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Es un mundo que muere un cadáver que sobrevivir? tal

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es un mundo que muere, un cadáver que sobrevivirá tal vez durante siglos pero a fin de cuentas un cadáver. Mas los ca- dáveres no pueden existir en la tragedia, que es la más real y viva de todas las formas del teatro, aquella en la que el grado de presencia es más elevado. Junto a Hipólito y Teseo está Arida, menos desvalorizada que los dos primeros por el simple hecho de no hallarse en contacto directo con Fedra. También existía el peligro de que no dejara de ver suficientemente su debilidad Al lado de Teseo e Hipólito, al que el texto mismo daba un signo negati- vo, Arida parecía el cero, la neutralidad, el personaje que ca- rece de existencia. Pero Ráeme, conscientemente o no, con- servó la unidad de una obra escrita enteramente a base de contrastes. Ésta es, me parece, la principal razón de que in- cluyera los versos en que, en el momento más amenazador de la tragedia, cuando están en juego de manera aguda e inmi- nente los destinos de Hipólito y de Fedra, Arida plantee el problema del matrimonio. Se trata del equivalente exacto del texto final de Teseo. Frente al personaje trágico, el mundo, en lo que tiene en apariencia de más serio o al menos de más corriente, se convierte en farsa o en comedia. Thierry Maulnier ha observado justamente que este pasaje convierte a Aricia en una alumna de pensionado. Pero es que frente a Fedra, el mundo sólo puede componerse de fieras y de señoritas de pensionado. Aricia lo habría sido igualmente sin su petición de casarse; ésta sólo se ha incluido en el texto para hacer que su carácter fuera completamente explí- cito y evitar toda posibilidad de malentendido. Pero en realidad para Fedra no existen ni Hipólito que huye, ni Teseo que se engaña siempre, ni el personaje modelo de Aricia. Y, sin embargo, Fedra es la obra de la ilusión de poder vivir en el mundo ; por tanto, la obra transcurre en un diálogo real, y no ya «solitario» como en las tragedias janse- nistas, entre la heroína y el mundo (y también en un diálogo «solitario» entre la heroína y los dioses); el mundo, para Fedra, es evidentemente un Hipólito y un Teseo idealizados, pero también, en primer lugar, Enona.M 25. Esto se muestra ya en el piano más exterior. Además de la escena única en que declara su amor a Hipólito, y de las tres esce-
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La obra empieza, tras la escena ya analizada entre Hipó- ¡ lito y Terámenes, con una situación rigurosamente análoga j a la de las tragedias sin peripecia ni reconocimiento: Fedra, que conoce la incompatibilidad entre sus exigencias y el or- \ den del mundo, ha decidido abandonarlo y se deja morir. \ El lugar de la escena es un lugar al sol, sólo que, en la obra, el sol es un dios, antepasado de Fedra, y la escena es un lugar bajo la mirada de Dios; es el mundo, el lugar en que viven los humanos; abandonar la escena es abandonar el mundo y la vida.
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  • Fall '18
  • Vida, Verdad, Individuo, Obra literaria, Tragedia

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