Silencio por favor dijo Stanislavsky En marcha Cuando usted guste Hubo no pocas

Silencio por favor dijo stanislavsky en marcha cuando

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—Silencio, por favor —dijo Stanislavsky—. En marcha. Cuando usted guste. —Hubo no pocas ambigüedades acerca del papel del Sur en la campaña de mil novecientos sesenta y ocho, y creo que ha llegado la hora de poner las cosas en claro. Si fuera a darse una votación franca y abierta respecto a si el pueblo del Sur desea que prosigan en el cargo aquéllos que han contribuido a formular la política de los últimos cuatro años, en otras palabras, si abogan por Hubert Humphrey como presidente, el voto sería de tres a una en contra suya. Solamente si este voto se divide, cabe una posibilidad de que Hubert Humphrey cuente con una oportunidad de ser elegido presidente de los Estados Unidos. Y yo les digo, no hagan su juego. No dividan su voto. Voten por el equipo, el único equipo que puede depararles la nueva jefatura que América necesita, el equipo Nixon- Agnew. Y me comprometo ante ustedes a restablecer la ley y el orden en este país, les prometo que impondremos la paz fuera y restableceremos el respeto que se le debe a América en todo el mundo. Y proporcionaremos esta prosperidad sin guerra, y el progreso sin la inflación, tal y como todos los americanos anhelan. —Esto está todavía mejor —dijo Frank Shakespeare—, muy bien expuesto. —Sí, que sirvan los dos —dijo Nixon—. Emplearemos ambos. Se puso de pie. —Voy a ponerme a un lado y alejarme de la luz durante un minuto antes de la siguiente grabación. Se dirigió a un extremo del escenario. —Sudo lo indecible —dijo. Cuando regresó, fue para anunciar que deseaba hacer un spot especial, de un minuto, sobre la huelga de profesores de Nueva York. Esto no había sido programado. Era una idea del propio Nixon, y a
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Harry Treleaven y Len Garment, que se hallaban en el cuarto de control, les pareció alarmantemente inoportuna. Nixon acababa de regresar la noche anterior a la ciudad, tras su gira electoral. Hablar así, de pronto, sobre un problema local —tan delicado como éste, por añadidura— a sólo dos semanas de la jornada electoral parecía poco propicio para mejorar, o bien la situación, o bien la imagen de un Nixon como jefe ejecutivo en el exilio, desapasionado y dueño de sí mismo. Ocupó, de nuevo, su puesto sobre la mesa. —Voy a grabar otro de un minuto... esta vez para Nueva York. —¿Lo graba ahora? —preguntó Frank Shakespeare. —Sí, ahora mismo. Shakespeare dijo algo más. —Para Nueva York —reiteró Nixon. Mike Stanislavsky anunció: —Vamos a tener otro de un minuto para Nueva York. —De acuerdo, ya dirá cuándo, Mike —dijo el enlace. —Muy bien, apártense. Silencio todos, por favor, estamos grabando. —Hizo un gesto con la cabeza a Nixon—. Cuando usted guste. Nixon asintió con un gruñido. Se encendió la luz de la cámara.
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  • Spring '19
  • JONA
  • Vida, Estados Unidos, Publicidad, Segunda Guerra Mundial, Periodismo

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