington, W. y E. Detragiache: en Finances et Dveloppement (Washington, FMI), junio de 1999. 3 CMT: Les migrations et lAfrique, Labor-Magazine, 97/4. 4 Un da se debera escribir un artculo sobre la fuga de pies, es decir, la de los deportistas de alto nivel que venden su talento en el extranjero y, a veces, terminan mal cuando ya no rinden bien. Pero sa es otra historia. 5 UNRISD: Mains visibles: assumer la responsabilit du dveloppement social, Ginebra, 2000. 6 Le Monde (Pars), suplemento econmico, 6 de marzo de 2001.
7 CMT: Les travailleurs migrants. Informe anual sobre los derechos de los trabajadores, 1999. Vase tambin Andr Linard: Las migraciones y la mundializacin: los nuevos esclavos, CIOSL, 1998. 8 Esos debates se intensicaron desde la (controvertida) publicacin en 2000 de un informe de la Divisin de Poblacin de las Naciones Unidas sobre las proyecciones demogrcas: Replacement Migration: Is it a solution to declining and ageing population? 9 Mayoyo Bitumba Tipo-Tipo: Migrations NordSud. Levier ou obstacle? Les Zarois en Belgique, Cahiers Africains, no 13, 1995, citado en La Revue Nouvelle (Bruselas) por J. Cl. Willame.
59
Find millions of documents on Course Hero - Study Guides, Lecture Notes, Reference Materials, Practice Exams and more.
Course Hero has millions of course specific materials providing students with the best way to expand
their education.
Below is a small sample set of documents:
Cornell - NES - 127
Sindicatos y economa informalEducacin Obrera 2002/2 Nmero 127IndiceEditorial Informalidad: concepto y denicin Trabajo informal: del concepto a la accin, entrevista con Christine Nathan Trabajo, legislacin y el concepto de informalidad, por Dwig
Cornell - NES - 134
En duda, pero a bordo Los sindicatos de Ghana y el DELPLos sindicatos de Ghana tienen serias dudas con respecto al DELP de su pas, especialmente porque las conversaciones clave entre el gobierno y las instituciones financieras internacionales parec
Cornell - NES - 136
El desempleo juvenil en Asia y el Pacfico: tendencias y respuestas sindicalesLos sindicatos deberan adoptar estrategias para el empleo juvenil, no como polticas aisladas sino como parte integrante de sus esfuerzos generales en pro del empleo. En muc
Cornell - NES - 136
La insercin laboral: un desafo y una oportunidadEn Amrica Latina, el 60 por ciento de la poblacin tiene menos de 30 aos y los jvenes representan el 40 por ciento de los 100 millones de pobres en el continente. De ah la responsabilidad social de cmo
Cornell - NES - 414
Math 414second (take-home) prelimSolutionsdue 3 pm Thursday 29 April1 (10 points). First a preliminary estimate: let y, z N. Then d f(y), f(z) = d Ty (f(y), Tz (f(z) d Ty (f(y), Tz (f(y) + d Tz (f(y), Tz (f(z) d Ty (f(y), Tz (f(y) + d f(y)
Cornell - CAPS - 282
CHINA AND THE WORLD CAPS/GOV 282 T-TH 8:40-9:50 Spring 2007 Professor, Allen Carlson Teaching Assistants: Chia-Chen Chou and Ben Brake Telephone: 4-6022 E-mail:arc26@cornell.edu Office Hours: Tuesday- Wednesday 1:30-3:00Course Description: In this c
Cornell - CEE - 351
Spring 2007 Prof. Len LionCEE 351 Environmental Quality Engineering Problem Set No. 3 Problem 1. (Adapted from Introduction to Wastewater Treatment Processes, by R.S. Ramalho) The following data were obtained for toxicity bioassay tests for 24, 48,
