No medir los trabajos que se realizan no hay progreso

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No medir los trabajos que se realizan: No hay progreso sin medida. Por ello, la única forma de saber si hemos logrado nuestros propósitos es midiéndolos con indicadores determinados al afecto y comparándolos con los objetivos establecidos. Ser más “hacedor” que “director”: Hay multitud de directivos que les encanta “hacer”, estar en todas las
salsas, realizar “mejor que los colaboradores” el trabajo que les corresponde realizar. Son incapaces de delegar. Escasa orientación al cliente: Las exigencias cada vez más apremiantes del mercado y de los clientes «externos» hacia que prestemos obligatoriamente una mayor atención a las necesidades y demandas de éstos. Pero ¿qué pasa con el cliente interno? Son muchos los jefes que viven al margen del «cliente», sea externo o interno. Hacen su trabajo y viven su actividad profesional en auténticos reinos de taifas. No captar las oportunidades de negocio: Hay muchos jefes preocupados únicamente por resolver los «problemas» que el día a día les presenta. Su orientación es exclusiva hacia los problemas y piensan que les pagan para resolverlos, ¿Y respecto a las oportunidades? No hay tiempo ni voluntad de captarlas. Cuando uno vive excesivamente pegado en el corto plazo no ve ni aprovecha las oportunidades que puede tener al alcance de su mano. Funcionar por autoridad jerárquica: Todavía hay jefes anclados en el pasado cuya forma de dirección se basa en el poder que ostentan en la organización, o sea, a través de su autoridad jerárquica. El ordeno y mando. La presión sin control y la imposición son las formas habituales de relacionarse con sus colaboradores. Decidir sin la suficiente información: EI jefe hacedor, el que vive profesionalmente al límite, no tiene tiempo para pensar y en consecuencia, tomará las decisiones sin la correspondiente reflexión. Hay
muchos directivos que deciden sobre la marcha, en base a su intuición y con grandes niveles de riesgo. Escasa sensibilidad hacia los colaboradores: A pesar de lo que se habla de la «importancia» de las personas, de ser el activo más valioso de las organizaciones, es muy fácil encontrar a muchos jefes que no tienen ninguna sensibilidad hacia sus colaboradores: para ellos son simples medios de producción de los que tratan de sacar el máximo provecho. Falta de afán por mejorar. Y finalmente, es preocupante encontrar a jefes conformistas, satisfechos con la situación en que se hallan, faltos de ambición, carentes de iniciativas de desarrollo y progreso e incapaces de aprender de los errores cometidos. 1.3. Liderazgo y trabajo en equipo El liderazgo es el proceso de realización de un grupo de personas, convirtiéndolo en un equipo que genera resultados. Es la capacidad para motivar e influir en los miembros del equipo, de una manera ética y positiva de contribuir voluntariamente y con entusiasmo para lograr los objetivos del equipo y la organización. Así, el líder difiere del jefe, que es la persona responsable de una tarea o actividad de una organización y, con este fin, lleva

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