La torre oscura VI - La Cancion de Susannah.pdf - http\/biblioteca.d2g.com STEPHEN KING LA TORRE OSCURA \u2013 6 LA CANCI\u00d3N DE SUSANNAH

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Unformatted text preview: STEPHEN KING LA TORRE OSCURA – 6 LA CANCIÓN DE SUSANNAH Para Tabby, quien supo cuando estuvo hecho Ve entonces, Hay otros mundos además de este John "Jake" Chambers Soy una doncella en constante pesar He visto problemas todos mis días Todos están ocupados y yo debo vagar No tengo amigos a quien mostrarles mi camino...” Tradicional "Fair is whatever God wants to do." Leif Enger Peace Like a River CONTENIDO Primera Estrofa: Beamquake Segunda Estrofa: La persistencia de la Magia Tercera Estrofa: Trudy y Mia Cuarta estrofa: El Dogan de Susannah Quinta estrofa: La tortuga Sexta estrofa: El castillo encantado Séptima Estrofa: La emboscada Octava Estrofa: El juego del lanzamiento Novena estrofa: Eddie se muerde la lengua Décima Estrofa: Susannah-Mia mi chica dividida Onceava Estrofa: El Escritor Doceava estrofa: Jake y Callahan Treceava Estrofa: ¡Salve Mia, Salve Madre! Coda: Paginas del Diario del Escritor Nota del Wordlinger Primera Estrofa: Caída del Haz UNO ¿Cuánto tiempo permanecerá la magia? Al principio nadie contestó a pregunta de Roland, y así es que él preguntó otra vez, esta vez mirando a través de la sala de estar de la rectoría hacia donde Henchick de los Manni estaba sentado con Cantab, quien se había casado con una de las numerosas nietas de Henchick. Los dos hombres se sujetaban las manos a la manera de los Mannis. El viejo había perdido una nieta ese día, pero si sufría por eso, la emoción no descompuso su cara. Al lado de Roland sin que nadie le sujetara la mano esta sentado un silencioso y palidísimo Eddie Dean. A su lado sentado en el piso con las piernas cruzadas estaba Jake Chambers. Había jalado a Acho a su regazo, cosa que nunca antes había visto Roland que ningún Bilibrambo permitiera. Ambos Eddie y Jake estaban manchados de sangre. La de la camisa de Jake pertenecía a su amigo Benny Slightman. La que cubría a Eddie era de Margaret Eisenhart, una vez Margaret de Redpath, la nieta perdida del viejo patriarca. Ambos Eddie y Jake se miraban tan agotados como el mismo Roland, pero él sabía que no habría descanso para ellos esta noche. A la distancia desde el pueblo llegaban los sonidos de los fuegos artificiales, los cantos y la celebración. No hay nada que celebrar aquí. Benny y Margaret están muertos y Susannah se ha ido. -Henchick, dígame se lo ruego ¿Cuánto tiempo permanecerá la magia? El viejo se acarició la barba suavemente -Pistolero -Roland- No puedo decirlo, la magia de la puerta en la cueva está más allá de mí. Como debes saber. -Dime que piensas basado en lo que sabes Eddie levanto sus manos; estaban sucias con sangre bajo las uñas y le temblaban: "Dilo Henchick" dijo con una voz baja y humilde que Roland nunca antes había oído: "Dilo te lo ruego". Rosalita la mujer que trabajaba con el Padre Callahan entró con una bandeja. Traía tazas y una humeante cafetera. Ella había tenido tiempo para cambiarse la ropa ensangrentada, los polvorientos jeans y la sucia camisa por una bata, pero sus ojos seguían conmocionados. La miraron con atención como pequeños animalitos desde sus madrigueras. Ella sirvió el café y repartió las tazas sin decir palabra. No se había quitado toda la sangre, Roland lo notó cuando tomó la taza. Había una manchita en el dorso de su mano derecha. ¿De Margaret o de Benny? No lo sabía. Los lobos habían sido derrotados, si regresaban o no a Calla Bryn Sturgis eso era asunto del ka. El suyo era Susannah Dean que había desaparecido llevándose la Trece Negra con ella. Henchick dijo ¿Hablas de kaven? -ea padre, dijo Roland asintiendo, "La persistencia de la magia". El padre Callahan tomó una taza de café y con una inclinación de cabeza y una sonrisa distraída, pero sin decir gracias. Había hablado poco desde que regresaron de la caverna. Sobre su regazo estaba un libro llamado "Salem's Lot" escrito por un hombre del que nunca