CLOTALDO describes ASTOLFO tasas y mides CLOTALDO deja que en humildes lazos

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CLOTALDO describes... ASTOLFO tasas y mides... CLOTALDO deja que en humildes lazos... 585 ASTOLFO deja que en tiernos abrazos... CLOTALDO yedra dese tronco sea... ASTOLFO rendido a tus pies me vea. [104] BASILIO Sobrinos, dadme los brazos, y creed, pues que leales 590 a mi precepto amoroso, venís con afectos tales, que a nadie deje quejoso, y los dos quedéis iguales. Y así, cuando me confieso 595 rendido al prolijo peso,
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sólo os pido en la ocasión silencio, que admiración ha de pedirla el suceso. Ya sabéis (estadme atentos 600 amados sobrinos míos, corte ilustre de Polonia, vasallos, deudos y amigos), ya sabéis que yo en el mundo por mi ciencia he merecido 605 el sobrenombre de docto; pues, contra el tiempo y olvido, los pinceles de Timantes, los mármoles de Lisipo, en el ámbito del orbe 610 me aclaman el gran Basilio. Ya sabéis que son las ciencias que más curso y más estimo, matemáticas sutiles, por quien al tiempo le quito, 615 por quien a la fama rompo la jurisdicción y oficio de enseñar más cada día; pues cuando en mis tablas miro [105] presentes las novedades 620 de los venideros siglos, le gano al tiempo las gracias de contar lo que yo he dicho. Esos círculos de nieve, esos doseles de vidrio, 625 que el sol ilumina a rayos, que parte la luna a giros, esos orbes de diamantes, esos globos cristalinos, que las estrellas adornan 630 y que campean los signos,
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son el estudio mayor de mis años, son los libros donde en papel de diamante, en cuadernos de zafiros, 635 escribe con líneas de oro, en caracteres distintos, el cielo nuestros sucesos, ya adversos o ya benignos. Éstos (4) leo tan veloz, 640 que con mi espíritu sigo sus rápidos movimientos por rumbos y por caminos. ¡Pluguiera al cielo, primero que mi ingenio hubiera sido 645 de sus márgenes comento y de sus hojas registro, hubiera sido mi vida el primero desperdicio de sus iras, y que en ellas 650 mi tragedia hubiera sido, porque de los infelices aun el mérito es cuchillo, que a quien le daña el saber, homicida es de sí mismo! 655 Dígalo yo, aunque mejor lo dirán sucesos míos, [106] para cuya admiración otra vez silencio os pido. En Clorilene, mi esposa, 660 tuve un infelice hijo, en cuyo parto los cielos se agotaron de prodigios, antes que a la luz hermosa le diese el sepulcro vivo 665
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de un vientre, porque el nacer y el morir son parecidos. Su madre infinitas veces, entre ideas y delirios del sueño, vio que rompía 670 sus entrañas atrevido un monstruo en forma de ho[m]bre, y entre su sangre teñido le daba muerte, naciendo víbora humana del siglo. 675 Llegó de su parto el día, y los presagios cumplidos (porque tarde o nunca son mentirosos los impíos), nació en horóscopo tal, 680 que el sol, en su sangre tinto, entraba sañudamente con la luna en desafío; y siendo valla la tierra, los dos faroles divinos [107] 685 a luz entera luchaban, ya que no a brazo partido. El mayor, el más horrendo eclipse que ha padecido el sol, después que con sangre 690 lloró la muerte de Cristo, éste fue, porque, anegado el orbe entre incendios vivos, presumió que padecía el último parasismo. 695 Los cielos se escurecieron, temblaron los edificios, llovieron piedras las nubes, corrieron sangre los ríos. En este mísero, en este 700
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