Tambi\u00e9n podemos comer alimentos similares a los que el Ardipithecus ramidus

También podemos comer alimentos similares a los que

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También podemos comer alimentos similares a los que el Ardipithecus ramidus rebuscaba por el suelo del bosque, como raíces (zanahorias, rábano y nabo) o bul- bos (ajos y cebolla). Estos alimentos nos proporcionan fibra, vitaminas, minera- les y antioxidantes. En relación con los cereales refinados, las legumbres, la leche y sus derivados (queso, yogur, mantequilla), las bebidas fermentadas (vino, cerveza o destila- dos), los dulces y pasteles en general, los aceites, la mantequilla, la margarina y la sal han estado presentes en menos de 2% de nuestra evolución, así que deben repercutir en ese mismo porcentaje en nuestra alimentación. El efecto perjudicial del sedentarismo se produce, según la medicina darwi- niana, por la discrepancia entre nuestro diseño evolutivo y la forma de vida que llevamos en las sociedades desarrolladas. Existe una ley universal en biología que establece que todo animal ha de pagar un precio de trabajo muscular para conseguir las kilocalorías de los alimentos, y que la supervivencia de cualquier animal depende, fundamentalmente, de la llamada “eficiencia de subsistencia”,
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42 (Capítulo 2) Síndrome metabólico que expresa la cantidad de energía, en forma de alimentos, que puede adquirir para una cantidad dada de actividad física. Realmente todos seguimos una regla un poco absurda si la miramos bien: “gastar energía (movimiento) para conseguir energía (alimento) y conseguir energía (alimento) para gastar energía (movi- miento)”. Nuestros cuerpos fueron diseñados por la evolución para obtener el ali- mento con esfuerzo físico. La especie humana en la actualidad rompe esa regla general, ya que desde el comienzo de la civilización la tendencia general del ser humano es a que la obten- ción de energía en forma de alimentos dependiera lo menos posible del trabajo muscular. Esto ha tenido sus consecuencias. Hoy el ser humano que habita en los países desarrollados se ha convertido en el único animal capaz de ingerir enormes cantidades de kilocalorías en forma de alimentos sin gastar ni una sola kilocaloría muscular para conseguirlas. Vivimos en una sociedad sedentaria. Cualquier per- sona puede pasar su jornada desde que se levanta hasta que se acuesta práctica- mente sin haber ejercitado sus músculos. Las crías de cualquier animal, incluida la humana, están diseñadas para estar en continuo movimiento, en juegos interminables de simulacros de lucha y de persecuciones. Esta reducción de la actividad física, que va en contra de nuestro diseño, está alcanzando tintes dramáticos en los niños. Hoy en día cualquier niño citadino pasa 40 h a la semana viendo la televisión, 25 h sentado en clases y otras 10 h más entre computadoras y videojuegos. Si sumamos a esto el periodo que pasa sentado durante las comidas y las horas dedicadas al sueño, realmente ape- nas le queda tiempo para moverse. Este fenómeno que afecta a los niños de todo el mundo y que les impide una de las cosas más saludables para su desarrollo, como es el ejercicio físico mediante el juego, se ha definido como “Nintendoniza- ción” de la infancia. 10
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  • Spring '16
  • gary horwoitz

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