Le haremos u agujerito con la punta de un alfiler y sentaremos el Demonio

Le haremos u agujerito con la punta de un alfiler y

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caja o un recipiente; no tiene que ser muy grande, pero sí muy estanco. Le haremos un agujerito con la punta de un alfiler y sentaremos el Demonio encima del agujerito. Sentado allí a horcajadas, irá soltando de la caja la información con sentido, sola y únicamente. Cuando un puñadito de átomos se componga de manera que signifique algo, el Demonio se hará con ellos en el acto y escribirá el significado con una punta especial, de diamante, sobre una cinta de papel. Hay que preparársela en cantidades ingentes, porque él funcionará día tras día, noche tras noche, mientras el Cosmos exista, cien mil millones de veces por segundo. Ya lo verás tú mismo. ¡Es así como funciona el Demonio de Segunda Especie! Dichas estas palabras, Trurl se marchó a la nave para confeccionar el Demonio, y Morrón preguntó a Clapaucio:
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—¿Y cómo es el Demonio de Primera Especie? —Oh, es mucho menos interesante, un vulgar demonio termodinámico que sólo sabe hacer una cosa: dejar salir por el agujerito los átomos rápidos y los lentos no. Así se produce el perpetuum mobile termodinámico. No tiene nada que ver con la información. Ocúpate ahora del recipiente, que Trurl estará aquí en seguida. Se fue el pirata con diploma a otro sótano, armó un gran ruido con las hojas de lata, soltó palabrotas, removió entre hierros viejos y al final sacó de debajo de la chatarra un viejo barril vacío, hizo en él un agujerito chiquitín, y lo trajo, justo cuando llegaba Trurl con el Demonio en la mano. El barril estaba lleno de aire podrido que apestaba, pero al Demonio le daba lo mismo, instaló arriba un gran tambor con la cinta de papel, introdujo el borde de la cinta bajo la punta de diamante, lista para funcionar, y empezó el tecleteo, tac-tac, tac-tac, como en una oficina de telégrafos, sólo que un millón de veces más aprisa. La punta de diamante temblaba y vibraba, y la cinta de papel se deslizaba lentamente sobre el suelo del sótano, que daba pena de tan sucio. Se sentó el bandido Morrón junto al barril, se llevó a los cien ojos la cinta de papel y se puso a leer lo que el Demonio, filtro de la información, iba sacando del eterno baile atómico. Y tanto le absorbieron en seguida esos interesantísimos textos, que ni siquiera se enteró de que los dos constructores salieron corriendo del sótano, cogieron los timones de su nave, dieron una sacudida, luego otra, y a la tercera la sacaron de la trampa preparada por el bandido, saltaron adentro y despegaron con la mayor rapidez posible, ya que sabían que el funcionamiento del Demonio iba a ofrecer a Morrón algo más de lo que éste esperaba. Mientras tanto, éste, apoyado en el barril, leía lo que le dictaban los átomos retozones en medio del rechinar de la punta de diamante con la cual el Demonio escribía en la cinta de papel; cómo serpenteaban las serpientes de Arlebarda, y que la hija del rey Petricio de Labandia se llamaba Garbunda, qué había almorzado Federico II, rey de los Palideneos, antes de declarar la guerra a los Gvendolinos, y cuántas capas de electrones tendría un átomo de terminolium si este elemento existiera, cuáles eran las
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  • Fall '19
  • Vida, Verdad, Inteligencia, El País, La Academia

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