G9- El articulo de opinio\u0301n, estructura, tipologi\u0301a, caracteri\u0301sticas.docx - 9 COMU 3 El art\u00edculo de opini\u00f3n tipolog\u00eda estructura y

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El artículo de opinión: tipología, estructura y características Logro de sesión I. Lee los siguientes textos de opinión e identifica a qué tipo corresponden. Luego, identifica los elementos de su estructura en cada uno de ellos. Puedes utilizar resaltador, llaves, líneas o colores diferentes para separar un elemento de otro. Texto 1 Sin ton ni son ni don, por Renato Cisneros Lo dice mi DNI, pero quiero ser más enfático, así que aprovecho estas líneas para autorizar desde ahora a los médicos que vayan a tener en el futuro el disgusto de declarar mi muerte clínica a que —previo anuncio formal a los parientes que me sobrevivan— retiren los órganos operativos que sea menester y dispongan de ellos en la esperanza de que puedan serle útiles a otro cuerpo. Ignoro si para entonces se mantendrán en buen estado mis riñones de lector sedentario, mi hígado de bohemio vitalicio, mi corazón de funambulista empedernido, mis córneas de avezado miope, o mis pulmones de asmático recalcitrante, pero si algo de aquellos recursos humanos sirve para un eventual trasplante, procedan a extirparlos, muchachos, de cuajo, sin miedo. En el Perú, según el Minsa, todos los días mueren una o dos personas esperando un órgano. Morir esperando que aparezca alguien (mejor dicho, desaparezca) y restituya la vida que se te escapa debe ser una de las formas más desesperanzadoras de irse de este mundo. Eso le ocurrió a Alejandro Zumarán, de 6 años, quien falleció hace unas semanas en una sala del Incor cansado de esperar por más de cuatro meses un corazón sano que reemplazara al suyo, afectado por una disfunción ventricular. Los datos de Reniec son impactantes: de los más de 23 mil peruanos mayores de edad apenas el 13% responde sí ante la pregunta de si donaría órganos. Con esas estadísticas es natural que vayamos a la cola de Sudamérica, apenas arriba de Bolivia. Por si no fuera suficiente, carecemos de una legislación que convierta a los mayores de 18 automáticamente en «donantes presuntos», como ocurre en México o Argentina, donde todo ciudadano adulto es considerado donante al morir salvo que en vida haya expresado claramente su negativa ante ciertas instancias públicas. Lo ideal, desde luego, sería que no necesitásemos de norma alguna para regular un ejercicio que es, básicamente, un acto de generosidad, pero dado de que esa virtud no es precisamente muy popular entre nosotros (pregúntenle a un venezolano sin pasaporte), y tomando en cuenta los miedos rancios instalados desde hace décadas en la población (caer en manos de mafias que trafican órganos; ser declarados muertos anticipadamente; violar creencias religiosas), hoy es imprescindible una ley que favorezca la donación. (…) Ejercitar el altruismo en el plano más individual e íntimo (dando luz verde para traspasar nuestros órganos, tejidos, sangre) puede ayudar a que dejemos de ser tan marcadamente egoístas en lo colectivo. Después de COMU 3 9
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  • Summer '19
  • Vida, Funcionario

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