20 La Gran Derrota de Hitler - Paul Adair.pdf - Libro proporcionado por el equipo Le Libros Visite nuestro sitio y descarga esto y otros miles de libros

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Unformatted text preview: Libro proporcionado por el equipo Le Libros Visite nuestro sitio y descarga esto y otros miles de libros Descargar Libros Gratis, Libros PDF, Libros Online El duelo a muerte entre la Alemania nazi y la Unión Soviética ha despertado el interés y la fascinación de todos los interesado por la Historia Militar. Pero la casi totalidad de la bibliografía existente se ha centrado en el análisis de la Operación Barbarroja (1941) y la Batalla de Stalingrado (194243), llegando a lo sumo, hasta la Batalla de Kursk (1943). Sin embargo, la trascendental Operación Bagration, desarrollada en el verano de 1944, por la que el Ejército Rojo consiguió expulsar a las tropas de Hitler de su territorio, permanece casi desconocida. Esta colosal ofensiva soviética, en la que participaron casi dos millones de soldados, causaría a la Wehrmacht más bajas que en Stalingrado y dejaría encauzado el posterior avance sobre Berlín, pero de forma incomprensible, ha sido pasada por alto por la mayoría de historiadores. La gran derrota de Hitler viene a cubrir esa inexplicable laguna, ofreciendo al lector el elemento que faltaba para tener una visión completa de la larga lucha en el frente oriental y proporcionándole las claves para comprender el derrumbe militar germano en el este, el factor verdaderamente decisivo de la Segunda Guerra Mundial. Paul Adair La gran derrota de Hitler Para Rebecca: un deber cumplido. Este libro está dedicado a mis hijos y a mis nietos, con la esperanza de que jamás tengan que enfrentarse a los horrores de la guerra. Introducción D urante los meses de may o y junio de 1944, la vida en el sur de Inglaterra estuvo marcada por la concentración de tropas que se preparaban para la may or invasión por mar jamás proy ectada en la historia de la guerra. Convoy es de camiones y tanques, todos con una gran estrella blanca de identificación, cruzaban con gran estruendo los pueblos y aldeas de la campiña inglesa. Resultaba evidente que la fecha de la invasión era inminente y todos centraban su atención en la estrecha franja de mar que separa Inglaterra del continente. La mañana del 6 de junio, diez divisiones británicas y estadounidenses estaban destinadas a aterrizar en el noroeste de Europa. A pesar del trabajo meticuloso del Estado May or durante aquellos últimos meses, se dirigían hacia lo desconocido y nadie podía estar absolutamente seguro de que no les esperaba ningún desastre imprevisto que impediría a las tropas aliadas poner los pies en las play as. La incertidumbre reinante se puede medir por el hecho de que el general Eisenhower, comandante supremo de las Fuerzas Aliadas, tenía unas declaraciones preparadas para el caso de que aquella empresa fracasara totalmente. Nadie de los que oy eron por la BBC el anuncio de que se había podido desembarcar con éxito olvidaría y a jamás la sensación de alivio. A lo largo de aquel fatídico verano, la atención de los aliados occidentales estuvo centrada, naturalmente, en la lucha en Normandía y en la esperanza de que la guerra pudiera concluir con rapidez. Los acontecimientos trascendentales que estaban ocurriendo al mismo tiempo en el Frente Oriental recibieron, en cambio, poca atención. Para situarlos en su justo contexto, hay que tener en cuenta que mientras el Ejército alemán estaba desplegando 59 divisiones en Occidente (28 de ellas en Italia), en el Frente Oriental había 165 divisiones comprometidas[1] . Los preparativos alemanes para rechazar la invasión tuvieron el rigor que caracterizaba a su ejército. Para evitar su temor histórico de tener que lidiar una guerra importante simultáneamente en dos frentes, mantuvieron la esperanza de poder impedir que los aliados llegaran a la costa, pero si eso no resultaba posible, esperaban derrotarlos en el litoral de inmediato. Si se lograban estas previsiones, Hitler contaría con el tiempo suficiente