Dialectica de la naturaleza

Pero tambin en este terreno una larga y a veces dura

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Unformatted text preview: a vida del hombre*- hubieron de transcurrir, seguramente, antes de que la horda de monos trepadores se convirtiera en una sociedad de hombres. Pero, a la postre, la sociedad de los hombres surgió. ¿Y con qué volvemos a encontrarnos como la diferencia característica entre la horda de monos y la sociedad humana? Con el trabajo. La horda animal se *Una autoridad de primer rango en estas cuestiones, Sir W. Thomson, ha calculado que n o han podido transcurrir m ucho más de cien millones de años desde el t iempo en que la tierra se enfrió l o bastante para que pudieran v ivir en ella las plantas y los animales. [ Nota de E ngels .] 147 limitaba a pastar en la zona alimenticia que le había sido asignada por la situación geográfica o por la resistencia de otras hordas colindantes; emprendía expediciones y luchas para extender sus dominios a otras zonas nutricias, pero era incapaz de sacar de su territorio más de lo que la naturaleza le brindaba, fuera del hecho de que, sin saberlo, lo abonaba con sus excrementos. Una vez ocupados en su totalidad los posibles territorios, fuente de alimentación, ya no era posible que la población simia aumentara; a lo sumo, el número de animales permanecía estacionario. Pero todos los animales despilfarran extraordinariamente el alimento y, además, matan en germen los nuevos brotes del alimento futuro. El lobo no deja viva, como el cazador, la cierva llamada a suministrarle el cervatillo del año venidero; las cabras de Grecia, que roen la maleza naciente antes de dejarla crecer, han dejado pelados todos los montes del país. Este "desfalco" llevado a cabo por los animales desempeña importante papel, dada la gradual transformación de las especies, al obligarlas a adaptarse a una alimentación que no es la acostumbrada, lo que hace que su sangre cambie de composición química y que toda su constitución física varíe poco a poco, extinguiéndose las especies ya plasmadas. No cabe duda de que este régimen de desfalco de los medios alimenticios contribuyó poderosamente a convertir al mono en hombre. En una raza de monos, cuya inteligencia y capacidad de adaptación aventajaba en mucho a todas las demás, no pudo por menos de conducir a que fuese extendiéndose cada vez más el número de las plantas alimenticias y a que se utilizaran cada vez más partes comestibles de ellas; en una palabra, a que la alimentación se hiciese más variada, aumentando de ese modo las sustancias asimiladas por el cuerpo y haciendo progresos las condiciones químicas para la transformación del mono en hombre. Pero, en realidad, todo lo anterior no entra aún en la categoría trabajo. El trabajo comienza con la elaboración de herramientas. ¿Y cuáles son las primeras herramientas que se conocen, juzgando a base de los vestigios del hombre prehistórico que se han encontrado y teniendo en cuenta tanto el régimen de vida de los pueblos históricos más remotos como el de los salvajes más rezagados de nuestros propios días? Son las herramientas empleadas en la caza y en la pesca, las primeras de las cuales representan, además, armas. Pues bien, la caza y la pesca presuponen ya el paso de la alimentación puramente vegetal a un régimen alimenticio en el que entra ya la carne, lo que constituye, a su vez, un paso muy importante hacia la aparición del hombre. Este tipo de alimentación suministraba ya en forma casi completa las materias más esenciales que el organismo necesita para su metabolismo; abreviaba, con la 148 digestión, el lapso de tiempo de los demás procesos vegetativos del cuerpo correspondientes a la vida vegetal, con lo que ganaba tiempo y sustancia y experimentaba mayor goce en las manifestaciones de la vida propiamente animal. A medida que el hombre en formación iba alejándose de la planta se remontaba también más y más sobre el animal. Así como la habituación al alimento vegetal combinado con la carne convierte a los gatos y perros salvajes en servidores del hombre, la adaptación al régimen alimenticio a base de carne, combinado con la alimentación vegetal, contribuyó esencialmente a elevar la fuerza física y la independencia del futuro hombre. Pero en lo que más influyó el régimen carnívoro fue en el desarrollo del cerebro, que ahora contaba con las sustancias nutricias necesarias en abundancia, mucho mayor que antes, razón por la cual pudo desarrollarse, a partir de ahora, mucho más rápidamente y de un modo más perfecto, de generación en generación. Dicho sea con perdón de los señores vegetarianos, la aparición del hombre es inseparable de la alimentación carnívora, y el hecho de que en todos los pueblos de que tenemos noticia este régimen de alimentación condujese en ciertas épocas a la antropofagia (todavía en el siglo X, los antepasados de los berlineses, los veletabos y los viltses, se comían a sus progenitores) es cosa que hoy debe tenernos sin cuidado. El empleo de la carne para la alimentación trajo consigo dos nuevos progresos de una importancia decisiva: la utilización del fuego y la domesticación de los animales. La primera acortó todavía más el proceso de la digestión, al ingerirse los alimentos ya digeridos a medias por decirlo a...
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