Dialectica de la naturaleza

Sin embargo la accin planificada de todos los

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Unformatted text preview: otra parte, el desarrollo del trabajo contribuyó necesariamente a acercar más entre sí a los miembros de la sociedad, multiplicando los casos de ayuda mutua y de acción en común y esclareciendo ante cada uno la conciencia de la utilidad 145 de esta cooperación. En una palabra, los hombres en proceso de formación acabaron comprendiendo que tenían algo que decirse los unos a los otros. Y la necesidad se creó su órgano correspondiente: la laringe no desarrollada del mono fue transformándose lentamente, pero de un modo seguro, mediante la modulación, hasta adquirir la capacidad de emitir sonidos cada vez más modulados, y los órganos de la boca aprendieron poco a poco a articular una letra tras otra. Que esta explicación del nacimiento del lenguaje a base del trabajo y paralelamente con él es la única acertada lo demuestra la comparación con los animales. Lo único que éstos, incluso los más desarrollados, tienen que comunicarse los unos a los otros se lo pueden comunicar también sin necesidad de lenguaje articulado. Ningún animal, en estado de naturaleza, siente como un defecto el no poder hablar o entender el lenguaje del hombre. Pero la cosa cambia cuando se trata de animales domesticados. El perro y el caballo poseen, gracias al trato con el hombre, un oído tan fino para el lenguaje articulado, que fácilmente aprenden a captar lo que se les dice, en la medida en que se lo permite su radio de representaciones. Se asimilan, además, la capacidad de sensaciones tales como el apego al hombre, la gratitud, etc., que antes les eran totalmente ajenas, y quien haya tenido ocasión de vivir mucho tiempo cerca de estos animales difícilmente se sustraerá a la convicción de que, en muchos, en muchísimos casos sienten ahora como un defecto la imposibilidad de hablar, defecto al que, desgraciadamente, no cabe poner remedio por la estructura de sus órganos bucales, demasiado especializados en una determinada dirección. Pero, allí donde existe el órgano, desaparece también, dentro de ciertos límites, esta incapacidad. No cabe duda de que los órganos bucales de los pájaros son lo más distintos que imaginarse pueda de los humanos y, sin embargo, los pájaros son, seguramente, los únicos animales que aprenden a hablar, y el que mejor habla de todos es el papagayo, que se distingue por tener más horrible el timbre de voz. Y no se nos diga que no entiende lo que habla. Es cierto que puede pasarse horas enteras repitiendo parleramente todo su caudal de palabras por puro gusto de charlotear y porque le agrada la compañía del hombre. Pero, hasta donde llega su círculo de representaciones, no cabe duda de que aprende también a saber lo que dice. Tomemos a un papagayo y enseñémosle una sarta de insultos, haciendo que pueda llegar a representarse lo que significan (entretenimiento favorito de los marineros que vuelven del trópico); mortifiquémosle, y enseguida veremos que sabe emplear sus dicterios con tanta propiedad como una verdulera de Berlín. Y lo mismo cuando se trata de suplicar para que le den golosinas. 146 El trabajo, en primer lugar, y después de él y enseguida a la par con él el lenguaje son los dos incentivos más importantes bajo cuya influencia se ha transformado paulatinamente el cerebro del mono en el cerebro del hombre, que, aun -siendo semejante a él, es mucho mayor y más perfecto. Y, al desarrollarse el cerebro, se desarrollaron también, paralelamente, sus instrumentos inmediatos, los órganos de los sentidos. A la manera como el lenguaje, en su gradual desarrollo, va necesariamente acompañado por el correspondiente perfeccionamiento del órgano del oído, así también el desarrollo del cerebro en general lleva aparejado el de todos los sentidos. El águila ve mucho más lejos que el hombre, pero el ojo humano descubre mucho más en las cosas que el ojo del águila. El perro tiene un olfato más fino que el hombre, pero no distingue ni la centésima parte de los olores que acusan para éste determinadas características de diferentes cosas. Y el sentido del tacto, que en el mono apenas se da en sus inicios más toscos, sólo se desarrolla al desarrollarse la misma mano del hombre, por medio del trabajo. Al repercutir sobre el trabajo y el lenguaje el desarrollo del cerebro y de los sentidos puestos a su servicio, la conciencia más y más esclarecida, la capacidad de abstracción y de deducción, sirven de nuevos y nuevos incentivos para que ambos sigan desarrollándose, en un proceso que no termina, ni mucho menos, en el momento en que el hombre se separa definitivamente del mono, sino que desde entonces difiere en cuanto al grado y a la dirección según los diferentes pueblos y las diferentes épocas, que a veces se interrumpe, incluso, con retrocesos locales y temporales, pero que, visto en su conjunto, ha avanzado en formidables proporciones; poderosamente impulsado, de una parte, y de otra encauzado en una dirección más definida por obra de un elemento que viene a sumarse a los anteriores, al aparecer el hombre ya acabado: la sociedad. Cientos de miles de años -que en la historia de la tierra no representan más que un minuto en l...
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This note was uploaded on 06/15/2011 for the course FILOSOFIA 2 taught by Professor Juancarlosvillase during the Spring '11 term at Universidad de Chile.

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