Manual_para_Argentinos_actualizacion_a_2.doc

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Unformatted text preview: MANUAL PARA ARGENTINOS (Actualización 2015) JOSÉ MASSONI 1 PREFACIO Este pretende ser un trabajo de síntesis, inspirada por la dificultad de imaginar un escenario de futuro mediato para nuestros hijos y nietos. Dos obstáculos se repetían. Primero, los abordajes a problemas sociales eran siempre un análisis del presente, del hoy –alguno con examen de las causas originariaspero huérfanos de proyección. Segundo, eran sectoriales, especializados –cuanto más, “mejor”- y por ende alejados de llana comprensión de realidad completa. Tampoco proporcionaban material para análisis de la realidad argentina en completitud. Es una carencia nuestra y exponemos en el espacio público el esquema de la reparación, impulsados por el hecho de habernos movido en espacios sin abordar, alternativamente, por distintos y cambiantes sectores en ámbitos en los que, variando de compañía, coincidíamos en la vacancia de conocimientos. El resultado es una exposición sucinta de la realidad Argentina, con la buscada singularidad de que está expuesta toda a la vez, conteniendo el espectro casi completo de todos los aspectos de la materia, el espíritu y la humanidad argentina. El objetivo es, a partir de una vista general, lo más realista y completa que nos resultó posible, avizorar caminos posibles para nuestro mañana dentro del mundo. Ello implicó abocarnos a la situación de ese mundo, obligados desde el inicio para trazar un esbozo de nuestro pasado, también realista y generalizador. Al final, elaboramos un proyecto posible hacia nuestro porvenir. Creemos que es una auténtica utopía, en el sentido académico de plan que “parece” irrealizable, pero con ineptitud, falsa, sólo presente en el cristalizado momento de su formulación. Entendemos, inclusive, que hemos llegado algo más lejos y mostrado que, ahora, hoy, no sólo es posible es ejecutable, sino que comenzó a nacer y desarrollarse en numerosos sitios de nuestra sociedad. Muchos ocultados, constituyen sucesos que no lucrativos para mostrar en el espectáculo que envuelve a la población. Mucho menos para ser difundidos en los medios de información. Se tratará aquí de develarlos. Este es un trabajo en el que se encontrarán pocas citas. Es así porque dadas sus características de sucinta enciclopedia que adquirió (colocándolo muy por encima de una obra valorable como propia) es tanta la deuda con numerosísimas fuentes a las que acudimos, que no encontramos sostén ético suficiente como para que se creyera que todo cuanto no fuera notas de terceros -personas físicas y jurídicas públicas y privadasfuera de nuestra creación original. Ésta, si existe, consiste en la idea de la estructura general y en su rumbo sintetizador para elaborar una idea de futuro de nuestro pueblo desde un conocimiento extendido y concreto de su real situación. Esas razones nos decidieron -salvo escasas excepciones- a no hacer farragosa mención de la miríada de personas, instituciones y publicaciones de donde tomamos ideas, información, opiniones y datos, por lo que somos responsables de la interpretación o reinterpretación propia de todo ese material innominado. En verdad, es aplicación de nuestro respeto a la evidencia de casi todas las ideas están basadas en ideas anteriores, y en los tiempos que corren, de nuestra sospecha 2 fuerte que con la inmensa capacidad de comunicación y difusión desarrolladas abarcando el planeta íntegro, estamos entrando en una etapa de presencia de intelectos colectivos, producto del crecimiento –paralelas a los individuos singulares - de subjetividades colectivas y de inteligencias colectivas. De todas maneras, no cabe obviar que junto a la gran cantidad de publicaciones nacionales tradicionales consultadas, la confección del análisis de nuestra realidad socioeconómica desde 1810 en más estuvo precedida de una exhaustiva lectura tanto de los clásicos argentinos como de los escritos pilares del materialismo dialéctico (comenzando por El Capital); que para el estudio de la realidad del mundo globalizado jugaron un papel relevante las obras de Joseph Stiglitz, Samir Amin, Nicholas Shaxson, Eric Hobsbawm y Zygmunt Baumann; y para las peculiaridades de aquél, aunque con más focalización en sus proyecciones futuras, las de Alain Badiou, Toni Negri, Michael Hardt y Gianni Vattimo. 