Dialectica de la naturaleza

Y todava hoy sigue conservndose en la mayora de los

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Unformatted text preview: los cuerpos de que se trata. Es el resultado 82 de las leyes generales de movimiento de los cuerpos cósmicos libres, cuya cohesión se establece por la atracción en proporción directa a las masas y en proporción inversa al cuadrado de las distancias. Se trata de una concepción que brota a ojos vistos como una generalización de la teoría kantiana de la fricción de las mareas y que Thomson y Tait nos presentan, incluso; como la fundamentación de esta teoría por la vía matemática. Pero, en realidad -y sin que, cosa en verdad notable, s us autores tengan ni la menor noción de ello-, en realidad dicha teoría excluye el caso específico de la fricción de las mareas. La fricción es un entorpecimiento del movimiento de las masas y ha venido considerándose durante: siglos como la destrucción de este movimiento y, por tanto, de la energía cinética. Ahora, sabemos que la fricción y el choque son las dos formas en que la energía cinética se transforma en energía molecular, en calor. Eso quiere decir que toda fricción hace que se pierda una cantidad de energía cinética, para reaparecer, no como energía potencial en el sentido de la dinámica, sino como movimiento molecular, bajo la forma determinada del calor. Por tanto, la energía cinética que se pierde por efecto de l a fricción se pierde realmente, de momento, en cuanto a las reacciones dinámicas del sistema en cuestión. Y sólo podría actuar de nuevo dinámicamente si de la forma de calor revirtiera a la forma de energía cinética. Ahora b ien, ¿qué ocurre realmente en la fricción de las mareas? Es evidente que también aquí la energía cinética comunicada a las masas líquidas de la superficie de la tierra por la atracción de la luna se convierte en calor, ya sea mediante la fricción de unas partículas de agua con otras a consecuencia de la viscosidad del líquido, ya sea por la fricción sobre la superficie sólida de la tierra y la pulverización de las rocas contra la que se estrellan las olas de la marea. Solamente una parte insignificante de este calor, que contribuye a la evaporación de la superficie líquida, revierte de nuevo a la forma de energía cinética. Pero también esta cantidad insignificante de la energía cinética cedida por el sistema total, tierra-luna a una parte de l a superficie de la tierra queda sujeta, de momento, en la superficie de la tierra, a las condiciones que allí rigen, las cuales imponen a toda la energía que en ellas actúa la misma suerte final: la de convertirse a la postre en calor y en irradiación en los espacios cósmicos. Por tanto, en la medida en que la fricción de las mareas influye indiscutiblemente sobre la rotación de l a tierra, entorpeciéndola, en esa misma medida se pierde de un modo absolutamente irreparable, en beneficio del sistema dinámico tierra-luna, la energía cinética requerida para ello. No puede, por consiguiente, reaparecer dentro de 83 este sistema bajo la forma de energía dinámica potencial. Dicho en otros términos: sólo puede reaparecer íntegramente como energía dinámica potencial y, por tanto, compensarse mediante el correspondiente aumento de la distancia de la luna, de la energía cinética empleada mediante la atracción de la luna sobre el entorpecimiento de la rotación de la tierra, la parte que actúa sobre la masa sólida del planeta tierra. En cambio, la parte que actúa sobre las masas líquidas de la tierra sólo puede seguir el mismo proceso en cuanto no imprima a estas masas mismas un movimiento contrario a la rotación de la tierra, ya que este movimiento se convierte íntegramente en calor, perdiéndose totalmente para el sistema mediante la irradiación. Y lo que decimos de la fricción de las mareas en la superficie de la tierra es también íntegramente aplicable a la fricción de las mareas en la supuesta masa líquida interior de la tierra, que a veces se admite hipotéticamente. Lo curioso de la cosa es que Thomson y Tait no se dan cuenta de que, para fundamentar la teoría de la fricción de las mareas, establecen una teoría basada en la premisa tácita de que la tierra es un planeta absolutamente sólido, teoría que excluye, por tanto, la posibilidad de las mareas, y por consiguiente, de una fricción producida por ellas. EL CALOR 1 Como hemos visto, el movimiento mecánico, la fuerza viva, puede desaparecer bajo dos formas. La primera es su transformación en energía mecánica potencial, mediante el levantamiento de un peso, por ejemplo. Lo característico de esta forma es que no sólo puede convertirse de nuevo en movimiento mecánico, y precisamente en movimiento mecánico de la misma fuerza viva que el primitivo, sino que, además, sólo puede adoptar este cambio de forma. La energía mecánica potencial no puede engendrar nunca calor o electricidad, a menos que se convierta antes en verdadero movimiento mecánico. Se trata, para emplear la expresión de Clausius, de un "proceso reversible". La segunda forma en...
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