La mediaci\u00f3n en el r\u00e9gimen de subjetividad Bio-necropol\u00edtica.pdf - LA MEDIACI\u00d3N EN EL R\u00c9GIMEN DE SUBJETIVIDAD BIO\/NECROPOL\u00cdTICA DE LA MINER\u00cdA DE

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Unformatted text preview: LA MEDIACIÓN EN EL RÉGIMEN DE SUBJETIVIDAD BIO/NECROPOLÍTICA: DE LA MINERÍA DE DATOS AL CONSUMO COMERCIAL DE LO VIOLENTO INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS Serie Doctrina Jurídica, núm. 873 COORDINACIÓN EDITORIAL Lic. Raúl Márquez Romero Secretario técnico Mtra. Wendy Vanesa Rocha Cacho Jefa del Departamento de Publicaciones Ricardo Hernández Montes de Oca Cuidado de la edición y formación en computadora Edith Aguilar Gálvez Elaboración de portada LA MEDIACIÓN EN EL RÉGIMEN DE SUBJETIVIDAD BIO/NECROPOLÍTICA: DE LA MINERÍA DE DATOS AL CONSUMO COMERCIAL DE LO VIOLENTO Ariadna Estévez Coordinadora UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS México, 2019 Esta edición y sus características son propiedad de la Universidad Nacional Autónoma de México. Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización escrita del titular de los derechos patrimoniales. Primera edición: 9 de septiembre de 2019 DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS Circuito Maestro Mario de la Cueva s/n Ciudad de la Investigación en Humanidades Ciudad Universitaria, 04510 Ciudad de México Impreso y hecho en México ISBN: 978-607-30-2152-4 CONTENIDO Introducción. Mediación en la necropolítica y la biopolítica: produciendo el homo economicus neoliberal y desechable . . . . . . . . XI Ariadna Estévez Capítulo primero Bioalgoritmos y el camino a Roma (de Cuarón): audiencias creadas para un cine mexicano en extinción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 Sandra Loewe Capítulo segundo Subjetividades necropolíticas 2.0: la narco-selfie . . . . . . . . . . . . . . . 25 Fernando Gutiérrez Champion Capítulo tercero El señor de las moscas, cuando los niños juegan en estado de excepción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63 Martín Gabriel Reyes Pérez Capítulo cuarto Mecánica del sufrimiento y naturalización de la muerte violenta: imágenes del juvenicidio en la prensa veracruzana . . . . . . . . . . . . 105 Diana Alejandra Silva Londoño Capítulo quinto Nazario Moreno: de capo de la droga a héroe distópico . . . . . . . . . 129 Citlalli Mendoza Capítulo sexto Glamour en las construcciones audiovisuales del narcotráfico: “El Chapo” en la serie de Netflix . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147 Tanius Karam Cárdenas VII Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: INTRODUCCIÓN MEDIACIÓN EN LA NECROPOLÍTICA Y LA BIOPOLÍTICA: PRODUCIENDO EL HOMO ECONOMICUS NEOLIBERAL Y DESECHABLE Ariadna Estévez* El sujeto y no el poder fue el interés de Foucault al hacer sus investigaciones, pero dado que ambos están tan irremediablemente unidos, sus investigaciones terminaron siendo sobre las modalidades de objetivación del poder mediante las cuales los seres humanos se convierten en sujetos. Según él, hay tres de estas modalidades: 1) las formas de investigación que denominamos ciencias y con las cuales los individuos se convierten en el sujeto de la productividad en la economía; 2) las prácticas divisorias mediante las cuales el sujeto es dividido dentro de su propio cuerpo o se le divide de otros, y 3) cómo los seres humanos se convierten a sí mismos en sujetos (Foucault, 1988). Lo que interesa en este libro es analizar cómo los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los denominados nuevos, se constituyen en modalidades de objetivación que hacen que los sujetos se conviertan en una (bio)parte de la economía; se les criminalice para dividirlos del resto de la sociedad, y se identifiquen a sí mismos como parte del engranaje de la economía neoliberal y criminal. Los medios así entendidos son parte fundamental del régimen de subjetividad biopolítica y necropolítica en México. Según Mbembe, un régimen de subjetividad es: ...el ensamblaje compartido de configuraciones imaginarias de “lo cotidiano”, imaginarios que tienen una base material; y sistemas de entendimiento a los que la gente refiere para construir una idea más o menos clara de diversos fenómenos y sus efectos, para determinar lo que es posible y factible, así como las lógicas de acción eficaz. De forma más general, un régimen de subjetivi*  Investigadora en el Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM. E-mail: [email protected] IX DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Jurídicas Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: X ARIADNA ESTÉVEZ dad es un ensamblaje de formas de vida, representación y experiencia de la contemporaneidad, al tiempo que inscribe esta experiencia en la mentalidad, entendimiento y lenguaje de un tiempo histórico (Mbembe, 1995: 324). El objetivo es, pues, analizar las