Dialectica de la naturaleza

etc creo que basta con lo dicho para que nos demos

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Unformatted text preview: de la primera gran victoria del hombre sobre la naturaleza sobrevive todavía -perdido ya a medias en las sombras de lo inconsciente- en la superstición popular, entre los restos de las reminiscencias mitológicas paganas de los pueblos más cultos del mundo. El proceso, en la obtención del fuego por frotamiento, conserva todavía, sin embargo, un carácter unilateral. Es la transformación de movimiento mecánico en calor. Para completar el proceso, hay que invertirlo, hay que transformar el calor en movimiento mecánico. Solamente así se dará satisfacción a la dialéctica del proceso, se agotará todo el proceso en un ciclo, por lo menos de momento. Pero la historia tiene su propio curso, y por muy dialécticamente que éste discurra en última instancia, se da con frecuencia el caso de que la dialéctica tenga que esperar bastante tiempo a la historia. La distancia que separó el descubrimiento del fuego por frotación de la invención por Herón de Alejandría (hacia el año 120) de una máquina en la que el escape de vapor de agua producía un movimiento de rotación, se mide indudablemente por milenios. Y de nuevo hubieron de transcurrir cerca de dos mil años hasta que se construyó la primera máquina de vapor, el primer dispositivo que permitió convertir el calor en un movimiento mecánico verdaderamente utilizable. La máquina de vapor fue el primer invento verdaderamente internacional, que marcó, a su vez, un formidable progreso histórico. La descubrió el francés Papin, pero en Alemania. Fue el alemán Leibniz, expandiendo como siempre en torno suyo ideas geniales, sin 87 preocuparse de saber a quién se atribuiría el mérito de ellas, el que -cosa que hoy sabemos por la correspondencia de Papin (editada por Gerland)5- le facilitó la. idea esencial: el empleo del cilindro y del pistón. Los ingleses Savery y Newcomen inventaron poco después otras máquinas parecidas; hasta que, por último, su compatriota Watt elevó la máquina de vapor, en principio, a su nivel actual, al introducir el condensador separado. Quedaba cerrado así el ciclo de los inventos, en este terreno: se había llevado a cabo la transformación del calor en movimiento mecánico. Lo que vino después no pasaron de ser perfeccionamientos de detalle. La práctica se había encargado, pues, de resolver a su modo el problema de las relaciones entre el movimiento mecánico y el calor. Había comenzado convirtiendo el primero en el segundo, para pasar luego de la transformación del segundo en el primero. Pero ¿qué ocurría con la teoría? La situación era bastante lamentable. Aunque precisamente en los siglos XVII y XVIII los incontables relatos de viajes estuvieran llenos de descripciones de pueblos salvajes que no conocían más modo de producir el fuego que el frotamiento, los físicos no se daban por aludidos; y la misma actitud de indiferencia mostraron durante todo el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX con respecto a la máquina de vapor. En la mayor parte de los casos, se limitaban sencillamente a tomar nota de los hechos. Hasta que, por último, en los años veinte y treinta [del siglo XIX] se ocupó del problema Sadi Carnot, y hay que reconocer que con bastante sagacidad, puesto que todavía hoy conservan su valor y son admitidos por Clausius y Clerk Maxwell sus mejores cálculos, que más tarde se encargó Clapeyron de presentar en forma de gráficos geométricos. Carnot casi llegó a penetrar en el fondo del problema. Y si algo le impidió penetrar de lleno en él no fue precisamente la escasez de hechos materiales, sino simplemente una falsa teoría preconcebida. Teoría que, por cierto, no había sido impuesta a los físicos por ninguna maligna filosofía, sino que ellos mismos se habían encargado de elaborar sutilmente, partiendo de su propia concepción naturalista, que consideraban tan por encima de la concepción metafísico-filosofante. En el siglo XVII el calor era considerado, al menos en Inglaterra, como una propiedad de los cuerpos, como "un movimiento de una clase especial" (a motion of a particular kind, the nature of which has never been explained in a satisfactory manner [...cuya naturaleza no ha llegado nunca a explicarse satisfactoriamente]). Así lo definía Th. 88 Thomson, dos años antes del descubrimiento de la teoría mecánica del calor ( Outline of the Sciences of Heat and Electricity, 2nd edition, London 1840).6 Pero en el siglo XVIII fue ganando terreno más y más la concepción según la cual el calor era, como la luz, la electricidad y el magnetismo, una sustancia especial, que, al igual que todas estas sustancias peculiares, se distinguía de la materia común y corriente por el hecho de carecer de peso, de ser imponderable. LA ELECTRICIDAD* También la electricidad posee, como el calor, aunque de otro modo, cierto don de ubicuidad. Apenas puede producirse un solo cambio sobre la tierra que no acuse la presencia de fenómenos eléctricos. Donde se evapora e...
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