Libro sistematizacio\u0301n Cinde-Web (1).pdf - La sistematizaci\u00f3n de experiencias como ejercicio de producci\u00f3n de conocimiento cr\u00edtico y transformador

Libro sistematizaciou0301n Cinde-Web (1).pdf - La...

This preview shows page 1 out of 260 pages.

Unformatted text preview: La sistematización de experiencias, como ejercicio de producción de conocimiento crítico y transformador desde las prácticas, ha ido adquiriendo más y más relevancia en el campo de la educación popular latinoamericana y en muchos otros ámbitos. Muchas veces confundida con la recopilación de datos o con la narración de historias o, incluso, con la elaboración de un informe síntesis de algún evento, las actuales conceptualizaciones en torno a la sistematización de las experiencias han ido generando nuevos e interesantes puntos de reflexión en torno a su identidad específica, como parte del reto de construir nuevas epistemologías que se enfrenten a las formas tradicionales de producir conocimiento científico y a las formas dominantes de producción y circulación de saberes. Oscar Jara H. Primera edición colombiana Oscar Jara Holliday [email protected] La sistematización de experiencias: práctica y teoría para otros mundos posibles cativa de la acción política (1981); Los desafíos de la educación popular (1984); Aprender desde la práctica (1989); Para sistematizar experiencias (1994); Apropiarse del futuro (2006); Educación y Cambio social en América Latina (2009). La sistematización de experiencias, práctica y teoría para otros mundos posibles aborda este desafío desde sus más diversos ángulos: su origen y trayectoria ubicada en el marco de la historia latinoamericana; sus distintos enfoques y propuestas conceptuales; su relación con la evaluación y la investigación; una propuesta metodológica estructurada, pero flexible y viable; ejemplos diversos y un conjunto de técnicas para llevarla a cabo, así como una abundante bibliografía sobre el tema. práctica y teoría para otros mundos posibles La sistematización de experiencias: Su autor, Oscar Jara Holliday nos ofrece en esta obra una contribución amplia y profunda, nacida de su práctica como educador popular y sociólogo, así como de la reflexión personal y colectiva sobre el tema en la que ha participado a lo largo de varios años. Sin duda, este texto servirá de incentivo para que muchas personas y organizaciones, aprendiendo de las experiencias pasadas y presentes, seamos capaces de apropiarnos del futuro construyendo otros mundos posibles. ISBN: 978-958-8045-47-4 Educador popular y sociólogo peruano y costarricense. Director del Centro de Estudios y Publicaciones Alforja en Costa Rica y actualmente presidente del Consejo de Educación Popular para América Latina y el Caribe, ceaal. Ha realizado a lo largo de más de treinta años actividades formativas en educación popular en todos los países latinoamericanos y en otras regiones, donde también ha sido conferencista en seminarios y congresos internacionales. Autor de varias publicaciones sobre educación popular, metodología y movimientos sociales. Enre ellas: Educación Popular: la dimensión edu- Oscar Jara H. Primera edición colombiana La sistematización de experiencias: práctica y teoría para otros mundos posibles La sistematización de experiencias: práctica y teoría para otros mundos posibles Oscar Jara H. Primera edición colombiana Jara Holliday, Oscar. La sistematización de experiencias: práctica y teoría para otros mundos políticos – 1ed. Bogotá: Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano - CINDE, 2018. 258 pp Primera edición, Colombia ISBN impreso: 978-958-8045-47-4 ISBN PDF: 978-958-8045-48-1 1. Investigación Participativa 2. Sistematización de experiencias 3. Investigación social - Metodología de la investigación 4. Educación popular 5. Oscar Jara Holliday. CDD 301.07 La sistematización de experiencias: prácticas y teoría para otros mundos posibles Edición en español del libro: ISBN: 978-958-8045-47-4 (impreso) ISBN: 978-958-8045-48-1 (PDF) Primera edición, Colombia, 2018 Autor ©Oscar Jara H. Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra. Hecho el depósito legal que ordena la Ley 44 de 1993 y el decreto reglamentario 460 de 1995. ©Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano CINDE Calle 93 # 45 A 31 - Barrio La Castellana Bogotá, Colombia. PBX: (571) 745 1717 Alejandro Acosta Ayerbe Director General Nisme Yurany Pineda Báez Directora Regional, Cinde Bogotá Alba Lucía Bernal Cerquera Editora Fernando Carretero Padilla Maritza Ramírez Ramos Corrección de estilo Mauricio Esteban Suárez Portada, diseño editorial y diagramación Impresión Javegraf Bogotá, Colombia 2018 Debes amar la arcilla que va en tus manos debes amar su arena hasta la locura. Y si no, no la emprendas que será en vano sólo el amor alumbra lo que perdura sólo el amor convierte en milagro el barro Debes amar el tiempo de los intentos debes amar la hora que nunca brilla. Y si no, no pretendas tocar lo cierto sólo el amor engendra la maravilla sólo el amor consigue encender lo muerto. Silvio Rodríguez En homenaje a Raúl Leis Romero (1947-2011), educador y comunicador popular imprescindible. Contenido Prólogo 9 Presentación 13 Introducción 23 Capítulo I 27 Sistematización de experiencias: una propuesta enraizada en la historia latinoamericana y caribeña Capítulo II 51 Sistematización de experiencias: un concepto en construcción Capítulo III Para qué sirve la sistematización de experiencias (características, utilidades y condiciones) 75 Capítulo IV 115 Sistematización de experiencias, investigación y evaluación Capítulo V 133 ¿Cómo sistematizar experiencias? Una propuesta metodológica Capítulo VI 165 Algunos ejemplos de sistematización de experiencias Capítulo VII 201 Algunas herramientas útiles en los procesos de sistematización de experiencias Bibliografía 225 Prólogo E s para mí un honor y motivo de alegría, presentar este libro de mi amigo Oscar Jara. En primer lugar, porque supe de él como educador popular; en efecto, a comienzos de la década de 1980 circuló un artículo suyo, escrito en pleno auge de la revolución sandinista y que como educadores militantes en formación, leímos con entusiasmo: “La educación popular como arma…”; allí se nos advertía [que más que pensar en la “dimensión política” de la educación popular, debíamos entenderla como la “dimensión educativa de la acción política”]. Una década después, cuando iniciaba un trabajo de reconstrucción histórica de los discursos de la educación popular, me encontré nuevamente con Oscar a través de los primeros números de la Revista Tarea del Perú, la cual él había coordinado en la segunda mitad de los 70s hasta 1980 cuando se radicó (y radicalizó) en Centro América, y a través de la cual, junto con otras publicaciones de época, se daba la naciente corriente latinoamericana de la educación popular. Pero fue en torno a la metodología de la sistematización de experiencias como pude acercarme más a Oscar, como investigador y como amigo. Lo más curioso es que mi primer acercamiento a su propuesta fue desde la polémica. Veamos: en 1994, él había publicado el libro Para sistematizar experiencias, que a su vez recogía la experiencia de los talleres regionales de sistematización, animados desde la red de educación popular Alforja; dicho texto, era referencia obligada para quienes quisieran acercarse a la concepción y la propuesta metodológica “dialéctica”. En efecto, dicha perspectiva había sido visibilizada por Diego Palma en su ya célebre estado del arte “La sistematización como estrategia de conocimiento en la educación popular. El estado de la cuestión en América Latina”, editada por el ceaal en 1992. En ella, señalaba que pese a la diversidad de propuestas metodológicas surgidas en la Región a lo largo de la década de 1980, existía en lo epistemológico, una unidad fundamental en torno a la dialéctica como método y estilo de pensamiento. Desde mi experiencia en el campo, difería de dicha afirmación, en la medida en que identificaba dentro de algunas propuestas metodológicas de sistematización como la impulsada 9 Prólogo por Sergio Martinic en el