subjetividades que surgen de los poderes de regular y administrar la vida a través de la mediación digital, televisiva, literaria y periodística, en un país como México, donde la biopolítica algorítmica, el trabajo inmaterial y las subjetividades necropolíticas se juntan para reproducir regímenes de subjetividad marcados por la violencia, el machismo, el narcotráfico y la explotación y la subordinación a Estados Unidos. Se examinarán las distintas identidades del régimen de subjetividad biopolítica y necropolítica que son producto o reflejo de la mediación digital y mediática. Antes de describir los capítulos que lo componen y cómo y dónde se insertan sus hallazgos en el régimen de subjetividad biopolítica y necropolítica mexicana, es necesario definir el papel y la relación del sujeto con el poder, según el pensamiento de Foucault, para posteriormente caracterizarlo en las instancias específicas del biopoder y el necropoder. I. La subjetividad biopolítica Según Foucault, en la biopolítica el sujeto por antonomasia es el homo economicus, pero no el del liberalismo inglés, sino uno puramente neoliberal que surge a raíz de la teoría del capital humano, que es una lectura neoliberal del rol del trabajo en la reproducción del capital. El interés del neoliberalismo en el trabajo no sólo incorporó la parte faltante de su enfoque a la producción económica —a la tierra y el capital le estaba faltando el empleo—, sino que hizo de la conducta humana un objeto del estudio económico. Sin embargo, para los neoliberales el empleo no es una categoría abstracta —como ocurre en el marxismo—, sino una decisión racional que hacen los individuos para ubicar recursos escasos. El trabajo se considera una conducta económica que es practicada, implementada y calculada por la persona que trabaja (Foucault, 2004: 216-237). De esta forma, y si se considera, como hacen los neoliberales, que el capital es todo aquello que es fuente de ingreso futuro, el salario es el ingreso generado por el capital humano, el cual se conforma por todos los factores físicos y psicológicos que permiten a alguien ganarse un salario. Tiene elementos biológicos, pero también requiere de inversión en educación y movilidad (por ejemplo, la decisión de migrar). Desde el punto de vista del trabajador, su trabajo es su propio capital, una habilidad, una destreza que DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Jurídicas Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: INTRODUCCIÓN XI es inseparable de la persona que la posee. El carácter inherente del capital humano hace evidente que las personas son en sí mismas máquinas que no pueden ser alienadas, lo cual es la base del análisis político y de la lucha de clases del marxismo. Por el contrario, el ser humano visto como máquina significa que produce ganancias, lo cual es en sí mismo el negocio. La humana es una sociedad y una economía de unidades que funcionan como negocios autoproductivos. El homo economicus del neoliberalismo es entonces un empresario de sí mismo, y él mismo es su propio capital, productor, fuente de ganancias y generador de su propia satisfacción. El nuevo homo economicus es a la vez consumidor y productor (Foucault, 2004: 216-237). El empresario de sí mismo como subjetividad fundamental de la biopolítica es lo mismo el hipster creativo que el periodista freelancer, el académico super-star, el conferencista de TED-Talks, el crack futbolero, el YouTuber y twittero trendy, e incluso las amas de casa que venden productos de belleza y manualidades en Facebook y las personas que ponen sus casas a rentar en el Airbnb. Recientemente se han hecho estudios de las diversas instanciaciones del sujeto neoliberal o biopolítico, como aquel que se hace sujeto de derechos humanos o el que se endeuda (Saidel, 2016), o el que se hace un promotor del mercado del fitness (Costa, 2008). El homo economicus puede ser hombre o mujer, por supuesto, pero cuando se reflexiona en homo economicus de gran influencia, tales como el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, u otros empresarios de corporaciones globales que tienen el control de la bioeconomía tecnológica como la describiremos más abajo, no está de más reparar en la masculinidad de este sujeto, que es la versión más neoliberalizada de la masculinidad hegemónica. Raewyn Connell dice que la masculinidad no refiere a los hombres como entidades biológicas sino a prácticas que constituyen formas de ser hombre, y son el producto de un sistema de relaciones de género (cómo se relacionan hombres y mujeres), en particular: 1) las relaciones de poder, o quién subordina a quien; 2) las relaciones de producción económica, es decir, la división genérica del trabajo; 3) el vínculo emocional, y 4) el deseo sexual vinculado a lo emocional. En la masculinidad hegemónica, las relaciones de género se distinguen porque las mujeres se encuentran