Dialectica de la naturaleza

En una raza de monos cuya inteligencia y capacidad de

Info iconThis preview shows page 1. Sign up to view the full content.

View Full Document Right Arrow Icon
This is the end of the preview. Sign up to access the rest of the document.

Unformatted text preview: ón es una secuela de la confusión de fuerza y energía, con motivo de la fuerza eléctrica de disociación: en estas dos confusiones se resuelven armónicamente las tres explicaciones totalmente contradictorias que Wiedemann da de la corriente y de ellas nacen, en definitiva, todos los embrollos y extravíos en que este autor incurre a propósito de la llamada fuerza "electromotriz". Además de la peculiar acción mutua entre quimismo y electricidad, a que nos hemos referido, media entre ambos otra característica común, que indica una afinidad todavía más íntima entre estas dos formas de movimiento. Ninguna de ellas puede existir más que desapareciendo. El proceso químico se opera bruscamente con respecto a cada uno de los grupos de átomos a que afecta. Sólo puede prolongarse gracias a la presencia de nuevos materiales, que constantemente van incorporándose. Y lo mismo ocurre con el movimiento eléctrico. Apenas se produce, partiendo de otra forma de movimiento, cuando se convierte en otra forma de movimiento, la tercera; solamente el suministro constante de energía disponible puede engendrar la corriente continua en la que, a cada momento, nuevas cantidades de movimiento cobran la forma de la electricidad, para perderla de nuevo. La profunda comprensión de estos estrechos vínculos existentes entre la acción química y la acción eléctrica, y viceversa, habrá de dar grandes frutos en los dos campos de la investigación. Y esta comprensión va generalizándose cada vez más. Entre los químicos, Lothar Meyer y, después de él, Kekulé han declarado expresamente que era inminente la restauración de la teoría electroquímica, bajo una forma rejuvenecida. Incluso entre los espetas en electricidad parece que habrá de triunfar, por fin, como lo indican especialmente los trabajos de F. Kohlrausch, la convicción de que solamente tomando en consideración de un modo preciso los procesos químicos operados en la pila y en la cuba 141 electrolítica se ayudará a su ciencia a salir del atolladero de las viejas tradiciones. Y, en realidad, no se ve de qué modo puedan encontrar una base sólida la teoría del galvanismo y, con ella y en segundo término, la del magnetismo, y la de la electricidad estática, como no sea por medio de una revisión general, químicamente exacta, de todos los experimentos tradicionales y no contrastados, que se venían haciendo desde un punto de vista superado, a condición de observar y comprobar cuidadosamente las transformaciones de energía y de dar provisionalmente de lado a todas las ideas teóricas tradicionales acerca de la electricidad. EL PAPEL DEL TRABAJO EN EL PROCESO DE TRANSFORMACION DEL MONO EN HOMBRE 1 El trabajo es, dicen los economistas, la fuente de toda riqueza. Y le es, en efecto, a la par con la naturaleza, que se encarga de suministrarle la materia destinada a ser convertida en riqueza por el trabajo. Pero es infinitamente más que eso. El trabajo es la primera condición fundamental de toda la vida humana, hasta tal punto que, en cierto sentido, deberíamos afirmar que el hombre mismo ha sido creado por obra del trabajo. Hace varios cientos de miles de años, en una fase que aún no puede determinarse con certeza de aquel período de la tierra a que los geólogos dan el nombre de período terciario, presumiblemente hacia el final de él, vivió en alguna parte de la zona cálida de nuestro planeta problablemente, en un gran continente, ahora sepultado en el fondo del océano Indico- un género de monos antropoides muy altamente desarrollados. Darwin nos ha trazado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros. Eran seres cubiertos de pelambre, con barba y orejas puntiagudas, que vivían en hordas, trepados a los árboles. Estos monos, obligados probablemente al principio por su género de vida, que, al trepar, asignaba a las manos distinta función que a los pies, fueron perdiendo, al encontrarse sobre el suelo, la costumbre de servirse de las extremidades superiores para andar y marchando en posición cada vez más erecta. Se había dado, con ello, el paso decisivo para la transformación del mono en hombre. Todos los monos antropoídes que hoy conocemos pueden mantenerse erectos y desplazarse pisando exclusivamente sobre los dos pies. Pero siempre en caso de extrema necesidad y del modo más torpe. Su manera natural de andar es la posición semierecta, utilizando también las manos. La mayoría de ellos apoyan sobre el suelo los nudillos de la mano, haciendo oscilar el cuerpo con las piernas encorvadas entre los largos brazos, como el tullido que camina sobre muletas. En términos generales, todavía hoy podemos observar entre los monos todas las fases de transición que van desde la locomoción a cuatro patas hasta la marcha sobre los dos pies. Pero en ninguno de ellos es esta última manera de andar más que un recurso utilizado en casos de extrema necesidad. 142 143 Para que la marcha erecta, en nuestros peludos antepasados, se convirtiera...
View Full Document

Ask a homework question - tutors are online