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Aunque eran pocas las personas que vivían allí a

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tamarisco por doquier. Aunque eran pocas las personas que vivían allí, a veces veían algún que otro edificio derribado por el terremoto. Toda la escena parecía un campo de batalla en el que la lucha acababa de terminar. La nube se había disipado un poco y ya no parecía un hongo, sino más bien una cabeza con el cabello desaliñado y las puntas teñidas de color carmesí por el sol poniente. Una línea de seguridad detuvo los coches a su llegada, y tuvieron que aterrizar. Sin embargo, Cheng Xin insistió y los centinelas la dejaron pasar. Los soldados no sabían que el mundo había caído, y todavía respetaban la autoridad de Cheng Xin como portadora de la espada. Sin embargo, sí pararon a AA, a quien no dejaron pasar a pesar de sus gritos y forcejeos. El fuerte viento ya se había llevado la mayor parte del polvo, pero el humo descomponía la luz de la puesta de sol en una serie de sombras parpadeantes. Cheng Xin caminó unos cien metros a través de las sombras hasta que llegó al borde de un cráter gigante. El cráter tenía forma de chimenea y una profundidad de cuarenta o cincuenta metros en su centro. Densas humaredas blancas aún salían de él, y en el fondo se veía un brillo rojo: un pozo de lava. Cuarenta y cinco kilómetros más abajo, la antena de ondas gravitatorias, un cilindro de mil quinientos metros de longitud y cincuenta metros de diámetro suspendido en una cueva subterránea con levitación magnética, había quedado hecha polvo y engullida por la ardiente lava. Ese debía de haber sido su destino. Habría sido el mejor final para una portadora de la espada que había renunciado a su poder de disuasión. El brillo rojo del fondo del cráter atraía a Cheng Xin. Solo un paso más y lograría la liberación que ansiaba. Mientras olas de calor le azotaban la cara, miró hechizada al pozo rojo hasta que unas sonoras carcajadas detrás de ella la sacaron de su ensimismamiento. Se dio la vuelta. En la luz parpadeante que se filtraba a través del humo, apareció una esbelta figura. No reconoció a la recién llegada hasta que la tuvo muy cerca: era Tomoko.
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  • Fall '14
  • Spence
  • Tierra, Nube, Simple vista, Onda portadora, Cheng Xin

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