No desean estropear sus bastones El Parachoques est� aún mirándoles y su rictus

No desean estropear sus bastones el parachoques est?

This preview shows page 219 - 221 out of 227 pages.

amortiguar el golpe sobre el suelo. No desean estropear sus bastones. El Parachoques está aún mirándoles, y su rictus de comemierda se acentúa. Es como si supiera que lo peor está aún por llegar... maldita sea... aquel de enfrente... aquel Salvaje Cabeza-de-Piña... —Bueno, macho —dice el cabecilla. Tiene un acento realmente molesto—. Bueno, macho, ¿cuánto sacas? —¿Yo? —dice el Parachoques—. ¿Que cuánto saco yo? —Sí, compadre, tú. ¿Cuánto dinero sacas? Ahora el hombre trata de pensar, en ocho direcciones a la vez. Fuerza una nueva sonrisa. Intenta sonreír a negros, chicanos y filipinos, como si les dijera: «De persona inteligente a persona inteligente, ¿qué es lo que conseguís con machacar así a la gente?» Pero todo lo que obtiene son miradas, y su boca retrocede a esa terrible mueca enfermiza, y entonces puedes observar que existe todo un conjunto de pequeños músculos alrededor de la boca humana, y que los suyos están empezando a retorcerse y a estremecerse... está luchando por conservar el control... Pero es una batalla perdida... —¿Cuánto macho? Ba-ram-ba-ram-ba-ram-ba-ram, siguen golpeando el suelo. —Bueno —dice el Parachoques—, salgo por mil cien al mes. —¿Cómo es que ganas tanto? —Buenoooo —la mueca, la última súplica de clemencia... y ahora los ojos del pobre hombre están convirtiéndose en bolitas de hielo, y su boca se está quedando seca. Ba-ram-ba-ram-ba-ram-ba-ram. —¿Cómo es que sacas tanto? Mi padre y mi madre, trabajando los
Image of page 219
dos, sólo llegan a seiscientos cincuenta. Oh, mierda, ha hablado demasiado. Esta suma está muy por encima del nivel de pobreza, casi el doble en realidad. Supera incluso lo estipulado para una familia de doce. Uno puede entender lo que pasa por la cabeza del Parachoques, que intenta sobreponerse para dar con una respuesta demoledora. Pero no es capaz de responder a aquellos gigantes. —Escucha, hermano. ¿Por qué no renuncias a tu sueldo en favor de los que estamos sin trabajo? En realidad no haces puta cosa. —Buenooooo —gesticula, suda, deja colgar las manos sobre el respaldo de la silla. Ba-ram-ba-ram-ba-ram-ba-ram. —Venga, compadre, danos tu paga. Ahí está... el horror final... Puede verlo ahora... puede oírlo... Quince toneladas de horror... Es horrible... es posible... es tan obsceno, sencillamente puede ocurrir... Los gigantescos Monstruos Polinesios llegando hasta su oficina cada día de paga... Entrégalo, macho... arrancándolo de entre sus mismos dedos... eternamente... Se retuerce las manos... los pequeños músculos de alrededor de su boca se crispan. Intenta recuperar su mueca, pero aquellos malditos músculos transforman sus labios en una O, como si fueran un muelle. —Renunciaría gustoso a mi sueldo —dice el Parachoques—. Estaría encantado de hacerlo, si eso sirviera de algo. Pero no podéis entenderlo, caballeros, eso sería sólo una gota de agua en el mar... sólo una gota en el mar. —Esta frase, una gota de agua en el mar, parece darle aliento... es algo a lo que agarrarse...
Image of page 220
Image of page 221

You've reached the end of your free preview.

Want to read all 227 pages?

  • Spring '19
  • JONA
  • Vida, Estados Unidos, Publicidad, Segunda Guerra Mundial, Periodismo

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture

Stuck? We have tutors online 24/7 who can help you get unstuck.
A+ icon
Ask Expert Tutors You can ask You can ask You can ask (will expire )
Answers in as fast as 15 minutes