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Unformatted text preview: 1 2 Sinopsis D espués de perder a su esposa e hijos en una tragedia, el capitán Sean Tanner ahogó su dolor con alcohol. Ahora, recién salido de rehabilitación, quiere recuperar la confianza de su equipo y comenzar de nuevo. Lo último que necesita es tener sentimientos por la hermosa bombera Eve Marshall. Pero aún cuando se atreven a explorar su creciente deseo, Sean se entera de que su familia pudo realmente haber sido asesinada. Y que una sombra de su pasado ha regresado para acabar con Sean, y con cualquier persona que ame. 3 Prólogo Traducido por Itorres Corregido por Nony_mo L a noche que se acabó el mundo, Blair Tanner le había dicho a su marido que se fuera al infierno. La pelea había sido una estupidez. Sólo una de las muchas que habían tenido últimamente, un ir y venir como gatos escaldados en un saco. Sean apoyó la espalda contra la rejilla del motor 171, con los brazos cruzados sobre el pecho y miró por la puerta abierta de la bahía de la estación de bomberos, viendo las hojas marrones de los árboles a la deriva tiradas en el suelo de afuera. Todo el mundo suponía que él y Blair eran completamente felices, la quintaesencia de la pareja de Barbie y Ken, con sus dos hijos preciosos, por no hablar de un par de vehículos buenos, viviendo en una extensión que nunca sería capaz de permitirse el lujo de no ser por el trabajo de fantasía de Blair. Sean resopló, calculando por lo menos que uno de esos puntos era el clavo. Su hijo adolescente y su hija de seis años de edad, eran perfectos. Incluso más que el trabajo que tanto amaba, él respiraba por sus hijos. Sin embargo, no de acuerdo con su cabreada mujer, cuando más temprano habían hablado por teléfono. Tu hijo va a estar tan decepcionado. ¿Cómo puedes hacerle esto a él, Sean? Bobby lo entiende. No puedo dejar a mis hombres en un aprieto… Oh, ¡ahórratelo! Siempre con las excusas y ellos están creciendo. Ya sabes, si no puedes apreciar lo que tienes aquí, alguien más podría. 4 ¿Qué diablos se supone que significa eso? ¿Blair? —Hey, Cap. ¿Qué pasa con la cara larga? ¿Problemas en el paraíso otra vez? Sean se volvió para ver al arrogante Clay Montana, sonriendo como un tonto. —¿Es mi nombre Sean Tanner? —No pudo evitar devolverle la sonrisa a su vaquero residente. —Ouch. —Clay hizo una mueca de simpatía—. Eso es lo que sucede cuando se rompe la primera regla de la soltería. —¿Cuál es esa? —Nunca duermas con la misma mujer dos veces a menos que quieras acabar como tú, un calzonazos y con un par de mocosos mordiendo los tobillos. Sean se echó a reír, sacudiendo la cabeza al ver la expresión sincera del vaquero. El tipo no estaba bromeando. —¿Sí? Al menos sé dónde ha estado mi mujer y me gustan bastante mis renacuajos, gracias. Clay se encogió de hombros. —Lo que sea, es tu presión arterial, no la mía. Así que, ¿qué pasó? —Blair se cabreó porque trabajo tiempo extra esta noche en vez de ir con ella y Mia a ver el partido de fútbol de Bobby. Él es el mariscal de campo titular de nuevo y lo está haciendo muy bien desde que asumió el control debido a que el niño que tenía ese puesto se lesionó. Incluso se acercaron un par de exploradores universitarios. —Su pecho se hinchó de orgullo por eso. —Hey, ¡eso es genial! Por Bobby, de todos modos. Podemos probablemente rolarte si quieres ir y ver el último medio tiempo. Por lo menos, podemos tratar de llamar al teniente para que te cubra. 