Dialectica de la naturaleza

No obstante lo cual se ha puesto de moda hasta el

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Unformatted text preview: ver los rayos químicos (?) de la luz (Nature, 8 de junio de 1882, Lubbock),55 pero nosotros hemos llegado mucho más allá que las hormigas en el conocimiento de esos rayos, para nosotros invisibles, y el solo hecho de que podamos demostrar que las hormigas ven cosas para nosotros invisibles y el que esta demostración se base toda ella en percepciones logradas por medio de nuestros ojos revela que la construcción especial del ojo del hombre no constituye un límite absoluto para el conocimiento humano. A lo que percibe nuestro ojo vienen a unirse no sólo las percepciones de los otros sentidos, sino también nuestra actividad discursiva. Y con ésta ocurre, a su vez, exactamente lo mismo que con el ojo. Para saber lo que nuestro pensamiento puede penetrar, de nada sirve, cien años después de Kant, tratar de descubrir cuál es el alcance del pensamiento, partiendo de la crítica de la razón, de la investigación del instrumento por medio del cual conocemos; como tampoco sirve de nada el que Helmholtz señale los defectos de nuestra visión (defectos, por otra parte, necesarios, ya que un ojo que viera todos los rayos sería como si no viese ninguno), considerando la estructura de nuestro ojo, que mantiene la visión dentro de determinados límites y sin reproducir tampoco, dentro de éstos, fielmente la realidad, como una prueba de que el ojo nos informa de un modo falso o inseguro de la realidad de lo que vemos. Lo que nuestro pensamiento es capaz de penetrar lo averiguamos más bien a base de lo que ya ha penetrado hasta ahora y de lo que penetra todos los días. Resultados que son ya, indudablemente, muy notables, lo mismo en cuanto a la cantidad que en cuanto a la cualidad. En cambio, sí es muy necesaria la investigación de las formas discursivas, de las determinaciones del pensamiento, que Hegel ha sido, después de Aristóteles, el único que ha abordado de un modo sistemático. Claro está que jamás llegaremos a saber cómo ven los rayos químicos las hormigas. Y a quien eso le torture, no vemos qué remedio podemos ofrecerle. * La forma en que se desarrollan las ciencias naturales, cuando piensan, es la hipótesis. Se observan nuevos hechos, que vienen a 205 hacer imposible el tipo de explicación que hasta ahora se daba de los hechos pertenecientes al mismo grupo. A partir de este momento, se hace necesario recurrir a explicaciones de un nuevo tipo, al principio basadas solamente en un número limitado de hechos y observaciones. Hasta que el nuevo material de observación depura estas hipótesis, elimina unas y corrige otras y llega, por último, a establecerse la ley en toda su pureza. Aguardar a reunir el material para la ley de un modo puro, equivaldría a dejar en suspenso hasta entonces la investigación pensante, y por este camino jamás llegaría a manifestarse la ley. La abundancia de las hipótesis que se abren paso aquí y la sustitución de unas por otras sugieren fácilmente -cuando el naturalista no tiene una previa formación lógica y dialéctica- la idea de que no podemos llegar a conocer la esencia de las cosas (Haller y Goethe).56 Pero esto no es peculiar y característico de las ciencias naturales, pues todo el conocimiento humano se desarrolla siguiendo una curva muy sinuosa y también en las disciplinas históricas, incluyendo la filosofía, vemos cómo las teorías se desplazan unas a otras, pero sin que de aquí se le ocurra a nadie concluir que la lógica formal sea un disparate. La forma última que adopta esta concepción es la de la "cosa en sí". Este fallo según el cual no podemos llegar a conocer la cosa en sí (Hegel, E nciclopedia, § 44),57 pasa en primer lugar del campo de la ciencia al de la fantasía. En segundo lugar, no añade ni una sola palabra a nuestro conocimiento científico, ya que si no podemos ocuparnos de las cosas, es como si éstas no existiesen para nosotros. Y, en tercer lugar, se trata de una simple frase que jamás se aplica. Considerada en abstracto. suena de un modo completamente racional. Pero tratemos de aplicarla. ¿Qué pensaríamos del zoólogo que dijera: "El perro parece tener cuatro patas, pero no sabemos si en realidad tiene 4 millones de patas o no tiene ninguna"? ¿O del matemático que empezara definiendo el triángulo como formado por tres lados, para decir a renglón seguido que no sabe si tiene tres o veinticinco? ¿O que dijera que 2 X 2 parecen ser 4? Pero los naturalistas se guardan mucho de aplicar en sus ciencias la frase de la cosa en sí, y sólo se permiten hacerlo cuando se lanzan por los campos de la filosofía. Lo cual es la mejor prueba de cuán poco en serio lo toman y de cuán poco valor tiene esta frase, en sí misma. En efecto, si la tomaran en serio, a quoi bon [¿para qué?] pararse a investigar nada? Desde el punto de vista histórico, podría tener la cosa cierto sentido: el de que sólo podemos llegar a conocer bajo las condiciones de la época en que vivimos y dentro de los ámbitos de estas condiciones. 58 206 Cosa en sí: 59 Hegel, L ógica, I I, pág. 10, y más tarde todo un capítulo acerca de esto:60 "El escepticismo no se atrevía a decir que a lgo es; el idealismo moderno" (es decir, el de Kant...
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This note was uploaded on 06/15/2011 for the course FILOSOFIA 2 taught by Professor Juancarlosvillase during the Spring '11 term at Universidad de Chile.

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