subordinadas a los hombres en las esferas pública y privada; las mujeres son vistas como sujetos de la vida privada o el hogar; a las mujeres se les vincula al amor romántico, mientras que a los hombres se les impulsa a la depredación sexual, y existe sexo coercitivo y hay desigualdad en el placer (Connell, 2015). A esta definición de Connell yo agregaría que dentro de las relaciones de poder de la masculinidad existen también elementos de clase y raza tanto en la relación hombre-mujer como hombre-hombre —lo que se conoce en DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Jurídicas Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: XII ARIADNA ESTÉVEZ la teoría feminista como interseccionalidad—. Acerca de la primera, puede existir una racialización sexual en la que la cosificación afecte a ciertos tipos de mujeres más que a otras —la hipersexualización de las mujeres negras, por ejemplo— o un dominio de clase —el tráfico y trata sexual de mujeres pobres e indígenas—. En cuanto a la segunda, existe una jerarquía de clase y raza en la que los hombres blancos están por arriba de los hombres blancos homosexuales, y éstos (posiblemente) por encima de los hombres negros e indígenas, y éstos arriba de los afrodescendientes e indígenas pobres, y éstos por encima de los de su raza pero gays, etcétera. La masculinidad hegemónica no es una atribución fija, es la masculinidad que ocupa la posición dominante en un modelo dado de relaciones de género, una posición siempre disputable. Es la configuración de práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de legitimidad del patriarcado la que garantiza la posición dominante de los hombres y la subordinación de mujeres. La masculinidad es hegemónica si hay correspondencia entre ideal cultural y poder institucional, si es colectiva (Connell, 2015). La masculinidad hegemónica del homo economicus es la que Connell denomina masculinidad corporativa, y que es la que refuerza agresivamente los elementos más nocivos de la masculinidad hegemónica. Ésta se caracteriza por: 1) un enfoque en el logro competitivo y un cierto carácter despiadado para conseguir sus metas personales y corporativas (los negocios son un bien mayor, por encima del trabajo); 2) trabajar largas jornadas bajo alta presión es valorado e incluso esencial, y 3) las relaciones personales, cultura, comunidad e hijos e hijas son aislados en un mundo privado y privatizado de esposas, novias, empleadas cuidadoras; el desprecio a los que no logran destacar en el sistema competitivo (Connell, 2013; Connell, 2015). II. La subjetividad necropolítica El homo economicus también tiene su proyección distópica y de sombra, ilegal e incluso criminal, porque ¿qué pasa con todos aquellos individuos que desecha el neoliberalismo, las personas que no tienen ni las oportunidades ni el ingreso para invertir en su propio capital humano, que no tienen un doctorado en Inglaterra o un socio del Tec de Monterrey que les financie su diseño o la remodelación de su depa en una colonia hipster para ofertarlo en Airbnb? El homo economicus desechado también puede tomar la decisión de migrar, posiblemente de forma indocumentada, pero también puede optar o verse conducido a optar por una carrera en la economía de muerte, volviéndose sujeto y DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Jurídicas Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: INTRODUCCIÓN XIII objeto del poder de administrar muerte, invirtiendo en un tipo de capital que va desde el manejo de armas hasta el odio, el sufrimiento y la deshumanización. El sicario, el capo y el halcón son homo economicus necropolíticos. En 1992 Achille Mbembe, a quien se le atribuye el concepto de necropolítica, decía que la subjetividad estaba siendo transformada por la violencia que se generaba a raíz del adelgazamiento neoliberal del Estado y su consecuente retiro de los servicios públicos y la seguridad social, y el entrepeneurship de burócratas que vendían servicios al mejor postor, o los mercenarios que se alquilaban para la guerra. Esta crisis social se reflejaba como una crisis del sujeto que en sí misma producía violencia (Mbembe, 1995: 327). Ya en el siglo XXI expresó las diferencias del poder que generaban estas divergencias en la subjetividad neoliberal del primer y tercer mundo. Mbembe (2011) empezó a hablar de necropolítica. Para él la biopolítica no es suficiente para entender cómo la vida se subordina al poder de la muerte en África. Afirma que la proliferación de armas y la existencia de mundos de muerte —lugares donde las personas se encuentran tan marginadas que en realidad viven como muertos vivientes— son un indicador de que existe una política de la muerte (necropolítica) en lugar de una política de la vida (biopolítica) como la entiende Foucault (Mbembe, 2011). Mbembe examina cómo el derecho soberano de matar se reformula en las sociedades