5 Durante un largo momento, estuvo tentado. —No, está bien. Ya le pregunté a Six Pack. No podía hacerlo y no quiero dejarte corto de un hombre. Además, hay un par de partidos en la temporada regular y le prometí a Bobby que iría a esos. —Es una mierda ser el jefe, ¿eh? —Sólo cuando tengo que decepcionar a mis hijos para arrearlos a ustedes, payasos —dijo, dándole al otro hombre una sonrisa—. Algún día lo entenderás. Clay se estremeció. —No yo, hombre. De ninguna manera me verás con la soga de oro al cuello. Sean se rió al mismo tiempo que Clay se dirigía hacia el interior, probablemente para hacerse útil haciendo algo. Sean pensó que su amigo protestó demasiado. Los bomberos eran personas de la familia, cuidadoras de corazón. Todos cayeron finalmente y apostaría a que Clay no sería diferente. La noche se arrastró a un ritmo muy lento con sólo un par de llamadas de menor importancia y Sean empezó a pensar que había renunciado a su día libre por nada. Pero si no hubiera estado, la estación habría conseguido llamadas de algún desastre real y él hubiera acabado allí de todos modos. La ley de Murphy. Era casi un alivio cuando los enviaron a un accidente, excepto que éste era mayor, con dos posibles víctimas mortales y una tercera persona, un niño gritando, atrapado en el coche en llamas. En el asiento del pasajero delantero del quint1, Sean miró fijamente hacia la carretera, sabiendo que el tiempo no estaba de su lado. No iban a lograrlo antes 1 Quint: Camión de bomberos. El nombre quint se deriva del prefijo latino quinque-, que significa cinco, y se refiere a las cinco funciones que un quint ofrece: bomba, tanque de agua, mangueras contra incendios, dispositivos aéreos, terrestres y escaleras. 6 de que el fuego consumiera el vehículo y esperaba que la policía o los transeúntes pudieron liberar al niño y cualquier otra persona involucrada. Detrás del volante, Clay hizo un gesto a la hoguera en la distancia, cada vez más cerca. —¿Eso es lo que creo que es? —Tan seguro como el infierno —dijo John "Val" Valentine con gravedad desde la parte posterior—. Tenemos un coche golpeado por un camión de dieciocho ruedas, amigos. La policía aún no había llegado. El camión de dieciocho ruedas estaba estacionado a un lado como si tuviera algún tipo de problemas en el motor. El coche había golpeado la plataforma de detrás y estaba totalmente envuelto en las llamas, también el fuego empezaba a hundirse en la parte de atrás de la gran semi. Clay acercó el quint tan cerca cómo se atrevieron, la ambulancia en su cola, y todos ellos saltaron. Clay y otro hombre se apresuraron a coger las mangueras, mientras que Sean y los otros fueron a evaluar la situación, a comprobar a los sobrevivientes y sus lesiones. Otros coches se habían retirado del fuego y los testigos sorprendidos miraban el espectáculo, un par de mujeres sollozaban. Una mujer mayor agarró la manga del grueso saco de Val. —¡Ellos n-no pudieron sacar a la niñita! El chico más grande, que era quien conducía el coche, y… y la mujer, estaban muertos. Pero la pequeñita estaba gritando por su padre para que apagara el fuego y y... —La mujer se llevó una mano a la boca, vencida por el recuento de los terribles acontecimientos. Dulce Jesús. Sus palabras hicieron correr sangre fría en Sean. —Señora, ¿hay algún otro sobreviviente sobre el que sepa? —El conductor del camión dice que está bien. Está allí —dijo ella con voz temblorosa y señaló. Sean siguió el gesto de un hombre angustiado 7 sentado en el acotamiento de la carretera, con el rostro entre las manos y dudó que el hombre estuviera bien en absoluto. —Val, comprueba al conductor, mientras voy a hablar con los testigos. —Lo tengo, Cap. Quitándose su sombrero de la cabeza, Sean se volteó y comenzó a caminar hacia el infierno y los testigos agitados. Tres hombres paseaban demasiado cerca del fuego, con expresiones sin esperanza en sus rostros. No había nada que podrían haber hecho y Sean sintió lástima por los pobres bastardos. Nadie debería tener que encontrarse con algo tan triste como esto. Abrió la boca para gritar a los tres hombres que regresaran… Y ahí fue cuando vio la placa en la parte de atrás del coche, encrespada y ennegrecida bajo el intenso calor. Vio las letras y números que estaban asomándose rápidamente a través de las llamas. El coche de Blair. Un niño mayor y una mujer. Una niña gritando por su papi para que apagara el fuego. —No. —Se detuvo, enraizado en el lugar, su mente resistiéndose a la verdad. No dispuesto a hacer la conexión final, que lo hiciera real. Porque si era real, no tenía nada. Era nada. Nada sin su familia. Sus