cide de Chile y la que desarrollábamos en Colombia desde el Grupo Interuniversitario de Educación Popular y con Lola Cendales, una perspectiva metodológica más bien interpretativista, dado que recogía aportes de la de la antropología cultural, de la semiótica y de la hermenéutica; lo que existía era una pluralidad epistemológica, en todo caso, crítica y auténtica desde América Latina. En este contexto, yo había escrito a fines de 1995 un artículo para la Revista Aportes de Dimensión Educativa en el que controvertía la supuesta unidad en torno a la dialéctica y destacaba las potencialidades del enfoque interpretativo (Torres, 1996). Unos meses después, en enero de 1996, por iniciativa del ceaal se llevó a cabo en Santiago de Chile, una reunión entre educadores populares, especialistas latinoamericanos en sistematización de experiencias con el fin de avanzar en la construcción metodológica conjunta y enfatizar en su dimensión formativa y pedagógica. Para mí fue muy significativo el encuentro, pues, por primera vez me encontraba, cara a cara, a quienes venía leyendo años atrás como el propio Oscar Jara y Roberto Antillón (de la red Alforja), Elza Falkembach (de Brasil), Estela González, Mima Bernechea y Mariluz Morgan (del celats, Perú) y de reencontrarme con amigos como Alfredo Ghiso y Jorge Osorio; además, gracias al evento, pudimos interactuar con el sociólogo chileno Manuel Canales y a través suyo el pensamiento y obra del intelectual crítico Jesús Ibáñez. La jornada fue inolvidable: cada persona o grupo, exponiendo los presupuestos epistemológicos y pedagógicos de sus propuestas, narrando los procesos metodológicos llevados a cabo y encontrando muchas convergencias teóricas y prácticas; en mi caso, establecí una empatía muy grande con Roberto Antillón y Oscar Jara por su jovialidad y por encontrar varias coincidencias en el uso de recursos artísticos, creativos y estéticos provenientes de las culturas populares. A partir de allí, creo que comenzó a consolidarse un proyecto más sólido de colaboración e intercambios entre las diferentes propuestas, hasta convertirse en la actual corriente metodológica, recogida por el Programa Latinoamericano de Sistematización de Experiencias del ceaal. Considero que el libro La sistematización de experiencias. Práctica y teoría para otros mundos posibles, que tiene usted en sus manos y cuya primera versión en español fue publicado por el ceaal y cep Alforja en 2012, recoge esta trayectoria personal y colectiva en torno a esta modalidad de producción de conocimientos y en la que 10 Prólogo Oscar ha continuado siendo, no solo un referente, sino un líder que, a la vez que promueve la participación y la construcción colectiva, también recoge y sintetiza los aportes que ha venido generándose desde los practicantes de la sistematización. En su madurez de sus sesenta y pico de años, luego de sobrevivir a una cirugía de corazón abierto y en su segundo periodo como presidente del ceaal, Oscar nos entrega en esta edición colombiana, una obra que al vez que visibiliza sus raíces continentales de la sistematización en el trabajo social, la educación de adultos y la educación popular, también avanza en su conceptualización, en su sentido y en su despliegue metodológico y práctico. Es por eso que se constituye en una valiosa herramienta para quienes se introducen en el tema y deciden emplear la sistematización como una estrategia para producir conocimiento sobre su propia práctica social y desde su propia experiencia como protagonista. Sin duda, este libro contribuirá al posicionamiento de la sistematización de experiencias en el país, así como a ampliar el colectivo de educadores y profesionales sociales que la promovemos y empleamos como posibilidad de comprensión crítica de sus prácticas, de formación y empoderamiento de sus protagonistas. ¡Gracias Oscar, por este regalo! Alfonso Torres Carrillo Educador popular e investigador social Bogotá, marzo de 2017 11 Presentación M i primer encuentro con la sistematización de experiencias fue en el año 1972, estando en Perú, mi