para transferir unas divisiones desesperadamente necesarias, en especial las divisiones panzer, para responder a la enorme superioridad que los soviéticos estaban a punto de desplegar sobre el Ejército alemán en el este. La primera gran ofensiva de la serie que Stalin había planeado para el verano de 1944 tenía como objetivos la destrucción del Grupo de Ejército Centro y la liberación de Bielorrusia, la última zona de la Unión Soviética ocupada todavía por los alemanes. El éxito de aquella ofensiva es el tema de este libro. Eliminó a casi treinta divisiones de la orden de batalla alemana, ocasionando más bajas que las ocurridas en la may or derrota anterior sufrida por los alemanes, Stalingrado. Pero la diferencia principal entre las dos era que, después de Stalingrado, Alemania conservaba todavía los hombres y los recursos necesarios para mantener la iniciativa, mientras que las pérdidas del verano de 1944, combinadas con el desgaste creciente en hombres y en material en el oeste, significaron que el fin de Alemania se acercaba inexorablemente. La valentía y capacidad de sacrificio de su infantería, marina y aviación no fueron capaces de contrarrestar los abrumadores ataques que se cernieron sobre ellos, unos ataques que resultaron inevitables si se tiene en cuenta la manera en que Hitler había dirigido la guerra: existía una enorme posibilidad de derrota desde el mismo día en que tomó la decisión de llevar a sus ejércitos hacia Rusia. Prólogo « ¡El Segundo Frente, ahora!» La noche del 22 de junio de 1941, el día en que el Ejército alemán atacó la Rusia soviética en la llamada operación Barbarroja, el primer ministro Winston Churchill emitió la promesa de que el pueblo británico « prestaría toda la ay uda que fuera necesaria al pueblo ruso» en su lucha contra el invasor nazi. Stalin, quien parece que en aquel momento sufría algún tipo de crisis nerviosa, no respondió hasta que dirigió su emotivo e histórico discurso a la nación rusa, en el que mencionó « con gratitud» el ofrecimiento de ay uda hecho por Churchill. Esto sería promulgado unos días más tarde con la firma de la Declaración anglosoviética, que reflejaba la ay uda militar mutua y el compromiso de no concluir una paz con Alemania por separado. Por la parte británica no había todavía ninguna propuesta de intervención militar directa [2] . El 18 de julio, Stalin hizo su primera propuesta para que hubiera « un frente contra Hitler en el oeste (norte de Francia) y en el norte (Ártico)» . Churchill respondió que, sencillamente, no era posible considerar nada de ese alcance teniendo en cuenta el estado de los recursos británicos en aquellos momentos. Stalin contraatacó el 13 de septiembre, afirmando que « Inglaterra podía llevar sin peligro entre 25 y 30 divisiones a Archangel[3] o transportarlas a través de Persia (el actual Irán) hasta las regiones meridionales de la Unión Soviética para que cooperaran militarmente con las tropas soviéticas en los territorios de la Unión Soviética» [4] . Así se acuñó el concepto de intervención occidental para aliviar la presión de las tropas soviéticas dolorosamente enfrascadas en la batalla, lo que más tarde se conocería como Segundo Frente, y que tan amargos sentimientos provocaría durante los dos años siguientes. A pesar de que la intervención física estaba fuera de cuestión porque el propio Reino Unido estaba luchando por su supervivencia contra la abrumadora superioridad alemana, Churchill y Roosevelt acordaron, en su primera reunión en Terranova en agosto de 1941, enviar a Rusia el material militar que tanta falta le hacía. Éste fue el principio del sistema Lend-Lease que tan importante iba a ser para equipar a las fuerzas soviéticas, aunque luego sería tremendamente infravalorado por los historiadores soviéticos de la posguerra. La primera ay uda procedió de la muy escasa capacidad de producción bélica británica y fue enviada por convoy a través del Cabo Norte hasta Murmansk, hasta que las pérdidas provocadas por los ataques alemanes fueron tan grandes que hubo que suspender los convoy es. Con el tiempo, la may or ay uda acabó llegando desde Estados Unidos, entrando en Rusia por Persia o por los puertos del Pacífico y con el ferrocarril transiberiano. Esta última ruta demostró ser capaz de transportar tanto volumen de mercancías como las rutas de Persia y del Atlántico Norte combinadas. Los meses previos a la intervención estadounidense en la guerra, Stalin mantuvo su presión para que hubiera un Segundo Frente para aliviar la presión sobre sus agobiadas tropas, que luchaban en el frente de Moscú. Librada en el invierno más crudo en muchos años, esa titánica batalla representó el primer revés importante sufrido por el ejército alemán, escasamente preparado para cualquier cosa que no fuera una breve campaña estival. Fue en ese punto cuando Japón atacó a las fuerzas estadounidenses en Pearl Harbour, a lo que le siguió la sorprendente declaración de guerra de Hitler contra Estados Unidos que sellaría el destino funesto de la Alemania nazi. Resulta interesante especular sobre cómo se habría desarrollado la guerra si Japón hubiera sido el principal enemigo de Estados Unidos. ¿Podía haber existido un Segundo Frente ganador basado únicamente en las fuerzas del Imperio británico? Inmediatamente después de Pearl Harbour, Churchill decidió ir a Estados Unidos para concertar planes con Roosevelt, y mandó a Anthony Eden, su ministro de Asuntos Exteriores, a Moscú, donde las tropas rusas estaban a punto de lanzar su primera contraofensiva a gran escala. En la reunión de Washington —que llevaba el nombre codificado de Arcadia—, la primera con los dos países en guerra, los dos dirigentes tomaron la trascendental decisión de que había que derrotar a Alemania antes que a Japón. Entre otras medidas, figuraba la intención general de regresar al continente europeo durante 1942, aunque Churchill creía que 1943 era una fecha más realista a menos que en Alemania se produjera alguna forma de hundimiento interno. La ofensiva estratégica del bombardeo seguía siendo la única forma factible de intentar aliviar la presión sobre su aliado soviético. Naturalmente, Stalin se sentía decepcionado y aprovechaba cualquier ocasión para expresar su sensación de que las tropas soviéticas combatían a los alemanes mientras sus aliados lo contemplaban sin hacer nada. En abril, Roosevelt mandó a su enviado especial, Harry Hopkins, y al general Marshall, su jefe del Estado May or, a Londres para hablar de la posibilidad de organizar un Segundo Frente en 1942, si la situación del Frente Oriental se deterioraba hasta el punto de que Rusia pudiera ser derrotada. Los jefes del Estado May or británicos señalaron que sólo podían preparar siete divisiones de infantería y dos blindadas a tiempo para desembarcar en 1942, y que éstas no serían lo bastante fuertes para mantener una primera cabeza de play a [5] contra las fuerzas que Alemania y a tenía disponibles, por no hablar de si los alemanes mandaban refuerzos desde el este. A pesar de ello, se decidió proceder a la planificación de esta operación, que llevaba el nombre codificado Sledgehammer, por si se presentaba una ocasión favorable, o por si era necesario desplegarla como « sacrificio» si las tropas rusas eran vencidas de manera catastrófica, lo que en aquellos momentos parecía bastante posible. Churchill jamás pensó que aquel plan tuviera ninguna posibilidad de éxito y dio todo su apoy o a un segundo plan, Round Up, para atacar el continente en 1943 con las 48 divisiones que podían llegar a reunirse para entonces. Pero dejó a los americanos con la impresión de que también aceptaba la operación Sledgehammer y eso provocó un malentendido cuando Molotov, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, visitó Londres y Washington. Las conversaciones de Londres con Molotov empezaron mal cuando el ministro pidió el reconocimiento de las fronteras rusas de 1941, lo que incluía Polonia oriental, los Estados bálticos y Besarabia. Churchill lo rechazó de entrada y entonces Molotov presionó para organizar un Segundo Frente capaz de desviar al menos cuarenta divisiones alemanas de la ofensiva