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Unformatted text preview: FISCALIDAD Y AGRICULTURA FISCALIDAD Y AGRICULTURA Rafael Vallejo (ed.) UNIVERSITAT DE VALÈNCIA 2008 Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial. © De los textos, los autores, 2008 © De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2008 Publicacions de la Universitat de València [email protected] Ilustración de la cubierta: Diseño de la cubierta: Fotocomposición, maquetación y corrección: Communico, C.B. ISBN: Depósito legal: Impresión: Artes Gráficas Soler, S.L. ÍNDICE Edad Media Introducción Antoni Furió Crédito y fiscalidad en las villas rurales de Mallorca (1315-1410) Pau Cateura Bennasser La sisa de la carn. Ganadería, abastecimiento cárnico y fiscalidad en los municipios valencianos bajomedievales Juan Vicente García Marsilla La fiscalidad agraria en el Señorío de Villena en la Baja Edad Media José Damián González Arce Fiscalidad urbana y distribución y consumo de la producción agraria en Valencia (siglos xiv-xv) Enric Guinot Rodríguez y Antonio José Mira Jódar Fiscalidad real y señorial y repoblación en el reino de Mallorca. Ricard Soto La dinámica de la producción y las cargas agrarias en las aljamas musulmanas del reino de Valencia Josep Torró La fiscalidad sobre el azafrán: Una “cuestión de estado” en la Cataluña del siglo xv Pere Verdés Pijuan Producción agraria e impuesto municipal directo. La tasación de la tierra en los padrones de riqueza valencianos (siglos xiv-xv) Pau Viciano 8 rafael vallejo (ed.) Edad Moderna Introducción Pegerto Saavedra Algunas notas sobre las repercusiones de la fiscalidad Real en el mundo rural castellano en el siglo xvii José Ignacio Andrés Ucendo y Ramón Lanza García La fiscalidad en Getafe según el Catastro de Ensenada, 1752-1754 Nicolás Montero Pérez El reconocimiento de la realidad agraria a través de dos fuentes fiscales: Rentas provinciales versus Única Contribución. El caso de Cuenca (1749-1774) José Antonio Negrín de la Peña La presión del fisco real y de la fiscalidad privada sobre la explotación agrícola en el Coto de Cudeiro (Ribeiro de Ourense) a mediados del siglo xviii Antonio Presedo Garazo Fiscalidad, manufactura y actividad agraria en la época moderna, un caso local (Alcoi, 1444-1816) Lluis Torró Edad Contemporánea Introducción. Fiscalidad y agricultura en la España contemporánea: una aproximación historiográfica Rafael Vallejo Pousada y María Dolores Muñoz Dueñas “Entradas y salidas”. Sobre contabilidades agrarias y fiscalidad en Cataluña (1815-1930) Pere Pascual i Doménech Distribución social y efectos socioeconómicos de la fiscalidad rústica liberal. Aproximación a partir de la evolución de la presión fiscal agraria en el siglo xix en la campiña de Córdoba Antonio López Estudillo índice Fiscalidad liberal, cambios en la distribución de la carga contributiva y transformación del modelo agrario. Mallorca (1845-1900) Antonia Morey Tous La presión fiscal sobre la producción de plátanos en Canarias: una aproximación desde las empresas Juan S. Nuez Yánez La Hacienda pública española y la crisis agraria de finales del siglo xix: la recaudación tributaria como síntoma. Ricard Garcia Orallo Fraude fiscal y cuestión catastral entre finales del xix y principios del xx: el ejemplo cordobés del conde de Torres Cabrera Rosa María Almansa Pérez Propiedad municipal, hacienda local y reforma tributaria en Extremadura (1750-1936) Antonio Miguel Linares Luján Tributación y conflictos en la Navarra liberal (1841-1888) José Miguel Gastón 9 CRÉDITO Y FISCALIDAD EN LAS VILLAS RURALES DE MALLORCA (1315-1410) Pau Cateura Bennaser Universitat de les Illes Balears INTRODUCCIÓN A lo largo del siglo xiii la isla de Mallorca desarrolla una economía dual, el único centro urbano, la antigua Medina Mayurqa, ahora llamada Ciutat de Mallorques, se convierte en núcleo coordinador de actividades comerciales, y un entorno rural de 364.000 hectáreas, que se organiza en torno a alquerías y rahales, en distritos señoriales implantados por los conquistadores, con abundante mano de obra esclava y una incipiente urbanización. Pero durante el siglo xiii se produce una desigual ocupación del territorio, densa en la zona de montaña y aledaños, y en algunos islotes del centro, y débil en el resto. Tres lustros después de la conquista, en 1245, la producción de cereales se concentra en las comarcas centrales de Sineu, Inca y Montuiri, seguidas a distancia por las comarcas de Artá, Petra y Felanitx. La producción olivarera se concentra en los aledaños de la Sierra de Tramontana. Un tercer cultivo, el de la viña, registra una notable expansión a lo largo de la centuria. La distribución de las reservas reales es un buen exponente de la distribución geográfica de los cultivos. En la fecha indicada, la monarquía disponía de cinco reservas reales; en el término de la ciudad, había dos reservas, una de ellas, la de Portopí, estaba dedicada al monocultivo de viña, y la otra, la de Catí, al cultivo de cereales. En el interior de la isla, la reserva de Beniatzar, en los aledaños de la sierra, estaba dedicada exclusivamente a la producción olivarera; la de Inca, a la producción vitivinícola, y, finalmente, la de Crestatx, colindante con el humedal de la Albufera de Alcudia, a la producción tanto de cereales como de viña.1 1 Cateura (1997), pp. 57-141. 12 pau cateura bennaser Desde los inicios de la colonización, la “quartera” o almudín de la capital de la isla, establecida por el infante Pedro de Portugal (1231-1244), opera tanto en su función de drenaje económico para la monarquía como de barómetro de la producción y de los precios. Sin embargo, el interior de la isla, desde mediados del siglo xiii, comienza a disponer tanto de instalaciones transformadoras (en 1245 se cita el celler de Inca), como de elementos reguladores de los precios agropecuarios. En efecto, en estas fechas se menciona el mercado de Inca y sobre todo el de la villa de Sineu. De forma complementaria, en 1249, el rey autorizó un mercado en la capital de la isla. Dado que la fecha de celebración del mercado semanal de Sineu era los miércoles y el de la ciudad los sábados, los agentes disponían de información precisa sobre la evolución de los precios agropecuarios. En definitiva, podemos concluir señalando que a lo largo del siglo xiii se produce un despegue de la producción agropecuaria en zonas concretas del interior de la isla, despegue acelerado por la demanda generada por la intensa actividad comercial. Ahora bien, en tanto que la administración real aparece bien implantada en esta zona, con la operatividad de 10 bailías reales, el mismo proceso de urbanización y de surgimiento de instituciones municipales parece registrar un importante desfase. Mientras que la capital de la isla fue dotada de instituciones municipales en 1249, el interior de la isla fue concebido en la misma fecha como término municipal. EL REFORMISMO DE JAIME II Y DE SANCHO El año 1298 es una fecha de significación política, la reversión del reino de Mallorca a Jaime II, pero con importantes consecuencias en el interior de dicha isla por la política desplegada por este monarca en diferentes ámbitos: a) El de la propiedad agraria b) El de la producción agraria c) El de la fiscalidad d) El de la urbanización e institucionalización municipal Los cuatro ámbitos de actuación son convergentes por las expectativas puestas por la Corona en la resultante final de un incremento de las rentas reales y fiscales. Desde la fecha indicada, Jaime II diseña una política de inversiones que afectan tanto a la ciudad como al interior de la isla. En este último ámbito el objetivo es la incorporación de señoríos, mediante compra, o adquisiciones puntuales de fincas e inmuebles vinculadas a los planes de reordenación de los espacios rurales. El proceso abierto a los templarios, en 1308, favoreció los objetivos reales, al permitir el control de una parte del importante patrimonio