3 1 PEQUEÑA INTRODUCCIÓN Las páginas anteriores fueron escritas poco antes de estallar la crisis financiera internacional en la segunda mitad de 2008, con la pinchadura de la burbuja financiera sobre cuyo peligro habíamos alertado: ocurrió en el área de los préstamos hipotecarios en Estados Unidos. Éstos se inflaron con desmesura, hasta reventar, cuando a los inversionistas les fue imposible pagar a los prestamistas los intereses en alza sin freno. El aumento del precio del dinero ofrecido a los prestamistas fue necesario para conseguir nuevos capitales que permitieran pagar las deudas vencidas. Pero ese dinero fresco y caro provenía de préstamos cada vez menos garantizados, hasta que los eslabones de la cadena fueron tan débiles, que se cortó. Comenzando marzo de 2009, el rasguño sectorial se convirtió en crisis del sistema financiero del primer mundo entero y las consecuencias empezaron a golpear la economía real de modo que se temió fuera peor a la histórica “gran depresión” de 1930: Europa estaba recesión, en Estados Unidos no cesaban de producirse despidos y el achicamiento de todos los proyectos a futuro, disminuyó el consumo por menor capacidad adquisitiva de la población y en retracción atemorizada de quienes podían consumir. Creímos que al capitalismo le resultaría más fácil superar el sacudón, haciéndoselo pagar a los pueblos, porque el sistema campea casi único en el mundo y no tiene como en 1930 el acoso de la Unión Soviética, un país grande, no capitalista, con tendencia socialista importante y entonces con enorme pujanza revolucionaria, a la que se le sumaba un movimiento obrero y popular creciente en todos los países de occidente. Esa “facilidad” actual para el capitalismo es exactamente de la misma medida, de signo contrario, que las penurias que deben enfrentar los pueblos para siquiera morigerar el saqueo despiadado al que fueron sometidos para superar el trance, cargando la solución en sus espaldas, en especial mediante ajustes a los costos de producción, desempleo y deslocalización productiva hacia los países pobres con mano de obra casi esclava. Llegados a la mitad de 2015, la cuestión sigue complicada. Estados Unidos, haciendo palanca en su poder general y financiero en particular emergió, pero Europa sin resolver el problema continúa rumbo a empeorarlo. Es Alemania la que ha ha ganado uuna fuerte predominancia política y económica en la Unión Europea y promueve para los otros integrantes restricción del gasto, eliminación del déficit, rebaja de sueldos, desempleo, y generosa ayuda a los bancos para que financien la recuperación (y devuelvan acrecidos los préstamos financieros alemanes). Los resultados son desocupación récord en todo el continente, con picos en Grecia, Portugal y España donde ronda el 30% de la población activa y el 50% entre los jóvenes, con fuertes pérdidas –y hasta desaparición- de los sistemas sociales de salud, educación y culturales. Hacia julio de 2015, el dominio alemán sobre el conjunto de la Unión se evidenció en un brutal ajuste que consiguió se impusiera a Grecia, a días de los griegos rechazaran en un referendo una tal 4 política económica, que los deja en estado de colonia de Europa. Que Alemania se halle en situación de poder no significa que sus trabajadores vivan en una situación privilegiada respecto de los demás europeos. Según información del Instituto de Macroeconomía e Investigaciones Económicas Hans Böckler (publicado por “Der Spiegel”) una cuarta parte de los trabajadores perciben sueldos mínimos, lo que sitúa a la primera economía de la UE en la franja de países donde se perciben bajos ingresos. Y el problema se agrava a futuro: el alto porcentaje de personas con sueldos mínimos, hace inevitable