Dialectica de la naturaleza

La forma de la universalidad en la naturaleza es la

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Unformatted text preview: ),12 tendrá que reconocer la verdad interior y la necesidad a que esta clasificación responde. Y pondremos un ejemplo muy conocido fuera de este contexto, para que se vea hasta qué punto esta clasificación tiene su fundamento, no sólo en las leyes del pensamiento, sino también en las leyes naturales. Que el frotamiento engendra calor lo sabían ya prácticamente los hombres prehistóricos cuando, hace tal vez más de diez mil años, inventaron el fuego por fricción, e incluso antes, al calentarse las partes frías del cuerpo frotándolas con la mano. Pero desde entonces hasta el momento en que se descubrió que el frotamiento es una fuente de calor hubieron de transcurrir quién sabe cuántos milenios. Sea de ello lo que quiera, llegó el momento en que el cerebro del hombre estuvo lo suficientemente desarrollado para poder emitir este juicio: el frotamiento es una fuente de calor, juicio de existencia y, concretamente, positivo. Pasaron nuevamente varios milenios, hasta que en 1842 Mayer, Joule y Colding investigaron este fenómeno especial, en relación con otros parecidos que entre tanto habían sido descubiertos; es decir, se detuvieron a indagar sus condiciones generales más próximas, hasta formular el siguiente juicio: t odo movimiento mecánico puede, trocarse en calor, mediante la f ricción. Fue necesario que transcurriese tanto tiempo y que se acumulase una cantidad enorme de conocimientos empíricos, para que, en el conocimiento del objeto de que se trata, pudiéramos avanzar desde el juicio positivo de existencia más arriba formulado hasta este juicio universal de reflexión. Pero, a partir de ahora, las cosas marcharon ya más aprisa. Tres años más tarde, Mayer pudo, por lo menos en cuanto al fondo del asunto, elevar el juicio de reflexión hasta la fase en que hoy rige: t oda forma de movimiento puede y debe, en condiciones determinadas para cada caso, convertirse, directa o i ndirectamente, en otra forma de movimiento cualquiera, juicio de concepto, y además apodíctico, es decir, la forma más alta de juicio, en general. Nos encontramos, pues, aquí, como resultado de nuestros conocimientos teóricos de la naturaleza del movimiento en general, 191 con lo mismo que en Hegel se nos muestra como un desarrollo de la forma discursiva del juicio en cuanto tal. Lo que demuestra, en efecto; que las leyes del pensamiento y las leyes naturales coinciden necesariamente entre sí cuando se las conoce de un modo certero. Podríamos llamar al primer juicio el juicio de lo singular: en él se registra el hecho suelto, aislado, de que el frotamiento engendra calor. Al segundo, el juicio de lo particular: una forma particular de movimiento, el movimiento mecánico, se revela capaz, en circunstancias particulares (mediante el frotamiento), de convertirse en otra forma particular de movimiento, en el calor. El tercero es el juicio de lo universal: toda forma de movimiento puede y debe necesariamente convertirse en otra distinta. Bajo esta forma de juicio, cobra la ley su expresión más alta. Nuevos descubrimientos pueden aportar nuevas ilustraciones de ella, enriquecer su contenido. Pero ya no podremos añadir nada nuevo a la ley misma, tal y como ha sido formulada. La ley, en su universalidad, universal por su forma lo mismo que por su contenido, ya no es susceptible de ampliación: es ya una ley natural absoluta. Desgraciadamente, la dificultad del asunto está en la forma de movimiento de la albúmina, alias vida, mientras no podamos producirla nosotros. * Pero más arriba13 hemos demostrado también que, para formular juicios, no basta la "capacidad de juicio" de Kant, sino que, además [...].14 * Lo singular, lo particular y lo universal son las tres determinaciones en torno a las cuales gira toda la "teoría del concepto".15 Pero bien entendido que de lo singular a lo particular y de esto a lo general no se progresa solamente bajo una sola, sino bajo muchas modalidades, como Hegel lo ilustra con harta frecuencia en el proceso de desarrollo progresivo individuo-clasegénero. ¡Para que ahora vengan los Haeckels de la inducción y trompeteen como una gran hazaña -en contra de Hegel- el que hay que remontarse de lo singular a lo particular y de esto a lo universal! Es decir, del individuo a la clase y de ésta al género, autorizando luego a establecer conclusiones deductivas que nos permiten avanzar. Y es que la gente se ha acostumbrado de tal modo a contraponer la inducción y la deducción, que reduce todas 192 las formas lógicas de discurrir a estas dos, sin darse cuenta: 1) de que, inconscientemente, aplica bajo esos nombres otras formas discursivas, 2) de que renuncia a toda la riqueza de las formas de discurrir, cuando no puede encuadrarlas a la fuerza en cualquiera de aquellas dos, y 3) de que, con ello, convierte en una pura necedad las dos formas de la inducción y la deducción.16 * Inducción y deducción. Haeckel, págs. 75 y sigs.,18 donde Goethe hace, por inducción, el razonamiento d...
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