Grant Morrison - Supergods_11f8.pdf - SUPERDIOSES(SUPERGODS Lo que los vigilantes enmascarados los mutantes milagrosos y un dios solar de Smallville

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Unformatted text preview: SUPERDIOSES (SUPERGODS) Lo que los vigilantes enmascarados, los mutantes milagrosos y un dios solar de Smallville tienen que enseñarnos sobre ser humanos. Grant Morrison Spiegel & Grau Nueva York 2011 Para Kristan, superdiosa. Contemplen, les enseñó el superhombre: ¡Él es ese rayo, él es esa locura! —Friedrich Nietzsche, Así Habló Zarathustra. CONTENIDOS Portada Dedicatória Epígrafe INTRODUCCIÓN PARTE 1: LA EDAD DE ORO CAPÍTULO 1: EL DIOS SOL Y EL CABALLERO OSCURO CAPÍTULO 2: EL CHICO DEL RAYO CAPÍTULO 3: EL SUPERGUERRERO Y LA PRINCESA AMAZONA CAPÍTULO 4: LA EXPLOSIÓN Y LA EXTINCIÓN PARTE 2: LA EDAD DE PLATA CAPÍTULO 5: SUPERMAN EN EL DIVÁN CAPÍTULO 6: QUÍMICOS Y RAYOS CAPÍTULO 7: LOS FAB FOUR Y EL NACIMIENTO DE LO MARAVILLOSO CAPÍTULO 8: SUPERPOP CAPÍTULO 9: TIERRAS INFINITAS CAPÍTULO 10: CHAMANES EN LA AVENIDA MADISON PARTE 3: LA EDAD OSCURA CAPÍTULO 11: DÍA MÁS BRILLANTE, NOCHE MÁS OSCURA CAPÍTULO 12: TEMIDOS E INCOMPRENDIDOS CAPÍTULO 13: ATERRADORA SIMETRÍA CAPÍTULO 14: ZENITH CAPÍTULO 15: LA ABORRECIBLE MUERTE CAPÍTULO 16: IMAGEN CONTRA SUSTANCIA / IMAGE CONTRA LA SUSTANCIA CAPÍTULO 17: KING MOB—MI VIDA COMO SUPERHÉROE PARTE 4: EL RENACIMIENTO CAPÍTULO 18: EL HOMBRE DEL MISTERIO MUSCULOSO CAPÍTULO 19: ¿QUÉ ES TAN GRACIOSO SOBRE LA VERDAD, LA JUSTICIA Y EL ESTILO DE VIDA AMERICANO? CAPÍTULO 20: RESPECTO A THE AUTHORITY / RESPETANDO LA AUTORIDAD CAPÍTULO 21: HOLLYWOOD OLFATEA SANGRE CAPÍTULO 22: NU MARVEL 9/11 CAPÍTULO 23: EL DÍA EN QUE EL MAL GANÓ CAPÍTULO 24: HOMBRES DE ACERO E INCREIBLES CAPÍTULO 25: SOBRE EL HORIZONTE DE EVENTOS CAPÍTULO 26: ¿ESTRELLA, LEYENDA, SUPERHÉROE, SUPERDIOS? OUTRO: YA TODO DICHO AGRADECIMIENTOS OTRAS LECTURAS SUGERIDAS Créditos de las Ilustraciones Sobre el Autor INTRODUCCIÓN cruzando un calmado estrecho de aguas, frente a donde vivo en Escocia está el Depósito de Armamento de la Marina Real de Coulport (RNAD), hogar del cuerpo Trident de submarinos de misiles nucleares del Reino Unido. Allí, me han contado, hay suficiente poder almacenado en los bunkers subterráneos como para aniquilar a la población humana de nuestro planeta cincuenta veces. Un día, cuando la Tierra sea emboscada en el Hiperespacio por cincuenta Duplicados Malignos de la Tierra, esta capacidad megadestructiva podría, irónicamente, salvarnos a todos —pero hasta que llegue ese día, parece excesivo, y de alguna manera emblemático de la acelerada hipersimulación digital que hemos llegado a habitar. En la noche, el reflejo invertido del astillero de submarinos parece un puño rojo y Cubierto con cota de malla, meciéndose en una bandera hecha de olas. A un par de kilómetros de aquí, por un camino serpenteante, fue donde arrestaron a mi papá durante las protestas antinucleares en los sesenta. Él era un veterano de la Segunda Guerra Mundial de la clase obrera, que cambió su bayoneta por una insignia de La Campaña por el Desarme Nuclear y se convirtió en un “Espía por la Paz” del Committee of 100. El mundo de mi infancia ya era uno de proliferantes acrónimos y nombres código de la Guerra Fría. Y la Bomba, siempre la Bomba, un huésped impermeable, nefasto y amenazante, propenso a la lanzarse en cualquier minuto, matando a todos y a todo. Esos trovadores bastardos eran oscuros folkies existencialistas con sus gruesos anteojos lloriqueando cantos fúnebres sobre la “Lluvia Pesada” y “Ese Día” mientras yo temblaba en una esquina, esperando un juicio de dedos huesudos y la extinción de toda la vida terrestre. Acompañaba la imaginería suministrada por las revistas clandestinas antiguerra que mi papá traía a casa desde las librerías políticas de High Street. Típicamente, estos apasionados manifiestos pacifistas estaban ilustrados con imágenes horripilantes, dibujadas a mano, de cómo luciría el mundo después de un enérgico intercambio de misiles termonucleares. Los creadores de estos paisajes intensamente rellenados de carroña nunca perdían la oportunidad de colocar esqueletos arrasados, aterrados, contorsionándose frente al horizonte resplandeciente de las explosiones nucleares y la oscuridad de la devastación urbana. Si los dibujantes podían encontrar espacio