Presupuesto comunitario en forma de tarifas mucho

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presupuesto comunitario, en forma de tarifas, mucho más dinero que los demás. De modo muy distinto, el presupuesto comunitario tiene una fuerte tendencia a apoyar a la agricultura por medio de la Política Agrícola Común (PAC); de hecho, cuando empezamos a gobernar, más del 70 por ciento del presupuesto se dedicaba a este fin. La gestión del PAC era —y sigue siendo— ruinosa. El fenómeno del dumping (venta de excedentes a países no comunitarios a precios inferiores a los aplicados dentro de la Comunidad) distorsiona el mercado mundial de alimentos y amenaza la supervivencia del libre comercio entre las principales economías. La economía británica depende menos de la agricultura que la mayoría de los países comunitarios, y nuestras explotaciones agrícolas suelen ser mayores y funcionan mejor que las de Francia y Alemania; en consecuencia, recibimos menos subvenciones que ellos. En un principio, Gran Bretaña recibía una proporción más justa de los fondos de los programas comunitarios no agrícolas (como por ejemplo los fondos regionales y sociales), pero el crecimiento de estos programas se había visto frenado por el poder del lobby agrícola en Europa y por la recesión internacional. El gobierno laborista anterior había publicado a grandes voces la «renegociación» de los términos en que Gran Bretaña había ingresado en el Mercado Común. En 1975 se había elaborado un Mecanismo Financiero, en principio para limitar nuestra aportación; pero nunca se había puesto en marcha, y nunca se pondría, a no ser que cambiaran las condiciones originalmente acordadas. Como resultado, nunca hubo un acuerdo cuyo cumplimiento pudiéramos exigir a nuestros socios comunitarios.
Otro proceso había empeorado nuestra posición global: la prosperidad relativa de Gran Bretaña respecto a nuestros vecinos europeos había sufrido un continuo descenso. A pesar del petróleo del Mar del Norte, en 1979 Gran Bretaña se había convertido en uno de los miembros menos prósperos de la Comunidad, ocupando tan sólo el séptimo puesto entre los países comunitarios de renta per capita más elevada. De modo que desde el principio mi política fue procurar limitar los daños y las distorsiones provocadas por el PAC y aportar realismo financiero a los gastos comunitarios. Pero en la reunión del Consejo en Estrasburgo también tenía dos objetivos a corto plazo. En primer lugar, quería tratar la cuestión presupuestaria ahora y lograr que se aceptara la necesidad de hacer algo, aunque sin entrar en demasiados detalles por el momento. En segundo lugar, quería afianzar un firme compromiso por parte de los demás jefes de Gobierno de que en la próxima reunión del Consejo en Dublín la Comisión expondría sus propuestas para resolver el problema. Durante el almuerzo expuse mis pretensiones al presidente Giscard, y saqué la clara conclusión de que podríamos tratar el tema del presupuesto en los primeros momentos de la reunión. A continuación el grupo entero fue dando un paseo hasta el Hotel de Ville por las estrechas y atractivas calles de Estrasburgo. Se palpaba la bonhomie.

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