concreto la mirada de alguna de las dos tes timonialistas pues no me vea mal 20

Concreto la mirada de alguna de las dos tes

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concreto, la mirada de alguna de las dos tes timonialistas pues “no me vea mal” (20) es una de las frases que repite a lo largo de la narración de esta historia. La historia de la violación, torturas y muerte de la Gringa
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ROCÍO SILVA SANTISTEBAN La Historia Del Brujo y La Gringa 16 Cuando el Brujo es destacado a la zona de Tingo María en el Alto Huallaga y, posteriormente, al poblado de Aucayacu, ambos lugares controlados por una coalición entre Sendero Luminoso y el narcotráfico, empieza a entrar con mucha mayor convicción en la lógica perversa de la guerra sucia, y no sólo tortura y asesina con la finalidad de conseguir información, sino que “vende” información a los familiares de los desaparecidos o detenidos, posteriormente traiciona a sus propios compañeros e incluso llega a hacer tratos directos con el narcotráfico para escoltar aviones que llevan y sacan drogas de la zona. Asimismo, negocia la liberación de terroristas que se habían convertido en capos de las mafias de la droga a cambio de sumas fuertes de dinero. Por estos y otros motivos este testimonio es uno de los más siniestros que se hayan narrado sobre las diversas guerras sucias, no sólo por los acontecimientos que cuenta, sino por la lógica de su discurso que se pone en evidencia a lo largo de todo el relato. Las práct icas de “pichanear” o violar a las mujeres grupalmente, los cupos que le cobran a las chicas que no tienen documento de identidad (“si era hombre pagaba, si era mujer pagaba con su cuerpo” 26), la forma de llevar a cabo las torturas, siempre en medio de juergas con la presencia, incluso, de prostitutas de la zona; las torturas psicológicas a los detenidos a quienes se les amenazaba con cortarles el pene o, si eran mujeres, con matar a sus hijos, o si eran niños con la muerte de sus propias madres 13 ; el despr ecio racista que evidencia cuando habla de las “cholitas” que les regalaban a la tropa, o incluso, cuando se refiere despectivamente a esa misma tropa: todos estos acontecimientos están insertos en una lógica que es la de considerarse uno mismo indispensable y despreciar a los demás, considerándolos intercambiables, en el caso de la tropa o de sus propios compañeros, o francamente desechables en el caso de los prisioneros. Los prisioneros, en tanto tienen información, son sólo “cuerpos potencialmente hablad ores” y sobre ellos se aplican las diversas posibilidades de la anatomía política de la que hablaba Foucault. El testimonio está narrado por una voz que intenta difuminar sus acciones a través de una pretendida distancia contando la historia desde una especie de limbo discursivo. Pero no lo logra. En los detalles se filtra, así como el temor ante los ojos incriminadores, una mezcla de “moral del achorado 14 ”, código de supervivencia basado en una moral laxa y sin escrúpulos (Neira 26), con una suerte de conducta pendeja , es decir, una insistencia en provocar daño al otro por el sólo goce de hacerlo (ver en capítulo siguiente el concepto de Ubilluz, “sistema pendejo”). Ambos, achoramiento y
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