había oído. Aparentemente era una obra de ficción, pero él, Donald Callahan aparecía ahí. Él había vivido en el pueblo del que se hablaba, y tomaba parte en los eventos que se relataban. Miró la contraportada y la solapa para ver la fotografía del autor, como queriendo mirar una versión de su cara mirándolo (como luciría su cara en 1975 cuando esos eventos probablemente ocurrieron), pero no había foto, solo una pequeña nota que no decía mucho sobre el escritor del libro. Vivía en el estado de Maine, estaba casado. Había escrito un libro previo bastante exitoso si uno creía en las citas que ponían en la contraportada. -Mientras más fuerte la magia mas tiempo permanece" dijo Cantab y miro a Henchick inquisitivamente. -Ea. Dijo Heinchick. "Magia y brillo, ambos son uno y ellos se desenrollan desde atrás. Hizo una pausa. "Desde el pasado, te consta. -Esa puerta se ha abierto en muchos lugares y en muchas épocas en el mundo de donde vienen mis amigos, dijo Roland. Necesito abrirla de nuevo, pero solo en las últimas dos, en las dos mas recientes. ¿Es eso posible? Esperaron que Henchick y Cantab lo consideraran. Los Manni eran grandes viajeros. Si alguien sabría, si alguien podría hacer eso que Roland quería -lo que todos querían- era esa gente. Cantab se inclinó deferentemente hacía el viejo, el dinh de Calla Redpath. Le murmuró al oído. Henchick escuchó, su cara inexpresiva. Volteó la cabeza a Cantab con una de las viejas y nudosas manos y le murmuró a su vez. Eddie se cambió de posición y Roland sintió como estaba listo para romper el silencio, quizá para empezar a gritar. Lo detuvo con la mano en el hombro y Eddie se apaciguó. Al menos de momento. Los murmullos duraron quizá 5 minutos mientras lo otros esperaban. Los sonidos de la distante celebración eran dolorosos. Solo Dios sabía lo que harían sentir a Eddie. Henchick palmeó la mejilla de Cantab con su mano y se volteó hacía Roland. -Pensamos que puede hacerse. Dijo -Gracias a Dios. Murmuró Eddie. Luego más fuerte dijo: ¡Gracias a dios! Subamos ahí. Los encontraremos en el camino Este. Los hombres barbados negaron con la cabeza. Heinchick con una clase de severo pesar, Cantab con apariencia casi de horror. -No podemos subir a la caverna de las voces en la oscuridad. Dijo Henchick. -¡Tenemos que hacerlo! Gritó Eddie. ! ¡No lo entienden!!No es solo una cuestión de cuanto durará o no la magia, es una cuestión de tiempo en el otro lado! ¡Se mueve más rápido ahí, y una vez que se va, se va! ¡Cristo Susannah podría tener ese bebé justo ahora y es una especie de caníbal! -Escúcheme joven amigo. Dijo Henchick. Y óigame muy bien se lo ruego. El día casi se ha ido. Eso era cierto. Nunca en la experiencia de Roland el día había corrido tan rápidamente de sus dedos. Ellos habían tenido la batalla contra los lobos temprano, no mucho después del amanecer, después la celebración en el camino para la victoria y el pesar para sus perdidas (que asombrosamente eran pequeñas). Luego habían notado que Susannah se había ido, la expedición a la caverna, sus descubrimientos ahí. Cuando regresaron al campo de batalla en el camino Este pasaba del medio día. La mayor parte de los pobladores habían salido triunfantes llevando a sus salvados niños. Henchick había estado de acuerdo en efectuar esta garla, pero cuando regresaron a la rectoría el sol estaba del lado equivocado del cielo. Vamos a tener una noche de descanso después de todo, pensó Roland y no sabía si estar contento o decepcionado. Él podría dormir y era todo lo que él sabía. -Escucho y oigo. Dijo Eddie, pero Roland que todavía tenía su mano en el hombro podía sentir al joven temblar. -Entonces cuando vayamos, persuadiremos a otros para que vengan con nosotros. Dijo Henchick. -Usted es su dinh -ea así es como lo llamas, y supongo que lo soy, pero esa no es una palabra nuestra, te consta. En la mayoría de los casos ellos me siguen, y saben la deuda que tenemos con tu Ka-tet después de este día y dirán gracias de cualquier forma que puedan. Pero no irán a ese lugar embrujado después del anochecer. Henchick negó con la cabeza lentamente pero con certeza. No ellos no irán. Escúchame joven Cantab y yo podemos regresar al Red-path Kra-ten antes de la completa oscuridad. Ahí llamaremos a nuestros hermanos a la Tempa que es como nosotros llamamos a la sala de reuniones para el compañero olvidadizo. Miró brevemente a Callahan. Lo siento padre si lo ofendí. Callahan inclinó la cabeza distraídamente alzando los ojos del libro, volvió a mirar al libro en sus manos. Este estaba cubierto con un protector plástico como si fuera una valiosa primera edición. El precio dibujado a lápiz en la solapa era de $9.50. La segunda novela de un joven. Se preguntaba que lo hacía tan valioso. Si se topará con el dueño del libro, un hombre llamado Calvin Torre, seguro se lo preguntaría. Y esa sería solo la primera de sus preguntas. -Explicaremos que es lo quieres pistolero y pediremos voluntarios. De los 68 hombres de Red-path Kraten creo 4 ó 5 se quedarán a ayudarnos a preparar el conjunto de fuerzas. Hará un poderoso Khef. ¿Así es como lo llamas? ¿Khef? ¿El uso compartido? -Si. Dijo Rolando. Lo llamamos el uso compartido del agua -No podrá acomodar ese número de hombres en la boca de la caverna, dijo Jake. Ni siquiera si la mitad de ellos están sentados en los hombros de la otra mitad. -No necesariamente, dijo Henchick. Pondremos a los más poderosos dentro los que llamamos los trasmisores. Los otros harán una línea a lo largo del sendero tomados de la mano y balanceando los bobs. Ellos estarán ahí mañana antes de que el sol llegue al tejado. Ajustare mi reloj y le garantizo que ahí estarán. -De todas maneras necesitamos esta noche para alistar nuestras mags y bobs, dijo Cantab. Estaba mirando a Eddie con aire de disculpa y con algo de temor. El joven estaba sufriendo terriblemente y eso estaba claro. Y el era un pistolero. Un pistolero podría golpear y cuando uno lo hacia nunca era a ciegas. -Podría ser demasiado tarde, dijo Eddie con voz baja. Miraba a Rolando con sus ojos color avellana, que ahora estaban rojos por el cansancio y las lágrimas. Mañana puede ser demasiado tarde aunque la magia no se haya ido. Roland abrió la boca y Eddie levantó un dedo. -No me hables del Ka Roland. Si me hablas del Ka una vez mas, juro que mi cabeza estallará. Roland cerró la boca. Eddie se volvió a los hombres barbados con sus oscuras capas de cuáqueros. ¿No pueden estar seguros que la magia permanecerá, o sí? Lo que puede abrirse esta noche podría estar cerrado para siempre mañana. Y ni todos imanes y las plomadas bobs y demás inventos Mannis no podrían abrirla. -Ea, dijo Henchick, pero su mujer se llevó la bola mágica con ella y cualquier cosa puede pasar, El mundo medio y las tierras fronterizas estarán a salvo por eso. -Vendería mi alma por tenerla de regresó y en mis manos, dijo Eddie claramente. Lo miraron horrorizados, incluso Jake, y Roland sintió la urgente necesidad de decirle a Eddie que debía retractarse. Había fuerzas poderosas trabajando en contra de su búsqueda de la Torre Oscura, fuerzas negras y la Trece Negra era su más claro sigul. Lo que podía usarse podría ser mal usado y la curva del arco iris tenía su brillo malévolo. La trece más que ninguna. Quizá era la suma de todo lo malo. Aún si ellos la recuperaban Roland pelearía para alejarla de las manos de Eddie Dean. En su actual estado de dolor la bola podría destruirlo o hacerlo su esclavo en minutos. -Una piedra podría beber si tuviera boca, dijo Rosa secamente sobresaltándolos a todos. Eddie piensa dejando la magia a un lado, piensa en subir ahí arriba. Piensa en cinco docenas de hombres muchos de ellos casi tan viejos como Henchick, uno o dos ciegos como murciélagos tratando de escalar después del anochecer. -El peñasco, dijo Jake. ¿Recuerda el peñasco y lo resbaloso del despeñadero, los pies casi no tienen de donde aferrarse? Eddie asintió de mala gana. Roland podía verlo tratando de aceptar que no había manera de hacerlo. Buscando la cordura. -Susannah Dean también es una pistolera, dijo Roland. Encontrará la manera de cuidarse a sí misma