La Hechicera Indomita - Trudi Canavan.pdf - Libro proporcionado por el equipo Le Libros Visite nuestro sitio y descarga esto y otros miles de libros

La Hechicera Indomita - Trudi Canavan.pdf - Libro...

This preview shows page 1 - 8 out of 482 pages.

Libro proporcionado por el equipo Le Libros Visite nuestro sitio y descarga esto y otros miles de libros Descargar Libros Gratis , Libros PDF , Libros Online
Siguen las aventuras de Auraya en un universo de magia, heroísmo, divinidades enfrentadas y amor prohibido. Aunque gracias a ella los Blancos salieron victoriosos de la batalla contra los Pentadrianos, Auraya está lejos de sentirse feliz y satisfecha. Durante el día sigue intentando incansablemente reconciliar a los tejedores de sueños paganos con los sacerdotes, mientras que noche tras noche vuelven las pesadillas: el recuerdo de los muertos y el calvario vivido por el pueblo Siyee la atormentan. Por si fuera poco, del único que se fía para ayudarla ha desaparecido sin dejar rastro. A pesar de haber muerto hace mucho tiempo, el legendario tejedor de sueños Mirar sigue vivo a través de sus pensamientos, que habitan en la mente de Leiard. Este se ha visto obligado a huir a las montañas en compañía de Emerahl, una hechicera muy poderosa que bien podría ser la última de los Indómitos. Valiéndose de sus prodigiosas dotes mágicas, Emerahl ayudará a Leiard a desenmarañar el insólito embrollo de evocaciones ajenas que conquistan su mente. Lo que acaban descubriendo podría cambiar su vida, y también el mundo, para siempre…
Trudi Canavan La hechicera indómita Era de los cinco dioses - 2
Para mi yaya, Ivy Dauncey, a quien le encanta contar historias
Prólogo Reivan detectó el cambio antes que los demás. Al principio, fue algo instintivo, más una intuición que una certeza; luego percibió un olor apagado y terroso en el aire. Al fijarse en las paredes del túnel, advirtió que el polvo se había acumulado solo en un lado de las protuberancias y hendiduras, como si hubiera llegado hasta allí desde el fondo del pasadizo, impulsado por el viento. Un escalofrío le bajó por la espalda cuando pensó lo que eso podía significar, pero permaneció en silencio. Podía estar equivocada, y los demás seguían demasiado conmocionados por la derrota. Pugnaban por asimilar la muerte de amigos, familiares y camaradas, cuyos cuerpos habían quedado atrás, sepultados en la fértil tierra enemiga. No necesitaban otro motivo de preocupación. Aunque no hubieran estado en plena retirada hacia su país con la moral por los suelos, ella no habría hablado. Los hombres de su equipo se ofendían con facilidad. Al igual que ella, albergaban un resentimiento secreto por no haber nacido con dones suficientes para convertirse en Servidores de los Dioses, por lo que se aferraban a las únicas cualidades que los hacían superiores. Eran más inteligentes que la gente común. Eran Pensadores. Se distinguían de quienes simplemente eran cultos por su capacidad para calcular, inventar, filosofar y razonar. Esto había engendrado en ellos una competitividad extrema. Mucho tiempo atrás, habían establecido una jerarquía interna. Los mayores tenían precedencia sobre los jóvenes; y los hombres, sobre las mujeres. Resultaba ridículo, por supuesto. Reivan había observado que las mentes

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture