sociales son determinantes claves para que las personas puedan mantenerse

Sociales son determinantes claves para que las

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sociales son determinantes claves para que las personas puedan mantenerse saludables, independientes y autónomas durante su vejez (Creagh, García y Valdés, 2015). Según el Manual de Indicadores de Calidad de Vida en la Vejez (CEPAL, 2006), existen ciertos ámbitos que configuran lo que se denomina “Los entornos favorables para la vejez”, compuestos por los ámbitos de infraestructura (habitacional y urbana) y sociales (participación, construcción social de la vejez y maltrato, entre otros). Tanto el envejecimiento, como parte del ciclo de la vida, como la vejez en tanto fenómeno cultural, conforman un fenómeno complejo y multidimensional que trae consigo variadas consecuencias y desafíos para la sociedad en su conjunto. Las reflexiones que se han realizado respecto a estos fenómenos, han llevado a definir algunas dimensiones claves a la hora de diseñar e implementar políticas públicas (SENAMA, 2009). Los derechos y la protección social, proveen el marco ético y jurídico a partir del cual se construyen procesos de reflexión, investigación y de generación de conocimiento, que son fundamentales al momento del diseño de políticas y programas para generar intervenciones sociales que produzcan mejoras reales en la calidad de vida de las personas. Existe en la sociedad una percepción del envejecimiento como una etapa de decadencia, en lo físico y lo mental, lo cual implica una desvalorización de la vejez (Arias, 2007). En base a esta definición se puede señalar que los sujetos experimentan la vejez como un conjunto de vulnerabilidades (salud, pensión, redes de apoyo, habitar la ciudad), además son susceptibles de enfrentar prejuicios sociales, como consecuencia de la estigmatización. Si los adultos mayores cotidianamente padecen esta realidad, y considerando que representan en el presente un mayor número en su composición, se vuelve necesaria la formulación de políticas que se ocupen de proteger a esta población y que deben ir acompañadas de una oferta de servicios que respondan a sus requerimientos. Sumada a las distintas situaciones que desencadenan un tipo de discriminación y marginación de la población adulto mayor, se agregan aquellas desigualdades que tienen relación con los aspectos vinculados al bienestar económico. El término de la vida laboral, según el marco regulatorio, se da a los 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres, esto significa el cese de las actividades remuneradas, pasando de vivir con un salario a percibir una pensión que será proporcional a lo que ha ahorrado, de forma individual y obligatoria, durante su vida laboral. Según cifras de la Superintendencia de Pensiones, respecto a la distribución general de los salarios en 2018, el 51% de los trabajadores en Chile gana menos de $380.00, el 71% gana menos de $550.000 y el 79% gana menos de $700.000. En consecuencia, solo el 15,3% de la población gana más de $850.000 pesos. En base a estas cifras salariales, los panoramas para los montos de pensiones son exiguos, puesto que el total de ingresos autónomos son acotados para el mayor porcentaje de la población. Esto se puede reafirmar con las cifras entregadas por la Superintendencia
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  • Fall '19
  • Medio ambiente, Población, Tercera edad, Adulto, Urbanismo, Demografía

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