mientras. -No creo que Susannah este más a cargo, replicó Eddie, ninguna de las dos lo hace. Es el bebé de Mia después de todo y Mia será la que tenga los controles hasta que el bebé -el chico- llegue. Roland tuvo una intuición y le gustaba más que las que habían tenido en muchos años, y resultó ser correcta. Ella estaba a cargo cuando escapó, pero no es capaz de permanecer a cargo. Callahan habló por fin, apartando la mira del libro que lo había dejado tan aturdido. ¿Por qué no? -Porque no es su mundo, dijo Roland. Es el mundo de Sussanah. Si no encuentran la manera de trabajar juntas, pueden morir juntas. DOS Henchick y Cantab regresaron a Manni Redpath, antes de hablar sobre el día de trabajo juntaron a los mas viejos (únicamente a los varones), entonces les hablaron sobre la manera de pagar la deuda. Roland fue con Rosa a su cabaña. Permanecía en lo alto de la colina una letrina antiguamente limpia y ahora era mayormente ruinas. Dentro de la letrina como inservible centinela quedó Andy el Robot mensajero (muchas otras funciones). Rosalita desvistió a Roland, lenta y completamente. Cuando quedó desnudo ellas se tendió a su lado en la cama y lo frotó con su aceite especia: aceite de gato para sus achaques, una mezcla cremosa y sutilmente perfumado para sus partes más sensibles. Hicieron el amor. Se vinieron juntos (la clase se accidente físico que los tontos llaman destino) oyendo los estallidos de los cohetes de la calle mayor de Calla y los gritos bulliciosos de los pobladores muchos de ellos ya sonando achispados. -Duerme, dijo ella. Mañana no te veré más, ni yo ni Eisenhart u Overhosler o nadie del Calla. -¿Entonces tienes el don de la visión? Preguntó Roland. Sonaba relajado incluso divertido, pero incluso cuando había estado empujando en las profundidades cálidas de ella, el pensamiento de Susannah no había abandonado su mente: Uno de su Ka-tet perdido. Aún si no hubiera nada más en su mente habría sido suficiente para evitarle el reposo y el real descanso. -No, dijo ella, pero tengo corazonadas de ven en cuando, como cualquier mujer, especialmente cuando su hombre se alista para partir. -¿Es eso lo qué soy para ti? ¿Tu hombre? Lo miró tímida y fijamente. Por el poco tiempo que estuviste aquí ea, me gustó pensar que lo eras. ¿Me equivoque Roland? Él negó con la cabeza de inmediato. Era bueno ser el hombre de una mujer de nuevo aunque fuera por poco tiempo. Ella sintió lo que él pensaba y su rostro se suavizó. Acarició su enjuta mejilla. -Fuimos bien hallados Roland ¿o no? Bien hallados en el Calla. -Ea señora Ella tocó el muñón de su mano derecha, luego su cadera derecha. -¿Cómo andan tus achaques? A ella no le podía mentir. -viles. Ella asintió con la cabeza y tomó su mano izquierda la que se había mantenido a salvo de las langostrousidades. -¿Y esta? -Bien, dijo él, pero sentía un dolor profundo acechando. Esperando el tiempo de aparecer. Lo que Rosalita llamaba el chasquido seco. -¡Roland! Dijo ella. -¿Ea? Los ojos de ella lo miraban serenamente. Todavía tomaba su mano izquierda, acariciándolo, recogiendo sus secretos. -Terminaras tus asuntos tan pronto como puedas. -¿Es esa tu predicción? -Ea, querido. Antes de que tus asuntos te acaben. TRES Eddie se sentó en el porche trasero de la rectoría a la media noche del día que pasaría a la historia y que los pobladores llamarían desde entonces y para siempre el día de la batalla del camino East (después daría paso al mito... asumiendo que el mundo se mantuviera el tiempo suficiente para que eso sucediera). En el pueblo los sonidos de la celebración crecían en intensidad febril, hasta que Eddie empezó seriamente a preguntarse si no incendiarían completamente la calle principal. ¿Y le importaría? Ni un bledo, digo gracias y también de nada. Mientras Roland, Susannah, Jake, Eddie y las tres mujeres -Hermanas de Oriza como ellas se llamabandetenían a los lobos el resto de los pobladores del Calla estaban encogidos de miedo escondidos en el pueblo o en el arrozal a la orilla del río. Aún diez años después -¡Incluso 5!