en la composición para dibujar a La Muerte, de 200 metros de alto, cabalgando un horroroso caballo desollado, sembrando misiles como semillas a lo largo del cielo semiderretido, mucho mejor. Como las visiones del Cielo y el Infierno en los trípticos medievales, los vertederos postapocalípticos de las revistas de mi papá convivían con los paisajes exóticos con tres soles que agraciaban las potadas de los libros baratos de ciencia ficción de mi mamá. Ventanas de tamaño bolsillo a futuros brillantes, que ofrecían amazonas androides en monokinis cromados persiguiendo a viajeros del espacio perdidos bajo el cielo perlado de imposibles mundos extraterrestres. Robots cargados con alma tambaleándose a través de selvas fosforescentes, o dando zancadas por las pasarelas automáticas de ciudades diseñadas por Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, y el LSD. Los títulos evocaban poesía Surrealista: El día que llovió para siempre, El hombre que cayó a la Tierra, La langosta de plata, Las flores de Algernon, Una Rosa para Eclesiastés, Descalzo dentro de la cabeza. En la televisión, imágenes de astronautas pioneros compitiendo con escenas desoladoras de Hiroshima y Vietnam. Era una decisión de todo o nada entre la Bomba A o la Nave Espacial. Yo ya había decidido, pero la tensión de la Guerra Fría entre Apocalipsis y Utopía se había vuelto casi insoportable. Y entonces los superhéroes nos llovieron desde el otro lado del Atlántico, en una deslumbrante luz prismática de trajes heráldicos, trayendo una nueva forma de ver, escuchar y pensar sobre todo. A SEIS KILÓMETROS La primera tienda de comics en Reino Unido —The Yankee Book Store— abrió en Paisley, hogar del modelo Cachemira, justo fuera de Glasgow en los años que siguieron a la guerra. Con un gran sentido de simetría irónica, los comics llegaron como lastres junto con los soldados estadounidenses, cuyos misiles aterraban toda mi existencia. Como el R&B temprano y el rock n’ roll que llegó por mar a Liverpool para inspirar a la generación de músicos de Mersey, los comic arribaron en el oeste de Escocia, cortesía del complejo militar-industrial, para inflamar la imaginación y cambiar la vida de los niños como yo. Los superhéroes se reían de la Bomba Atómica. Superman podía caminar sobre la superficie del sol y a lo más broncearse un poco. Las aventuras de Hulk estaban tan sólo comenzando en esas frágiles horas luego de que la prueba de la Bomba Gamma fallara en la cara de su alter ego, Bruce Banner. A la sombra de destructores cósmicos como Anti-Matter Man o Galactus, la todopoderosa Bomba se veía de una escala provincial. Encontré mi camino dentro de un universo diferente plegado dentro del nuestro, un lugar donde los dramas abarcaban décadas y las galaxias eran interpretadas por las dos dimensiones del papel de periódico. Aquí, hombres, mujeres, y nobles monstruos se vestían con banderas y salían de las sombras para hacer del mundo un mejor lugar. Mi propio mundo empezó a sentirse mejor. Empecé a entender algo que me dio poder sobre mis miedos. Antes de la Bomba, la Bomba fue una Idea. Superman, por otro parte, era una Idea más Rápida, más Fuerte, y Mejor. No es que necesitara que Superman fuera “real”, sólo lo necesita para que fuera más real que la Idea de la Bomba que aterrorizaba mis sueños. No tenía que preocuparme; Superman es un producto de la imaginación humana tan infatigable, un emblema tan perfectamente diseñando sobre lo grandes, amables, sabios y resistentes que somos, que mi Idea de la Bomba no tenía ninguna defensa contra él. En Superman y sus compañeros superhéroes, los seres humanos modernos había traído ideas que eran invulnerables a todo daño, inmunes a la deconstrucción, construidas para ser más astutas que mentes maestras diabólicas, y contra todas las probabilidades, siempre ganar. Entré al campo de los comics americanos como guionista profesional a mediados de los ochenta, un tiempo de innovaciones radicales y avances en la técnica, cuando reconocidos hitos de la ficción de superhéroes como The Dark Knight Returns (El Regreso del Caballero Oscuro) y Watchmen (Vigilantes) fueron publicados y las posibilidades se veían ilimitadas, así como las oportunidades para la libertad creativa. Me uní a una generación de guionistas y dibujantes, principalmente de origen británico de clase trabajadora, que