futuros jubilados con pensiones de pobreza. Como, en definitiva, el curso de lo acontecido en los siete años que siguieron al tiempo en que escribí los puntos esenciales de este trabajo, ha mostrado que, en lo esencial, los los análisis y pronósticos fueron acertados, los mantendré como fueron plasmados originalmente. Las actualizaciones las intercalaré en cursivas. Es un lugar común la mención a la globalización. Se usa la palabra con tal profusión, para vincularla a cualquier tema, que tienta a sospechar que, “gastada” por uso banal sea aceptada vacía de sustancia significante, como otra percepción del “orden natural de las cosas”, pasando a constituirse en algo así como el aire, o las estaciones del año. No sería extraño que se buscara ese objetivo. El uso masivo y ligero, de contenido difuso o mentiroso de palabras como solidaridad, amor, igualdad, democracia, fraternidad, pasión, ideología, clase, pueblo, las ha vaciado de su significado original en los léxicos usuales en los diálogos y en los medios de difusión, y las eliminado en las obras serias de las diversas ramas del quehacer intelectual en las que se utilizan eufemismos que procuran simbolizar lo que aquellas ya no logran. Así ha sucedido también, por ejemplo, con las palabras “capitalismo”, “ganancia”, “plusvalía”, “lucha” y “explotación del trabajo ajeno” entre tantas otras: ahora son “economía de mercado”, “utilidades”, “reglas del mercado”, “flexibilidad laboral”. Resultaría útil para el gran capital que “globalización” tal como se ha instalado no signifique nada más que el orden económico del mundo. Cuando en rigor tiene un significado sencillo: es meramente capitalismo, a secas. La presunta diferencia es amplitud, pues se trata de que se instaló en el mundo entero, sin antagonistas. En “El capitalismo en la Argentina” (Ferrer, Aldo, pág.13) afirmó que “La globalización…comenzó alrededor del año 1500 con el descubrimiento y conquista de América y la llegada de los portugueses a Oriente por vía marítima. Bajo el liderazgo de las potencias atlánticas europeas comenzó a formarse, entonces, el primer sistema internacional de alcance planetario”. El capitalismo es expansivo hacia fuera de las fronteras nacionales por naturaleza, porque precisa demandantes de mercancías, no límites históricos o jurídicos. En su comienzo arrollador a comienzos del 1800 por mérito de la industrialización, ya comenzó una contradicción aparente entre los movimientos reivindicativos de las particularidades nacionales que formaban estados soberanos –que eran impulsados por las burguesías bajo esas banderas, más las de libertad democrática, desplazando a las rémoras feudales de reyes soberanosjunto al aumento de fluidez de relaciones e intercambios humanos, comerciales y de capitales, que traspasaban las fronteras, conduciendo a una universalización sin precedentes, dándose una creciente mezcla compacta y compleja (ver Luna, Historia Integral, t.I, pág. 481). 5 Esta “nueva” globalización actual, y sobre todo los resultados a la mano que nos rodean e integran nuestra existencia cotidiana con sus manifestaciones más notorias nos muestra que los logros de la ciencia y de la técnica, más el despliegue del capitalismo en dimensión universal, produjeron fantásticos avances en instrumentos, maquinarias, medios de comunicación, acceso a los más diversos alimentos y bebidas, salud, expectativas de vida, confort, tiempo libre de tareas pesadas o rutinarias, aumento del consumo de toda tipo de bienes y servicios (y la existencia de armas súper sofisticadas, desde las más pequeñas hasta las de destrucción masiva capaces de acabar con el planeta). Todo ello para el uso de una ínfima parte de la humanidad. Porque lo más sustancialmente cierto es que, según todos los estudiosos – incluyendo a los propagandistas de la globalización en su modalidad imperanteadvierten la contemporánea concentración y centralización de capitales, producción, servicios, conocimientos y poder político-militar e ideológicocultural en unas pocas personas de un mínimo de naciones, en