- Se dirían unos a otros acerca de como ellos tendieron sus sacos en los limites del Calla un día del otoño, resistiendo hombro con hombre con los pistoleros. Eso no era justo y parte del mismo sabía que no era justo, pero nunca en su vida se había sentido tan indefenso, tan perdido y tan consecuentemente miserable. Se decía a sí mismo que no debería pensar en Susannah, preguntarse dónde estaba y si su niño diabólico ya había sido liberado, de cualquier manera siempre se encontraba pensando en ella. Ella se había ido a Nueva York de eso estaba seguro muy mucho. ¿Pero cuándo? ¿La gente viajaría en taxis de motor de gasolina o volaban en taxis anti-gravedad manejados por robots de la North Central Positronics? ¿Estaba viva aún? Se estremeció al tener este pensamiento, la mente podía ser cruel. Podía verla tirada en una cuneta en alguna parte de Ciudad Alfabeto, con una svástica marcada en su frente y un letrero en el que se leía SALUDOS DE SUS AMIGOS DEL PUEBLO DE OXFORD colgando de su cuello. Detrás de él se abrió la puerta de la cocina de la rectoría. En el rellano se oyeron los suaves pasos de los pies descalzos (su oído eran fino como el resto de su equipo de asesino), y el rasguño de garras. Jake y Acho. El niño se sentó juntó a él en la mecedora del padre Callahan. Estaba vestido y llevaba puesto su pistolera; en ella estaba la Ruger que Jake le había robado a su padre el día que se había escapado de casa. Lucía ojeroso.... aunque no tenía los ojos rojos. Todavía no. ¿Grasoso? Eddie sonrío un poco. No había humor en ella. -¿No puedes dormir Jake? -Ake, dijo Acho y sé hecho a los pies del chico con el hocico descansando entre la punta de sus zarpas. -No, dijo Jake. Sigo pensando en Susannah. Hizo una pausa y luego añadió,-y en Benny. Eddie sabía que eso era de esperarse, el chico había visto a su amigo volar ante sus propios ojos, claro que él estaba pensando en eso, pero Eddie sentía el leve mordisco de los celos, como si todo el sufrimiento de Jake debía ser dedicado a la esposa de Eddie Dean. -Ese chico Tavery, dijo Jake. Fue su culpa. Se aterrorizó. Salió corriendo y se rompió el tobillo. Si no fuera por él Benny estaría vivo. Y muy suavemente -si el corazón del niño en cuestión se hubiera enfriado él lo hubiera oído, Eddie no tenía la menor duda- Jake dijo: Frank... maldito... Tavery. Eddie saco una mano que no quería dar consuelo y la obligó a tocar la cabeza del niño. Su cabello estaba largo, necesitaba un baño, demonios necesitaba un corte. Necesitaba una madre que hiciera sentir seguro al chico entre sus brazos. No había madre ahora, no para Jake. Y sucedió un pequeño milagro: el dar consuelo hizo a Eddie sentirse mejor. No mucho, solo un poco. -Déjalo ir, le dijo. Lo hecho, hecho está. -ka, dijo Jake amargamente -Kaka, dijo Acho levantando el hocico. -Amen, dijo Jake y sonrió. Le estaba molestando el frío. Jake tomó la Ruger de su pistolera y la miró. Esta está bien por que viene del otro lado. Eso es lo dice Roland. Las demás puede que también, porque no iremos en exotránsito. Si no cruzan, Henchick las guardará en la caverna y quizá podamos regresar por ellas. -Si terminamos en Nueva York, dijo Eddie, ahí abundan las armas y podremos hacernos de algunas. -No como las de Roland. Espero que todas estén en el infierno. No hay ninguna arma en ninguno de los mundos como aquellas. Eso es lo que yo creo. Eso era lo que Eddie creía también, pero no se tomó la molestia de decirlo. Desde el pueblo llegó un traqueteó de petardos, después el silencio. Había viento aquí abajo. La fiesta se acabo. Mañana ahí indudablemente sería un día de fiesta en toda la comarca, una continuación de la celebración de hoy pero menos embriagada y un poco más coherente. Roland y su Ka-tet serían los invitados de honor, pero si los dioses de la creación eran buenos y abrían la puerta, ellos ya se habrían ido. Cazando a Susannah. Encontrándola. Sin poner atención a la cacería. Encontrando. Cómo si leyera sus pensamientos (y podía hacerlo, estaba f...
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