vieron en el moribundo universo de los héroes el potencial para crear obras expresivas, adultas y desafiantes, que pudieran recargar la cascara seca del concepto de superhéroe con una nueva relevancia y vitalidad. Como resultado, las historias se volvieron más inteligentes, los dibujos más sofisticados, y los superhéroes comenzaron una nueva resurrección que fue filosófica, post-moderna, y salvajemente ambiciosa. Los últimos veinte años han visto el asombroso e innovador trabajo de docenas de distintivos y exuberantes talentos en el campo. Los bajos costos de producción (el lápiz y la tinta pueden conjurar escenas que costarán millones de dólares para recrearlas en la pantalla, mediante computadoras) y la rápida frecuencia de publicación hacen que en los comics, casi todo valga. Ninguna idea es demasiado bizarra, ningún giro es demasiado extravagante, ninguna técnica narrativa es demasiado experimental. He estado consciente del ámbito de los comics, y de las grandes ideas y emociones que pueden comunicar, desde hace largo tiempo, así que es con asombro y un poco de orgullo que he observado la rendición en curso, y sin derramamiento de sangre, de la cultura mainstream frente a la colonización implacable proveniente de las tierras de lo geek. Nombres que antes fueron oscuras consignas outsiders ahora son la cara de campañas de marketing globales. Batman, Spider-Man, X-Men, Green Lantern, Iron Man. ¿Por qué los superhéroes se volvieron tan populares? ¿Por qué ahora? En un nivel, es simple: Alguien, en alguna parte se dio cuenta, que al igual que los chimpancés, los superhéroes hacen todo más entretenido. ¿Una aburrida fiesta de té? Agrega un par de chimpancés y se vuelve un inolvidable caos cómico. ¿Un misterioso asesinato convencional? Agrega superhéroes y un género asombroso y provocativo surgirá. ¿Thriller de crimen urbano? Ya se ha visto… hasta que Batman se involucra. Los superhéroes pueden sazonar cualquier plato. Pero hay algo más pasando bajo la superficie de nuestro apetito por las reliquias y por los personajes vestidos extravagantemente que nunca nos decepcionará. Aparta la vista de las páginas o de la pantalla y podrás pensar justificadamente que ellos llegaron a la consciencia de masas, ya que ellos tienden a llegar a cualquier parte, como respuesta a un SOS desesperado de un mundo en crisis. Hemos llegado a aceptar que la mayoría de nuestros políticos serán expuestos finalmente, como mentirosos maníacos sexuales o imbéciles, así como nos esperamos que las preciosas supermodelos sean bulímicas, neuróticas infelices. Hemos visto a través de las ilusiones que alguna vez sustentaron nuestras fantasías, y sabemos, por amarga experiencia, que nuestros amados comediantes se pararán desenmascarados, tarde o temprano, como pervertidos alcohólicos o depresivos suicidas. Les decimos a nuestros niños que están atrapados como ratas en un planeta condenado, arruinado, plagado de mafiosos, con los recursos agotándose, con nada que esperar fuera de un aumento del nivel mar e inminentes extinciones masivas, luego levantamos una ceja en señal de desaprobación cuando ellos, en respuesta, se visten de negro, se cortan con navajas, dejan de comer, se pegan atracones, o se matan entre ellos. Traumatizado por las imágenes de la guerra y los clips de desastre, espiados por las cámaras de vigilancia omnipresentes, asustados por exóticos villanos que planean desde sus cavernas y refugios subterráneos, depredados por unos oscuros y monumentales Dioses del Miedo, hemos sido succionados inexorablemente a la Realidad de los Comics, con sólo breves momentos para salvar el mundo, como es usual. Impresionantes, Ángeles de la Muerte cadavéricos, como los de las portadas de los pasquines antinucleares de papá, parecen ensombrecer las brillantes cumbres de nuestra imaginación colectiva. ¿Podría ser que una cultura hambrienta de imágenes optimistas de su propio futuro, se haya vuelto a la fuente primaria en busca de modelos de conducta utópicos?