La mujer evadida vive en dos hemisferios a la vez el

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Freud: la represión lleva al desplazamiento y el desplazamiento, a la evasión. La mujer evadida vive en dos hemisferios a la vez: el de la realidad cotidiana, donde está el marido, donde están sus deberes de esposa, y el de la ensoñación sublimada, donde ella es princesa o artista de teatro y tiene de amante al muchacho joven y pobre que vive en la otra cuadra o en la pieza de al lado. Bueno, Rosaura pertenecía a esta clase de mujeres. Usted dirá: cómo lo sabe. Lo sé porque, aparte de lo que ya sabía de la vida, de su forma de ser, del ambiente que la rodeaba, tuve ocasión de psicoanalizarla. Claro que sin que ella se diera cuenta. Ahora que le digo esto, usted, estoy seguro, se explicará muchas cosas que ocurrieron después. Usted sabe lo que pasa entre el psicoanalista y la paciente. Sí, el fenómeno de la transferencia, que dejaba turulato a Breuer59. Bueno, dejemos eso. Le decía que la sometí a hábiles interrogatorios y, con sus respuestas, reconstruí todo su mapa anímico, incluso el dark continent de su subconsciencia. Vivía en un caserón lúgubre, frío, húmedo, donde todo estaba igual desde siempre, como en un museo repleto. Muchos muebles, pero ni una silla donde usted se sentaría. Todo para 58El poeta y cuentista judío Jaim Najman Biálik (1873-1934) nacido en Volinia (Ucrania). Uno de los más grandes poetas judíos modernos; tradujo el Quijote al hebreo.59El doctor Joseph Bréuer colaboró con Sigmund Freud en la obra Estudios sobre la histeria, publicada en 1895. Se entiende por “transferencia” a la vinculación que se establece entre el paciente y su psicoanalista.85
Rosaura a las diez Marco Denevimirar, catalogado y en vitrina. ¿Usted, por casualidad, nunca se metió en un museo histórico, por ejemplo, una tarde de invierno, en que llovía? Métase y sabrá lo que es un ambiente desvitalizador. Usted se siente como si no viviera, como si usted fuese nada más que un alma, pero sin cuerpo, sin sangre, sin instintos. Si usted entró y le dolía la cabeza, o andaba preocupado por algo, al rato de recorrer las salas vacías, silenciosas, usted se olvidó del dolor, se olvidó de la preocupación, usted no es usted. Usted camina, camina, sin hacer ruido, sin hablar, sin saber qué son esos cuadros y esas medallas que tiene delante; le parece que está solo en el mundo, que la humanidad ha desaparecido y que el tiempo se detuvo para siempre. Y cuando vuelve a la calle, se sorprende de encontrar tanta gente, de oír tantos ruidos, de hallar que la vida sigue y es tan pletórica, tan despreocupada, tan arrolladora, y que todo eso le sea tan indiferente al museo solitario y silencioso. Así era la casa de Rosaura. Entonces apareció él. Fue una de esas irrisiones estúpidas, esas jugadas torpes del destino. En el museo, Camilo Canegato fue la pieza nueva que rompía, al menos por un tiempo, la rutina y el tedio. ¿Usted cree que de lo contrario podría explicarse el amor de Rosaura por Camilo? ¡Hágame el favor! Pero no, no, no era amor, no estuvo nunca enamorada de él. Fue puro efecto de contrastes.

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