Bottombueno haré lo que pueda qué barba os parece

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BOTTOM.—Bueno; haré lo que pueda. ¿Qué barba os parece mejor que me ponga para la función? QUINCIO.—Por supuesto la que se os antoje. BOTTOM.—Llenaré mi cometido con vuestra barba color de paja, vuestra barba color naranja, vuestra barba color morado oscuro o vuestra barba color de cabeza francesa , vuestro amarillo perfecto. 15
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QUINCIO.—Algunas de vuestras cabezas francesas no tienen cabello alguno, y así seríais un actor calvo . Pero, maestro, he aquí vuestros papeles, y estoy en el deber de insinuaros, requeriros y expresaros mi deseo de ensayarlos mañana por la noche. Nos reuniremos en el bosque de palacio, a una milla distante de la ciudad, y a la luz de la luna. Allí podremos hacer el ensayo, porque en la ciudad se haría conocido nuestro plan y nos asediarían las gentes. Al mismo tiempo haré una lista de los objetos necesarios que la representación requiere; ¡ojo!, y no faltéis. BOTTOM.—Nos reuniremos y allí podremos ensayar con mayor libertad y osadía. Daos algún trabajo , ser perfectos. Adiós. QUINCIO.—Nos encontraremos en el roble del duque. BOTTOM.—Está dicho: cumpliremos, o caiga sobre nosotros la desgracia. (Salen.) 16
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ACTO SEGUNDO 17
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ESCENA PRIMERA Bosque cerca de Atenas. Entran un HADA por un lado y PUCK por otro. PUCK.—¿Hacia dónde vagáis ahora, señor espíritu? HADA.—Sobre la colina, sobre el llano, entre la maleza, entre los matorrales, sobre el parque, sobre el cercado, a través del agua, a través del fuego, por todas partes voy vagando más rápida que la esfera de la luna, y sirvo a la reina de las hadas para llenar de rocío sus verdes dominios. Las altas velloritas son sus discípulas. ¿Veis manchas en sus mantos de oro? Esos son rubies, regalos de hadas; en esas manchas viven sus perfumes, y tengo que ir a buscar allí algunas gotas de rocío y colgar una perla en la oreja de cada prímula. Adiós, ¡oh tú, el más pesado de los espíritus! Me voy. Ya nuestra reina y todo su séquito no tardarán en llegar. PUCK.—El rey viene a celebrar aquí sus fiestas. Cuida tú de que la reina no se presente a su vista, pues Oberón está loco de furor por ella; para que le sirva de paje, le ha robado un hermosísimo muchacho a un rey indio. Jamás había tenido ella un pupilo tan encantador, y Oberón, celoso, habría querido que el muchacho fuese un caballero de su séquito para recorrer los bosques enmarañados. Pero ella retiene por la fuerza al chico, lo corona de flores y se deleita con él. Y por eso ahora nunca se encuentran Oberón y ella en gruta o pradera o clara fuente, alumbrada por las estrellas, sin que se peleen de modo que, asustados todos los duendes, se oculten en los cálices de las botellas de la encina. HADA.—O yo equivoco enteramente vuestra forma o sois el astuto y maligno espíritu Robín buen-chico. ¿No sois aquél que asusta a las muchachas de la aldea, espuma la leche y a veces trabaja en el molino de mano echando a perder todo el contenido de la mantequera de la pobre mujer hacendosa, y en ocasiones hace que espumee la cerveza? ¿No extraviáis a los que viajan de noche y os reís del daño que sufren? Hacéis el trabajo de los que os llaman buen duende y lindo Puck, y le dais buena 18
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ventura. ¿No sois ese espíritu?
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