Dialectica de la naturaleza

Me vi pues obligado a seguir al seor dhring por todos

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Unformatted text preview: ión o disociación química, es igualmente perecedera y en el que nada hay eterno fuera de la materia en eterno movimiento y de las leyes con arreglo a las cuales se mueve y cambia. Pero, por muchas veces y por muy implacablemente que este ciclo se opere también en el tiempo y en el espacio; por muchos millones de soles y de tierras que puedan nacer y perecer y por mucho tiempo que pueda transcurrir hasta que lleguen a darse las condiciones para la vida orgánica en un solo planeta dentro de un sistema solar; por innumerables que sean los seres orgánicos que hayan de preceder y que tengan que perecer antes, para que de entre ellos puedan llegar a desarrollarse animales dotados de un cerebro capaz de pensar y a encontrar por un período breve de tiempo las condiciones necesarias para su vida, para luego verse implacablemente barridos, tenemos la certeza de que la materia permanecerá eternamente la misma a través de todas sus mutaciones; de que ninguno de sus atributos puede llegar a perderse por entero y de que, por tanto, por la misma férrea necesidad con que un día desaparecerá de la faz de la tierra su floración más alta, el espíritu pensante, volverá a brotar en otro lugar y en otro tiempo. *"The multiplicity of worlds in infinite space leads to the concepción of a succession of worlds in infinite time" (Draper, H istory of t he Inlellectual Development of E urope , vol. I I. pág. 17) [La pluralidad de los mundos dentro del espacio infinito lleva a la concepción de una sucesión de mundos en el tiempo infinito. (Draper, "Historia del desarrollo intelectual de Europa", t. II, p ág.)] [Nota de Engels.] VIEJO PROLOGO PARA EL [ A N T I ] - D Ü H I R I N G . SOBRE LA DIALÉCTICA 1 El trabajo que el lector tiene ante sí no es, ni mucho menos, fruto de un "impulso interior". Lejos de eso, mi amigo Liebknecht puede atestiguar cuánto esfuerzo le costó convencerme de la necesidad de analizar críticamente la novísima teoría sota del señor Dühring. Una vez resuelto a ello, no tenía más remedio que investigar esta teoría, que su autor expone como el último fruto práctico de un nuevo sistema filosófico, en relación con este sistema, investigando, por consiguiente, este sistema mismo. Me vi, pues, obligado a seguir al señor Dühring por todos los vastos campos por él recorridos, tratando de lo divino y de lo humano y de qué sé yo cuántas cosas más. Y así surgió toda una serie de artículos que vieron la luz en el Vorwärts de Leipzig desde comienzos de 1877 y que se recogen, sistemáticamente ordenados, en el presente volumen. Dos circunstancias pueden excusar el que la crítica de un sistema tan insignificante, pese a toda su jactancia, adopte unas proporciones tan extensas, impuestas por el tema mismo. Una es que esta crítica me brindaba la ocasión para desarrollar sobre un plano positivo, en los más diversos campos, mis ideas acerca de problemas que encierran hoy un interés general, científico o práctico. Y aunque esta obra no persigue, ni mucho menos, el designio de oponer un nuevo sistema al sistema del señor Dühring, confío en que el lector no echará de menos, a pesar de la diversidad de las materias tratadas, la trabazón interna que existe entre las ideas expuestas por mí. La otra circunstancia a que aludía es la siguiente: el señor Dühring, como "creador de un sistema", no representa, ni mucho menos, un fenómeno aislado, en la Alemania actual. Desde hace algún tiempo, en Alemania brotan por todas partes, como las setas, de la noche a la mañana, por docenas, multitud de sistemas filosóficos, y principalmente de filosofía de la naturaleza, para no hablar de los innumerables nuevos sistemas de política, economía, etc. Tal parece como si en la ciencia se quisiera aplicar también ese postulado del Estado moderno según el cual se supone a todo ciudadano con capacidad para juzgar acerca de cuantos problemas se someten a su voto o el postulado de la economía en el que se parte de que todo consumidor conoce al dedillo cuantas mercancías 21 22 necesita adquirir para su sustento. Todo el mundo puede, al parecer, escribir acerca de todo, y en eso consiste cabalmente la "libertad de la ciencia": en escribir con especial desahogo de cosas que se ignoran en absoluto, considerando esto como el único método científico verdaderamente riguroso. El señor Dühring no es sino uno de los ejemplares más representativos de esa estridente seudociencia que por todas partes se coloca hoy, en Alemania, a fuerza de codazos, en primera fila y que atruena el espacio con su estrepitoso... ruido de latón. Ruido de latón en poesía, en filosofía, en economía, en historiografía; ruido de latón en la cátedra y en la tribuna, por doquier ruido de latón, pero no un ruido de latón cualquiera, sino transcendental, que se atribuye a sí mismo una gran superioridad y profundidad de pensamiento y que no debe confundirse, en modo alguno, con el m...
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