Dialectica de la naturaleza

provocando con ello determinados efectos tiles en

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Unformatted text preview: n que mientras la una se opera conscientemente por la mente humana, la otra es obra inconsciente de la naturaleza. Pero estos procesos, absolutamente análogos a los del cálculo infinitesimal, no se efectúan solamente en el tránsito de los estados líquidos a los gaseosos, y viceversa. Guando el movimiento de masas se supera en cuanto tal -por el impacto- y se trueca en calor, en movimiento molecular, ¿qué otra cosa ha ocurrido sino que el movimiento de masas se ha diferenciado? Y cuando los movimientos moleculares del vapor en el cilindro de la máquina de vapor se suman de tal modo que elevan el pistón en un determinado grado, que se truecan en movimiento de masas, ¿acaso no se han integrado? La química disuelve las moléculas en átomos, magnitudes de masa menor y de menor extensión en el espacio, pero magnitudes del mismo orden, entre las cuales existen, por tanto, determinadas relaciones finitas. Todas las ecuaciones químicas que expresan la composición molecular de los cuerpos son, por tanto, en cuanto a la forma, ecuaciones diferenciales. Pero ya se hallan, en realidad, integradas por los pesos atómicos que en ellas figuran. La química opera, en efecto, a base de diferenciales, cuyas mutuas relaciones de magnitud son ya conocidas. Ahora bien, los átomos no se consideran solamente, en modo alguno, como las simples partículas de la materia o las partículas más pequeñas que se conocen. Prescindiendo de la misma química, que se inclina cada vez más a pensar que los átomos no son simples, sino complejos, la mayoría de los físicos afirman que el éter cósmico, agente de las vibraciones del calor y de la luz, consta también de partículas discretas, pero tan pequeñas, que se comportan ante los átomos químicos y las moléculas físicas como éstos con respecto a las masas mecánicas, es decir, como d2x con respecto a dx. Tenemos, pues, aquí en la concepción hoy usual acerca de la constitución de la materia, la misma diferencial de segundo grado, sin que haya absolutamente ninguna razón para que cualquiera que tenga gusto en ello no pueda imaginarse que también en la naturaleza se dan casos análogos a d3x, d4x etc. Así, pues, de cualquier modo que se piense acerca de la constitución de la materia, no cabe duda de que se halla estructurada en una serie de grandes grupos, bien deslindados entre sí, de relativa masa, de tal modo que los miembros de cada grupo de por sí se mantienen unos con otros en determinadas relaciones 232 finitas de masa y con respecto a los de los grupos más cercanos en una relación de magnitud o pequeñez infinitas, en sentido matemático. Forman cada uno de estos grupos el sistema planetario visible, el sistema solar, las masas terráqueas, las moléculas y los átomos y, por último, las partículas del éter. Ya para nada altera la cosa el hecho de que encontremos eslabones intermedios entre los distintos grupos. Así, por ejemplo, entre las masas del sistema solar y las masas terráqueas tenemos los asteroides, el diámetro de algunos de los cuales no excede en extensión de la frontera más reciente del principado de Reuss,30 los meteoros, etc. Y entre las masas terráqueas y las moléculas aparece, en el mundo orgánico, la célula. Estos eslabones intermedios no hacen más que demostrar que en la naturaleza no existen saltos, p recisamente porque toda ella está hecha de saltos. Tan pronto como la matemática opera con magnitudes reales, aplica sin más esta manera de concebir. Para la mecánica terrestre, la masa de la tierra es ya una magnitud infinitamente grande, lo mismo que para la astronomía las masas terráqueas y los meteoros, correspondientes a ellas, son magnitudes infinitamente pequeñas, y se le escapan, del mismo modo, las distancias y las masas de los planetas del sistema solar, tan pronto como, remontándose sobre las estrellas fijas más cercanas, se pone a investigar la constitución de nuestro sistema planetario. Pero, tan pronto como el matemático se parapeta y se hace fuerte en su inexpugnable fortaleza de la abstracción, caen en el olvido todas aquellas analogías, lo infinito se convierte en algo totalmente misterioso y el modo como se opera a base de ello en el análisis pasa a ser algo puramente inconcebible, en contradicción con toda la experiencia y todo el entendimiento. Las necedades y los absurdos con que los matemáticos han disculpado más que explicado este su modo de operar, que, por muy extraño que ello parezca, conduce siempre a resultados exactos, superan a las peores fantasías reales y aparentes de la filosofía hegeliana de la naturaleza, por ejemplo, de las que los matemáticos y los naturalistas hablan con incontenible horror. Sin darse cuenta de que lo que reprochan a Hegel, o sea el llevar las abstracciones hasta el máximo, lo hacen ellos mismos en proporciones mucho mayores. Se olvidan de que todas las llamadas matemáticas puras operan con abstracciones, de que t odas s us magnitudes son, en rigor, magnitudes puramente imaginarias y de que todas las abstracciones, llevadas al extremo, se truecan en contrasentidos o en lo contrario de lo que son. El infinito matemático está tomado, aunque sea de un modo inconsciente, de la realidad, razón por la cual sólo puede comprenderse partiendo de la realidad y no de él mismo, de la abstracción matemática...
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This note was uploaded on 06/15/2011 for the course FILOSOFIA 2 taught by Professor Juancarlosvillase during the Spring '11 term at Universidad de Chile.

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