una contracción numérica sin parangón con ningún momento anterior de la historia de la humanidad. La economía mundial y las nacionales a ellas conectada se han aglutinado y monopolizado a una velocidad inimaginable. Lo importante decisivo se concentró de manera torrencial. Una diferencia esencial entre la sociedad mundial actual con aquella “globalización” acontecida en el siglo XIX, es que el capitalismo, en su proceso de desarrollo, adquirió sistemas que ahora necesita ignorar: prescindiendo de los estados-nación y sus reglas, que antes le fueron útiles, ahora las desdeña o aplasta cuantas veces le sea necesario. Las denuncias de hipermonopolización y concentración del capitalisno no son antojadizas. El Informe del Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del año 1997 avisaba que desde 1989 hasta 1996, las personas con más de mil millones de dólares aumentaron de 157 a 447. La riqueza de las 10 personas más opulentas del mundo era, como promedio, de 133 mil millones de dólares. Esta cantidad equivale a una vez y media más que a la suma del ingreso de todos los países llamados por la ONU “menos adelantados”. Son 50 países sumados, lo resulta increíble al reflexionar que los estamos comparando con 10 personas individuales. ¿Cómo se comporta una persona individual multimillonaria? Relata el profesor de economía de Harvard, Kenneth Rogoff, que enterado su hijo de once años que Bill Gates posee una fortuna de 60.000 millones de dólares, comentando el costo de un equipo de básquetbol de la NBA le señaló que Bill podría comprar la NBA completa. Pero su padre disipó su preocupación: si compraba toda la liga “¿cómo decidiría Gates a cuál equipo alentar?”. Bill Rogoff le añadió a su hijo que “los que más ganan también sobresalen por su creatividad y su enorme poder valorizador” y que la globalización robustece los argumentos a favor de la transición hacia un impuesto fijo, preferiblemente ‘sobre el consumo’ –es decir, a pagar por todo ser humano que, por excéntrico, se alimente- con un mínimo no imponible moderadamente alto porque cada vez resultará más difícil y costoso mantener los complejos e “idiosincrásicos” (sic) sistemas tributarios nacionales. Eso sí, el 27 de noviembre de 2007 Bill fue noticia de tapa de La Nación como plausible y notable filántropo por su donación de 100 millones de dólares -menos del 0,2 % de los que tenía - para la lucha contra la poliomielitis. Empobrecido en tal magnitud, le habrían quedado solamente 59.900.000.000 de dólares. Colocados muy conservadoramente en un banco al 6% anual le rendirían, en intereses, 3.540.000.000 dólares –más de 6 6.700 dólares de intereses por minuto- con lo que para el año siguiente, 2008, sin mover un dedo, debió haber tenido un patrimonio de 62.540.000.000 dólares. Pero Bill siguió moviendo los dedos, haciendo crecer su dinero de diversas maneras. Por ejemplo, como la que se conoció en 2013 por las revelaciones de Edward Snowden, técnico informático que fuera empleado de la CIA y de al ASN (agencia de seguridad nacional) de Estados Unidos, sobre el espionaje mundial que realizaba su país. Por aquéllas se supo que Microsoft, la compañía de Bill, participaba del espionaje de los ciudadanos del mundo entero, por cuenta de su país de origen, el líder del imperio. Es difícil –sino imposible- imaginar ser poseedor de miles de millones de dólares. En EEUU existe una agrupación de supermillonarios fundada por John D. Rockfeller. Observemos un integrante, fundador de Oracle, Lawrence Ellison: sólo frenaría acumular si gastara 150.000 dólares por hora, en bienes sin retorno, por ejemplo comidas o fiestas para él y su familia en soledad (de lo contrario parte se volvería prestigio, un valor mensurable). Ello por ser poseedor de sólo u$s 16.000 millones (La Nación, 17/6/07) y no 63.200, como Muksh Ambani (Pueblo, Beijing, 27/2/09) o 76.000, como Bill Gates (La Nación, 4/3/14). Parece que estas cifras son “en blanco”, porque según James Henry, experto en paraísos fiscales, el 22/7/12 informó a Tax Justice Network, de Gran Bretaña, una