Dialectica de la naturaleza

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Unformatted text preview: entalmente esta ley, defendiera asimismo la teoría del contacto, no se puede negar, sin embargo, la excitación eléctrica por medio del contacto de los metales, 11 no se puede 100 negar, por lo menos, con arreglo a las experiencias de que actualmente disponemos y aunque los resultados que es posible obtener desde el punto de vista cuantitativo adolezcan aún de cierta inevitable incertidumbre, dada la imposibilidad de mantener absolutamente limpias las superficies de los cuerpos en contacto". Como se ve, la teoría del contacto se ha tornado muy modesta. Se muestra de acuerdo en que no es absolutamente indispensable para explicar la corriente y en que, además, no ha sido demostrada teóricamente por Ohm ni experimentalmente por Fechner. Y llega, incluso, a reconocer que las pretendidas experiencias fundamentales en que únicamente puede seguir apoyándose esta teoría sólo están en condiciones de aportar, desde el punto de vista cuantitativo, resultados poco seguros; en realidad y en fin de cuentas, lo único que de nosotros exige esta teoría es que reconozcamos el hecho de que, en términos generales, el contacto -¡aunque sólo sea el contacto de metales !- puede engendrar un movimiento eléctrico. Y, si la teoría del contacto no pasase de ahí, nada habría que objetar. Es cierto y debe admitirse sin reservas que el contacto de dos metales genera fenómenos eléctricos que pueden hacer estremecerse un anca de rana preparada, cargar un electroscopio o provocar otros movimientos. Pero, a la vista de estos fenómenos, hay que preguntarse, ante todo: ¿de dónde proviene la energía necesaria para ello? Para contestar a esta pregunta, tendremos, según Wiedemann (I, pág. 14), que "recurrir, sobre poco más o menos, a las siguientes consideraciones: Si colocamos muy cerca una de otra las placas metálicas heterogéneas A y B, veremos que se atraen en virtud de las fuerzas de la adhesión. Y, al tocarse, pierden la fuerza viva del movimiento que dicha atracción les imprimía. (Si admitimos que las moléculas metálicas se hallan en estado de constante vibración, podría también producirse una modificación de sus vibraciones, acompañada de una pérdida de fuerza viva, al tocarse, por el contacto de los metales heterogéneos, las moléculas cuyas vibraciones no concuerden entre sí en cuanto a la fase.) La fuerza viva que se pierde se convierte, en gran parte, en calor. Pero una pequeña parte de éste se destina a distribuir de otro modo las electricidades no disociadas hasta entonces. Como más arriba hemos dicho, los cuerpos aproximados el uno al otro se cargan de cantidades iguales de electricidad positiva y negativa, t al vez en virtud de que la fuerza de atracción no es igual en las dos electricidades". 12 La modestia de la teoría del contacto se hace cada vez mayor. Se empieza por reconocer que la enorme fuerza eléctrica de disociación, que más adelante desarrollará una labor gigantesca, no 101 encierra en sí misma ninguna clase de energía propia, e incluso que no puede funcionar mientras no se le suministre energía desde fuera. Y, a renglón seguido, se le atribuye una fuente de energía verdaderamente minúscula, la fuerza viva de la adhesión, que sólo actúa a distancias casi inconmensurables y que hace recorrer a los cuerpos un camino apenas apreciable. Pero no importa: es innegable que esta fuerza existe, como lo es también que desaparece con el contacto. Pues bien, incluso esta fuente mínima suministra demasiada energía para el fin que se persigue; una gran parte de dicha energía se convierte en calor, y solamente una pequeña parte sirve para producir la fuerza eléctrica de disociación A pesar de que en la naturaleza se dan evidentemente bastantes casos en que impulsos pequeñísimos producen efectos extraordinariamente poderosos, el propio Wiedemann parece darse cuenta de que su fuente de energía, que mana apenas gota a gota, es de todo punto insuficiente, y recurre en busca de la posibilidad de una segunda fuente a la hipótesis de una interferencia de las vibraciones moleculares de los dos metales sobre las superficies de contacto. Pero, aun haciendo caso omiso de otras dificultades con que aquí nos encontramos, Grove y Gassiot han demostrado que, como el propio Wiedemann nos ha dicho una página más arriba, ni siquiera es necesario el contacto eléctrico para producir la electricidad. En una palabra, cuanto más de cerca nos fijamos en ella, más vemos que se seca la fuente de que toma su energía la fuerza eléctrica de disociación. Y, sin embargo, hasta ahora apenas conocemos otra fuente de energía que pueda engendrar la excitación eléctrica, como no sea el contacto de los metales. Según Naumann (Allgemeine and physikalische Chemie, Heidelberg, 1877, pág. 675), "las fuerzas electromotrices de contacto convierten el calor en electricidad"; a su juicio, "es natural suponer que la capacidad de engendrar movimiento eléctrico inherente a estas fuerzas responde a la cantidad de calor existente o, dicho en otros términos, es función de la temperatura"...
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This note was uploaded on 06/15/2011 for the course FILOSOFIA 2 taught by Professor Juancarlosvillase during the Spring '11 term at Universidad de Chile.

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