De que las letras de un volumen cerrado no se

This preview shows page 15 - 17 out of 18 pages.

de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche; luego me asombré de que a veces lo hicieran), vi extraterrestres, vi normalmente la noche y el día contemporáneo, vi muchas mujeres y muchos hombres desnudos, vi un poniente, microbios saltando en un Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala pero que resultó ser también una sombrilla, vi mi dormitorio afortunadamente
16 sin nadie, vi el nacimiento de cinco perros salchicha, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi en un bosque a una jeune fille sauvage y junto a ella cuatro ardillas, vi caballos de crin arremolinada por la suciedad en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano y no me gustó, vi a un hombre comprando un alfajor, vi a los sobrevivientes de una batalla gimiendo, enviando tarjetas postales, mendigando, tomando vino, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española mojada, vi los infinitos microbios de que estamos compuestos y vi microbios saltando de un cuerpo a otro, vi un crimen, vi supuestos tatuajes de prostitutas en una lámina de un libro de Lombroso editado en París en 1986, La femme criminalle et la prostituée, vi las sombras oblicuas de unos helechos amarronados en el suelo de un invernáculo, vi en una línea de montaje a un obrero dejando pasar una cuchara deforme, vi tigres blancos, émbolos, bisontes, marejadas, lápices y ejércitos de langostas, vi un sapo aplastado por un jeep, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi inmediatamente después miles de ejemplares distintos de escarabajos y recordé a J.B.S. Haldane, vi en un museo un astrolabio persa robado en una guerra, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi luego cartas de Beatriz, aun más obscenas, dirigidas al doctor Zunni, vi bananas, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo y me sorprendí al notar que llevaba puesta una pulsera de plata que yo le había regalado, vi un levantamiento popular en Oriente, vi la circulación de mi oscura sangre y eso me gustó, vi a Carlos Argentino alegre, hablando por teléfono, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi «El Aleph» desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto conjetural, cuyo nombre usurpan algunos de los hombres, pero que ningún hombre de todos esos ha mirado con la paz que desearía: el inconcebible universo. Y yo lo había visto, pero también Daneri… Y en ese sentido, ¿qué podía tener eso de especial? ¿Ver qué? ¿Qué había visto realmente?

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture