temible con su propio ingenio y coraje no s\u00f3lo con un espejo y una espada

Temible con su propio ingenio y coraje no sólo con

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temible con su propio ingenio y coraje, no sólo con un espejo y una espada, y puede aprender todo tipo de cosas sobre sí mismo mientras lo hace. *** Nunca olvide Cuentos de los Héroes Griegos. A menudo me preguntaba por qué nadie, incluyéndome, nunca usó los mitos griegos como fondo para las novelas de fantasía. Utilizamos mitos Celtas —muchos— mitos Nórdicos, mitos del Rey Arturo, y otros, en ocasiones, incluimos los Rusos, Chinos y Japoneses. Pero no los mitos griegos. Y sin embargo, los mitos Griegos son la base de muchas de nuestras historias, en la civilización occidental. Pensé en ello durante un tiempo. Si iba a escribir algo basado en la mitología griega,pensé,mequedaríaconlahistoriadePerseo.Teníaloselementosadecuados para que fuera realmente interesante. Perseo no era un hombre de una fuerza extraordinaria, como Hércules. No fue a la búsqueda de riquezas, como Jason, y traiciono a la mujer que le había ayudado. Además, él era el que había derrotado a Medusa, así que siempre me sentí cercana a él, por ese sueño. Y además de la hoz de Hermes y el escudo de Atenea, tenía estos asombrosos regalos mágicos de las ninfas: las Sandalias Aladas y el Casco de Hades, que lo hacía invisible. Se puede escribir una buena versión actualizada de sus aventuras, pensé. Me pondré a hacerlo, tal vez, en un día, reflexioné vagamente. Muy vagamente. Siempre había otro libro para escribir, otra historia que clamaba ser escrita primero.
|191 ¡Así que imagina la mezcla de deleite y consternación cuando leí El Ladrón del Rayo por de Rick Riordan! Pero el dulce deleite muy rápidamente conquistó el amargo desaliento. Después de momento de un momento crucial de escritor en el que pensé, enojada, este tipo me arrebató la idea sobre un Perseo actualizado, me sumergí a fondo en la historia y la manera en la que el escritor había sido capaz de mantenerse fiel al poder salvaje de la magia de los originales mitos griegos y también de llevar totalmente la historia al siglo veintiuno. Riordan nos hace realmente creer en Percy y sus compañeros mestizos, y los problemas de ser descendientes de dioses y humanos, en un mundo en el que el Olimpo está en el piso 600 del Edificio Empire State; que el dios de la guerra Ares es un ciclista de ojos rojos; en donde el Oráculo de Delfos es un hippie de Woodstock momificado; las tres Parcas tejen los calcetines de la Muerte; un hitleriano Hades es defendida por un (literalmente) ejército de esqueletos; y la Madre de los Monstruos, Echidna, lanza un berrinche (más divertido para nosotros los lectores australianos) sobre el —ridículo animal— que lleva su nombre en las Antípodas. Un mundo en el que una cocinera de hamburguesas, aparentemente dulce, anciana con un almacén lleno de estatuas de piedra con rostros temerosos es la aterradora Medusa. Pavoroso, y mortalmente peligroso, pero también lamentable . . . .

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