Cornell - NS - 398
Agriculture, Ecosystems and Environment 104 (2004) 379398ReviewAdaptability of plants invading North American croplandDavid R. Clements a, , Antonio DiTommaso b , Nicholas Jordan c , Barbara D. Booth d , John Cardina e , Douglas Doohan e , Charl
Cornell - CHEM - 106
Insect Molecular Biology (2000) 9(5), 441449Blackwell Science, LtdExpression and activity of a house-y cytochrome P450, CYP6D1, in Drosophila melanogasterP. J. Korytko, R. J. Maclntyre and J. G. Scott1121,3Field of Environmental Toxico
Cornell - CHEM - 287
Weed Technology 2007 21:279287Intriguing World of WeedsWild Parsnip (Pastinaca sativa): A Troublesome Species of Increasing ConcernKristine M. Averill and Antonio DiTommaso*Although many of us fondly associate parsnips with a rustic, home-cooke
Cornell - PAM - 337
PAM 337 Racial & Ethnic Differentiation Spring 2006 (SR 445) Dr. Sharon Sassler Class Times: T/Th, 1:25 2:40 Office: 134 MVR Hall Office hours: T/Th, 3:00 4:00 E-mail: SS589@Cornell.edu TA: Matthew Di Carlo (mrd24@cornell.edu).This course provides
Cornell - PAM - 691
Cornell University PAM 691 / ECON 691: Health Economics I Spring 2006Professor John Cawley Email: jhc38@cornell.edu Office: 124 Martha Van Rensselaer Hall Office Hours: by appointment Course Description and Objectives: This comprehensive course cov
Cornell - CLASS - 132
Forest Ecology and Management 233 (2006) 121132 www.elsevier.com/locate/forecoBiomass, harvestable area, and forest structure estimated from commercial timber inventories and remotely sensed imagery in southern AmazoniaTed R. Feldpausch a,*, Andre
Cornell - CLASS - 191
Math 191 Prelim 3 Solutions1. (a) Write down the general form of the partial fraction expansion of x3 9x + 4 (x 1)3 (x + 2)(x2 + 1)2 DO NOT ATTEMPT TO EVALUATE THE VALUES OF THE COEFFICIENTS. (b) Evaluate Solution (a) The factor x2 + 1 is an irred
Cornell - CLASS - 212
1 Sophomore Seminar: Sound Studies S&TS 212 Professor Trevor Pinch, Rockefeller 309, TJP2@Cornell.edu Office Hours: Mondays 2-4pm All students taking this course will be expected to follow the Cornell Academic Integrity Code. Synopsis This sophomore
Cornell - CLASS - 307
REPORTSTime-Domain Measurements of Nanomagnet Dynamics Driven by Spin-Transfer TorquesI. N. Krivorotov,* N. C. Emley, J. C. Sankey, S. I. Kiselev, D. C. Ralph, R. A. BuhrmanWe present time-resolved measurements of gigahertz-scale magnetic dynamics
Cornell - CLASS - 330
Syllabus, STS 300, 8/26/04 Suman SethFall 2004 - (S&TS 330) Physical Sciences in the Modern Age10:10 a.m. MWF, 122 Rockefeller Hall Instructor: Suman Seth 303 Rockefeller Hall Ph: 255 6325 Email: ss536@cornell.edu Office Hours: Monday, 2-4 pm. The
Cornell - CLASS - 341
Government/Sociology 341 Mr. TarrowSpring 2002 MW 2:55-4:10European Society and Politics: Capital, Coercion and Political ContentionSince the Reformation, the French, and the Industrial revolutions, Europe has been a source of innovation and sta
Cornell - CLASS - 436
ON THE MOTION OF A CURVE TOWARDS ELASTICANorihito KOISOCollege of General Education Osaka University Toyonaka, Osaka, 560 (Japan)Abstract. We consider a non-linear 4-th order parabolic equation derived from bending energy of wires in the 3-dimens
Cornell - CLASS - 632