¿Podía el superhéroe, con su capa y traje ajustado, ser la mejor representación actual de algo en que todos queremos convertirnos, si es que nos permitimos sentirnos merecedores de un mañana donde nuestras mejores cualidades son lo suficientemente fuertes para sobreponerse a los impulsos destructivos que buscan deshacer el proyecto humano? Vivimos en la historia que nos contamos a nosotros mismos. En una cultura secular y racional, que carece de cualquier liderazgo espiritual convincente, las historias de superhéroes hablan fuerte y valientemente a nuestros mayores temores, nuestras más profundas añoranzas y más altas aspiraciones. Ellas no tienen miedo de ser esperanzadoras, no se avergüenzan de ser optimistas, y completamente valientes en la oscuridad. Ellas tratan sobre lo que está tan lejos del realismo social como se puede estar, pero las mejores historias de superhéroes tratan directamente con los elementos míticos de la experiencia humana, con los que todos nos podemos identificar, en maneras que son imaginativas, profundas, divertidas, y provocativas. Ellas existen para solucionar problemas de todo tipo y podemos contar siempre en que encontrarán una manera de salvar el día. Las mejores, pueden ayudarnos a confrontar y resolver incluso las más profundas crisis existenciales. Deberíamos escuchar que tienen que decirnos. Supergods es su guía definitiva al mundo de los superhéroes —qué son, de dónde vienen, y cómo ellos pueden ayudarnos a cambiar la forma en que pensamos sobre nosotros mismos, nuestro ambiente, y el multiverso de posibilidades que nos rodea. Alístense para tomar sus disfraces, prepárense para susurrar su palabra mágica de transformación, e invoquen el rayo. Es tiempo de salvar el mundo. PARTE 1: LA EDAD DE ORO CAPÍTULO 1: EL DIOS SOL Y EL CABALLERO OSCURO ¡LLAMANDO A TODOS LOS JOVENES ENÉRGICOS DE AMÉRICA! Se certifica que: (tu nombre y dirección aquí) ha sido debidamente seleccionado como MIEMBRO de esta organización bajo la promesa de hacer todo lo posible para aumentar su FUERZA y CORAJE, de ayudar a la causa de la JUSTICIA, de mantener absoluto SECRETO del CÓDIGO DE SUPERMAN, y adherir a todos los principios de buena ciudadanía. sean los Diez Mandamientos, pero como un conjunto de pautas morales para los niños seculares en una edad de razón, el credo de los Supermen of America era un inicio. Esta es la historia de la fundación de una nueva creencia y su conquista del mundo. Con un rayo, la chispa de la inspiración divina encendió el papel periódico barato y el superhéroe nació en una explosión de color y acción. Desde el comienzo, el dios original y su gemelo oscuro presentaron el mundo con un marco a través del cual nuestros mejores y peores impulsos podían ser personificados en una épica contienda, más grande que la vida misma, a través de un lienzo bidimensional en donde nuestros mundos exteriores e interiores, nuestro presente y futuro, podían ser expuestos y explorados. Ellos vinieron a salvarnos del abismo existencial, pero primero tuvieron que encontrar una forma de entrar a nuestra imaginación colectiva. Superman fue la primera de esas nuevas criaturas en llegar, invocado en su publicación en 1939 —nueve años después de que el colapso de Wall Street gatillara una catastrófica depresión mundial. En América, los bancos se vinieron abajo, la gente perdió su empleo y sus casas, y, en casos extremos, fue recolocada a toda prisa en barrios marginales. Hubo también resonancias en Europa, donde el ambicioso canciller Adolf Hitler se declaró a sí mismo como el dictador de Alemania luego de una triunfante elección cinco años antes. Con la llegada del primer supervillano global de la vida real, el escenario estaba dispuesto para la respuesta imaginativa del Mundo Libre. Cuando la réplica llegó, fue desde las filas de los desvalidos; dos tímidos e imaginativos jóvenes de anteojos, fans de la ciencia ficción de Cleveland, quienes “encendieron los motores” de sus máquinas de escribir y papel brístol para desatar un poder mayor que las bombas, dando forma a un ideal que podría sin esfuerzo sobrevivir a Hitler y a sus sueños de un Reich de Mil Años. Jerry Siegel y Joseph Shuster estuvieron siete años retocando su idea de Superman antes de que esta estuviera lista para tomarse el mundo. Su primer intento en una tira cómica resultó en una historia de ciencia ficción distópica, en torno a la idea de un malvado tirano psíquico. El segundo intento presentaba a un tipo bueno, mucho más humano, grande, fuerte, arreglando entuertos en calles peligrosas. Ninguno de los dos presentaba la chispa de originalidad que los editores andaban buscando. Cuatro años después, luego de muchos intentos infructuosos de vender Superman como una tira de diario, Siegel y Shuster descubrieron finalmente como adaptar el ritmo y la construcción de sus historias para tomar plena ventaja de las posibilidades del nuevo formato comic-book, y de pronto este incipiente concepto encontró su contenido definitorio. El Superhombre hizo su debut en la portada de Action Comic #1 sólo como un semidiós, y no como la deidad pop en que se convertiría. El modelo de 1938 tenía el poder de “SALTAR 200 METROS; BRINCAR UN EDIFICIO DE VEINTE PISOS… LEVANTAR PESOS TREMENDOS… CORRER MÁS RÁPIDO QUE UN TREN EXPRESO… ¡NI LAS BALAS PUEDEN PENETRAR SU PIEL!”