LA OTRA CARA DEL ROMANTICISMO - 99 CAP\u00cdTULO IV LA OTRA CARA DEL ROMANTICISMO TRABAJO EDUCACI\u00d3N Y ESCRITURA SILVIA CAPORALE BIZZINI Introducci\u00f3n

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99 CAPÍTULO IV LA OTRA CARA DEL ROMANTICISMO: TRABAJO, EDUCACIÓN Y ESCRITURA SILVIA CAPORALE BIZZINI Introducción: las características generales del pensamiento romántico. Definir el Romanticismo no es una tarea sencilla: sus límites cronológicos así como su densa y variada producción intelectual representan un desafío para quienes se acerquen a esta época y la quieran entender. Tradicionalmente, el período romántico se ha enmarcado entre 1798, el año de la publicación de Lyrical Ballads de Wordsworth y Coleridge, y 1824, fecha de la muerte de Lord Byron. Sin embargo, a lo largo de los últimos quince años, los críticos han problematizado dichas fechas (Simpson, 1995; Fay, 1998) y han ampliado los márgenes del Romanticismo que llega a desdibujarse y a estar subrepticiamente presente, a través de elementos góticos y fantásticos, en el Victorianismo para luego volver a resurgir en la época Modernista. Asimismo, no se puede pensar en la filosofía romántica y dejar de lado la influencia que los ideales de la Revolución Francesa juegan en los y las intelectuales de la época y en su (frustrada) búsqueda de un nuevo orden moral y social. Es ahora cuando se amplían los circuitos a través de lo cuales se difunden las ideas así como todo tipo de material, desde los escritos filosóficos hasta las revistas femeninas y, por supuesto, las novelas. En el ámbito de las ciencias se empieza a desarrollar un interés activo en el estudio de la naturaleza, de ahí que despeguen, entre otras, disciplinas como la botánica o la astronomía cuyo objetivo era el de explicar al ser humano el mundo que le rodeaba desde una perspectiva científica. La dificultad de limitar cronológicamente el Romanticismo es pareja con la riqueza y la complejidad de sus planteamientos filosóficos y con el énfasis que los intelectuales románticos ponen en la noción de subjetividad. Para poder entender las décadas que van de 1790 a 1830, no se pueden soslayar los acontecimientos históricos que marcan el contexto que, a su vez, alberga unos presupuestos filosóficos y literarios que revolucionan el panorama