las disciplinas los momentos y las disputas que se encuentran en juego los hay

Las disciplinas los momentos y las disputas que se

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las disciplinas, los momentos y las disputas que se encuentran en juego: los hay referidos a las dimensiones epistémicas, económicas, sociológicas, éticas y ontológicas. Cuando me M o d e r n i d a d y d i f e r e n c i a
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120 I n t e r v e n c i o n e s e n t e o r í a c u l t u r a l refiero a la modernidad hiperreal no quiero decir que no exista, ni que no tenga efectos en las materialidades del mundo. Al contrario, ha colonizado la imaginación teórica y política de tal forma que incluso los discursos que aparecen como disidentes o críticos los tienden a reproducir y a reforzar. Para evitar los encantos de la modernidad hiperreal, propongo seguir un abordaje que no sea substancialista, es decir, que no se pregunte de antemano qué es (o no) la modernidad (o modernidades) siguiendo una estrategia definicional sino que, desde una estrategia eventualizante, considere qué se ha enunciado y hecho histórica y etnográficamente en nombre de la modernidad (o en su contra). Un abordaje de los discursos efectivamente pronunciados y las prácticas articuladas en lugares y por gentes concretas en nombre de lo que se ha supuesto como modernidad. Un gesto eventualizante constituye la alternativa a los callejones sustancialistas sin salida. Antes que la búsqueda de la verdad-verdadera o de la autenticidad última de lo que establecería la modernidad (como una o como múltiple), la eventualización tendería al examen de las modernidades como singularidades múltiples, como acontecimientos que debe comprenderse en sus propios amarres y contextos. Una vez abierta la posibilidad analítica de concebir a la modernidad de una forma no substancialista, el análisis histórico especifico de cómo ha sido articulada efectivamente no puede desconocer que la modernidad de hecho ha operado como un ‘deseo civilizatorio’ estrechamente ligado a la expansión de lo que aparece como ‘Occidente’, a la producción misma de la arrogancia imperial europea y, más recientemente, la estadounidense. Pero esto no debe hacernos perder de vista que este proyecto no necesariamente se agencia desde el contenido que se otorga a priori desde cualquier modernidad hiperreal. En nombre de la modernidad de hecho se han articulado agendas, discursos y
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121 tecnologías que escapan a los deseos de los académicos con sus definiciones pulcras basadas en modernidades hiperreales. Lo que me gustaría invitar a pensar es que no existe una identidad esencial de la modernidad que puede ser rastreada antes (o más allá) de que surjan las problematizaciones, las tecnologías de intervención, las disputas y las subjetividades (en plural) que la constituyen. Por eso, antes que operar en el discurso filosófico que define la modernidad en abstracto, desde una perspectiva metafísica (como el de una supuesta ‘ontología moderna’ o ‘subjetividad moderna’), es más acertado prestar atención a examinar etnográfica e históricamente cómo en determinados momentos y en diferentes escalas se articulan, con mayor o menor éxito, ciertos proyectos civilizatorios en nombre
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  • Spring '18
  • Luis
  • Verdad, Antropología, Funcionalismo

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