Dialectica de la naturaleza

Se hallan pues en estado activo con relacin a las

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Unformatted text preview: , se ha comprobado que, en el caso que nos interesa, en el primer tubo se disuelve la cantidad de cinc 32,53 y en el otro tubo la cantidad de cobre 2 X 31,7. "Esto, sin embargo -prosigue Wiedemann-, no demuestra la equivalencia de estos valores. Sólo se los observa con corrientes muy débiles acompañadas por la formación de cloruro de cinc, de una parte, y de la otra de cloruro de cobre. Con corrientes más intensas, con la misma cantidad de cinc disuelta, la cantidad de cobre disuelto descendería a 31,7..., aumentando también las cantidades de cloro". Sabemos que el cinc sólo forma con el cloro una combinación: el cloruro de cinc, ZnCl2; el cobre, en cambio, forma dos, el cloruro cúprico, CuCl 2, y el cloruro cuproso, Cu2Cl2. El proceso se desarrolla, por tanto, de tal modo que la corriente débil separa del electrodo dos átomos de cobre, que permanecen unidos entre sí por una de sus unidades de valencia, al paso que sus dos unidades de valencia libres se combinan con dos átomos de cloro 120 Cu----------Cl | Cu----------Cl En cambio, al reforzar la corriente, disocia totalmente los átomos de cobre el uno del otro, y cada uno de ellos se combina por separado con dos átomos de cloro: Si la corriente es de intensidad media, se forman paralelamente las dos combinaciones. Como se ve, es la intensidad de la corriente, por sí sola, la que determina la formación de una de las combinaciones, lo que quiere decir que no se trata de un proceso esencialmente electroquímico, si es que este término encierra algún sentido. No obstante lo cual Wiedemann lo declara expresamente como un proceso secundario, es decir, no electroquímico, sino puramente químico. El experimento anterior procede de Renault (1867) y forma parte de toda una serie de experimentos parecidos, en los que la misma corriente pasa por un tubo en forma de U, a través de una solución de sal de cocina (electrodo positivo de cinc) y, en otra cuba, a través de diferentes electrólitos, teniendo como electrodo positivo diversos metales. En este caso, las cantidades de los otros metales disueltos por un equivalente de cinc difieren mucho unas de otras, y Wiedemann consigna los resultados de toda la serie de experimentos, resultados que sin embargo son de hecho químicamente evidentes y no pueden ser de otro modo. Así, por ejemplo, por un equivalente de cinc sólo quedan 2/3 de equivalente de oro disueltos en el ácido clorhídrico. Lo cual no tiene nada de sorprendente, salvo en el caso en que, como hace Wiedemann, se mantengan en pie los viejos pesos de equivalencia y se adopte para el cloruro de cinc la fórmula ZnCl, en la cual el cloruro y el cinc sólo aparecen en el cloruro con una unidad de valencia. En realidad, el cloruro contiene por cada átomo de cinc dos átomos de cloro (ZnCl2) y, tan pronto como conocemos esta fórmula, vemos inmediatamente que, en la determinación de las anteriores equivalencias, debe tomarse como unidad el átomo de cloro, y no el átomo de cinc. Ahora bien, la fórmula del cloruro de oro es AuCl 3; en este caso, es evidente que 3ZnCl 2 contienen la misma cantidad de cloruro que 2AuCl, y, por consiguiente, todos los procesos operados en la pila o en la cuba, ya sean primarios, secundarios o terciarios, se verán obligados a no transformar ni más ni menos de 2/3 partes 121 de peso34 de oro en cloruro de oro por cada parte de peso34 de cinc transformada en cloruro de cinc. Y esta norma tiene un valor absoluto, a menos que sea posible producir también por vía galvánica la combinación AuCl, en cuyo caso sería necesario que por cada equivalente de cinc se disolvieran dos equivalentes de oro, en cuyo caso se producirían, evidentemente, según la intensidad de la corriente, las mismas variaciones que más arriba veíamos con respecto al cobre y al cloro. La importancia de los experimentos de Renault consiste en que ponen de manifiesto cómo la ley de Faraday se ve confirmada por hechos que aparentemente la contradicen. Pero no se ve en qué puedan estos experimentos contribuir a esclarecer los procesos secundarios en la electrólisis. El tercer ejemplo puesto por wiedemann nos hacía volver nuevamente de la cuba electrolítica a la pila. Y es, en efecto, la pila la que presenta, con mucho, mayor interés cuando se trata de estudiar los procesos electrolíticos desde el punto de vista de las transformaciones de energía que las acompañan. Así, no es raro encontrarse con pilas en las que los procesos químicoeléctricos parecen hallarse en contradicción directa con la ley de la conservación de la energía y efectuarse en consonancia con las leyes de la afinidad química. Según los cálculos de Poggendorff, la pila cinc, solución concentrada de sal marina y platino, da una corriente de intensidad 134,6. Por consiguiente, nos encontramos aquí con una cantidad bastante respetable de energía, la tercera parte más que en la pila de Daniell. ¿De dónde procede la energía que aparece aquí bajo forma de electricidad? El proceso "primario" es el desplazamiento del sodio de la...
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