. A pesar de ser “UN GENIO EN INTELECTO, UN HÉRCULES EN FUERZA, UN NÉMESIS PARA LOS MALECHORES”, este Superman no podía volar, recurriendo en cambio a tremendos saltos. Él tampoco podía orbitar el mundo a la velocidad del sonido ni detener el flujo del tiempo. Eso vendría después. En su juventud, él era casi creíble. Siegel y Shuster fueron cuidadosos de situar sus aventuras en una ciudad contemporánea, muy similar a Nueva York, en un mundo ficticio acechado por las mismas injusticas demasiado-familiares del mundo real. PUEDE QUE NO La imagen de la portada que introducía al mundo de este remarcable personaje tenía una irrepetible virtud: Mostraba algo que nadie había visto antes. Lucía como la pintura rupestre a ser descubierta en el metro dentro de miles de años —una imagen poderosa, futurista y primitiva a la vez, de un cazador matando un automóvil malvado. El vivido fondo amarillo con una corona dentada de rojo —los colores de Superman— sugiere cierta detonación explosiva de poder crudo iluminando el cielo. Además del atrevido whoosh Deco del logo de Action Comics, la fecha (Junio 1938), la numeración (#1), y el precio (10 centavos) no hay nada escrito ni mención alguna del nombre de Superman. Palabras adicionales habrían sido superfluas. El mensaje era sucinto: La Acción era lo que importaba. Lo que hace un héroe cuenta mucho más que lo que dice, y desde el principio, Superman estuvo en constante movimiento. (créditos ilustración 1.1) Volviendo a la portada: Miren el hombre de cabello negro vestido con un traje ajustado azul y rojo con una capa arrastrándose detrás suyo cuando se mueve de izquierda a derecha a través de la línea ecuatorial del dibujo. El brillante diseño de escudo contiene una S (gules en un campo, como dirían en la sociedad heráldica). El hombre es capturado en movimiento, parado en el dedo gordo de su pie izquierdo, casi tomando vuelo mientras levanta, como si no pesara, un automóvil verde oliva sobre su cabeza. Usando ambas manos, martilla el vehículo hasta hacerlo añicos contra un afloramiento rocoso convenientemente colocado en lo que parece un paisaje desértico. En la esquina inferior derecha, un hombre con un traje de negocios azul corre fuera del cuadro, agarrándose la cabeza...
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  • Spring '18
  • ANG CM
  • Math, Vida, Verdad, Reino Unido, Segunda Guerra Mundial, Action Comics

What students are saying

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    As a current student on this bumpy collegiate pathway, I stumbled upon Course Hero, where I can find study resources for nearly all my courses, get online help from tutors 24/7, and even share my old projects, papers, and lecture notes with other students.

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    Kiran Temple University Fox School of Business ‘17, Course Hero Intern

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    I cannot even describe how much Course Hero helped me this summer. It’s truly become something I can always rely on and help me. In the end, I was not only able to survive summer classes, but I was able to thrive thanks to Course Hero.

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    Dana University of Pennsylvania ‘17, Course Hero Intern

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    The ability to access any university’s resources through Course Hero proved invaluable in my case. I was behind on Tulane coursework and actually used UCLA’s materials to help me move forward and get everything together on time.

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    Jill Tulane University ‘16, Course Hero Intern

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