hijos. —Oh, Dios… Sus rodillas se doblaron, golpeó el asfalto. Se esforzó por tomar un respiro, para gritar, pero sus pulmones se congelaron. —¡Cap! Cap, ¿Qué pasa? ¡Hábleme! —Alguien se agachó a su lado y una mano enguantada le agarró el brazo. —Ese coche —susurró—. Ese es el auto de mi esposa. Mi familia… 8 —¿Qué? No, no, estoy seguro de que está equivocado. ¿Sean? La verdad barrió, negra y amarga como el hedor de la gasolina y los cuerpos en llamas, y no podía parar las imágenes. Blair. Bobby. Mia, su dulce bebé. Blair tenía razón al condenarlo al infierno. Había puesto el trabajo por encima de su familia y había pagado el precio más alto. No los merecía, y ahora... No, por favor, Dios. Por favor. Se dejó caer de lado, cayendo en la oscuridad. —¿Sean? Oh, Jesús. ¡Que alguien me ayude por aquí! Pero no había ninguna ayuda para él. Nunca más. 9 Capítulo 1 Traducido por Debs y Jadasa Bo Corregido por Nony_mo 1983 L a risa y la celebración eran llevadas por la brisa cálida de primavera, y con los sonidos de alegría, el oleaje de las emociones reflejadas en los rostros de tantos jóvenes. Este día verdaderamente marcaba el primer día del resto de su vida. Saltando sobre sus pies, Sean Tanner impacientemente buscaba en el mar de togas y birretes, a la persona más importante. El que siempre estaba a su espalda, sin importar qué. Finalmente, vio una cabeza rubia a través de la multitud, se dirigía directamente hacia él y cerraba rápidamente la distancia. La sonrisa de Jesse Rose iluminó su hermoso rostro mientras envolvía a Sean en un abrazo de hombres, dándole una palmada en la espalda. —Amigo, ¿fue tan aburrido o qué? Pensaba que nunca dejarían de predicar acerca de que nosotros éramos el futuro de la humanidad y esa mierda. Sean se echó hacia atrás, juguetonamente erizando el cabello de su mejor amigo. —Un pensamiento aterrador, ¿no? —¡Lo sabes! Así que dime, ¿cuál es el plan? ¿Has tomado ya una decisión? —Sin dejar de sonreír, Jesse arqueó una ceja rubia. Como si lo supiera condenadamente bien, oír la palabra era una mera formalidad. 10 Sean respiró profundo, y obligó a bajar el aleteo de miedo en su corazón. Era sólo la emoción de lo desconocido, eso era todo. —Tú y yo, los pocos y los orgullosos. ¡Vamos a ver el mundo, hombre! Su amigo le echó el brazo sobre los hombros. —Yo sabía que podía contar contigo. —Siempre, Jesse. Siempre. *** Sean Tanner se apoyó en la barandilla del porche y envolvió sus manos alrededor de la taza de café, disfrutando de la calidez. La mañana de otoño era fresca y vigorizante, justificando bastante la chaqueta que lucía sobre su camisa de polo del departamento de bomberos. Mientras miraba los caballos pastar, sus pensamientos cayeron uno tras otro, una larga y confusa lista de cosas que hacer. Compensaciones que hacer. Las emociones lo asaltaron, una armonía entre temor, ansiedad, asombro. Y esperanza. Esperanza, porque tan aterrador como las tareas establecidas ante él eran, las millas todavía por viajar, todos estos pensamientos intimidantes y emociones, tenían una cosa importante en común. Ellos eran los de un hombre sobrio. Pero ¿por cuánto tiempo? ¿Se arruinaría mañana, la próxima semana? Incluso ahora le temblaban las manos mientras agarraba la taza, deseando saltar el reencuentro tan esperado con su equipo. Para saltar al Tahoe e ir a la tienda de licores fuera de la ciudad, tomar una botella de bourbon para añadirle un poco a su café. Para reemplazar el crudo dolor de la realidad, con la bruma del olvido reconfortante. Cerrando los ojos, sujetó con fuerza la tentación y la golpeó hasta la sumisión. Si iba por ese camino de nuevo, bien podría estar muerto. No. 11 Cuando por fin se reuniera con su familia en el otro lado, iría a ellos como un hombre del que podían estar orgullosos, no el miserable y desgraciado borracho de los últimos dos años. El hombre que había llegado a ser tan descuidado y desatendido en el trabajo, que le había costado a Tommy Skyler su carrera de la lucha contra incendios y casi su vida. Ese hombre no soy yo. Nunca