estival alemana que se esperaba de un momento a otro. Se le indicaron las considerables dificultades y Churchill añadió que se estaba estudiando un desembarco en el norte de Noruega con el doble objetivo de ahuy entar a las fuerzas alemanas y proteger las bases aéreas en las que los convoy es tan necesarios para Murmansk estaban siendo atacados. Molotov no se inmutó y cuando llegó a Washington siguió presionando para que hubiera un ataque por el Canal. Roosevelt pareció apoy ar al principio un desembarco en 1942, pero su equipo, que para entonces se mostraba más cauto y se daba cuenta de la escasez de aviación de desembarco adecuada, descartó cualquier posibilidad de efectuarlo. A Molotov se le dijo que no se le podía dar una respuesta definitiva hasta que se llegara a un acuerdo con Londres. A su regreso a Londres, Churchill le dijo que Gran Bretaña apoy aría el desembarco sólo si había la aviación suficiente y la operación parecía « sólida y sensata» . Molotov ley ó entre líneas e informó a Stalin: « En consecuencia, el resultado es que el Gobierno británico no acepta la obligación de establecer un Segundo Frente este año, y declara, y lo hace de manera condicional, que prepara algún tipo de operación de ataque» [6] . En junio, Churchill regresó a Washington para comentar con Roosevelt el progreso de la guerra y los dos dirigentes acordaron que en 1942 Sledgehammer resultaba impracticable, y que los planes de Gy mnast —desembarcos en el norte de África, que luego recibirían el nombre de Torch— debían resucitarse como la mejor manera de aliviar un poco la presión sobre los rusos. Stalin no fue informado hasta el 14 de julio, cuando también se le comunicó la suspensión de los convoy es de ay uda, puesto que las pérdidas durante la larga noche de verano del mar Ártico habían alcanzado cifras inaceptables. Como la ofensiva alemana en el sur estaba saliendo bien y cosechaba buen número de prisioneros en las mismas proporciones que en 1941, la respuesta de Stalin fue comprensiblemente amarga: « A pesar del comunicado acordado [emitido durante la visita de Molotov en may o] referente a la tarea urgente de crear un Segundo Frente en 1942, el Gobierno británico aplaza este asunto hasta 1943. Me temo que la creación de un Segundo Frente no está recibiendo el tratamiento serio que merece. Teniendo en cuenta la posición presente del frente soviético-alemán, debo declarar de la manera más enfática que el Gobierno soviético no puede consentir el aplazamiento del Segundo Frente en Europa hasta 1943» [7] . Al cabo de una semana, Churchill aceptaba la invitación de Stalin para visitarlo en Moscú. Su telegrama a Attlee, primer ministro delegado, revelaba el objetivo de la visita: « Era mi deber acudir. Ahora y a saben lo peor, y una vez han dejado constancia de su protesta se muestran totalmente amigables; y todo a pesar del hecho de que están viviendo su período más preocupante y agónico. Además, el señor Stalin está totalmente convencido de las grandes ventajas de Torch [sic] y y o confío que está siendo impulsada con una energía inmensa en ambos lados del océano» [8] . La promesa de un Segundo Frente quedó anulada demasiado pronto por las recomendaciones de los jefes del Estado May or. A finales de 1942 todavía no habían llegado las suficientes divisiones americanas al Reino Unido, de modo que no había ninguna posibilidad de una segunda operación combinada a menos que se suspendiera la campaña en el Mediterráneo, lo cual Churchill era reacio a hacer por su efecto en India y en Extremo Oriente. Pero los dos líderes occidentales acordaron establecer un Estado May or en Londres para planificar el Segundo Frente, aunque lo plagaron de condicionantes importantes: el desembarco sólo tendría lugar « si el estado de la moral y los recursos alemanes lo permitían» . Había otras estipulaciones vagas que dejaban claro que como mínimo había dudas significativas en sus mentes, siendo tal vez la más importante los números probables de aviones de desembarco disponibles. Stalin expresó su exasperación con sus colegas occidentales: « Asumiendo que la decisión que han tomado en relación con Alemania supone la tarea de destruirla con la apertura de un Segundo Frente en Europa en 1943, agradecería que me informaran de las operaciones concretas planificadas en este ámbito y del calendario previsto para su ejecución» [9] . Al cabo de dos meses, después de la pérdida del Sexto Ejército en Stalingrado, en un momento en que el brillante contraataque del mariscal de campo Von Manstein había estabilizado el sur causando grandes pérdidas en el Ejército Rojo, Stalin volvió sobre el tema: « Por lo tanto, la vaguedad de sus declaraciones respecto a la ofensiva angloamericana al otro lado del Canal me provoca una inquietud que no puedo mantener en silencio» [10] . Poco después, durante la conferencia Tridente de Washington en may o, Churchill y Roosevelt confirmaron que la escasez de aviación de desembarco obligaba a descartar una invasión a través del Canal en 1943, y que la fecha prevista para la operación Round Up, más tarde llamada Overlord, se aplazaba hasta el primero de may o de 1944. El 4 de junio, Stalin fue informado por el embajador estadounidense de que el Segundo Frente quedaba aplazado otro año más, y reaccionó con la esperada mordacidad: « Esta decisión crea unas dificultades excepcionales para la Unión Soviética, que lleva y a dos años librando una guerra bajo las condiciones más duras contra las fuerzas principales de Alemania y sus satélites. Esta decisión deja también al Ejército soviético, que no sólo lucha por su propio país, sino también por los aliados, combatiendo casi con una sola mano contra un enemigo todavía muy fuerte y muy peligroso» [11] . Churchill contestó con agudeza: « No ay udaría a Rusia que nosotros lanzáramos a cien mil hombres en un desastroso ataque a través del Canal, como seguramente ocurriría, en mi opinión, si lo intentáramos bajo las actuales condiciones y con unas fuerzas demasiado debilitadas para pretender ninguna victoria a un coste tan alto» [12] . La respuesta de Stalin sería todavía más mordaz: « No hace falta decir que el Gobierno soviético no puede aceptar esta desconsideración hacia los intereses soviéticos más básicos en la guerra contra el enemigo común» . Consideraba que una invasión a través del Canal « salvaría millones de vidas en las regiones ocupadas de Europa occidental y Rusia» , y que reduciría los « sacrificios colosales» de los ejércitos soviéticos, en comparación con los cuales, reflexionó, « las pérdidas de las tropas angloamericanas se considerarían modestas» [13] . Más tarde, en 1943, después de la victoria en la batalla de Kursk —que en realidad fue el punto de inflexión en el Frente Oriental porque el Ejército alemán no fue nunca capaz de tomar más que una iniciativa local—, Stalin accedió a reunirse con Churchill y Roosevelt en Teherán. Era la primera ocasión en la que los tres líderes podían sentarse alrededor de una mesa para hablar de su estrategia de destrucción de la Alemania nazi y, finalmente, de Japón, y de exponer sus puntos de vista sobre cuál sería la estructura de Europa después de la guerra. Para la evidente satisfacción de Stalin, se confirmó la fecha del 1 de may o de 1944 para la operación Overlord. El biógrafo de Stalin, el general Volkogonov, describió la situación: « Durante el desay uno del 30 de noviembre […] Roosevelt dijo: “Hoy el señor Churchill y y o hemos tomado la decisión basándonos en las propuestas de nuestros Estados May ores combinados: la operación Overlord empezará en may o, junto a un desembarco simultáneo en el sur de Francia”» . « Esta situación me satisface —replicó Stalin con toda la calma de la que fue capaz—, pero también quiero decirles al señor Churchill y al señor Roosevelt que, en el momento en que empiece el desembarco, nuestras tropas estarán preparando un importante ataque contra los alemanes.» [14] Ésta fue la génesis de la ofensiva que liberaría Bielorrusia y destruiría el Grupo de Ejér...
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  • Spring '15
  • HILDA

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