Dialectica de la naturaleza

Adems si sabemos algo de este proceso es que no se

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Unformatted text preview: ;, cosa que, según nos dice Naumann, ha sido experimentalmente demostrado por Le Roux. También aquí seguimos moviéndonos en un terreno muy vago. La ley de la serie voltaica de los metales nos impide resolver el problema recurriendo de nuevo a los procesos químicos que sin cesar se producen en pequeña medida en las superficies de contacto, constantemente cubiertas de una delgada capa, casi imposible de disociar para nosotros, de aire y agua impura, que, por tanto, no nos permite explicar la excitación eléctrica por la existencia entre las superficies de contacto de un electrólito activo e invisible. Un electrólito debiera producir, en circuito cerrado, una corriente continua; por el contrario, la, electricidad del puro contacto metálico desaparece tan 102 pronto como se cierra el circuito. Y es aquí precisamente donde llegamos al punto esencial: esta "fuerza eléctrica de disociación", que el propio Wiedemann limitaba al principio a los metales solamente y que se consideraba incapaz de actuar sin recibir energía de fuera, para verse reducida enseguida a una fuente de energía verdaderamente microscópica, ¿permite la posibilidad de que se forme una corriente continua mediante el contacto de cuerpos químicamente indiferentes, y, suponiendo que sea así, ¿de qué modo ocurre eso? En la serie voltaica, los metales aparecen colocados siguiendo un orden en el que cada uno de ellos es eléctricamente negativo con respecto al que le precede y positivo en relación con el que le sigue. Por tanto, si colocamos en este mismo orden una serie de piezas de metal, por ejemplo de cinc, estaño, hierro, cobre y platino, podremos obtener tensiones eléctricas en los dos extremos. En cambio, si disponemos esta serie de metales en circuito cerrado, haciendo que se hallen en contacto el cinc y el platino, la tensión se verá inmediatamente compensada, y desaparecerá. "En un circuito cerrado de cuerpos que formen parte de la serie voltaica, no puede llegar a formarse, por tanto, una corriente de electricidad continua"." Y Wiedemann razona, además, esta afirmación a base de las siguientes consideraciones: "En efecto, si se presentase en el circuito una corriente eléctrica continua, produciría en los mismos conductores metálicos un calor que sólo podría suprimirse mediante el enfriamiento de sus puntos de contacto. Esto determinaría, en todo caso, una distribución desigual del calor; la corriente podría también, sin necesidad de aportar energía de fuera, accionar sostenidamente un motor electromagnético y aportar así trabajo, lo cual es imposible, ya que, en caso de una unión fija de los metales, mediante soldadura, por ejemplo, no pueden producirse, ni siquiera en los puntos de contacto, cambios que compensen ese trabajo".14 Y, no contento con demostrar teórica y experimentalmente que la electricidad de contacto de los metales no puede por sí sola producir ni la más pequeña cantidad de corriente eléctrica, Wiedemann se verá obligado, como veremos, a poner en pie una hipótesis especial para descartar su eficacia, incluso en los casos en que podría, eventualmente, manifestarse en forma de corriente. Tratemos, pues, de llegar por otro camino distinto de la electricidad de contacto a la corriente. Representémonos, con Wiedemann,15 "dos metales, por ejemplo una varilla de cinc y otra de cobre, soldadas en uno de sus puntos, pero unidas en su extremo libre por medio de un tercer cuerpo que no ejerza acción electromotriz con respecto a dichos dos metales y se limite a 103 conducir las electricidades contrarias acumuladas en su superficie, haciendo que se compensen en ella. En este caso, la fuerza eléctrica de disociación reconstituirá constantemente la diferencia primitiva de potencial y, así, veríamos aparecer en el circuito una corriente eléctrica continua que podría producir un trabajo sin contrapartida alguna, lo que es sencillamente imposible. Por tanto, no puede existir ningún cuerpo que se limite a ser elemento conductor de electricidad, sin desempeñar ninguna actividad electromotriz con respecto a los otros cuerpos". Con esto, no hemos adelantado gran cosa: de nuevo nos cierra el paso la imposibilidad de crear el movimiento. Jamás lograremos producir una corriente mediante el contacto de cuerpos químicamente indiferentes, es decir, con la electricidad de contacto propiamente dicha. Demos, pues, otra media vuelta y tratemos de marchar por el tercer camino, que Wiedemann nos indica. "Si, finalmente, una placa de cinc y otra de cobre en un líquido en que se contenga lo que se llama una combinación binaria, es decir, que pueda desdoblarse en los elementos químicamente distintos completamente saturados uno de otro, por ejemplo una solución de ácido clorhídrico (H + Cl), etc., veremos que, según el § 27, el cinc se carga de electricidad negativa y el cobre de electricidad positiva. Reuniendo los dos metales, estas electricidades se nivelan mutuamen...
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