1 STS 632 INSIDE TECHNOLOGY 2006 Syllabus Professor Trevor Pinch, Rockefeller Hall 309 SYNOPSIS Technology is one of the most pervasive features of modern society and the impact of technology on society has been a topic of longstanding interest. How
Cornell - CLASS - 642
A CONVERGENCE THEOREM IN THE GEOMETRY OF ALEXANDROV SPACESTakao YAMAGUCHIDepartment of Mathematics Kyushu University Fukuoka 812 (Japan)Abstract. The bration theorems in Riemannian geometry play an important role in thetheory of convergence of R
Cornell - P ED - 011
NEW YORK STATE AGRICULTURAL EXPERIMENT STATION, GENEVA, A DIVISION OF THE NEW YORK STATE COLLEGE OF AGRICULTURE, A STATUTORY COLLEGE OF THE STATE UNIVERSITY, CORNELL UNIVERSITY, ITHACAHandling of red tart cherries for processinga reviewby D. L. Do
Cornell - P ED - 020
NEW YORK'S FOOD AND LIFE SCIENCES BULLETINNO. 20, OCTOBER 1972CORNELL UNIVERSITY AGRICULTURAL EXPERIMENT STATION, NEW YORK STATE COLLEGE OF AGRICULTURE AND LIFE SCIENCES, A STATUTORY COLLEGE OF THE STATE UNIVERSITY, CORNELL UNIVERSITY, ITHACA, NE
Cornell - P ED - 080
Default Parameter Estimation Using Market PricesRobert JarrowThis article presents a new methodology for estimating recovery rates and the (pseudo) default probabilities implicit in both debt and equity prices. In this methodology, recovery rates a
Cornell - P ED - 111
NUMBER 111, 1985ISSN 0362-0069New York State Agricultural Experiment Station, Geneva, a Division of the New York State College of Agriculture and Life Sciences, a Statutory College of the State University, at Cornell University, IthacaTITAN' RE
Cornell - P ED - 112
Pest Management SciencePest Manag Sci 57:514521 (2001) DOI: 10.1002/ps.319Monitoring insecticide resistance in house ies (Diptera: Muscidae) from New York dairiesPhillip E Kaufman,* Jeffrey G Scott and Donald A RutzDepartment of Entomology, Cor
Cornell - P ED - 114
Academic Advising and Student ServicesAcademic AdvisingFrom the time students enter the college as freshmen until they become affiliated with a Major, they are under the administration of Engineering Advising, which implements the academic policies
Cornell - P ED - 114
Pest Management SciencePest Manag Sci 57:958967 (2001) DOI: 10.1002/ps.354Cytochromes P450 of insects: the tip of the icebergJeffrey G Scott* and Zhimou WenDepartment of Entomology, Comstock Hall, Cornell University, Ithaca, New York, USAAbst
Cornell - P ED - 120
Special ProgramsDual-Degree Opt i o nThe dual-degree program is a special academic option, intended for superior stud e nts, in which both a bachelor of science and either a bachelor of arts or bachelor of fine arts degree can be earned in about fi
Cornell - P ED - 120
Pesticide Biochemistry and Physiology 75 (2003) 17 www.elsevier.com/locate/ypestSpinosad resistance in the housey, Musca domestica, is due to a recessive factor on autosome 1Toshio Shono and Jerey G. Scott*Department of Entomology, Comstock Hall,
Cornell - P ED - 121
Archives of Insect Biochemistry and Physiology 53:119124 (2003)Induction of P450 Monooxygenases in the German Cockroach, Blattella germanica L.Danielle Brown, Li Zhang, Zhimou Wen, and Jeffrey G. Scott*The cytochrome P450 monooxygenases are an im
Cornell - P ED - 131
Decent work and international commodity agreementsThree-quarters of the people living in extreme poverty worldwide are in rural areas. And most of those are dependent, directly or indirectly, on the commodity sector for their livelihoods. Can intern
Cornell - P ED - 133
Pest Management SciencePest Manag Sci 62:673677 (2006)Resistance to cyuthrin and tetrachlorvinphos in the lesser mealworm, Alphitobius diaperinus, collected from the eastern United StatesRonda L Hamm,1 Phillip E Kaufman,1,2 Colleen A Reasor,1 Do
Cornell - P ED - 147
Application of artificial neural networks in image recognition and classification of crop and weedsC.-C. YANG1, S.O. PRASHER1, J.-A. LANDRY1, H.S. RAMASWAMY2 and A. DITOMMASO31Department of Agricultural and Biosystems Engineering, McGill Universi
Cornell - P ED - 207
e c o l o g i c a l m o d e l l i n g 2 0 7 ( 2 0 0 7 ) 363366available at www.sciencedirect.comjournal homepage: www.elsevier.com/locate/ecolmodelShort communicationRoot tapering between branching points should be included in fractal root sy
Cornell - P ED - 260
Laboratory: Soils in Agricultural SystemsThis weeks lab will take place at the Dilmun Hill, the Cornell student-run organic farm. Your task will be to make measurements of some soilthe agricultural systems being employed at Dilmun Hill.character
Cornell - P ED - 313
September 2004NEW BIOLOGICAL BOOKS313differentiation, morphogenesis, signal transduction, and gene expression. The immense accumulation of data (from biochemical, biological, and genetic studies) regarding the cytoskeleton machinery and cytoske
Cornell - P ED - 319
Plant and Soil 237: 309319, 2001. 2001 Kluwer Academic Publishers. Printed in the Netherlands.309Phosphorus management for perennial crops in central Amazonian upland soilsJohannes Lehmann1,4, Manoel da Silva Cravo2 , Jeferson Luiz Vasconselos
Cornell - P ED - 343
Seed Science Research (2001) 11, 335343DOI: 10.1079/SSR200190Intrapopulation variation in Abutilon theophrasti seed mass and its relationship to seed germinabilityHameed A. Baloch, Antonio DiTommaso1* and Alan K. WatsonDepartment of Plant Scien
Cornell - P ED - 387
CONCEPTS AND QUESTIONSBio-energy in the blackJohannes LehmannAt best, common renewable energy strategies can only offset fossil fuel emissions of CO2 they cannot reverse climate change. One promising approach to lowering CO2 in the atmosphere wh
Cornell - P ED - 412
Operations Research Time Line1665 1736 1738 1763 1788 1795 1823 1823 1824 1826 1833 1873 1880 1896 1896 1900 1900 1903 1909 1913 1914 1915 1927 1928 1930 1931 1933 1936 1936 1937 1939 1939 1941 1941 1942 1942 1942 1942 Newton's Method for Finding a
Cornell - PHIL - 101
Homework 101: collect data 24 hours a day at CHESS!E. Fontes (ef11@cornell.edu) Theres no better way to teach students about crystallography and diffraction, according to Matt Miller, professor of Mechanical and Aerospace Engineering (MAE) at Cornel
Cornell - PHYS - 013
Symmetry, Integrability and Geometry: Methods and ApplicationsSIGMA 3 (2007), 013, 14 pagesRelativistic Toda Chain with Boundary Interaction at Root of UnityNikolai IORGOV , Vladimir ROUBTSOV ,Vitaly SHADURAand Yuri TYKHYYBogolyubov
Cornell - PHYS - 214
PHYS 214 Prelim IPage 1 of 17PHYS214 Prelim I October 6 1998Name: Signature: Section and TA:The exam is out of 100 points. By signing this exam you certify to adhere to the Cornell academic integrity code. You CAN NOT use a calculator nor bri
Cornell - PHYS - 218
PHYSICAELSEVIER Physica B 218 (1996) 258 261Studies of electron energy levels in single metal particlesD.C. Ralph*, C.T. Black, M. TinkhamDepartment of Physics and Division of Applied Sciences, Harvard University, Cambridge. MA 02138. USAAbstr
Cornell - PHYS - 562
Textbook Suggestions Physics 562: Statistical Mechanics Spring 2006, James P. Sethna(Draft) Required Text J. P. Sethna, Statistical Mechanics: Entropy, Order Parameters, and Complexity, to be published, Oxford University Press, this spring! Draft t
Cornell - PHYS - 562
Physics 562: Statistical Mechanics Spring 2006, James P. Sethna Homework 12, due Wednesday April 26 Latest revision: April 17, 2006Reading Entropy, Order Parameters, and Complexity: Chapter 11Exercises 11.1 Maxwell and van der Waals (gure to trac
Cornell - COMM - 126
Workplace stress: A collective bargaining issueStress is on the increase everywhere and nowhere more so than in the workplace. Pills are not the answer. Prevention is better than cure. And bargaining is better than suffering. Anne-Marie Mureau Dire
Cornell - COMM - 129
Global perspectiveFreedom and migrationMigration draws together the great issues, weaknesses and doubts of this new century. Developmental failures, simplistic notions about a clash of the cultures, the resurgence of ethnic nationalism, the extent
Cornell - COMM - 200
PEACH: Prunus persica (L.), 'Babygold 5' EFFICACY OF REGISTERED AND EXPERIMENTAL MITICIDES, 2005 Arthur M. Agnello Dept. of Entomology NYS Agr. Expt. Station 630 W. North St. Geneva, NY 14456 Phone: (315) 787-2341 Fax: (315) 787-2326 E-mail: ama4@cor
Cornell - COMM - 201
Math 201Take-home FinalRules: You may use your class notes and the online class notes, but no other outside sources. The only person you can talk to about the problems on the exam is the instructor. 1. Show that the set {1, 2, 3, } of positive in
Cornell - COMM - 303
CORNELLU N I V E R S I T YDepartment of Policy Analysis and Management120 Martha Van Rensselaer Hall Ithaca, NY 14853PAM 303Spring 2006 (Preliminary syllabus January 23)ECOLOGY AND EPIDEMIOLOGY OF HEALTHRoom: MVR 157TR 1:25-2:40 pm.Offic
Cornell - COMM - 404
tStateof New York Deprrtnrentof Civil Service TheStateCampus .AIbany,NY12139EMPLOYEE BENEFITS DTYISION NYSIIEALTH INSURANCE TRANSACTION FORM (8/0lLXw) PS-4041.ITYSIRUC?IOIYS: READ AND OQMPIETE BOTH SIDEVPACES.PLEASE PRINT AND CEECX TIIE APPRO
Cornell - COMM - 438
Thin Solid Films 438 439 (2003) 457461Wiring up single moleculesJiwoong Parka,c, Abhay N. Pasupathya, Jonas I. Goldsmithb, Alexander V. Soldatovd, Connie Changa, Yuval Yaisha, James P. Sethnaa, Hector D. Abrunab, Daniel C. Ralpha, Paul L. McEue
Cornell - COMM - 450
&251(/ 81,9(56,7< 6FKRRORI$SSOLHGDQG(QJLQHHULQJ3K\VLFV $(33K\VLFV 3UREOHP6HW 3ODQH:DYHV7UDYHOLQJ:DYHV D E F G H 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH 'XH)ULGD\2FWREHU 3ODQH:DYHV(QHUJ\DQG0RPHQWXP D E 6663H[HUFLVH 6663H[H
Cornell - COMM - 450
&251(/ 81,9(56,7< 6FKRRORI$SSOLHGDQG(QJLQHHULQJ3K\VLFV $(33K\VLFV 3UREOHP6HW 'LVSHUVLRQ5HODWLRQV D E F 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH 'XH30)ULGD\1RYHPEHU 'HQVLW\RI6WDWHV D E 6663H[HUFLVH 6663H[HUFLVH +HDW&DSDFLW\ D E 6663H[HUFLVH 6663H[