elite de multimillonarios, aprovechando lagunas legales había ocultado en paraísos fiscales capitales por valor equivalente a los PBI de EEUU más Japón (Infonews, fecha citada). Vista la concentración desde las corporaciones, ya en 1994 las empresas privadas más grandes del mundo –General Motors, Ford, Toyota, Exxon y Shellhacían negocios por cifras que duplicaban el PNB del conjunto de países del Sur Asiático, y triplicaban a los países del África subsahariana (Programa de la UN para el Desarrollo, PNUD). Mediando los 90’ las principales corporaciones manejaban el 70% del comercio mundial y el 75% de inversiones extranjeras en el mundo (Instituto de Investigaciones sobre el Desarrollo Social, ONU, 1995). En la actualidad, las 100 corporaciones más importantes (de la economía real, es decir, exceptuando el sector bancario) poseen 3,4 billones de dólares en activos. Esto es un sexto del valor estimado del conjunto de todos los activos del mundo. Dos tercios de esas existencias están en sus países de origen. Estos son los Estados Unidos, Japón y las naciones integrantes de la Unión Europea. Son las naciones que -según Kenichi Ohmae (1991, del Massachusetts Institute of Tecnology, MIT)- integran la Tríada del Poder Mundial (citado por Luis Suárez Salazar, ex -director de la Asociación Latinoamericana de Sociología). Para afinar la percepción de las magnitudes de distancias socio económicas –y por ende políticas- que conviven en la Tierra: si todos los habitantes del mundo consumieran en el nivel del que lo hace un solo país (Estados Unidos) serían necesarios 3 (tres) planetas Tierra para abastecerlos. El mismo intelectual refiere que, comenzando los 90’, 68 corporaciones “triádicas” –todas vinculadas a la revolución científica técnica de punta - habían conformado “el consorcio de la robótica”. Otras del mismo origen y perfil –una decena- formaron el “consorcio de aviación” y dos decenas de empresas el de biotecnología. Junto con las telecomunicaciones que controlaban, sólo ellas abarcaban un 70% de las ventas mundiales (fuente: ídem). Una dimensión de las ominosas perspectivas para la economía real la revela apreciar quenos encontramos todos inmersos en una “burbuja financiera”, producto de acumulación de dinero no integrado a producción alguna, dedicado 7 a inversines financieras, diarias y constantes, equivalentes a cincuenta (50) veces la economía real. Esas transacciones se realizan electrónicamente, es decir a la velocidad de la luz y amerita reproducir que “vivimos en un mundo que ya no se basa en la expansión geográfica sino en una distancia temporal que disminuye a medida que aumentan nuestras capacidades para el transporte, la transmisión y la tele acción. El nuevo espacio es un espacio-velocidad; ha dejado de ser un espacio- tiempo” (Paul Virilio, citado por Zigmunt Bauman en “La Sociedad Sitiada”, edit. FCE). Es Bauman quien, desarrollando la cita, anota con razón que la nueva velocidad –reiteramos que son transacciones a la velocidad de la luz, 300.000 km por segundo – convierte la acción en instantánea, desaparece junto con su autor al tiempo que acontece, por lo que “virtualmente es imposible de prevenir, como potencialmente imposible de castigar”. Y añade, en dolorosa incisión, que esos actos, impunes, devuelven especularmente la vulnerabilidad de hombres y objetos (obras, esfuerzos, sueños, añado, que son su esencia). Respecto a las finanzas mundiales, en 2015 remito y sugiero vivamente la lectura de “Las Islas del Tesoro” de Nicholas Shaxson (FCE, 2014). Estas fuerzas desatadas del desarrollo capitalista mellan –o eliminan- la relevancia de los estados-nación, generando en su lugar un poder supraestatal que los suple en los puntos cardinales de la organización económica y social. La globalización económica marcha delante de la política, porque los beneficios monopólicos son ...
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  • Fall '19
  • Estados Unidos, España, Unión Europea, Capitalismo, Unión Soviética

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