donde el estado de excepción es permanente. Según Mbembe, en un estado sistemático de emergencia el poder se refiere y apela constantemente a la excepción y a una idea ficticia del enemigo. Mbembe afirma que el esclavismo y el colonialismo en África y en Palestina han sido el producto de la política de la vida, aunque estas tragedias humanas de la modernidad han sido ignoradas en las lecturas históricas del biopoder. Las milicias urbanas, los ejércitos privados y las policías de seguridad privada tienen también acceso a las técnicas y prácticas de muerte. La proliferación de entidades necroempoderadas, junto con el acceso generalizado a tecnologías sofisticadas de destrucción y las consecuencias de las políticas socioeconómicas neoliberales, hace que los campos de concentración, los guetos y las plantaciones se conviertan en aparatos disciplinarios innecesarios porque son fácilmente sustituidos por la masacre, una tecnología del necropoder que puede ejecutarse en cualquier lugar y en cualquier momento (Mbembe, 2011). Pero Mbembe no profundizó en la subjetividad necropolítica. Es a Sayak Valencia (2010) a quien le debemos la conceptualización del sujeto de la necropolítica, el homo economicus distópico. Ella lo llama el “sujeto endriago”. El Endriago es un personaje mítico del libro Amadís de Gaula, el cual pertenece a la literatura medieval española. El Endriago es un monstruo, un DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Jurídicas Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: XIV ARIADNA ESTÉVEZ híbrido que conjuga hombre, hidra y dragón; es una bestia de gran altura, fuerte y ágil que habita tierras infernales y produce un gran temor entre sus enemigos. Valencia adopta el término Endriago para conceptualizar a los hombres que utilizan la violencia como medio de supervivencia, mecanismo de autoafirmación, y herramienta de trabajo. Los endriagos no sólo matan y torturan por dinero, sino que también buscan dignidad y autoafirmación a través de una lógica “kamikaze”. Valencia afirma que dadas las condiciones sociales y culturales imperantes en México no debería ser una sorpresa que los endriagos usen prácticas gore para satisfacer sus demandas consumistas, ya que con ello subvierten la sensación de fracaso causada por la frustración material (Valencia, 2010). Para Valencia el Endriago es la subjetividad disidente del neoliberalismo, pero no significa que sea una resistencia legítima: los endriagos siguen siendo hombres de negocios que toman el neoliberalismo hasta sus últimas consecuencias, resistiendo el Estado neoliberal pero de una manera distópica. Según Valencia, el Endriago no se opone al Estado como tal, sino que quiere reemplazarlo en sus funciones biopolíticas de control de la población, el territorio y la seguridad, a través de las técnicas y tácticas de dominación gore (Valencia, 2010). Las relaciones de necropoder actúan para inducir a los endriagos a necroprácticas que se ofrecen en el biomercado, las opciones “laborales” que quedan para quienes no pueden afirmarse identitariamente en la economía “legal”. Tres factores sostienen socialmente al sujeto Endriago: las presiones del mercado, los medios de comunicación y la masculinidad hegemónica, mismos que en este libro se interpretan como técnicas de producción, de significación y de dominación que permiten al necropoder mantener sus dispositivos y estrategias, es decir, la guerra contra el narcotráfico y la militarización, respectivamente. En primer lugar, sobre las presiones del mercado, los sujetos no son ya una parte externa de los mercados, sino una interna mediante la cual el consumo define y determina sus subjetividades. El mercado se convierte en un biomercado. No debe sorprender entonces que el biomercado incluya también los mercados gore, los cuales ofrecen las mercancías y los servicios asociados al necropoder, como las drogas ilegales, la violencia, el asesinato y el tráfico de órganos humanos y de las mujeres y niñas con fines de esclavitud sexual. Valencia dice que estos varones no quieren perder su rol de proveedores y dominadores de mujeres y están dispuestos a alquilar sus cuerpos a la prestación de servicios gore, que abarcan: asesinatos, feminicidios, secuestros, desapariciones, tortura, extracción de órganos de sujetos vivos, tráfico y esclavitud laboral y sexual de niñas, niños y mujeres (Valencia, 2010). DR © 2019. Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Jurídicas Esta obra forma parte del acervo de la Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM Libro completo en: INTRODUCCIÓN XV En segundo lugar, el régimen heteropatriarcal juega un papel clave en el necropoder porque las masculinidades marginadas hacen atractiva l...
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  • Spring '16
  • Vida, Estados Unidos, España

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