De tal forma que el rechazo en una primera instancia

This preview shows page 6 - 8 out of 18 pages.

de tal forma que el rechazo en una primera instancia de lo bucólico se convierte así en una aceptación plena pero subjetiva, y, por lo tanto, definitivamente moderna y hasta masoquista. Una tercera, que me hincha el orgullo, la inclusión sorpresiva, totalmente novedosa la mires por donde la mires, del cemento en un paisaje campestre. Una cuarta: el enérgico prosaísmo se aburre una osamenta , que el melindroso amanerado querrá excomulgar con horror pero que apreciará más que su vida el crítico de gusto viril y argentino. Todo el reverso, por lo demás, es de muy subidos quilates. El segundo hemistiquio, si puedo llamarlo así, entabla animadísima charla con el lector; se adelanta a su viva curiosidad, le pone una pregunta en la boca y la satisface… al instante, para luego al final ( incierto ) dudar del dato dado: aquí el masoquista se vuelve sádico. ¿Y por qué me dices de ese hallazgo, blanquiceleste ? El pintoresco neologismo sugiere el cielo, que es un factor importantísimo del paisaje australiano. Sin esa evocación resultarían demasiado sombrías las tintas del boceto y el lector se vería compelido a cerrar el volumen, herida en lo más íntimo el alma de incurable y negra melancolía. Eso no me impide, de todos modos incurrir en la denuncia existencialista de la opresión por medio del paralelismo entre la falta de libertad en un corral y la insatisfacción de los hombres con sus vidas: injusticia y muerte, eso es el último verso. Hacia la medianoche, agotado, me despedí hasta el 30 de abril siguiente. Pero no fue así. Dos domingos después, estaba jugando con las variantes del famoso soneto combinatorio de Quirinus Kuhlmann cuando Daneri me llamó por teléfono, entiendo que por primera vez en la vida. Me desagradó un poco al atender escuchar su voz filosa: en mi imaginación, esos aparatos habían sido diseñados para el coqueteo entre hombres y mujeres. Para empeorar mi sensación, Daneri me propuso que nos reuniéramos a las cuatro «para tomar juntos la leche», y luego de un silencio que adjudiqué a su sadismo agregó: «en el continuo salón-bar que el progresismo de Zunino y de Zungri los propietarios de mi casa, recordarás inaugura en la esquina; confitería que te importará conocer». No, no me importaba, pero sin saber por qué acepté rápidamente, con más resignación que entusiasmo pero también, supongo, como un
7 modo de tomar alguna iniciativa en ese encuentro. Noté enseguida, sin embargo, que mi velocidad de respuesta había sido prevista por Daneri. Llegué muy agitado al salón, con ímpetu estudiado, necesitado de restablecer mi figura vagamente dominante en la relación. Nos fue difícil encontrar mesa; el «salón-bar progresista», inexorablemente moderno, era apenas un poco menos atroz que mis previsiones; en las mesas vecinas, el excitado público mencionaba las sumas invertidas sin regatear por Zunino y por Zungri. Quinientos, seiscientos, setecientos… «Hablan de miles», me aclaró Carlos Argentino guiñándome el ojo. Luego fingió asombrarse de no sé

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture

  • Left Quote Icon

    Student Picture