país de origen, como alfabetizador en el departamento de Piura, cerca de la frontera con Ecuador. Yo trabajaba en una ong recién creada, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (cipca) en una zona de grandes haciendas algodoneras, en una época en la que el gobierno militar reformista presidido por Juan Velasco Alvarado estaba comenzando la aplicación de la Reforma Agraria, por medio de la cual los grandes latifundios privados pasarían a manos de los trabajadores agrícolas organizados en cooperativas. Se trataba de una de las más importantes propuestas de transformación de la tenencia de la tierra que se ha llevado a cabo en América Latina. Nuestro centro había apostado a que la educación y la organización de los trabajadores sería un factor decisivo para llevar adelante una verdadera reforma agraria y un auténtico cambio de estructuras en los que los sectores populares fueran dueños de su destino. Por ello, diseñó, junto con otros programas de capacitación técnica, un proyecto de alfabetización concientizadora, siguiendo al pie de la letra la propuesta del método psicosocial que nos había llegado desde el vecino país del sur, Chile, donde desde hacía un año gobernaba la Unidad Popular y su presidente Salvador Allende. Dicho método, divulgado en unos folletos impresos a mimeógrafo –que aún conservo–, había sido propuesto por un refugiado brasileño en Chile, Paulo Freire, cuyas ideas estaban causando un enorme impacto por su crítica radical a una educación autoritaria, vertical y bancaria ante la que oponía una educación liberadora, horizontal y dialógica. La palabra mágica que sintetizaba su innovadora propuesta era, pues, la concientización, término que en ese tiempo nos decía tantas cosas que no nos preocupamos tanto por definirlo, cuanto por ponerlo en práctica1. 1. En ese tiempo ya circulaban entre nosotros en castellano, gracias a la enorme política de difusión cultural del proceso chileno, algunos textos fundamentales de Freire como Acción cultural para la Libertad; La educación como práctica de la libertad, Pedagogía del oprimido y Extensión o comunicación, los cuales leíamos con avidez y pasión, sin darnos cuenta de que nos estaban abriendo la mente y el corazón a otra manera de pensar, no solo la educación, sino la vida misma, y que esta quedaría marcada para siempre desde el primer intento de poner en práctica con coherencia estas propuestas. 13 Presentación Yo tenía 21 años cuando empecé a trabajar en ese programa de alfabetización. Éramos ocho alfabetizadores que a las seis de la mañana comenzábamos las clases con los obreros agrícolas de esas haciendas, las cuales se hacían bajo los árboles, en las oficinas administrativas o los lugares donde se guardaban las herramientas y maquinarias. Habíamos hecho un convenio con las cooperativas: los trabajadores ponían una hora de su tiempo y en vez de entrar a las siete de la mañana, entraban a las seis; las cooperativas, que habían sido recién formadas, daban una hora de trabajo para el estudio. Así, teníamos un horario de alfabetización de seis a ocho de la mañana. Por las tardes, íbamos a los caseríos donde vivían sus familias y teníamos sesiones de alfabetización con las mujeres y personas mayores que no trabajaban en las cooperativas. También impulsábamos grupos de teatro, títeres, deportes y música con los muchachos de esas comunidades. Cada uno de nosotros tenía un círculo de alfabetización de entre 8 a 15 personas. La metodología de Freire se basaba en reflexionar críticamente en torno a temas y palabras generadoras que reflejaran la realidad que se vivía, y darle así un contenido y un sentido al aprendizaje de la lectoescritura. Esta propuesta implicó que, antes de iniciar la alabetización, teníamos que alfabetizarnos nosotros, los educadores: alfabetizarnos en las condiciones de vida, el lenguaje, la manera de ver el mundo de las personas con las que íbamos a trabajar. Por eso, durante los cinco primeros meses de estar en la zona, nos dedicamos a recorrer los poblados y vivíamos donde nos acogieran: en una casa o en una escuela, estableciendo contacto con la gente y presentándonos como maestros que veníamos trabajar en dicha región. Esta fase fue fundamental, sobre todo para las personas del equipo que no éramos de allí, algunos incluso como yo, que era la primera vez que estaba en el norte del país. Esos meses fueron nuestra escuela de geografía, de economía, de sociología: aprendimos sobre el clima, la comida, la vivienda, las costumbres y, por supuesto, sobre la manera de hablar de las personas, la cual reflejaban su manera de ver el mundo y la vida. El método de alfabetización que aplicamos exigía construir primero el universo vocabular de la gente, con los términos y frases que escuchábamos; asimismo, construir el universo temático, tratando de identificar los temas generadores que representaran situaciones significativas de la realidad económica, social y cultural. A partir de ello, se armaba un conjunto de palabras generadoras que de alguna manera codificaran dichos temas y sirvieran, siguiendo un orden de complejidad progresiva, de vehículo de aprendizaje de la lectoescritura, pero, sobre todo, 14 Presentación para, como decía Freire, “aprender a leer la realidad, para escribir la historia”. Así hicimos un plan de alfabetización que permitiera en cuatro o cinco meses cubrir todos los temas y palabras y, por tanto, alfabetizarse y haber generado un proceso de concientización. El desafío era apasionante, al igual que cada paso que dábamos. Fue un periodo de un intenso aprendizaje para nosotros, en el que –primero que todo– aprendimos a respetar profundamente a las personas con quienes trabajábamos; aprendimos a valorar sus conocimientos y saberes producto de su experiencia; aprendimos también a desarrollar la sensibilidad para observar con atención, para escuchar, para percibir; se incentivó nuestra curiosidad y una actitud indagatoria; aprendimos, además, a describir detalladamente nuestras percepciones, a ordenar nuestras ideas, a redactarlas, a comunicarlas lo más fielmente posible. La elaboración de la propuesta de alfabetización significó que fuéramos las primeras personas concientizadas. Luego, comenzamos a trabajar en el proceso de alfabetización. Muy pronto, vimos necesario que eso que estábamos haciendo y viviendo cada quien en su círculo de alfabetización, lo pudiéramos recoger y compartir de forma sistemática entre los ocho alfabetizadores y alfabetizadoras. Y desarrollamos, entonces, un procedimiento: a las ocho y media de la mañana, luego de desayunar, regresábamos al centro de capacitación y cada quien se sentaba durante media hora o cuarenta y cinco minutos y ponía por escrito lo que había sucedido durante esas dos horas de alfabetización, tratando de transcribir lo más fielmente posible, tal como recordábamos, lo que la gente había dicho y cómo lo había dicho, las frases y reflexiones de las distintas personas del grupo, los diálogos y silencios, las preguntas. Por aparte, colocábamos nuestras propias ideas y comentarios sobre la sesión. Así, empezamos a recoger cada día las frases que la gente decía ante cada tema, al igual que nuestras propias apreciaciones, diferenciando unas de otras. Por ejemplo, recuerdo la primera palabra con la que comenzamos la alfabetización: era palana, que es término que se utiliza en Piura para pala o lampa, instrumento que se usa en el campo para remover la tierra.Y con esa palabra generadora, utilizando primero un dibujo en forma de afiche que habíamos hecho, que mostraba a un grupo de personas trabajando la tierra con palanas, iniciábamos la discusión preguntando: “¿Qué vemos en el dibujo?”; la gente decía: “Personas trabajando con la palana”; luego nosotros: “¿Y de qué forma se usa la palana?”, “¿Para qué se usa la palana?”, “¿Quiénes usan la palana?”, “¿Quiénes no usan palana?”, etc.Y así se conducía toda una serie de reflexiones sobre el trabajo agrícola, la transformación de la 15 Presentación naturaleza, las condiciones laborales, etc. construyendo un conocimient...
View Full Document

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture