Dialectica de la naturaleza

En la trigonometra y en la geometra analtica as como

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Unformatted text preview: ie de mecánica. La mecánica en sentido amplio o en sentido estricto conoce solamente cantidades, calcula a base de velocidades y masas y, a lo sumo, de volúmenes. Y allí donde, como en la hidrostática y en la aerostática; le sale al paso la cualidad de los cuerpos, no puede resolver los problemas sin entrar en los estados y los movimientos moleculares, convirtiéndose en una ciencia puramente auxiliar, en una premisa de la física. Ahora bien, en la física, y más aún en la química, no sólo se producen constantemente cambios cualitativos, como consecuencia de los cambios cuantitativos, trueques de cantidad en cualidad, sino que se presentan a estudio, además, gran cantidad de cambios cualitativos de los que no está demostrado en modo alguno que se hallen condicionados por cambios cuantitativos. No hay inconveniente alguno en reconocer que la corriente actual de la ciencia se mueve en esta dirección, pero esto no demuestra que sólo y exclusivamente ella sea la acertada, que el ajustarse a esta corriente a gote la totalidad de la física y de la química. Todo movimiento entraña movimiento mecánico, desplazamiento de lugar de las mayores o menores porciones de la materia, y la ciencia tiene como p rimer deber, pero solamente el p rimero, conocer esto. Pero ello no quiere decir que el movimiento en general se reduzca, ni mucho menos, a este movimiento mecánico. El movimiento es algo más que el simple desplazamiento de lugar; en los campos que se hallan por encima de la mecánica es también cambio de cualidad. El descubrimiento de que el calor es un movimiento molecular sentó época. Pero si lo único que supiéramos decir del calor fuera que es cierto desplazamiento de lugar de las moléculas, valdría más que nos calláramos. La química parece estar en el mejor de los caminos para explicar toda una serie de las propiedades físicas y químicas de los elementos, partiendo de la relación que existe entre el volumen y el peso atómicos. Pero a ningún químico se le ocurrirá afirmar que puedan expresarse exhaustivamente todas las propiedades de un elemento mediante el lugar que ocupe en la curva de Lothar Meyer,38 que con ello sólo se expliquen, por ejemplo, la estructura peculiar del carbono, que hace de él un portador esencial de la vida orgánica, o la necesidad de la existencia de fósforo en el cerebro. Y, sin embargo, a eso y no a otra cosa tiende la concepción "mecanicista". Esta explica todos los cambios a base del desplazamiento de lugar, todas las diferencias cualitativas a base de las diferencias cuantitativas, y pasa por alto el hecho de que las relaciones entre cualidad y cantidad son recíprocas, de que la cualidad se trueca en cantidad lo mismo que se trueca la cantidad en cualidad, que se trata de una acción mutua. Si todas las diferencias 216 y todos los cambios de cualidad pudieran reducirse a diferencias y cambios cuantitativos, a desplazamientos de lugar, llegaríamos necesariamente a la conclusión de que toda la materia se halla formada por partículas pequeñísimas i dénticas y de que todas las diferencias cualitativas que se dan en los elementos químicos de la materia están determinadas por las diferencias cuantitativas en cuanto al número y a la agrupación local de estas partículas mínimas para formar átomos. Pero a semejante resultado no hemos llegado todavía, ni mucho menos. Es la ignorancia en que nuestros actuales naturalistas se hallan con respecto a toda filosofía que no sea la más trillada filosofía vulgar que hoy hace estragos en las universidades alemanas lo que les permite manejar de este modo expresiones como la de "mecánico", sin darse cuenta ni barruntar siquiera qué conclusiones llevan necesariamente aparejadas. La teoría de la identidad absolutamente cualitativa de la materia cuenta con sus partidarios, sin que, desde el punto de vista empírico, pueda ni refutarse ni demostrarse. Pero si preguntáramos a quienes se empeñan en explicarlo todo "mecánicamente" si tienen conciencia de esta conclusión y aceptan la identidad de la materia, ¡cuántas respuestas distintas escucharíamos! Lo más cómico de todo es que la equiparación de "materialista" y "mecánico" procede de Hegel, quien trata de poner en ridículo al materialismo con la adición del adjetivo "mecánico". Y es cierto que el materialismo criticado por Hegel -o sea el materialismo francés del siglo XVIII- era en todo y por todo mecanicista, por la sencilla y naturalísima razón de que, por aquel entonces, la física, la química y la biología estaban todavía en mantillas y distaban mucho de poder brindar el fundamento de una concepción general de la naturaleza. Y también Haeckel toma de Hegel la traducción que da de causae efficientes por "causas que obran mecánicamente" y la de causae fínales por "causas que obran con arreglo a un fin", terminología en la que Hegel emplea la palabra "mecánico" como sinónimo de lo que obra de un modo ciego, inconsciente, y no en el sentido en que la emplea Haeckel. Además, t...
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