rústico de esta Orden. crédito y fiscalidad en las villas rurales de mallorca (1315-1410) 13 En el orden de la producción agraria, el objetivo de la Corona era el de generar una redistribución de la población hacia núcleos de nueva creación o bien núcleos antiguos señalados como centros de desarrollo; se ofrecía a los nuevos pobladores lotes de tierra con atractivas condiciones de pago de rentas y con una oferta de crédito, tasado oficialmente, y de préstamo de semillas, ofrecido por la misma monarquía. Salvo algún caso puntual, se trataba de una oferta de tierras de secano, aptas para cereal y viña. La administración real perseguía, a través de una mayor presión sobre la tierra, no sólo un incremento de los derechos señoriales sino también asegurar el autoabastecimiento. Los planes de desarrollo del interior de la isla no hubieran sido posibles sin el establecimiento de una fiscalidad que permitiera financiar obras públicas (desde la construcción de caminos a la conducción de aguas y la misma construcción de la iglesia parroquial). De ahí la imposición de una sisa en 1300, vigente durante nueve años. La mencionada sisa era un impuesto real, controlado por la administración real, y de acuerdo con la normativa su producto debía ser dividido en tres partes: dos terceras partes quedaban en manos de la monarquía y una tercera parte, entregada a las autoridades municipales y destinada íntegramente a programas de dotación de infraestructuras. Finalmente, esta tercera parte fue a su vez dividida en otras tres: dos para programas de la capital de la isla y una tercera para los proyectos del interior de la isla. La resultante de todas las medidas anteriores fue el surgimiento o potenciación de núcleos rurales, de unos cien vecinos, en el centro y levante de la isla. El límite de cien vecinos era la condición sine qua non para poder constituirse en municipios, de ahí la competitividad entre villas antiguas y villas de nueva creación, las primeras por no perder población y las segundas por captarla, entre la villas nuevas de realengo y las de señoríos que subsistían en la vecindad, y entre villas antiguas peor comunicadas y villas nuevas mejor situadas. En todo el proceso algunos de los proyectos de villas fracasaron (Capocorb, en la zona de Llucmajor) y otras no lograron el número indicado de vecinos (Capdepera), pero al final del reinado de Jaime II, en 1311, había ya en torno a 30 villas rurales, con organización municipal; de ellas, la mitad había sido objeto bien de ordenación, como núcleos de nueva creación, bien de reordenación, con oferta de tierras y nuevos solares para construir junto a núcleos antiguos ya consolidados. La filosofía reformista de Jaime II, movida por los intereses ya aludidos, había generado una nueva realidad, la de un mundo agrario en trance de organización institucional. Es cierto que la monarquía se sirve de los nuevos municipios rurales como instrumentos fiscales y de las rentas de la Corona, pero también estos últimos aspiran a cuotas de poder en el ámbito insular. Como he mencionado antes, Jaime II ordenó la reinversión de una tercera parte del producto de la sisa consignada al municipio a programas de infraestructura del interior de la isla, pero también impuso la presencia reglamentaria de campesinos en el consejo de los jurados de la ciudad en temas de orden general, como 14 pau cateura bennaser el establecimiento del monedaje en 1301, o sobre la derrama de un impuesto directo general en 1309.2 Ésta era la situación cuando en 1311 comienza el gobierno de Sancho de Mallorca. En los ambientes ciudadanos se aspiraba a una normalización institucional, lo cual significaba devolver la autonomía al municipio, de acuerdo con la carta fundacional de 1249. El tema se negoció con el rey, antes de la jura de los privilegios, de ahí que en la misma el monarca se comprometiera a la restauración de dicha autonomía, después de establecer un año de transición. En efecto, a finales de 1313 se