Pero existen tambi\u00e9n un parentesco esencial el de la falta del acto culpable y

Pero existen también un parentesco esencial el de la

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hay grandes diferencias: ante todo, la ausencia del coro. Pero existen también un parentesco esencial —el de la falta, del acto culpable y fatal— del que el historiador no puede pres- cindir. Nos queda que si, en Fedra , Racine encuentra la tra- gedia griega, lo hace a partir de la tragedia jansenista , sin peripecia ni reconocimiento; la obra conserva muchas carac- terísticas de ésta: el mundo vano y sin valor moral y hu- mano, el Dios mudo y espectador, la soledad del héroe. Pero Fedra, el personaje principal, es completamente diferente de Junia y de Tito. A la negación y a la consciencia rigurosa de éstos se oponen su ilusión y su deseo de vivir, Se ha di- cho que Fedra era una cristiana a la que le ha faltado la gracia: la definición me parece poco precisa; los cristianos, cuando les falta la gracia, dejan de buscar a Dios y viven en el mundo sin escrúpulo alguno y sin ninguna otra exigencia. Si se quiere hablar en lenguaje teológico a toda costa, Fedra es más la encamación del personaje en tomo al cual se li- bró en gran parte la batalla entre los jansenistas y la jerar- quía, el «llamado» de Pascal, que preludia ya el Fausto de Goethe,22 el personaje de quien más han renegado los janse- 22. Para poner de relieve lo que junto a evidentes diferencias tienen en común Fedra y Fausto basta citar estos versos que defi- nen a los dos personajes al principio de cada tina dé las obras: -Fe-
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nistas, pero que vuelve a encontrarse explícitamente en Pensées: el personaje del justo pecador. En la obra de Hacine, Fedra, es la tragedia de la esperan- za de vivir en el mundo sin concesiones, sin elección y sin compromisos, y del reconocimiento del carácter necesaria- mente ilusorio de esta esperanza. Sí se trata de situar las obras de Racine por relación a las tres posiciones ideológicas de que se ha tratado en la presente obra, se debería decir que Andrómaca, y sobre todo Británico y Berenice, reflejan de cerca el jansenismo extre- . mista de Barcos, que los tres dramas de Bayaceto, Mitrídates e Ifigenia reflejan, con toda la desconfianza y las reservas que debería inspirar a una perspectiva extremista, la experien- cia arnaldiana del intento de vivir en el mundo y de recon- ciliarse con los poderes, y que Fedra, que plantea en toda su amplitud el problema de la vida en el mundo y de las razo- nes necesarias de su fracaso, se aproxima al máximo a la visión de Pensées. Esto significa que la clave de Fedra y de Pensées es la paradoja y la afirmación de su valor humano (moral en la tragedia raciniana, teórico y moral en Pensées ). Al hablar de la tragedia, Lukács escribe: «El problema de la posibilidad de la tragedia es el proble- ma de las relaciones entre el ser y la esencia. El problema de saber si todo lo que existe es ya simple y únicamente por- que existe. ¿No hay grados y niveles del ser? ¿Es el ser una propiedad universal de las cosas o un juicio de valor sobre ellas, un juicio que las separa y las distingue?» «La filosofía, medieval tema para decirlo una expresión clara y unívoca. Afirmaba que el ens perfectissimum es también el ens rea - lissimum; cuanto más perfecto es un ser, más es; más corres- ponde a su idea, más existe.»25
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  • Fall '18
  • Vida, Verdad, Individuo, Obra literaria, Tragedia

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