Dialectica de la naturaleza

Anaximandro construy un reloj de sol traz una especie

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Unformatted text preview: lo que ha sembrado. Desplaza de un país a otro las plantas útiles y los animales domésticos, haciendo cambiar con ello la flora y la fauna de continentes enteros. Más aún. Mediante la cría o el cultivo artificiales, plantas y animales cambian de tal modo bajo la mano del hombre que no hay quien los reconozca. Todavía se están buscando sin encontrarlas las plantas silvestres de que proceden nuestras especies cereales. Y sigue discutiéndose de qué animal salvaje descienden nuestros perros, tan diferentes entre sí, o nuestras no menos numerosas razas de caballos. De suyo se comprende, por lo demás, que no se nos pasa por las mientes negar a los animales la capacidad de actos sujetos a un plan, premeditados. Al contrario. El modo de obrar planificado se da ya en germen dondequiera que el protoplasma, o sea la albúmina viva, existe y reacciona, o, lo que es lo mismo, realiza movimientos por muy simples que ellos sean, como resultado de determinados estímulos del exterior. Esta reacción se produce sin necesidad de que exista célula alguna ni, mucho menos, una célula nerviosa. Asimismo se revela en cierto sentido como sujeta a un plan, aunque carente en absoluto de conciencia, la manera de comportarse las plantas insectívoras al atrapar a sus víctimas. En los animales, la capacidad de realizar actos conscientes y sujetos a un plan se desarrolló en proporción al desarrollo del sistema nervioso y alcanza ya un alto nivel entre los mamíferos. En las batidas inglesas para la caza del zorro se puede observar diariamente con qué exactitud sabe este animal utilizar su gran conocimiento topográfico para escapar de sus perseguidores y lo bien que conoce y aprovecha 151 todas las ventajas del terreno para hacer que se borre su rastro. Y en los animales domésticos, altamente desarrollados gracias a su trato con el hombre, podemos observar todos los días rasgos de astucia que en nada se distinguen de las travesuras de nuestros niños. Pues así como la historia evolutiva del feto humano en el claustro materno no es más que la repetición abreviada de la historia evolutiva del organismo de nuestros antepasados animales a lo largo de millones de años, arrancando desde el gusano, así también la evolución espiritual del niño humano es simplemente una repetición, aunque en miniatura, de la evolución intelectual de aquellos mismos antepasados, por lo menos de los más recientes. Sin embargo, la acción planificada de todos los animales, en su conjunto, no ha logrado estampar sobre la tierra el sello de su voluntad. Para ello, tuvo que venir el hombre. En una palabra, el animal utiliza la naturaleza exterior e introduce cambios en ella pura y simplemente con su presencia, mientras que el hombre, mediante sus cambios, la hace servir a sus fines, la domina. Es esta la suprema y esencial diferencia entre el hombre y los demás animales; diferencia debida también al trabajo.* No debemos, sin embargo, lisonjearnos demasiado de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Esta se venga de nosotros por cada una de las derrotas que le inferimos. Es cierto que todas ellas se traducen principalmente en los resultados previstos y calculados, pero acarrean, además, otros imprevistos, con los que no contábamos y que, no pocas veces, contrarrestan los primeros. Quienes desmontaron los bosques de Mesopotamia, Grecia, el Asia Menor y otras regiones para obtener tierras roturables no soñaban con que, al hacerlo, echaban las bases para el estado de desolación en que actualmente se hallan dichos países, ya que, al talar los bosques, acababan con los centros de condensación y almacenamiento de la humedad. Los italianos de los Alpes que destrozaron en la vertiente meridional los bosques de pinos tan bien cuidados en la vertiente septentrional no sospechaban que, con ello, mataban de raíz la industria lechera en sus valles, y aún menos podían sospechar que, al proceder así, privaban a sus arroyos de montaña de agua durante la mayor parte del año, para que en la época de lluvias se precipitasen sobre la llanura convertidos en turbulentos ríos. Los introductores de la patata en Europa no podían saber que, con el tubérculo farináceo, propagaban también la enfermedad de la escrofulosis. Y, de la misma o parecida manera, * A l margen del manuscrito aparece escrita a lápiz la palabra ennoblecimiento. N . del ed. 152 todo nos recuerda a cada paso que el hombre no domina, ni mucho menos, la naturaleza a la manera como un conquistador domina un pueblo extranjero, es decir, como alguien que es ajeno a la naturaleza, sino que formamos parte de ella con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, que nos hallamos en medio de ella y que todo nuestro dominio sobre la naturaleza y la ventaja que en esto llevamos a las demás criaturas consiste en la posibilidad de llegar a conocer sus leyes y de saber aplicarlas acertadamente. No cabe duda de que cada día que pasa conocemos mejor las leyes de la naturaleza y e...
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This note was uploaded on 06/15/2011 for the course FILOSOFIA 2 taught by Professor Juancarlosvillase during the Spring '11 term at Universidad de Chile.

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