realizaron las elecciones con arreglo a la carta restaurada de 1249 y se votó un subsidio al rey. La institución municipal (juradía y consejo) pasó a ser controlada por elementos urbanos, básicamente mercaderes y afines, lo que produjo un recorte de las posiciones alcanzadas por los campesinos en el período anterior (participación en el consejo, cuota de redistribución de los impuestos). Éste es el contexto que explica el inicio de las reivindicaciones de los campesinos y su instrumentación por parte de la monarquía. En efecto, los campesinos parecen perseguir una integración completa en el organigrama municipal, lo cual significaba que a los seis jurados de la ciudad se sumara un jurado de origen campesino, y que tuvieran una representación reglamentaria tanto en la asamblea como en todas las comisiones, todo ello con el objeto de controlar la fiscalidad. Frente a estas aspiraciones integradoras, combatidas, es cierto, por determinados segmentos ciudadanos, el rey Sancho optó, en 1315, por instaurar una segunda “universidad”, integrada por todas las villas de la isla, con órganos propios como eran el Consejo del Sindicato foráneo, integrado por dos representantes de cada villa, y una comisión de 10 síndicos, interlocutores de los Jurados de la capital. El esquema administrativo resultante de estas modificaciones fue un recorte de las atribuciones de los Jurados –se les retira la libre designación de los representantes de las villas en el consejo general, y pierden la libre disposición de fondos, al establecerse una rotulación de los gastos en generales y particulares de cada universidad– y una distribución de un fondo común, al invertir en obras de infraestructura, entre la ciudad y la parte foránea, pero conservan parcelas importantes de poder como veremos más adelante. LA ORGANIZACIÓN INSTITUCIONAL Por ello, a partir de la fecha indicada la estructura municipal y supra-municipal de la isla de Mallorca queda configurada de la siguiente forma: 2 De 1301 constan 4 representantes campesinos en una sesión del Consell General. Mut (1994), p. 29. crédito y fiscalidad en las villas rurales de mallorca (1315-1410) 15 a) El Consejo de la ciudad, integrado por los consejeros designados por los Jurados. A partir de 1351, dichos consejeros debían pertenecer a cuatro estamentos: caballeros, ciudadanos, mercaderes y menestrales.3 b) El Consejo del Sindicato foráneo, nutrido por representantes de todas las villas del interior de la isla.4 Este organismo estaba presidido por los síndicos, pero la elección de los representantes a dicho consejo era de competencia de cada villa. c) El Consejo General, llamado en la época “gran consell de la ciutat e de fora”, en el que participan los miembros del Consejo de la ciudad y del Consejo del Sindicato foráneo. Este organismo era presidido por los Jurados de la ciudad y solía reunirse en la primera quincena de enero de cada año, después de haber jurado sus cargos, tanto Jurados como síndicos ante el gobernador.5 d) Una institución derivada del Consejo General era el Consejo Secreto. Este consejo, así como el Consejo General, eran convocados por el gobernador, a instancia de los Jurados de la Ciudad. Este consejo fue remodelado en diversas ocasiones hasta ser configurado, en una comisión llamada Consejo de Treinta, por los 6 Jurados, 14 consejeros ciudadanos y 10 consejeros foráneos.6 El Consejo General de Mallorca, como organismo clave en la votación de subsidios y en la gestión del sistema tributario insular, fue remodelado en su estructura, componentes, sistema de acceso a los cargos y duración de los mismos y sistemas de votación, en nueve ocasiones entre 1351 y 1398. En algunas de ellas se trataba de una simple reimplantación de sistemas ensayados anteriormente, en otras se incorporaban reformas más sustantivas. Entre estas últimas cabe destacar que en 1373 se implantó el sistema de suerte en la elección, tanto de los consejeros del Consejo General como de los Jurados, las villas envían sus representantes según un sistema proporcional de población y los consejeros pasan a ser vitalicios, no así los Jurados, insaculados cada año. 3 Esta articulación estamental era algo más compleja que la vigente en otras ciudades de Cataluña, como Gerona, donde los Jurados se articulaban en mano mayor (rentistas y asimilados), mano mediana (mercaderes) y mano menor (menestrales), al incluirse en Mallorca a los caballeros dentro del municipio. Guilleré (1994), pp. 254-257. 4 La articulación social de las villas del interior de Mallorca respondía al mismo criterio utilizado en Gerona, es decir, el de manos. Invariablemente, los dos representantes enviados por las villas al Consell del Sindicat y al Consell General pertenecían a la mano mayor, es decir, a los propietarios rurales más acomodados. 5 A título de ejemplo, el 4 de enero de 1360, el gobernador ordenaba a todos los batles de las villas que comunicaran a los nuevos síndicos que debían jurar su cargo ante él como era costumbre. ARM, AH, LC-22, fol. 126 r. 6 El Consell Secret, aunque contemplado ya en 1315, no consta como organismo en funcionamiento hasta 1351. Integrado por elementos ciudadanos y foráneos, y presidido por los Jurados de la ciudad., actuaba como comisión delegada del Consell General para la elaboración de normativas, que debían ser aprobadas preceptivamente en las reuniones plenarias del Consell General. Planas (1995), pp. 180-181. 16 pau cateura bennaser En 1398, se instaura un sistema electoral a suerte y rotativo de las 5 parroquias urbanas. Este sistema, tan peculiar, tenía su razón de ser en una especie de reparto geográfico de la ciudad por los bandos, operado en la segunda mitad del siglo xiv.7 El sistema se basaba en la selección de candidatos universal, cuyos nombres eran insaculados en redolins o boletos de cera, y el libre acceso social a todos los cargos del municipio, salvo a dos de ellos, reservados a caballeros, ciudadanos y mercaderes.8 La pluralidad de organismos relacionados con los procesos de deliberación y decisión no deben hacernos olvidar que los Jurados de la ciudad presidían todas las asambleas y comisiones mencionadas, salvo el Consejo del Sindicato, pero delegados de los Jurados y de los síndicos foráneos y el mismo gobernador participaban también en la elección de los jurados de los municipios rurales, que eran los que enviaban a sus representantes a las reuniones de dicho Consejo del Sindicato. Eran los Jurados de la capital de la isla quienes convocaban y establecían el Orden del Día del Consejo General. Por otra parte el sistema de votaciones en el Consejo General empleaba dos modalidades: las decisiones se tomaban por mayoría de votos, sin tenerse en cuenta el voto corporativo o estamental. Sólo en el caso de plantearse la remisión de embajadas resultaba preceptivo el voto favorable de los representantes foráneos. En 1382 se precisó que las decisiones relativas a temas de carácter general debían contar con dos tercios de los votos de los presentes y en el Consejo Menor con los votos de tres cuartas partes de los presentes. Finalmente, las urgencias con que la monarquía presentaba sus necesidades de dinero no dejaban de trabajar a favor de cierta autonomía de la gestión de los Jurados y del Consejo Secreto. LA ORGANIZACIÓN FISCAL La pluralidad institucional mencionada tenía un reflejo en la organización fiscal, que podemos sistematizar de la siguiente forma: 7 En 1361 se alude al homicidio cometido por el doncel Pere Adarró en la persona del ciudadano Nicolau Roig y a la negativa de la familia de este último por avenirse a la paz. En 1363 se menciona la facción dirigida por el canónigo Bartomeu de Puigaluch “et aliquos amicos suos” y la facción del ciudadano Miquel Rosell “et aliquos amicos suos et valitores”. En el mismo año se alude al grupo integrado por el caballero Gregori Sellambé, Simó Guillem, Pere Guillem, Andreu d’ Olms, V...
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