más. Entrando, enjuagó la taza y la puso en el lavaplatos. Apagó la cafetera. Limpió el mostrador. Regó la hiedra en el alféizar de la ventana. Cualquier cosa para mantenerlo ocupado y apartar su mente de otra bebida, por no hablar de su dudosa recepción en… miró el reloj de pared de la cocina, cuarenta minutos. Un profundo suspiro escapó de sus labios. No tiene sentido posponer lo inevitable. Aunque prefiriese quedar atrapado en un incendio con ninguna esperanza de escapar, de enfrentar la cara de las cinco personas que había defraudado una y otra vez. —Jesús, crece un par y ponte en marcha, Tanner. —Fin de la charla. Antes de que pudiera cambiar de opinión y hacer algo realmente estúpido, como llamar para decir que estaba enfermo, Sean arrebató las llaves del mostrador y se dirigió hacia la puerta. La unidad en Sugarland nunca había parecido tan lejos, y cantar música country junto con la radio no había proporcionado gran distracción. Entonces, de repente, estaba en la estación, estacionado a la vuelta en su sitio de siempre, casi congelado en su lugar, por la dificultad de hacer los próximos pasos. Si habían colgado pancartas y esa mierda, iba a ir directo a casa. Se deslizó fuera del Tahoe, lo cerró y se embolsó sus llaves. Caminando por el costado de la construcción, se armó de valor para lo que estaba por venir. ¿Torpeza? O, peor aún, ¿simpatía? 12 Tomando una respiración profunda, entró en el área estacionamiento, y se encontró con… una completa normalidad. de Zack Knight, su FAO, operador de camiones de bomberos, de espaldas a Sean, ya estaba ocupado en pulir el camión. Un par de chicos del turno C, sólo estaban de pie alrededor, tomándole el pelo con Julian Salvatore y su mejor amigo, el teniente Howard “Six-Pack” Paxton. Clay Montana, que se había trasladado al turno A y tomado posición vacante de Tommy Skyler, estaba registrando la parte trasera de la ambulancia. Sean escaneaba el grupo por Eve Marshall, la única mujer bombero de la estación cinco, pero no la vio, y se imaginó que estaba dentro, tal vez con el desayuno. Un día como cualquier otro. Gracias, joder. Sean se aclaró la garganta. —¿Eso es todo lo que ustedes, perezosos zánganos, tienen para hacer? ¿Estar de pie alrededor hablando como un montón de viejos pescadores? Una gota de sudor rodó por su sien, el único signo externo del nudo en su estómago. La conversación se detuvo y todos los ojos se abrieron camino, cautelosos e inciertos, hasta que él les dio una sonrisa vacilante. —¡Hola, Cap! —¿Cómo lo estás llevando? —¡Maldita sea, te ves bien! ¿No se ve bien? La explosión general de sinceros buenos deseos lo envolvieron como una manta, moderó una zona dolorida en sus entrañas mientras los chicos venían hacia él. No había pancartas cursis, pero tuvo que admitir las palmadas en la espalda que se produjeron se sentían bien, porque significaba que sus muchachos todavía se interesaban por él. Esta era su manera, se dio cuenta, de asegurarse de que él sabía que lo 13 respetaban, o al menos estaban dispuestos a perdonar. Incluso después de la mierda en que los había puesto. Y, sí, debe de haber conseguido un poco de suciedad en sus ojos, haciendo que le picaran. Maldita sea. —Que el hombre respire —retumbó Six-Pack, empujando a los demás a un lado y rápidamente ignorando su propio dictado. Recogió a Sean en un abrazo de oso rompe huesos, levantándolo en vilo, sin esfuerzo alguno, que era decir mucho, ya que Sean no era un hombre pequeño. Sean rió, un sonido extraño y áspero a sus propios oídos. —¡Déjame en el suelo, gran toro! Six-Pack lo hizo y Sean tuvo que alzar la vista hacia él, de pie tan cerca. Su mejor amigo medía un metro noventa y ocho, y pesaba ciento trece kilos de sólidos e intimidantes músculos, sí, uno no sabía que el hombre era un oso de peluche. Sean no era un enano con un poco más de un metro ochenta y noventa kilos, pero él tenía una construcción mucho más ligera. Infierno, todo el mundo era más pequeño junto al teniente. Six-Pack le sonrió, sus ojos marrones brillaron. —Hombre, es bueno tenerte de vuelta. Tratar de mantener a estos chicos en la línea es como tratar de pastorear patitos bebé. —Esto llevó a una ronda de protestas. —Entonces es una buena cosa que el Capitán duro de roer esté de vuelta para salvar el día, ¿verdad? Un par de ellos hizo una mueca, Julian tosió y Sean tomó un placer perverso en su malestar. —¿Qué, no pensaron que sabía? No hay nada de malo con mi audición, ya sabes. Pero bueno, todo es justo. Voy a tener que trabajar en ganar un apodo diferente. 14 Clay sonrió. —¿Como Capitán Pantalón de Caramelo? —Idiota —dijo Julian, golpeándole el brazo. —¿Qué te parece el Capitán Genial? —sugirió Sean, provocando más risas y algunos comentarios procaces. Le encantaba esto. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se había sentido lo suficientemente cómodo para estar alrededor y bromear con él en vez de correr en la otra dirección cuando lo veían venir? Para su propia conservación, su cerebro le cerró la puerta en respuesta. El teniente hizo un gesto con la mano. —Vamos, holgazanes. Pónganse a trabajar y dejen a Sean orientarse. Los dos hombres del turno C se despidieron y se fueron. Zack volvió a pulir, Clay a lo que estaba haciendo en la ambulancia, probablemente almacenando los medicamentos. Sí, un día normal. Excepto por una cosa. —¿Dónde está Eve? —le preguntó Sean a Six-Pack. Estaría condenado si admitiría lo mucho que le dolió que ella no hubiera salido a saludarlo. —En el interior, haciendo tu desayuno favorito, aunque no se supone que tienes que saberlo. Luce sorprendido. —Oh. —¿Crepes y tocino?¿Especialmente para él? Bueno, eso seguro era un largo camino para calmar su inquietud restante. De hecho, se produjo una pequeña burbuja extraña de algo en el pecho que no podía definir. Algo diferente del alivio que el saludo de los chicos le hizo sentir—. Maldita sea, eso es muy amable por su parte. Ninguno de ellos había hecho su desayuno favorito. 15 —¿No lo es? Por qué no entras y le dices hola. Voy a llamar a Wendy Burgess sobre la información para el evento de caridad. —¿Qué cosa de caridad? —Ya sabes, la subasta y el calendario. —No, no lo sé. —Una sospecha se apoderó de él, que no le iba a gustar esto. —Por Dios, ¿no te lo dije cuando viniste a la barbacoa? Podría haber jurado que lo hice. La Ciudad de Sugarland está haciendo una subasta de bomberos en unas tres semanas y también la elección de doce de nuestros chicos para hacer una sesión de calendario, todo por la caridad. Wendy y algunos de los otros altos en el departamento están tomando en cuidado los detalles más grandes. Sean lo miró con cautela. —Eso no suena tan mal. ¿Qué estamos subastando? Su amigo sonrió, con una expresión un poco traviesa. —A nosotros. Él soltó un bufido. —¡No lo puedo creer! No puede ser. —Sí. Nosotros delante de un montón de señoras chillando, vestidos sólo con los pantalones de bomberos y tirantes rojos. —Espera. ¿Nosotros? No hay un nosotros en la ecuación —dijo con firmeza—. Diviértete viviendo tu fantasía Chippendales. —Oh, iremos, todos nosotros. Ya te he anotado a la lista, mi amigo —le dijo Six-Pack, dándole una palmada en el hombro. —Bueno, sólo puedes tachar mi nombre de la lista, amigo. No hay absolutamente ninguna manera en el infierno de que vaya a estar medio desnudo delante de un montón de mujeres chillonas. 16 El otro hombre arqueó una ceja. —¿Incluso cuando te diga que el evento beneficiará a las familias de los bomberos caídos? Sean gimió. —No me hagas esto. —¿Incluso si tu participación podría añadir cientos o incluso miles de dólares que irán a una afligida viuda y sus hijos? ¿Que podrías sin ayuda aliviar la carga de alguien el tiempo suficiente para permitir que se pongan de nuevo en pie? —Six-Pack le atravesó con una mirada mordaz. —Eres un asco —declaró derrotado. —¡Sabía que podía contar contigo! Piensa cuánto mejor contigo mismo te sentirás, haciendo algo bueno para alguien menos afortunado....
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  • Winter '19
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